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Cinco beneficios para la salud que te da perdonar

Salud

Por: pijamasurf - 12/03/2013

El perdón no sólo tiene beneficios psicológicos y emocionales, también genera bienestar, reduce los niveles de estrés y alarga la vida.

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El perdón es la fragancia que derrama la violeta en el talón que la aplastó.

-Mark Twain

 

Aferrarse al enojo es uno de los sentimientos más pesados y perturbadores que podemos tener. Si no, el que más. Como presuntamente dijo Buda alguna vez: “Aferrarse al enojo es como agarrar un carbón caliente con la intención de aventárselo a alguien más; el que sale herido eres tú”. Después de todo, guardar rencor nos causa más dolor psicológico que a la persona que nos lastimó. Y, paradójicamente, nos une a esa persona mucho más profundamente de lo que quisiéramos.

Pero además de ello, guardar rencores puede causar dolor físico. Le haríamos a nuestro cuerpo, al igual que a nuestra mente, un enorme bien si tomáramos el camino del perdón. Existen muchos beneficios de salud que pueden hacer que reconsideremos si ese rencor realmente vale la pena.

Es importante saber que el perdón no tiene que ser un acto verbal. No es solamente una formalidad, sino un estado mental. Perdonar está en cada uno de nosotros, y es un trabajo del espíritu. Para perdonar tenemos, primero que nada, que dejar ir; quizá una de las empresas más difíciles que hay porque tiene que ver con el ego y con el orgullo. Pero una vez que logramos esto, nuestro estado anímico mejora y podemos volver a sentir ligereza.

 

Cinco beneficios físicos del perdón

 

1. Niveles de estrés más bajos

De acuerdo a un estudio realizado por investigadores del Hope Center, uno de los beneficios del perdón es que reduce las cantidades de cortisol.

Los investigadores examinaron las respuestas físicas de 71 participantes mientras hablan acerca de rencores y mientras hablaban acerca del perdón y la empatía. Aquellos que mostraron más perspectivas de perdón tuvieron respuestas de estrés psicológico menores.

 

2. Mantiene sano tu corazón

EL perdón también es bueno para el corazón. Un estudio sugiere que las personas que guardan rencor tienden a tener ritmos cardiacos más altos, mientras que aquellos que son más empáticos y capaces de perdonar tienden a tener ritmos más bajos.

 

3. Reduce el dolor

De acuerdo a un estudio hecho por investigadores de Duke University Medical Center, perdonar a aquellos que nos hicieron algún daño puede reducir el dolor tanto emocional como físico. De 61 participantes que sufrían de dolor de espalda crónico, aquellos que tenían más carácter para perdonar reportaron niveles de dolor más bajos. Esto llevó a los investigadores a pensar que “existe una relación entre el perdón y aspectos importantes de vivir con constante dolor”.

 

4. Reduce la presión arterial

Dejar ir el enojo puede reducir tu presión arterial. Estudios muestran que el perdón está asociado con  ello.

 

5. Extiende la vida

Los rencores pueden estarte quitando años de vida. De acuerdo a un nuevo estudio, después de revisar a adultos de 66 años y más, y determinar su habilidad para perdonar, aquellos que eran de naturaleza menos aferrada tendían a vivir más tiempo. Perdona y vive.

Exconvicto regresa a prisión a enseñar a internos meditación y “dharma en el infierno” (VIDEO)

Salud

Por: pijamasurf - 12/03/2013

Al salir de prisión Maull siguió estudiando meditación y psicología para luego fundar el Prision Mindfulness Institute y participar en el programa "Path of Freedom", que enseña meditación a internos.

 

Fleet Maull es un hombre que pasó 14 años detrás de las barras por tráfico de drogas y que ahora ha implementado un programa en diferentes prisiones para ayudar a los internos a asimilar su experiencia. Maull se interesó en la meditación desde antes de su encarcelamiento e intensificó su práctica siguiendo el trabajo de Chogyam Trungpa Rinpoche durante el cumplimiento de su sentencia. Practicando una veta meditativa del "mindfulness" (o atención consciente), Maull pudo soportar de mejor manera su encarcelamiento.

Al salir de prisión Maull siguió estudiando meditación y psicología para luego fundar el Prision Mindfulness Institute y participar en el programa "Path of Freedom", que enseña meditación a internos e intenta transmitir una serie de valores que pueden encontrarse en el budismo o en algunos autores de psicología (el budismo mismo para algunos es, más que una religión, una psicología).  Junto con una serie de investigadores, Maull se encuentra haciendo una investigación en la Prisión de Rhode Island, en la cual se documentan los beneficios que genera la meditación en la rehabilitación de los prisioneros. Como puede verse en el video, los internos parecen vivir una serie de transformaciones que les permiten hacer más llevadera su estancia en la cárcel. El mismo Maull llama en ocasiones a lo que hace "la práctica de dharma en el infierno".

El zen de la cárcel parece ser una de las disciplinas más prometedoras para verdaderamente rehabilitar y ayudar a los internos, pues cumple con el espíritu que inspira la fundación de estas instituciones de readaptar a los prisioneros y no servir como un semillero de más crimen. El trabajo de Maull recuerda el experimento del entonces profesor de Harvard, Tim Leary, que intentó rehabilitar a convictos administrándoles psilocibina.

A propósito de este singular caso, recordamos el libro Dharma Punx, de Noah Levine, reseñado hace un tiempo en Pijama Surf:

Lo que mayor empatía me genera del trayecto que nos comparte en Dharma Punx su autor, es que desmitifica la práctica espiritual como un recinto elitista, poco accesible, y completamente uniformado. Noah combina sus retiros de meditación con tocadas de bandas como Operation Ivy, Monster Crew y Fury 66, lo cual, más allá de resultarnos simpático, también nos muestra que las antiguas tradiciones místicas pueden ser perfectamente compatibles con nuestras circunstancias personales (lo cual nos remite al experimento de Budismo Open-Source de Kint Finley). Además, más allá de la virtual comodidad de trabajar tu merkaba desde templos, retiros, o talleres, este punk budista sale al llano y se involucra con múltiples programas de ayuda comunitaria y servicio social, lo cual es dificil dejar de admirarle a cualquiera que lo haga.

Curiosamente Noah era un perfecto candidato para caer en el puritanismo del cual les platicaba hace unas líneas, sobretodo si tomamos en cuenta que durante varios años estuvo nadando en las estepas inferiores del fango existencial. Por otro lado, fácilmente habría podido perfilarse en dirección del jet-set espiritual, y en particular del budismo Theravada –su padre, Stephen, es un reconocido maestro de meditación, cercano a otros machos alpha del budismo en occidente como Jack Kornfield o el buen Ram Dass). Pero no obstante su cercanía con estas inercias que hubiesen podido desacreditar su historia, convirtiéndolo en un predicador más del budismo pop, nuestro autor y protagonista sale avante de tan comunes tentaciones. Y tal vez aquí radica el mayor valor no solo de su aventura ahora impresa, sino de su integridad como “observador”. Por si no fuese suficiente para calificar esta obra como una crónica útil, Noah no desaprovecha la oportunidad para compartir su desilusión ‘gúrica’, con el afán, supongo, de alertar a todos aquellos que depositan su propio camino espiritual en las manos de un cuasi-iluminado maestro o incuestionable gurú (“Be yourself, everybody else is taken”). Lo anterior toma aún más valor si reconocemos que este es uno de los más nefastos vicios de aquellos que buscan reflorecer su espíritu.