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Arquélogos descubren impresionante y enigmático friso maya en Guatemala

Por: pijamasurf - 08/09/2013

Investigadores descubre en la zona arqueológica de Holmul, al norte de Guatemala, un impresionante y enigmático friso de la civlización maya que comienza a revelar datos hasta ahora desconocido sobre esta cultura.

guatemala

Sin duda la civilización maya es una de las culturas precolombinas que más sorpresas provocan, aun en nuestros días. Prueba de ello es un descubrimiento reciente que realizaron investigadores guatemaltecos en la zona arqueológica de Holmul, localizada a 600 km al norte de la ciudad de Guatemala, en la región de Petén Basin, cerca de la frontera con Belice.

Se trata de un enorme friso de estuco, pintado en rojo y detalles en azul, verde y amarillo, de 8 metros de largo por dos metros de ancho, con una antigüedad aproximada de 1400 años y un trabajo ornamental que lo ubica ya, según sus descubridores, como “el más espectacular visto hasta ahora”.

“Este es un hallazgo extraordinario que solo una vez se da en la vida de un arqueólogo”, declaró el Franciso Estrada-Belli, uno de los investigadores involucrados en el proyecto.

De acuerdo con Estrada-Belli, el friso destaca tres figuras “vistiendo ricos atavíos con plumas de quetzal (ave símbolo nacional) y jade, sentados sobre las cabezas de los monstruos witz (cerro)”. Por las inscripciones ubicadas en su tocado y debajo de su representación, el personaje principal se ha identificado como “Och Chan Yopaat”, “El Dios de la Tormenta entra al cielo” o “El rayo entra al cielo”. Cabe mencionar que el texto fue descifrado por Alex Tokovinine, epigrafista de la Universidad de Harvard y colaborador de la investigación.

Antes los mismos arqueólogos encontraron el entierro de una hombre que los sorprendió por la riqueza con que estaba acompañado: 28 vasijas cerámicas y una máscara de madera, y sus dientes adornados con jade, lo cual les sugirió que el difunto pudo haber sido un gobernante o miembro de la elite de esta ciudad. Ahora el friso parece confirmar esta suposición.

Por otro lado, en este se observa también un monstruo de cuya boca emergen serpientes emplumadas, las cuales a su vez dan paso a una serie de ancestros y cerros laterales. Y la descripción continúa:

Entre ellos están las figuras de dos dioses ancianos, otorgándole al personaje central un objeto identificado por un signo jeroglífico como “primer tamal”. Arriba de los personajes corre una banda de símbolos astrales conocida como “banda celestial” que indica que las figuras representadas se encuentran en el mundo celestial de dioses y ancestros.

Estrada-Belli conjetura también que este friso se haya esculpido con motivo de la coronación de un nuevo rey, aproximadamente en el año de 590 de nuestra era., durante el período clásico de la civilización maya. Igualmente parece posible que las tres figuras representadas sean antiguos gobernantes y, en el caso de las inscripciones, que estas se refieran a las acciones del rey Ajwosaj, perteneciente al reino de Naranjo que al parecer dominó sobre Holmul en dicha época; en los textos se lee que el reino de Naranjo restituyó el orden, por lo cual parece ser que antes de esto Holmul se encontraba en manos de invasores.

Sin duda un descubrimiento que abre nuevas preguntas sobre una cultura que todavía nos es desconocida.

Con información de LA Times y Primera Hora

¿Qué dicen de nosotros las bebidas que elegimos? Un brindis visual (FOTOS)

Por: pijamasurf - 08/09/2013

James Bond suele pedir su vodka martini "agitado, no revuelto", esto es, apenas con el movimiento suficiente en la coctelera para que los ingredientes se mezclen sin que la rudeza del cantinero deje desagradables anillos de espuma en la superficie. Sin embargo, la distinción cuando Bond pide un trago revela más sobre su propio carácter que el trago mismo.

El alcohol ha estado presente en las civilizaciones humanas desde los albores de esta; la fermentación permitió conservar el exceso de las cosechas, y las propiedades estimulantes de las bebidas promovieron el solaz de la embriaguez y el culto dionisiaco. Sobre todo, no bebemos lo mismo por las mismas razones: nuestras bebidas son una pantalla en la que proyectamos nuestros deseos y expectativas, y en el que, al menos en lo que dura la embriaguez, estos deseos y expectativas se materializan.

En la exposición fotográfica The Drinking Show, los curadores Sasha Wolf, Matthew Pillsbury y Peter Kayafas recorrieron diferentes galerías y archivos fotográficos para reunir en un mismo espacio imágenes de diferentes sujetos y sus bebidas. 

Desde la siempre glamourosa Marilyn Monroe hasta personajes montados en una escena de resaca, la bebida sirve como pararrayos y espejo: la bebida, ese lubricante social, aporta su presencia fantasmal a la escena, produciéndola a su vez para el fotógrafo y evidenciando al sujeto. Tal vez sea precisamente eso lo mejor y lo peor del alcohol: su capacidad para hacer que las máscaras caigan y los deseos --admitidos o no-- salgan a la superficie.

Por eso, mejor moderación.

Salud.

[Slate]