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No es lo mismo tener un inconveniente que tener un problema. Del inconveniente hay que librarse, superarlo, solucionarlo. De los problemas hay que valerse, ponerlos a trabajar.

problemaNo es lo mismo tener un inconveniente que tener un problema. Del inconveniente hay que librarse, superarlo, solucionarlo. De los problemas hay que valerse, ponerlos a trabajar.

Los problemas son de una índole ética y ontológica diferente. Los problemas nos constituyen, los inconvenientes nos incomodan.

Esta dicotomía es una cuestión central en materia educativa, vale aclarar. Veamos cómo y por qué.

El aula no necesita inconvenientes, aunque los tenga. El aula debe ser capaz de construir en su seno problemas productivos. Los inconvenientes están, los problemas se construyen. Y el peor pecado del maestro puede ser el de reducir a inconveniente un verdadero problema en el aula. El maestro debe ser capaz –al contrario- de develar el problema que subyace el pretendido inconveniente.

El inconveniente no nos traslada; ni nos mueve. El inconveniente nos pone resolutivos, antes que sabios. Se excede de pragmatismo. Y está bien si de lo que se trata es realmente de un inconveniente. Pero el buen problema no se deja reducir a su simple solución, e insiste.

Supongamos que tengo dificultades sexuales con mi pareja. Ya saben, de las frecuentes. Y supongamos que aún nos sé –ni me lo he planteado- si se trata de un inconveniente o de un problema.

En la duda, acudimos primero a un sexólogo. Él dice que nos podrá ayudar; él sabe de sexo. Y llegamos y nos atiende y cataloga de inmediato nuestro cuadro como un inconveniente. Nos tranquiliza. Y como un inconveniente convencional, además. (La mayoría de los inconvenientes lo son.) Y nos traza el camino de la solución. Ya saben, técnicas sexuales refinadas y eficaces bien definidas. A situación convencional, respuesta general. Y nos vamos…

Pero el cuadro regresa, meses después. Creímos que el inconveniente de no sentirnos bien en la cama se había resuelto con un poco de atención y algo de técnica, pero no. Ha vuelto.

Entonces, algo más preocupados ya, acudimos esta vez a un psicoanalista. Ni nos dice que nos podrá ayudar ni sabe particularmente de sexo. Nos asegura, eso sí, que trabajará con nosotros.

Nos atiende y empieza su proceso. No nos tranquiliza. Habla y calla; callamos y hablamos. Y así vamos. No nos ha catalogado; se nota que busca nuestra particularidad. Es agudo, pero impreciso. No traza caminos.

Y un buen día, como otros, nos mira tras un silencio y nos pregunta, sin aspavientos, si nosotros nos amamos…

Ha convertido el inconveniente en un problema. Él ha construido “nuestro” problema. Estamos –ahora sí- en espacio fértil. El deseo profundo se ha metido en la escena. La verdad está en juego. Nosotros estamos en juego.

No hay garantías ya. No se habla –nadie, ni nosotros - de solución. Se habla de otras cosas. Importa lo que se hace de ahora en adelante. Y se produce mucho y más allá de la zona específica de nuestra cama. Se habla de nosotros, no de dos amantes.

El psicoanalista no nos ha solucionado el problema, ha construido y puesto a producir el problema para que nuestro amor, si lo hay, recupere su eje y reencuadre toda nuestra vida.

Eso mismo debemos lograr en el aula. Niños y maestros entramados en problemas verdaderos, que se enlazan con otros problemas y entonces el aula bulle, las almas vibran, las angustias y las alegrías recuperan la escena. Ambiente de aprendizaje; movilización profunda de motores significativos del saber y del hacer. Gente viva. Proceso de aprendizaje en marcha. ¡Escuela!

La inflexión entre inconveniente y problemas nos abre un camino inmenso de acción escolar educativa. La problematización es una acción pedagógica de primer orden. Debemos explorarla a fondo.

Twitter del autor: @dobertipablo

Sitio del autor: pablodoberti.com

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Pijama Surf al respecto.

La CNTE y los capitalinos: ¿un problema de bandos?

Por: Aurora Loyo - 09/17/2013

Frente a las marchas y plantones de la CNTE el problema de inicio es que directa o indirectamente se les ha pedido a los capitalinos que se adhieran a un bando: con o contra los maestros. No pareciera existir escapatoria

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Para la mayor parte de los habitantes del Distrito Federal,  los maestros de la CNTE son los causantes de los serios trastornos que ha sufrido la ya de por sí complicada circulación de la urbe en las últimas semanas.  Aquello que oyen en el radio, si van en su auto o en la tele cuando llegan agotados a sus hogares, les proporciona razones adicionales para su enojo: se dicen maestros, pero son vividores, ignorantes, holgazanes y algunos de entre ellos son violentos. Tienen un buen trabajo y hasta se les  podría considerar privilegiados, pero no admiten que se evalúe su trabajo justo por lo que son: ignorantes y holgazanes. Esa es la única razón de su protesta.

Sobre esta base, la intolerancia de los capitalinos crece como el pasto con la lluvia. El problema de inicio es directa o indirectamente se les ha  pedido que se adhieran a un bando:  con o contra los maestros. No pareciera existir escapatoria.   

Intento evitarles la molestia de resolver esta absurda disyuntiva.  Les pido solamente una actitud abierta y un esfuerzo por centrar su atención en las particularidades de los maestros de Oaxaca, que hasta hace un par de días ocuparon con sus toldos y tiendas multicolores, el Zócalo de nuestra ciudad y las calles aledañas. 

  1. Las razones que explican su viaje y su permanencia en el DF, así como su participación en la protesta no son las mismas para todos. Pero es un hecho que sus dirigentes les toman lista de presente. Y que  llevan un control estricto de quienes pertenecen a su delegación sindical. Estar o no estar, cumplir o no cumplir; todo esto tendrá consecuencias para los maestros a su regreso. Por eso podemos estar seguros de que si entre quienes forman este contingente existe cohesión, ésta tampoco está exenta de coerción.
  2. Maestras y maestros sufren frío y aguantan lluvias torrenciales. Están lejos de sus comunidades y de sus familias. Pero están aquí porque tienen que estar y además, porque están convencidos de que les asiste la razón en su protesta. 
  3. Si les preguntas, te dirán que con la entrada en vigor  de la nueva Ley de Servicio Profesional Docente (LSPD) se encontrarán en grave riesgo  de perder su trabajo, los servicios médicos a los que acuden, su pensión…
  4. Algunos han leído la ley o una parte de ella. Otros se atienen a lo que sobre ella dicen sus dirigentes. Pero saben que el nuevo ordenamiento establece que tienen necesariamente que someterse a evaluaciones y que éstas tendrán consecuencias, aunque no siempre tengan claro cuáles podrían ser.
  5. Se saben mal preparados y con escasas oportunidades y recursos para mejorar su formación. Muy pocas veces, si acaso ha sido el caso, han recibido buenos cursos de actualización. Trabajan cotidianamente en situaciones difíciles: escuelas pobres, alumnos pobres. Se han acostumbrado a que Oaxaca se sitúe en los peores lugares en todos los indicadores educativos y a que sus alumnos obtengan malos resultados en las pruebas estandarizadas. ¿Es acaso “irracional” que teman ser ahora ellos, los sujetos evaluados y de manera obligatoria?
  6. Puedes intentar hacerlos cambiar de opinión. Les dirás, y es cierto, que la LSPD no busca despedirlos. Que pueden incluso verse beneficiados con los cambios y que tendrán más recursos y mayores oportunidades de mejorar sus habilidades docentes. Que los lineamientos de las evaluaciones provendrán del INEE y tomarán en cuenta las condiciones del contexto. Todo esto y mucho más podrás argumentar, pero será difícil convencerlos….Hay muchas promesas incumplidas por parte de las autoridades gubernamentales atrás de su aparente terquedad. 
  7. Para los dirigentes de la CNTE, no hay duda. La nueva legislación es inaceptable ya que de cumplirse les retiraría la capacidad de intervenir en temas tales como el ingreso, las promociones y casi todo lo importante relativo al control de las plazas. Aún cuando estos dirigentes puedan saber o intuir que siempre habrá alguna manera de darle la vuelta a las normas, sobre todo porque los cuadros de la CNTE muchas veces son también “autoridad educativa” en Oaxaca,  con la reforma se abre para ellos una situación de riesgo e incertidumbre a la que resulta perfectamente racional, desde su posición, oponerse.

Concluyo: nosotros podemos estar convencidos de que los cambios legislativos que se han aprobado son buenos y son  necesarios. Yo lo estoy. Pero más allá de nuestra apreciación sobre la conveniencia de estas reformas,  ¿seremos capaces de incluir también  las razones del “otro”?

Al enfrentarnos mañana a un corte de circulación en nuestro camino, ¿seremos capaces por  un momento de suspender nuestro juicio condenatorio y ponernos en los zapatos del maestro que marcha con sus compañeros? 

Si esta nota, escrita al vuelo, sirve para encontrar ese momento de reflexión, me consideraré satisfecha

*Aurora Loyo colaboradora invitada. Investigadora Tiempo Completo del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Es especialista en temas sobre educación y ciencia. 

Twitter de la autora: @sociobservermex

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