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Luna de Sangre 15 de abril: un fenómeno astronómico que evoca funestos presagios

Por: pijamasurf - 04/09/2014

Este 15 de abril del 2014 ocurrirá un eclipse total de luna que será parte de una Tétrada de eclipses totales consecutivos conocidos como la Luna de Sangre, los cuales tienes tintes apocalípticos, según algunas interpretaciones.

luna

sol vertetur in tenebras et luna in sanguinem antequam veniat dies Domini magnus et horribilis

[El sol se tornará en tinieblas, y la luna en sangre, antes de que venga el día grande y espantoso del Señor.]

Joel, 2:31

La influencia de la Luna sobre los eventos de la Tierra es notable y remota, también múltiple, desde los fenómenos planetario,s como las mareas, hasta otros más de orden cultural y simbólico, como los cambios que supuestamente puede operar en la personalidad (los lunáticos y los hombres lobo, por poner un par de ejemplos).

Y si ya esto sucede cuando nuestro único satélite natural nos muestra su aspecto habitual, la cara que da a la Tierra desde los días en que el primer ser humano alzó los ojos a la noche y notó que algo brillaba más que todos los astros del cielo, ¿qué será cuando, por alguna variación, el color de la Luna cambia? Entonces, claro, surgen pronósticos e interpretaciones, como si se estuviera ante una señal misteriosa de un evento catastrófico.

Este tipo de interpretacion ocurren todo el tiempo, incluso con la “luna azul”, un evento que ocurre en promedio cada dos años y medio y el cual se refiere menos a su coloración que al día del calendario en que suele ocurrir: una luna de Pascua y no la primera luna de la primavera.

Por estos días algo parecido está sucediendo con la “Luna de Sangre”, un fenómeno provocado por el eclipse que se espera para el próximo 15 de abril, el cual hace que el satélite se coloree desde antes con una ominosa tonalidad rojiza. Sin embargo, esto ocurre en casi todos los eclipses lunares --salvo que haya actividad volcánica-- debido a que la luz dispersa del amanecer y el crepúsculo recae en la cara de la luna durante el eclipse.

Según reporta el sitio RT, el eclipse comenzará a las 5:20 GMT, la Luna entrará a la sombra de la Tierra y al reflejar los rayos solares, se habrá convertido para nosotros en una inmensa esfera carmesí.

Por otro lado, el evento también tiene relevancia porque forma parte de la Tétrada: una coincidencia poco común que consiste en el acaecimiento de cuatro eclipses lunares totales consecutivos,  más o menos uno  cada seis meses, sin un intervalo de un eclipse parcial, una sucesión que no se presentaba desde los años 1600. A este primero seguirán el del 8 de octubre de este año y los del 8 de abril y 28 de septiembre de 2015. El del próximo martes será visible en América del Norte y el oeste de América del Sur. Estaremos transmitiendo el fenómeno vía streaming para las personas que no podrán observarlo. El nombre de "Luna de Sangre" está ligado con este fenómeno de la Tétrada y parece ser una interpretación moderna, popularizada por pastores cristianos en Estados Unidos.

El escenario, para aquellos que creen en que los movimientos del cosmos están ligados con la teología, está dispuesto para despertar todo tipo de profecías. Hay quienes asocian tanto la Luna de Sangre como la Tétrada con el Apocalipsis cristiano, presagios funestos que se agravan por el hecho de que también por estos días Marte entrará en oposición, alineándose con la Tierra y con el Sol, otro fenómeno astronómico que también se considera aciago. En este caso el interés por la Luna de Sangre proviene de la interpretación de una serie de predicadores que han ligado el texto de Joel, 2:31 con la coincidencia de que estos eclipses lunares se empatan con fechas importantes para la religión judeocristiana. En particular el pastor John Hagee que ha escrito un bestseller llamado "Four Blood Moons" (Las Cuatro Lunas de Sangre), en referencia esa Tétrada, con toda una serie de profecías asociadas.

El eclipse lunar total de abril de este año y del que sigue coinciden con la Pascua y los eclipses de octubre del 2014 y de septiembre del 2015 con la fiesta de los tabernáculos o Sucot. Esto es doblemente significativo para los judíos porque el calendario judío es un calendario lunar. 

En el siglo 21 hay un total de 8 Tétradas, en cambio en los siglos 17, 18 y 19 no hubo ninguna, de ahí que el fenómeno lo mismo pueda interpretarse como algo muy especial o algo más o menos común.

[Earth Sky]

 

El precio de leer más cosas en menos tiempo es una atención de menor calidad y la dificultad para profundizar y digerir los textos que leemos.

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La efervescente cantidad de contenidos disponibles hoy en Internet demanda nuevas formas de acercarnos a ellos. Conscientemente o no, hemos generado recursos cognitivos para lidiar con los miles de flujos de data que laten diariamente sobre nuestra mesa. Y conforme este proceso de 'eficientización' receptiva se va asentando en nuestra mente, también comienza a emerger el precio de abarcar más: por ejemplo, la calidad o la profundidad de nuestra atención. 

Probablemente habrás notado que cuando lees un artículo en Internet, tu mente tiende ya, en mayor o menor medida, a hacerlo por bloques y no por líneas. Es como si nuestra forma de leer fuese ahora más visual, aplicamos más una especie de escaneo regional que una tradicional lectura secuencial –palabra por palabra, línea por línea. Gracias a lo anterior hoy puedes absorber una mucho mayor cantidad de información, y enterarte de más cosas, aunque quizá esto sea a costa de perder penetración y entendimiento. En pocas palabras, como lectores hoy favorecemos la cantidad y la rapidez, por sobre la profundidad y el procesamiento.

Maryanne Wolf, neurocientífica de la Universidad de Tufts, advierte que nuestros nuevos hábitos de lectura, forjados principalmente en línea, podrían estar afectando nuestra capacidad para penetrar textos más complejos o narrativas más ricas. En entrevista para el Washington Post, afirma que "la forma superficial con la que leemos durante el día está afectándonos cuando debemos de procesar con mayor profundidad una lectura". 

Si a lo largo del día repasamos veinte, cuarenta o doscientos contenidos textuales –notas, artículos, cuentos cortos, aforismos, actualizaciones ,etc..– y luego antes de dormir queremos leer una novela de cierta complejidad o un ensayo largo, ello nos obliga a desprogramar nuestro cerebro de su forma habitual de lectura, para emplear una forma más lenta y reflexiva de encarar este otro contenido. El problema es que conforme se acumulan los días en los que dedicamos tal vez seis horas a leer contenidos cortos y de algún modo ligeros en Internet, en contraste con los cuarenta minutos que dedicamos a un buen libro al finalizar el día, entonces a nuestro cerebro le cuesta cada vez mayor trabajo switchear con eficiencia al modo 'profundo'.

Wolf, quien por cierto es una de las mayores autoridades en el estudio de la relación lectura-mente, confiesa que ella misma ha experimentado este fenómeno, en su caso cuando se disponía a leer la novela The Glass Bead Game, de Hermann Hesse.

No estoy bromeando, en realidad no podía lograrlo. Era una tortura completar la primer página. No lograba bajar el ritmo para dejar de navegar, 'pescar' palabras claves, y evitar que mis movimientos oculares se dispusieran a absorber la mayor cantidad de información a la mayor velocidad posible. Esto me generó repulsión.  

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En lo personal me ha ocurrido que al intentar releer ciertos libros, he notado que me cuesta mucho más trabajo avanzar ahora que lo que me costaba hace diez o quince años. Por ejemplo, con el libro TechGnosis: Myth, Magic & Mysticism in the Age of Information (1998), de Erik Davis, el cual no es necesariamente fácil pero si muy disfrutable, no pude avanzar más allá de la página cuarenta por el esfuerzo que me estaba implicando, algo que hace once años no había experimentado.

Como editor de sitios de Internet me cuesta trabajo condenar las nuevas facetas cognitivas de muestra mente lectora. Diariamente dedico entre seis y diez horas, incluidos fines de semana, a leer contenidos en la pantalla –aunque curiosamente no he abandonado mi ritual nocturno de leer un libro, al menos unas páginas, antes de dormir. En mi caso me ha resultado fácil detectar en mí estos nuevos patrones de lectura, los cuales originalmente me parecían fascinantes pues era evidente el inédito ritmo con el cual iba captando información. Sin embargo, con el tiempo también comencé a cuestionar el doble filo de estos nuevos psico-mecanismos. Además, "favorecer la cantidad y la rapidez, por sobre la profundidad y el procesamiento" me remite a la misma filosofía de la comida rápida o de la producción industrial, que tanta aversión me generan.

En algún sentido somos una especie de generación puente, nos tocó vivir el dramático cambio de la vida offline a la online, y esto implica que tendremos que enfrentar una serie de retos sociales, culturales y psicológicos, particularmente complejos. Por otro lado la maleabilidad y capacidad de adaptación de nuestro cerebro parece infinita. Entonces creo que hay buenas esperanzas de que alcancemos un punto medio entre estas dos tendencias de lectura, o que desarrollemos la agilidad necesaria para cambiar de modo rápido/superficial al modo lento/profundo. Pero para que esto ocurra es indispensable que comencemos por hacer conscientes este tipo de procesos que se generan dentro de nosotros: observar cómo encaramos hoy los textos, observar qué sucede cuando tratamos de abordar una lectura que requiere un acercamiento más 'tradicional', y a partir de esto, disponernos a adoptar un "programa mental" que nos facilite ambas experiencias. A fin de cuentas estamos programados para programarnos, así que tampoco tendría por que haber excusas.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis