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Miracle: mientras muchos nos quejamos, otros intentan materializar milagros

Por: Javier Barros Del Villar - 12/03/2013

Recién nació una plataforma en Internet creada con el fin de empatar la necesidad de algunos con la generosidad de otros, bajo la premisa de concretar milagros.

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Actualmente somos más de siete mil millones de personas habitando este planeta. Es difícil negar que hoy enfrentamos retos de incomparable complejidad. Pero resulta evidente que hoy, también, disponemos de una novedosa orquesta de herramientas diseñadas para hackearlos.

Hace tiempo que la denuncia o la queja dejaron de ser suficientes, quizá nunca lo fueron. Ahora, la información sensibilizada y luego ejercida, la conciencia, es más accesible que nunca, y por eso nuestro mayor reto generacional es, precisamente, la congruencia. Ya no basta sólo con construir discursos críticos o detectar el mal funcionamiento de los modelos rectores. Ni siquiera es suficiente proponer. Parece que podríamos haber llegado a un punto de la historia humana que nos exige imaginar e implementar soluciones a las mayores problemáticas.

Ante esto, las revoluciones épicas, las transiciones masivas envueltas en pirotecnia evolutiva, se perfilan más como un oasis inalcanzable, ficticio, que como una solución accesible. Aparentemente la respuesta está en lo micro, es decir, fijar nuestra intención en actos pequeños, tal vez poco heroicos pero, en cambio, consistentes, efectivos, y potencialmente viralizables.  

Miracle

Junto con la consagración de las redes sociales y la hiperconectividad digital, ha emergido una eufórica danza de ideas, las cuales hoy más que nunca en la historia pueden ser compartidas, mejoradas y, colectivamente, concretadas. En sintonía con lo anterior, recién se estrenó IsaMiracle.org, una plataforma en Internet dedicada a materializar “milagros”.

Este proyecto parte de la premisa de que, aprovechando la estimulante convergencia entre la tecnología y un ánimo colectivo propenso a transformar la realidad actual, se pueden concretar actos que hace unos cuantos años podrían haber calificado como milagrosos.

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Resonando con un espíritu “Jedi-pop”, la idea es que utilices el mismo ímpetu que imprimes a tu vida sociodigital, pero con el fin de hacer el bien. Nicko Nogues, creador de Miracle, advierte en entrevista:

El proceso es muy simple. Tu te suscribes al ‘bien’, eliges un milagro, y haces que suceda. Igual que te suscribes a Spotify para escuchar música o a Netflix para ver películas. Estamos enfocando el bien como un entretenimiento, y no como una pena. ¿Por qué nos venden que hacer el bien es algo gris, aburrido, cuando está comprobado que ayudar genera un sentimiento de bienestar mayor al de cualquier otro entretenimiento, por ejemplo, con la liberación de endorfinas?

Durante 2014 el usuario tendrá cuatro milagros, de los cuales por ahora están ya activos dos formatos, para elegir en cuál desea participar:

Humanity: un programa intensivo para mejorar tu karma, por medio de actos bondadosos durante 21 días.

Vete: si estás cansado de tu actual entorno, y quieres probar nuevos horizontes a miles de kilómetros de casa, cuenta tu historia y alguien, tal vez, financiará ese salto geográfico que podrá impulsarte a reconstruir tu vida (o al menos a darte cuenta que en realidad, allá en casa, no te faltaba nada para lograrlo).

La suscripción a Miracle cuesta $9.99 dólares al mes.

Creatividad evolutiva

Evidentemente se trata de una peculiar iniciativa que intenta fundir las nuevas conductas sociales, originadas en la digitalización de nuestra realidad, con un deseo de ‘hacer el bien’ –por cierto, un impulso compartido masivamente, y portador de un linaje arquetípico, pero que usualmente se queda en un atisbo de intención.

Desde cierta perspectiva, Miracle es una especie de inseminación al imaginario pop de una sociedad digital, con la semilla de la bondad. Y tratar de colar esta virtud humana en la arena cotidiana, la misma que está, en buena medida, ocupada por el entretenimiento, parece un hack interesante. 

Estamos acostumbrados a la maldad, muy acostumbrados. Nos jode, pero si alguien nos chinga decimos “podía pasar, no es la primera, ni la última”. Pero, en cambio, no estamos acostumbrados a la bondad, y a pesar de que la idea del bien "como entretenimiento” podría eventualmente frivolizarse, lo cierto es que primero nos tendríamos que acostumbrar al bien, lo cual tampoco parece algo tan próximo.

Sin duda se trata, por ahora, de un experimento más. Nadie tiene la certeza sobre el futuro de Miracle, o de cualquier otra iniciativa que esté levantando la mano para tratar de aportar algo a la transformación positiva de la realidad. Sin embargo, más allá de lo que el destino tenga en mente para este proyecto, creo que el simple hecho de que nazcan este tipo de iniciativas, concentrando la intención y la creatividad de personas que, cansadas de quejarse, se están abocando a experimentar y proponer alternativas, de alguna manera están ya construyendo el camino.

No creo que exista una ruta predeterminada hacia la evolución colectiva, pero si en el acto de caminar está, en sí, el destino, entonces Miracle y cualquier otro proyecto creado bajo este espíritu nos sugieren que una parte de nosotros ya está del otro lado.

¿Estás listo para materializar milagros?

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

 

Ser original, contrario a lo que postulan la moda y el mercado, no radica en apariencias, sino en tu capacidad de ser sincero.

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 El mérito de la originalidad no radica

en lo novedoso, sino en lo sincero.

-Thomas Carlyle

La originalidad es una cualidad particularmente favorecida en la cultura occidental desde el siglo XVIII. Responde, en términos básicos, a la capacidad de generar ideas, hábitos, posturas, o combinaciones, relativamente inéditas o al menos poco usuales, y que permitan distinguir a un algo (llámese obra, movimiento, persona, estilo…) del resto. Con el tiempo, este bien abstracto terminaría por convertirse en una de las herramientas más efectivas del mercado, ya que se utiliza como un pretexto para alentar el consumo. 

El consumismo, además de esclavizarnos con la promesa de alcanzar una felicidad que jamás llega (pues es simulada), postula que la 'verdadera' libertad consiste en decidir qué productos o servicios consumir. Continuando en esta línea, esa libertad de elección al consumir representaría el máximo activo de nuestra identidad. Es decir, que culturalmente se nos ha inculcado la noción de que para construir una identidad, es fundamental distinguirnos por medio de nuestras decisiones de consumo (y eventualmente juntarnos con aquellos con quienes compartimos una afinidad).

En este sentido, Ron Horning afirma, en su ensayo Ego Depleted, que:

Elegir entre opciones, dentro de una sociedad de consumo, nos hace sentir autónomos (nadie puede decidir por nosotros cómo gastar nuestro dinero), y nos permite expresar, o incluso descubrir, nuestra individualidad única –lo cual se propone como el propósito de vida. Si nos podemos auto-experimentar como originales, entonces nuestras vidas no habrán transcurrido en vano. 

En un escenario donde la individualidad, o nuestra unicidad, depende de aquello que consumimos, si le añadimos la exigencia cultural por 'ser originales', entonces derivamos en la obligación trascendental de seleccionar estratégicamente nuestros productos y servicios, con el fin de proyectar una apariencia distintiva (y si el resultado califica como 'cool', entonces el ejercicio califica como todo un éxito). Así, la supuesta originalidad termina dependiendo, como advierte Horning, de "reclamar vínculos entre nosotros y la mayor cantidad de cosas, y re-combinándolos de maneras poco usuales". 

¿Qué música escuchas? ¿Fuiste al último concierto de M.I.A.? ¿Eres Mac o PC? ¿Qué prefieres para enfiestarte, Beefeater o Blue Saphire? ¿Eres hipster, gótico, geek, o hippie? ¿Te gusta American Apparel o eres más Louis Vitton? ¿Android, Windows o iPhone?

Ser honesto te hará, inevitablemente, original

Hace unas semanas escuchamos hablar a Jason Horsley sobre la creatividad. Durante su ponencia, este autor británico postuló una sencilla fórmula: creatividad = espontaneidad + honestidad. Curiosamente para la mayoría de los presentes está fórmula resultó memorable, 'nos resonó'. Y aquí me remitiría a la originalidad como un diálogo con tu esencia. Si eres receptivo a tu voz interior, la cual es, por naturaleza, única, entonces inevitablemente comienzas a generar una narrativa de vida esencialmente original. El problema es que en nuestra mente existen múltiples resistencias (miedos, cánones culturales, etc.) que dificultan escuchar esa voz, y aún más, vivir de acuerdo a lo que nos comunica.

Creo que indudablemente la originalidad es una virtud –siempre orgánica y nunca estratégica–, pero, al parecer, en la búsqueda por comulgar con ella, su esencia se ha pervertido, o al menos frivolizado. De entrada supongo que tendríamos que eliminar esta noción de que somos lo que consumimos, luego, evitar cualquier intento por ser original, pues al buscarlo estaríamos fijando nuestra intención en la proyección al exterior, en la apariencia. No se trata de ser novedosos u originales, ya que en el fondo inevitablemente lo somos (recordemos que no hay dos voces internas iguales). Simplemente, como bien advierte el filósofo escocés, Carlyle, se trata de ser sinceros –y entonces, tal vez sin darte cuenta, estarás siendo absolutamente original.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis