Pijama Surf

Sistema de cableado que controla tu mente con puro placer

“¿Qué pasaría si pudieras controlar los deseos de alguien más usando un aparato inalámbrico?”, postulan los científicos de la Universidad de Washington. De hecho, aunque parezca ciencia ficción, la ciencia para lograr esto ya existe.

Por: pijamasurf - 11/07/2013 a las 13:07:35

 

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Los investigadores de la Universidad de Washington utilizaron un control remoto en ratones para estimular neuronas que liberan dopamina. Como resultado transformaron el comportamiento de los roedores, remotamente y en ausencia de cualquier recompensa tangible. Es decir, al momento que los ratones tocaban alguna parte específica de su cuerpo (como su nariz, por ejemplo) una descarga del químico dopamina los hacía sentir placer.

Esto lo lograron con optogenética, un campo emergente en el que neuronas vivas y otras células pueden ser manipuladas o controladas mediante tecnología óptica (normalmente con cables de fibra óptica). Aunque sólo ha sido tratado en animales no humanos como roedores y changos, los investigadores creen que eventualmente puede llegar a tratar parálisis, problemas del corazón, diabetes y, sobretodo, se podría utilizar para controlar el dolor de algunas enfermedades como el cáncer, o para la tratar la depresión y las adicciones. 

Su efectividad ha probado ser bastante prometedora; sin  embargo las implicaciones en cuanto al automatismo son evidentes (si se instituye, entonces seríamos controlados por algún extraño, como en el caso de los ratones). Lo que queda claro es que la dopamina está siendo explotada por la ciencia y que el futuro siempre será de los ratones primero.

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  1. Jesus dice:

    El canadiense Scott Baker publicó hace unos años ‘Neurópata’, una terrorífica novela que trata justo sobre lo mismo de lo que habla este artículo. Ahí van unos extractos:

    Cuando finalmente habló, pareció hacerlo en coma.
    -¿Qué es eso? –dijo con la voz áspera. La tos que siguió hizo traquetear los tornillos que sujetaban su cráneo-. ¿Me has clavado una especie de estimulador magnético trans-craneal? –Aquellos aparatos habían sido usados desde los años noventa, y utilizaban los campos magnéticos para alterar la actividad neuronal en varios puntos del cerebro. En los centros de investigación neurocientífica, eran el pan de cada día.
    -No, no –dijo Neil sin apartar la mirada de sus pantallas. Sus dedos se movieron sobre el teclado-. Los estimuladores magnéticos no pueden llegar ni mucho menos al fondo.
    -¿Entonces qué es esto?
    Neil se volvió sin mirarlo, caminó y se puso a toquetear algo que quedaba fuera de su campo visual. Thomas se tensó, sintió que sus ojos se giraban como los de un caballo.
    -Es un dispositivo especial de la Agencia de Seguridad Nacional –dijo Neil, como un dentista hablando a un paciente preocupado- llamado Marionette. Lo adaptamos a partir de dispositivos estereotácticos neurorradioquirúrgicos, sí, los que se utilizan para superponer rayos de partículas para quemar tumores. Descubrimos una forma de alterar la sangre para poder ejercitar un control metabólico en varios puntos del cerebro… -Thomas oyó el tintineo de una pequeña llave inglesa-. La llamamos María.
    -No me suena –dijo Thomas, con más odio que humor.
    La risa de Neil le provocó un cosquilleo debajo de su oreja izquierda.
    -Oh, pronto lo hará –dijo, irguiéndose y agachándose por debajo de su campo visual. Thomas volvió los ojos para tratar de seguirlo, pero estaba en su campo ciego. Las siguientes palabras de Neil parecieron surgir de ninguna parte:
    Confía en mí.
    Thomas lo oyó removiendo lo que parecía una caja de herramientas a su espalda. De repente reapareció y lo miró de camino a su ordenador.
    -Tengo varios salvapantallas –dijo Neil, sentándose-. ¿Quieres verlos?
    -¿Salvapantallas?
    Sonriendo a la pantalla, Neil tecleó algo. La luz brilló sobre la curva de sus dientes.
    Así lo llamamos. Son los programas que actúan sobre el circuito neuronal responsable de la consciencia. -Se volvió hacia Thomas. Su silla silbó-. Es la última frontera del arte, en realidad. El lienzo más fundamental de todos.
    -¿Lienzo? –dijo Thomas débilmente.
    “Recuerda… recuerda que ha asesinado a tu hijo…”.
    -La existencia –dijo Neil-. La existencia en sí misma.
    Se volvió hacia su pantalla y su teclado.
    -¿Recuerdas que en Princeton siempre debatíamos sobre la búsqueda de inteligencia extraterrestre? ¿Por qué, después de décadas buscando en el cielo, no habíamos sido capaces de encontrar una versión extraterrestre de I Love Lucy? Después de esto, queda claro por qué.
    -No lo enti… ¡ahhhhhh!
    Su entrepierna explotó de placer, fue como una marea, y abrasadora. Jadeó, se quedó mirando a Neil con pánico, cubierto de baba. Los orgasmos lo recorrieron en oleadas secuenciales, apretando su ano como un puño, estremeciéndose en los fundamentos de su cuerpo, llenándole de dicha. Era como si algo divino y eléctrico se lanzara alrededor de su polla.
    -Éste es mi favorito –dijo Neil, riéndose-. Descarga ya, para que la sinfonía que sigue se despliegue en una soñolienta bruma postcoital…
    De repente el placer desapareció. El silencio crujió. Jadeó. Aunque su cráneo seguía clavado a Marionette, se sintió flotando y fuera de su cuerpo, como si se hubiera convertido en una bandera ondeando con una brisa húmeda. Trató de asirse. Trató de agarrarse. Pero se había vuelto inmaterial.
    -Por supuesto –estaba diciendo Neil-, la obligatoria oscilación de la experiencia de estar fuera del cuerpo seguida de una lenta ausencia en tu campo visual…
    Parte de la escena empezó a… implosionar delante de él, como si su campo visual fuera de goma y estuviera siendo absorbido por un gran vacío del otro lado. Las ausencias se esparcían en líneas irregulares, y en un momento aplastaron la cabeza de Neil entre la mandíbula y el pelo. Y todo parecía tan real como si fuera real…
    -Disculpa el monólogo descriptivo –estaba diciendo Neil mientras primero su torso y después su pierna desaparecían-, pero la siguiente secuencia requiere que alguien hable…
    -… porque –dijo Thomas- tiene que ver con los circuitos neuronales que distinguen el origen de las voces. -¿Qué estaba haciendo Neil? ¿Sincronizar sus putos labios?-. Imagino que ahora –añadió Thomas- te estás preguntando por qué tu boca dice mis palabras. Lo que más asusta a la gente es que parece de verdad que estén hablando ellos, que parece que están diciendo lo que en realidad está diciendo otro.
    Los labios de Neil dejaron de moverse y Thomas dedujo que había detenido su estúpida broma… ¿por qué molestarse, cuando le había degradado de otras formas mucho más profundas? Pero Thomas se sorprendió añadiendo:
    -Deberías prepararse para la próxima secuencia, es muy intesa –Neil pareció repetir idénticas palabras.
    Entonces todo pareció ser una caída libre, un vértigo enloquecido… La habitación se desplomó, dio bandazos y cayó, aunque siguiera inmóvil como el sol.
    -Lo llamo El Puenting de Dante –dijo Neil, mirando a Thomas y la pantalla alternativamente.
    Algo le aserró el pecho mientras otra cosa asaltaba su pene con rayos. La ira se apoderó de él, pero después fue inundado por el amor, por la tierna melancolía de despertar ante un amante con la última luz del día. Lloró, y aulló de furia y alegría. Nunca había amado tanto. Nunca había odiado tanto. Nunca había deseado tanto, como si un abismo se hubiera abierto en su interior, un infinito abismo agarrándolo, de repente lleno de divinidad, con una unidad resonante y llorosa, asediado por un dolor ansioso que crecía como manchas de sangre, que se ennegrecía en un temor vibrante, con garras como capilares, pelando el músculo desde el interior de la piel, mientras el mundo ante él se agitaba arriba y abajo como alas entre dimensiones, arrastrando al mundo que estaba a la derecha, al mundo que estaba a la izquierda.
    -Esta secuencia –oyó que decía Neil- se carga la construcción del espacio extrapersonal. Es muy impresionante.
    El lugar se derrumbó y resurgió. Los espacios huecos desaparecieron y dieron paso a cuerpos sólidos. El movimiento se desmoronó en instantes tartamudos, como si los latidos de su corazón se hubieran convertido en la luz estroboscópica del ser. Reconocía todo lo que le rodeaba –el hombre, la mesa, la silla- pero no veía nada, sólo movimientos, carentes de sustancia, zumbando en los rincones como una maquinaria cuántica.
    Y sintió dolor con ira reptil, con ternura mamífera… Esperanza deseo esperanza oración. Recuerdos, latiendo como glándulas, desvaneciéndose, desvaneciéndose… Se había olvidado de cómo respiraba.
    Después nada.
    Ningún sentimiento. Ninguna sensación. Sólo temblor, un tambaleo más negro que el negro.
    La muerte.
    Estalló entre aristas latentes que lo golpeaban y aulló miedo-joder-amor-joder-odio-joder-horror-alegría-celos-odio. Caninos al desnudo. Un millón de mujeres y un millón de violaciones. Garra-matar-tu-puto-coño-conejo-coño-mataré-mataré-mataré. Agresión. Agresión.
    Después una cabeza dando vueltas. El sonido de Neil riéndose. El crujido de su silla.
    -No creo en los finales felices –dijo.
    Thomas gritó, incapaz de pensar, de ver…
    -¿Te ha dado María un buen viaje?
    Resentimiento, miedo e indignación.
    -Gilipollas –dijo Thomas entre jadeos-. Hijo de puta. –Parpadeó para apartar las lágrimas de sus ojos, se preguntó por qué su boca parecía desconectada de su voz-. De alguna forma –logró decir-, de alguna forma, te mataré, hijo de puta.
    Otra vez… Neil había sincronizado sus labios otra vez.

    Hueco y pesado, como resucitado de un ahogamiento.
    -A los finales así los llamamos “borrones” –dijo Neil-. Pequeños recordatorios de que María solamente hace lo que ya hace el cerebro, sólo que sin toda la rigidez ambiental. Como el sentimiento de verse obligado es más un producto de tu cerebro que de cualquier otra cosa, sólo te sientes obligado cuando María lo acaricia. Mackenzie inventó estos algoritmos de “inversión de la voluntad”, te los enseñaría si no estuvieras inmóvil. Dan miedo. Crees que deseas mover el brazo derecho y en lugar de eso tu brazo izquierdo empieza a agitarse. Toda clase de engaños a la mente. Uno de sus salvapantallas tiene incluso una pequeña secuencia de omnipotencia. No importa qué mires, estás convencido de que estás haciendo que suceda. Aunque sean nubes de tormenta desplazándose por el horizonte. Es todo un viaje, créeme.
    Neil se rió, miró apreciativamente los aparatos, en buena medida invisibles, que sujetaban a Thomas.
    -Comprenderás por qué la llamábamos María, la Madre de Dios.
    Thomas trató de hablar, pero no pudo.
    -Pero algunas cosas son intocables, como predijiste en ‘A través del cerebro’. Las experiencias son siempre unitarias, y siempre actuales, como sería de esperar, dado que son derivados de aquello de lo que el cerebro carece.
    Thomas volvió a tratar de hablar, pero sólo pudo toser.
    Neil sonrió.
    -Nada de lo que preocuparse. Es consecuencia de un pequeño neurotransmisor. Puede que te sientas colocado un par de días, pero nada más.
    -Ah… -dijo pastosamente Thomas-. Ajjj… -Respiró hondo, se estremeció y volvió a intentarlo-. Ajjj… abominación.
    -Sí –dijo Neil con voz cansina-. Es el futuro.

    (…)

    -Tú –prosiguió Neil, con la voz calma de una sinceridad implacable-. Tú eres la ilusión. Piensa en ello, profesor Biblia. Quieres creer que te estoy haciendo esto a ti, cuando en realidad estoy haciendo cosas contigo. La única razón por la que puedo jugar con tus pensamientos y experiencias como si fueras una marioneta es porque eso es lo que tú eres. Sólo estoy deslizando mi mano en los nudillos del mundo.

  2. fran dice:

    y no estamos ya controlados por algo extraño o desconocido??