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La fantasía del hombre-máquina en la era del transhumanismo: ¿una solución para superar nuestros límites como especie?

Por: pijamasurf - 01/24/2014

El sueño de fusionar al hombre con las máquinas adquiere otro cariz a la luz del transhumanismo, hipótesis cada vez más reales que prometen la consecución de un paraíso digital y cibernético.

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Lord, we know what we are, but know not
what we may be.

-Hamlet, V, 1

La fusión del hombre con la máquina es una de las fantasías más emblemáticas del pensamiento postindustrial: la posibilidad de hacer uno de ambos y de esta manera obtener una tercera entidad con lo mejor de las dos naturalezas. La eficiencia, la operatividad, la rapidez para realizar ciertas tareas son algunos de los objetivos que se buscaban con la promesa, por otro lado, de un grado inédito de liberación. En su Elogio a la ociosidad, por ejemplo, Bertrand Russell explora la posibilidad de que las máquinas nos permitieran trabajar menos tiempo para, por fin, dedicarnos a otras cosas.

En años recientes, esta idea ha tomado la forma del “transhumanismo”, un concepto nacido a la luz del vertiginoso desarrollo científico y tecnológico que, primero hipotéticamente, pero cada vez con más visos de realidad, ha planteado escenarios en los que la especie humana puede conseguir estados como la inmortalidad, el fin del sufrimiento, la erradicación total de enfermedades, la resolución dialéctica de la dualidad cuerpo/mente y otras circunstancias que desde distintas perspectivas se han convertido en interrogantes sobre nuestro destino como seres en este mundo. El paraíso reinstalado en este mundo por la vía de la digitalización y la cibernética.

Los transhumanistas sostienen que los enormes beneficios de la tecnología serán capaces de sobreponerse a sus peligros. Liderados por Ray Kurzweil y el fuerte apoyo económico de corporaciones de la industria tecnológica como Google, el ideal, en el papel, es la creación de un agente moral que se automejore, una Inteligencia Artificial amigable; en términos estrictamente lógicos, parece que el único lugar posible para construir la Utopía es el ciberespacio.

Una de las vertientes más promisorias de esta tendencia es que, desde cierta arista, se trata de un examen profundo y riguroso de la naturaleza humana, de sus posibilidades y su potencial, de esas flaquezas que, apuntaladas, pueden convertirse en virtudes, virar en fortaleza.

Como en la idea del superhombre nietzscheano, el transhumano puede convertirse en ese ser que hurgó tanto en su interior, que por fin se encontró a sí mismo.

Siguiendo con esta posible alianza que en un futuro podría culminar con la fusión del hombre y la máquina, la carrera Unbreakable, a celebrarse el 8 y 9 de febrero en la Ciudad de México (La Marquesa) explora las aristas de esta sociedad con un reto notable que ofrece interesantes incentivos.

 

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