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Ryszard Kapuscinski decía que se requiere ser una buena persona para ejercer un buen periodismo y ciertamente la vocación periodística y el cinismo no son compatibles.

Los cínicos no sirven para este oficio. Eduardo Feinmann ha dejado en claro la postura más rancia del conservadurismo comunicacional en la Argentina. Sus comentarios contra el pueblo mexicano no fueron –como dice– mal interpretados. Estamos hablando de un “periodista” con más de 30 años de carrera profesional que sabe muy bien cómo utilizar las palabras y en qué momento hacerlo. 

El comunicador de 67 años dio la nota esta semana tras haber dado unas lamentables declaraciones donde señala que "detesta" a los mexicanos y que los connacionales queremos imitarlos en todo. "No solo en el futbol", dice. 

Pero más allá de si le caemos bien o no a los mexicanos, hay una falta de seriedad en la forma en que se comunica. Primero con una noticia falsa donde presuntamente el crimen organizado habría amenazado a la selección de Ecuador para perder el partido de octavos de final contra México. Información que no tuvo sustento alguno y por la cual no salió a desmentir en ningún momento. 

Segundo, el uso faccioso de la información para esgrimir un argumento que a todas luces pretendía manipular la opinión pública y encender más los ánimos entre los hinchas de una selección y otra. 

Y tercero, la falta de responsabilidad de un comunicador frente a una cámara y un micrófono sin estar plenamente consciente del peso de sus propias palabras. 

Sus posteriores disculpas -más a regañadientes que otra cosa– muestra que claramente hubo un llamado de atención, pues sus declaraciones hicieron eco hasta la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum. 

¿Pero hubo un análisis de conciencia en él después de esto? No. Más allá de aceptar su error y responsabilizarse por lo que dijo, contraatacó con la soberbia que le caracteriza para terminar de hundirse al señalar que México es un país de “hambreados” y que eso es lo que más le debe preocupar a la mandataria mexicana. 

Lo incómodo es que no podemos decidir quién es la persona que nos informa. Nadie vota por un periodista, o por un presentador de noticias. Solo está ahí sin que goce de la popularidad de las audiencias. podemos elegir cambiar de canal o de estación, pero sus palabras impunes se quedan en el espectro y sus responsabilidades se evaden solo con una disculpa malintencionada. 

Por eso los cínicos no sirven para este oficio. Ryszard Kapuscinski decía que se requiere ser una buena persona para ejercer un buen periodismo y ciertamente la vocación periodística y el cinismo no son compatibles. 

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