*

X

Cinco beneficios para la salud que te da perdonar

Salud

Por: pijamasurf - 12/03/2013

El perdón no sólo tiene beneficios psicológicos y emocionales, también genera bienestar, reduce los niveles de estrés y alarga la vida.

AmandaCharchian-74-698

El perdón es la fragancia que derrama la violeta en el talón que la aplastó.

-Mark Twain

 

Aferrarse al enojo es uno de los sentimientos más pesados y perturbadores que podemos tener. Si no, el que más. Como presuntamente dijo Buda alguna vez: “Aferrarse al enojo es como agarrar un carbón caliente con la intención de aventárselo a alguien más; el que sale herido eres tú”. Después de todo, guardar rencor nos causa más dolor psicológico que a la persona que nos lastimó. Y, paradójicamente, nos une a esa persona mucho más profundamente de lo que quisiéramos.

Pero además de ello, guardar rencores puede causar dolor físico. Le haríamos a nuestro cuerpo, al igual que a nuestra mente, un enorme bien si tomáramos el camino del perdón. Existen muchos beneficios de salud que pueden hacer que reconsideremos si ese rencor realmente vale la pena.

Es importante saber que el perdón no tiene que ser un acto verbal. No es solamente una formalidad, sino un estado mental. Perdonar está en cada uno de nosotros, y es un trabajo del espíritu. Para perdonar tenemos, primero que nada, que dejar ir; quizá una de las empresas más difíciles que hay porque tiene que ver con el ego y con el orgullo. Pero una vez que logramos esto, nuestro estado anímico mejora y podemos volver a sentir ligereza.

 

Cinco beneficios físicos del perdón

 

1. Niveles de estrés más bajos

De acuerdo a un estudio realizado por investigadores del Hope Center, uno de los beneficios del perdón es que reduce las cantidades de cortisol.

Los investigadores examinaron las respuestas físicas de 71 participantes mientras hablan acerca de rencores y mientras hablaban acerca del perdón y la empatía. Aquellos que mostraron más perspectivas de perdón tuvieron respuestas de estrés psicológico menores.

 

2. Mantiene sano tu corazón

EL perdón también es bueno para el corazón. Un estudio sugiere que las personas que guardan rencor tienden a tener ritmos cardiacos más altos, mientras que aquellos que son más empáticos y capaces de perdonar tienden a tener ritmos más bajos.

 

3. Reduce el dolor

De acuerdo a un estudio hecho por investigadores de Duke University Medical Center, perdonar a aquellos que nos hicieron algún daño puede reducir el dolor tanto emocional como físico. De 61 participantes que sufrían de dolor de espalda crónico, aquellos que tenían más carácter para perdonar reportaron niveles de dolor más bajos. Esto llevó a los investigadores a pensar que “existe una relación entre el perdón y aspectos importantes de vivir con constante dolor”.

 

4. Reduce la presión arterial

Dejar ir el enojo puede reducir tu presión arterial. Estudios muestran que el perdón está asociado con  ello.

 

5. Extiende la vida

Los rencores pueden estarte quitando años de vida. De acuerdo a un nuevo estudio, después de revisar a adultos de 66 años y más, y determinar su habilidad para perdonar, aquellos que eran de naturaleza menos aferrada tendían a vivir más tiempo. Perdona y vive.

Un texto del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro nos recuerda, sin moralismos de por medio, que el cigarrillo ocupa un lugar simbólico en la existencia de muchas personas, una suerte de acto paralelo que da peso y realidad a la vida diaria.

No comprendo cómo se puede vivir sin fumar... Cuando me despierto me alegra saber que podré fumar durante el día y cuando como tengo el mismo presentimiento. Sí, puedo decir que como para fumar... Un día sin tabaco sería el colmo del aburrimiento, sería para mí un día absolutamente vacío e insípido y si por la mañana tuviese que decirme "hoy no puedo fumar" creo que no tendría el valor para levantarme.

-Thomas Mann, La montaña mágica

Cada inicio de año muchas personas se proponen dejar de fumar. Afectados, o no, por la abundante propaganda en contra del tabaquismo, por el conocimiento de los daños que provoca el consumo habitual del cigarrillo o por otros motivos que, en el fondo, se reducen casi siempre al cuidado de la salud, cientos o miles o millones de fumadores se dicen a sí mismos y también a otros que este año sí dejarán de fumar ―una confirmación que, contradictoriamente, se da para un evento futuro, como si éste estuviera ya consumado, pero sólo en la posibilidad, en la simulación del lenguaje.

Con todo, como sucede con otras buenas intenciones de Año Nuevo, en no pocos casos ésta también comparte el destino del abandono y la derrota, la autocomplacencia gradual y paulatina que finalmente reacomoda ciertas costumbres en el ámbito de lo aparentemente irrenunciable.

Fumamos y a veces parece que nunca dejaremos de fumar, de tan arraigado que descubrimos este hábito en nuestra vida y nuestra cotidianiad, una suerte de acto paralelo a otros actos ―leer, tomar un café, hacer la sobremesa, el transcurrir del post-coitum― que el cigarrillo, como el lacre de las cartas, los sella y los archiva, los vuelve parte de esos hechos mínimos que día a día constituyen la existencia.

“No es mi intención sacar de él conclusión ni moraleja. Que se le tome como un elogio o una diatriba contra el tabaco, me da igual”, dice el escritor peruano Julio Ramón Ribeyro (1929-1994) hacia el final del texto que compartimos en esta ocasión, una demorada confesión de alguien que, de inicio inadvertidamente, tejió su vida con el hábito del cigarrillo.

“Sólo para fumadores”, se llama el relato en el cual, en efecto, la tentación del juicio moral se sortea para únicamente dar cuenta del lugar que el tabaquismo puede ocupar en la existencia de una persona, en el caso de Ribeyro, como el reconocimiento por medio de un objeto ―el cigarrillo― de la importancia de los rituales en nuestra vida diaria, un sacramento laico que en cierta forma le otorga peso y realidad a acciones que de otro modo quizá serían apenas banales. 

A continuación compartimos un fragmento extenso de este texto y, después, un enlace donde se puede encontrar y descargar completo.

No me quedó más remedio que inventar mi propia teoría. Teoría filosófica y absurda, que menciono aquí por simple curiosidad. Me dije que, según Empédocles, los cuatro elementos primordiales de la naturaleza eran el aire, el agua, la tierra y el fuego. Todos ellos están vinculados al origen de la vida y a la supervivencia de nuestra especie. Con el aire estamos permanentemente en contacto, pues lo respiramos, lo expelemos, lo acondicionamos. Con el agua también, pues la bebemos, nos lavamos con ella, la gozamos en ejercicios natatorios o submarinos. Con la tierra igualmente, pues caminamos sobre ella, la cultivamos, la modelamos con nuestras manos. Pero con el fuego no podemos tener relación directa. El fuego es el único de los cuatro elementos empedoclianos que nos arredra, pues su cercanía o su contacto nos hace daño. La sola manera de vincularnos con él es gracias a un mediador. Y este mediador es el cigarrillo. El cigarrillo nos permite comunicarnos con el fuego sin ser consumidos por él. El fuego está en un extremo del cigarrillo y nosotros en el opuesto. Y la prueba de que este contacto es estrecho reside en que el cigarrillo arde, pero es nuestra boca la que expele el humo. Gracias a este invento completamos nuestra necesidad ancestral de religarnos con los cuatro elementos originales de la vida. Esta relación, los pueblos primitivos la sacralizaron mediante cultos religiosos diversos, terráqueos o acuáticos y, en lo que respecta al fuego, mediante cultos solares. Se adoró al sol porque encarnaba al fuego y a sus atributos, la luz y el calor. Secularizados y descreídos, ya no podemos rendir homenaje al fuego, sino gracias al cigarrillo. El cigarrillo sería así un sucedáneo de la antigua divinidad solar y fumar una forma de perpetuar su culto. Una religión, en suma, por banal que parezca. De ahí que renunciar al cigarrillo sea un acto grave y desgarrador, como una abjuración.

En este enlace encuentras una digitalización en formato PDF de "Sólo para fumadores", de Julio Ramón Ribeyro

También en Pijama Surf: Sobre adicciones y voluntad

Twitter del autor: @juanpablocahz