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Sobre la relación de ironía y afecto entre Errol Morris y Werner Herzog (quien se tuvo que comer sus palabras comiéndose un zapato) y las dificultades de mantenerse alejado de la publicidad.

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Entre las rarezas de Errol Morris está su cuenta de Twitter. Tiene más de 44 mil seguidores, pero él no sigue a nadie. Lleva casi tres mil twits. Ignoro si haya otro ejemplo como él, que usa la plataforma sólo para comunicar, sin presencia alguna en su línea de tiempo. Cuando escribía este texto, su twit más reciente era: "Mis rezos a Mammon han sido contestados. (Dirigiré un comercial para el Super Bowl)."

Su amistad con Werner Herzog es una de las leyendas más finas de nuestro tiempo. Se conocieron cuando Herzog era ya un cineasta reconocido, Morris aún daba pasos inciertos hacia la escritura de un libro y tenía pendiente una investigación sobre Ed Gein, el asesino serial en el que está basada la trama de Psycho. Morris sostenía que, debido a la fijación que tenía por su madre, Gein había desenterrado su cuerpo, y por ende la tumba estaba vacía. Herzog le ofreció su ayuda para ir al cementerio y comprobarlo, sin ningún permiso. Herzog llegó, pero Morris no. Poco después Herzog dijo que el día que Morris terminara una película se comería su zapato, lo cual sucedió en 1978 con Gates of Heaven. Herzog cumplió su promesa, y Les Blank, el documentalista que también filmó Burden of Dreams, hizo el cortometraje correspondiente: Werner Herzog Eats His Shoe.

Hay un resumen que incluye estas palabras de Herzog:

Prender la televisión es simplemente ridículo y perturbador. Nos mata. Los talk shows van a matar nuestro lenguaje. Entonces tenemos que declarar guerra santa a lo que vemos todos los días en la televisión. Comerciales. Creo que debería haber una guerra real en contra de los comerciales, guerra real en contra de los talk shows.

Morris ha dirigido alrededor de mil comerciales para televisión. No deja de ser irónico que Herzog haya defendido el cine de Morris usando palabras como "guerra en contra de", para que años más tarde Morris dedique buena parte de su tiempo a eso. Es posible argumentar que Morris no tiene por qué hacerle caso a un excéntrico. Él ni siquiera sale en el cortometraje de Les Blank, no estuvo presente cuando Herzog se comió su zapato en su honor, y nunca dijo que formaría parte de esa supuesta guerra. Las palabras de Herzog no deberían de atarlo a nada, sin embargo hay una cuestión ética en esta coyuntura y esta contradicción.

Por otra parte, la filmografía de Morris es genial, una colección exquisita de personajes raros o incomprendidos que a través de su cámara le hablan a la posteridad. Además, desde 2007 escribe para el New York Times, y su libro Believing Is Seeing deja en claro la profundidad de su manera de observar el mundo y las imágenes que produce.

Morris podría decir en su defensa, si esto fuera un juicio, que está librando la guerra anunciada por Herzog pero desde adentro. ¿Sus comerciales son mejores que los demás? ¿Existe tal cosa como un 'buen' comercial en términos éticos? Gran parte de los directores de cine del mundo hacen comerciales publicitarios, pero no todos. David Lynch los hace, Jean-Luc Godard no. Mantenerse alejado del mundo de la publicidad es cada vez más difícil en un mundo que reclama ganancias inmediatas y muchas ventas. Morris también hizo una serie para la televisión: First Person, similar a su películas. En este caso, se podría decir que esa serie mejoró el contenido de la televisión, que de alguna forma profundizó la programación del canal en el que salió. El caso de los comerciales es más complejo. No creo que ningún comercial mejore nada, sino todo lo contrario (una opinión que comparto con Bill Hicks).

Morris está orgulloso de su carrera como director de comerciales. Sería interesante escuchar a Herzog más de treinta años después de haberse comido su zapato. ¿Qué opinión tendría sobre el hecho de que Morris está ansioso por dirigir un comercial para el Super Bowl?

Este es un fragmento de Conquista de lo inútil, el diario que Herzog escribió durante los años que le tomó hacer Fitzcarraldo:

San Francisco fue desagradable, me sentí por completo fuera de lugar, sobre todo en Broadway House. Errol Morris sufrió aún más, porque su hostilidad subliminal contra las promesas vacías de Coppola sale a la luz con mayor frecuencia. Además estaba intranquilo, hasta el extremo del pánico total, por su historia sobre el pequeño lugar en Florida [...]. Como siempre, Errol tiene mucho material, pero no consigue ordenar su historia.

Después de Vernon, Florida, el largometraje del que habla Herzog, Morris pasó siete años sin filmar. No consiguió apoyo financiero para sus proyectos cinematográficos, y se vio forzado a trabajar como detective privado. Seguramente Morris prefiere dirigir un comercial de Best Buy que ahogarse de nuevo en un oficio que no es de su agrado. Su postura es que a fin de cuentas todas son imágenes, sin embargo hay imágenes al servicio del dinero y hay imágenes al servicio de la humanidad. Casi siempre son imágenes opuestas.

Twitter del autor: @jpriveroll

 

Síntomas de pulpa: cómic de 1955 sobre el psicoanálisis y los antipsicóticos

Arte

Por: pijamasurf - 01/09/2014

En respuesta a las audiencias post-Congresionales sobre el peligro de los cómics, EC Comics sacó una serie de historietas llamada "Psychoanalisis", que "educaba" a los lectores en las filosofías básicas de Freud y el emergente mundo de los antipsicóticos.

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Durante una marea de preocupación sobre los efectos de los cómics en los niños, EC Comics, en 1955, creó una serie de títulos más “saludables”. Uno de ellos fue una historieta acerca del psicoanálisis. La preocupación pública se debía mucho a que el psiquiatra Frederich Wertham había argumentado que los cómics más populares del momento eran una causa mayor de delincuencia juvenil.

En esta historieta, titulada simplemente “Psicoanálisis”, se presentan de manera casi irrisoria algunos casos clínicos que se podrían aplicar a prácticamente cualquier persona. De acuerdo a Life Hacks:

Algunos críticos han notado que la psiquiatría está representada bastante mal en estas historietas, aunque sí dan una percepción fascinante de las actitudes de la década de los cincuentas hacia la gente con enfermedades mentales y su tratamiento. A pesar del hecho de que la enfermedad mental es un tema recurrente en muchas historietas contemporáneas, muy pocos títulos modernos intentaron educar seriamente a sus lectores acerca de los asuntos de la salud mental.

 

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Cada tomo siguió las historias de los asuntos psicológicos de tres pacientes y cómo fueron rápidamente curados mediante el psicoanálisis freudiano tradicional. Los conceptos básicos de los temas eran más o menos así, según Polite Scott: “Primero, todo es culpa de los padres. Segundo, cualquier problema mental puede ser curado por el psicoanálisis. Es asumido que esto es antes de que hubiera medicinas efectivas para tales problemas, pero  muchos de los pacientes se benefician de la medicación”.

La historieta describe, por ejemplo, la experiencia de un paciente que llega a pensar que tiene un chip en el cerebro, implantado por científicos para controlar sus pensamientos. Comienza a escuchar voces y se vuelve paranoico, y eventualmente es admitido en un hospital y le prescriben medicamentos antipsicóticos, los cuales le ayudan a recuperarse a la perfección.

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La historias están intervenidas con hechos sobre la psicosis y le  advierte a los pacientes que no dejen de tomar su medicamento nunca. Como era de esperarse, “Psicoanálisis” no tuvo una carrera muy larga. Después del cuarto tomo despareció por falta de lectores. Es curioso, sin embargo, cómo el Congreso de ese momento intentó “pulpificar” el psicoanálisis freudiano y los antipsicóticos como una cura para todo mal mental. Aquellos con una naturaleza un poco clínica se darán cuenta que el proyecto fue parcialmente patrocinado por la compañía farmacéutica y productora de antipsicóticos Janssen-Cilage.

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