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¿Por qué la oscuridad favorece la creatividad?

Por: pijamasurf - 03/25/2014

Una reciente investigación te explica por qué la intensidad de la luz es tan importante a la hora de trabajar.

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Muchas de las mentes más brillantes de la historia han buscado instintivamente las horas oscuras del día para pensar o escribir.  Jack Kerouack, por ejemplo, tenía el ritual de encender una vela y escribir bajo su luz, y luego soplarla cuando había terminado por la noche. Haruki Murakami se levanta a las 4:00 am y escribe por cinco o seis horas seguidas. Y Toni Morrison alguna vez apuntó que ver cómo la noche se convierte en día, con una taza de café en la mano, la hace sentir como un “conductor” de creatividad. Pero no sólo estas mentes famosas se inspiran por la luz tenue.

Recientemente los psicólogos Anna Steidel y Lioba Werth condujeron una serie de experimentos diseñados para medir cómo la creatividad responde a distintos esquemas de luz. En un artículo publicado hace poco, Steidel y Werth reportaron un poco de la primera evidencia de lo que los autores citados arriba sabe naturalmente: cuando la luz se apaga, algo en el cerebro se enciende.

“Aparentemente, la oscuridad detona una cadena de procesos interrelacionados, incluyendo un estilo de proceso cognitivo que es benéfico para la creatividad”, concluyeron los investigadores.

23a91ClarissaPt5Ep4ClarissainprisonEl trabajo lleva el estudio de la iluminación a una dirección nueva. Querían ver cómo trabajan las personas con poca luz. Para empezar, demostraron que con sólo pensar acerca de los distintos tipos de luz la creatividad de una persona se ve influenciada. En uno de los experimentos, los participantes pasaron cinco minutos describiendo a detalle ya fuera una locación oscura o una luminosa. Luego hicieron un dibujo de un extraterrestre de otra galaxia. Los extraterrestres dibujados por las personas que pensaron en la oscuridad tenían rasgos más imaginativos que su contraparte luminosa.

En el siguiente experimento, los psicólogos decoraron una oficina simulada con tres condiciones luminosas distintas. Algunos participantes se sentaron en un cubículo con una luz de escritorio de 500 lux, que es el estándar de una oficina. Otros se sentaron en un lugar con una luz brillante de 1,500 lux, un arreglo que a veces se usa en sets de televisión. Y un tercer grupo se sentó en un espacio que tenía una luz tenue de 150 lux, similar a un día muy nublado.

Ya en su estación, los participantes trabajaron en cuatro problemas cognitivos que requerían de creatividad para ser resueltos (uno de ellos fue el “problema de la vela” en que se le pide a la persona que ponga una vela en una pared utilizando solamente una caja de tachuelas; la solución requiere de que te des cuenta que puedes pegar la caja misma a la pared usando las tachuelas). Las personas en los espacios más oscuros resolvieron mucho más problemas que aquellos en cubículos muy luminosos.

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Steidel y Werth sospechan que la luz tenue crea un “mensaje visual” capaz de empujar a nuestro cerebro a un “modo exploratorio”. La idea es que los lugares oscuros sugieren una libertad desinhibida que “afloja” nuestros pensamientos, y los lugares muy luminosos los restringen. Pero antes de cambiar tus hábitos de trabajo de escritorio, considera el último experimento que idearon los psicólogos:

Una vez más diseñaron tres condiciones de iluminación −brillante, tenue y estándar− y le dieron a los participantes una tarea creativa. Pero también les dieron cuatro problemas lógicos que requerían mucho pensamiento analítico. Esta vez los investigadores encontraron que, mientras la creatividad nada en la oscuridad, el razonamiento cuidadoso florece en la luz.

En otras palabras, tu espacio de trabajo debe adaptarse al tipo de trabajo que estés haciendo. Steidel sugiere que tengas una situación lumínica flexible: ya sea lámparas con moderador de intensidad o distintos espacios para distintas tareas. “Después de todo”, dice. “las grandes ideas pueden emerger en la oscuridad, pero se necesita mucho trabajo para ayudarlas a ver la luz del día”.

¿Somos cultura o somos genética? (sobre los niños ferales y la naturaleza humana)

Por: María González de León - 03/25/2014

Los niños ferales podrían ser clave en uno de los debates más intrigantes sobre la naturaleza humana.

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Los niños ferales y los mitos alrededor de ellos  han fascinado y horrorizado al hombre desde tiempos remotos. Ya en la mitología griega podemos encontrar casos, por ejemplo Rómulo y Remo, los míticos fundadores de Roma, criados y amamantados por una loba como animales salvajes. También una de las varias versiones que narran la infancia de Zeus cuenta que éste fue dejado por su madre Rhea en una cueva para evitar que su padre lo devorara y ahí, en la oscuridad de esa cueva, fue criado por la cabra llamada Amalthea.

Un niño feral (en inglés, wild child) es aquel que ha crecido lejos de la sociedad humana y de sus convenciones. Las razones por las cuales un niño crece en estas condiciones pueden variar, ya sea porque se pierden en un lugar despoblado (hecho que sucedía con más frecuencia en la Antigüedad) o porque sus padres u otros familiares los aíslan deliberadamente. Por lo general, los niños ferales no saben hablar, desconocen cualquier tipo de regla o convención social y son incapaces de relacionarse de manera ‘normal’ de acuerdo a los cánones culturales.

Existen muchos casos documentados de niños ferales; uno de los más notables es el del pequeño niño francés Victor de Aveyron, que a finales del siglo XVIII fue encontrado por los habitantes del pequeño pueblo de Saint-Sernin-sur-Rance deambulando por los bosques cercanos. Victor había pasado la mayor parte de su vida solo en el bosque y cuando llegó a la civilización supuso un objeto de curiosidad y de estudio; incluso fue adoptado por un maestro que se dio a la tarea (nada trivial y relativamente exitosa) de reinsertar al pequeño a la sociedad. Victor de Aveyron y su historia fueron inmortalizados en 1969 por François Truffaut, en su película L’Enfant sauvage. Así también, el cineasta Werner Herzog hizo el retrato cinematográfico de otro caso de un niño feral, el de Kaspar Hauser, quien pasó los primeros años de su vida aislado en la oscuridad de una celda. Mowgli, el protagonista de El libro de la selva y Tarzán, son dos conocidos ejemplos de niños salvajes en la literatura.

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En noviembre de 1970, las autoridades de Los Ángeles, California, encontraron a una pequeña niña de 13 años que había pasado la mayor parte de su vida encerrada en una habitación donde sólo había una bacinica y una cama. Esta pequeña, que fue bautizada con el pseudónimo de Genie (palabra inglesa que hace referencia a los seres fantásticos conocidos como genios), había sido aislada y maltratada por su padre y jamás había tenido contacto con el mundo exterior. Cuando fue encontrada y separada de su familia, Genie tenía 13 años, pero se veía como una niña de 7; era incapaz de hablar, no sabía jugar, escupía todo el tiempo y sus movimientos se parecían a los de un animal. El caso de Genie es uno de lo más estudiados por la ciencia moderna: la pequeña fue analizada exhaustivamente por psicólogos, psiquiatras, neurólogos, lingüistas, sociólogos y una infinidad de personas que veían en este caso una oportunidad para saber más sobre la mente y sobre el comportamiento social y psicológico de los humanos. Después de haber sido adoptada por varias familias sin éxito, Genie fue llevada a una clínica localizada en las afueras de Los Ángeles, donde vive hasta el día de hoy. Su padre se quitó la vida unos días después de que la pequeña fue descubierta por las autoridades.

Al ver los videos y fotografías de la pequeña Genie, y de casos semejantes, surgen preguntas difíciles de responder: ¿Por qué los niños ferales causan tanta curiosidad y nos pueden horrorizar al  mismo tiempo? ¿Qué es lo que estos niños reflejan del género humano? ¿Qué es lo que hace que una persona sea parte de un grupo social o se le considere civilizada? Y finalmente, ¿cuál es el efecto que tienen las sociedades y sus reglas sobre la naturaleza humana?

Los niños ferales son incapaces de adquirir un lenguaje (o al menos, son incapaces de utilizar una lengua de manera correcta y funcional), no se mueven, no sonríen, no se comunican y no crean lazos afectivos como la gente que se desarrolla dentro de una sociedad. El camino para conocer la mente y la naturaleza de los seres humanos aún no ha sido recorrido del todo. Una prueba de esto son los niños ferales y las interrogantes que surgen frente a ellos. ¿Qué es lo que hace humano a un hombre? ¿Es acaso su contacto y desarrollo dentro de una cultura o es su naturaleza genética?

Twitter de la autora: @MissMariaaaa