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Somos felices si tenemos más sexo que nuestros amigos (al menos a nivel perceptivo)

Por: pijamasurf - 04/18/2013

Compararse es un hábito que hacemos casi inconscientemente, y la percepción de la felicidad y el sexo está muy cercano a la envidia.

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La envidia es una de las peores cosas del mundo --también una de las más usuales, e incluso, según un estudio de la universidad de Colorado, una de las más útiles para darnos una idea sobre nosotros mismos con respecto a los demás. En el caso del sexo parece que esto aplica especialmente si tenemos relaciones con más frecuencia que la gente cercana a nosotros.

El doctor Tim Wadsworth ha estudiado la relación entre sexo y felicidad; encontró que, como suponemos, el sexo hace efectivamente feliz, "más sexo" es relativo a la cantidad de sexo que tienen con respecto a alguien más; en la misma lógica, si la persona siente que tiene "menos sexo" que la gente a su alrededor, menor felicidad percibe.

Entre 1993 y el 2006, Wadsworth entrevistó a 15,386 personas, y encontró que la gente que tenía sexo dos o tres veces al mes reportaban un nivel de felicidad autopercibida más alto que aquellos que no habían tenido sexo durante el año anterior. Pero esa percepción puede derrumbarse si la gente cree (sea cierto o no) que otras personas están teniendo más sexo que ellos. Si una persona que tiene sexo dos o tres veces al mes cree que sus amigos o colegas tienen sexo una vez a la semana, la percepción de felicidad cae alrededor de 14%.

Wordsworth explicó que estos datos no explican necesariamente por qué la gente se siente menos feliz, pues además de que la felicidad se experimenta y construye subjetivamente, muchos otros factores nos hacen sentirnos bien (o mal) con nosotros mismos; lo que se destaca es la comparación: si en el estudio sustituimos "sexo" por "dinero", los resultados podrían ser similares.

Las pláticas entre amigos generalmente tocan los asuntos sexuales como una necesidad narrativa, pero puede ser que también como una forma de saber cuánto sexo tienen los demás, para saber si estamos teniendo suficiente, poco o demasiado sexo (lo cuál tal vez nunca sea demasiado). Y es que no tenemos un parámetro ideal de cuánto sexo o cuánto dinero es suficiente, y establecemos así nuestras propias unidades de medición comparando lo que tenemos con lo de los otros. Y como dice la canción, el pasto siempre es más verde en el jardín del vecino.

[Popsci]

Entre orgías creativas y placenteras está el café: el estimulante favorito de los creadores

Por: pijamasurf - 04/18/2013

Los hábitos de los artistas: Balzac acostumbraba beber 50 tazas de café al día, Frank Baum unas 4 o 5 con el desayuno, Beethoven una sola taza con 60 granos.

images (13)Muchas personas son incapaces de comenzar su día sin una buena taza de café. Sea por el delicioso sabor reconfortante o por la dosis de cafeína que conlleva una taza de la adictiva bebida, esta ha sido una parte primordial de la existencia y convivencia social de la raza humana por siglos.

Desde que el café se convirtió en una actividad tradicional en la vida diaria occidental en el siglo XVI, este ha sido utilizado por las mentes más brillantes cómo una fuente de energía y ha llegado a constituir parte de la rutina sorprendentemente normal de muchos genios.

Un artista que disfrutaba empezar su día con una taza de café era Beethoven, cuya precisión al componer música se reflejaba en la minuciosidad con la que preparaba, él mismo, su taza de café en las mañanas. El compositor estaba completamente seguro de que la taza perfecta de café debía llevar 60 granos, por lo que con frecuencia las contaba en la mañana.

El filósofo Søren Kierkegaard prefería una mezcla mucho más dulce; tomaba una bolsa de azúcar y la vertía con entusiasmo en una taza hasta que el polvo blanco rebasara el tope de la taza, después vertía café negro muy concentrado y observaba mientras que la pirámide de azúcar se disolvía. Cuando se sentía satisfecho con su preparación, Kierkegaard la bebía en un solo trago.

El escritor de El Mago de Oz, Frank Baum, también empezaba su día con un buen desayuno y 4 o 5 tazas de café con azúcar y crema. El matemático Paul Erdös creía que “Un matemático es una máquina que puede convertir el café en teoremas”, y gustaba de tomar expresos y tabletas de cafeína (con la anfetamina ocasional).

Entre los  otros genios que no podían vivir sin una taza de café se encuentran Proust, Glenn Gould, Francis Bacon, Jean Paul Sartre, Gustav Mahler y Balzac. Sin lugar a dudas el amor (o quizá dependencia) de Balzac supera a todos los demás. Parte de la rutina diaria del escritor incluía cenar ligeramente a las 6 pm y después acostarse. A la 1 am se despertaba y se sentaba frente a su mesa a escribir por 7 horas sin interrupción alguna. A las 8 am se permitía el lujo de tomar una siesta de hora y media, al despertar se ponía a trabajar bebiendo entre las 9.30 am y 4 pm taza tras taza de café negro; podía tomar hasta 50 tazas de café mientras escribía. El biógrafo de Balzac Herbert J. Hunt describió su rutina extrema como “orgías de trabajo puntuadas por orgías de relajación y placer”, el café era para Balzac tan placentero cómo necesario para trabajar.

Balzac describe su admiración de la siguiente manera:

“El café acaricia la boca y la garganta y pone todas las fuerzas en movimiento: las ideas se precipitan como batallones en un gran ejército de batalla, el combate empieza, los recuerdos se despliegan como un estandarte. La caballería ligera se lanza a una soberbia galopada, la artillería de la lógica avanza con sus razonamientos y sus encadenamientos impecables. Las frases ingeniosas parten como balas certeras. Los personajes toman forma y se destacan. La pluma se desliza por el papel, el combate, la lucha, llega a una violencia extrema y luego muere bajo un mar de tinta negro como un auténtico campo de batalla que se oscurece en una nube de pólvora."

Tal pareciera que las fuerzas en movimiento de 50 tazas de café al día terminaron perjudicando la salud de Balzac; hacia el final de su vida tenía la presión alta, dolores de cabeza crónicos, espasmos faciales y cólicos. Murió a los 51 años de edad a causa de un fallo cardiaco. El café se ha vuelto una pieza irremplazable dentro de nuestra cultura, no importa cómo lo tomemos: expreso, cortado, negro, ristretto, chemex, frío, y cientos de otras maneras, seguirá inspirando a genios, impulsando nuestros sueños y llenando de energía nuestro día a día.

¿Necesitas más razones para beber café?

[Slate]