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Los conejos de pascua más perturbadores (imágenes para una improbable historia del trauma infantil)

Por: pijamasurf - 04/01/2013

Una selección de imágenes que nos llevan por las sombrías regiones del trauma infantil.

La Pascua es una temporada altamente significativa dentro del calendario judeocristiano que, en el caso específico del cristianismo, recuerda los eventos que a la postre se convirtieron en el fundamento de su existencia: la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Sin embargo, como usualmente sucede con las creencias religiosas, estas no existen nunca en un estado puro, siempre se les encuentra fundidas con sedimentos ideológicos anteriores que, entre otros efectos, facilita su difusión y su apropiación entre personas y sociedades que antes no creían en eso. Este es el conocido sincretismo que, como una suerte de denominador común, recorre todas las confesiones religiosas —y también otras expresiones del pensamiento.

En este cruce desataca la figura del conejo y los huevos de pascua, probablemente los dos elementos más extraños de la simbología pascual, que, al menos de inicio, manifiestan poca o ninguna asociación evidente con otros significados sacros.

Su origen no es del todo claro, sobre todo porque al parecer este se remonta a la oscuridad medieval europea, esa zona sombría donde la doctrina de la iglesia intimó con las tradiciones mal llamadas paganas y bárbaras de los pueblos que sobrevivieron al colapso del imperio romano. Ahí, en un pantano confuso de ideas cristianas, cátaras y de otras tradiciones tanto o más herméticas, nació la idea de que la liebre era un ser hermafrodita que podía procrear sin perder la virginidad, rasgo por el cual se convirtió de inmediato en metáfora de la Virgen María.

En cuanto a los huevos, al parecer se les toma como símbolo de la tumba vacía de Jesús, de ahí su presencia en el “Domingo de Resurrección”, pero tampoco se sabe con certeza dónde nació este vínculo.

Sin embargo, en un mundo despojado del aura sagrada, todos estos antecedentes terminan convertidos en las imágenes que compartimos, retratos que van de lo horrífico a lo espeluznante y lo ridículo, el trauma infantil personificado en un disfraz deforme de pelambre sintético y proporciones desmesuradas.

Imágenes vía Happy Place

Noruega devuelve a México los restos de la "mujer mono", sensación circense del siglo XIX

Por: pijamasurf - 04/01/2013

Debido a una enfermedad conocida como hipertricosis, Julia Pastrana recorrió el mundo a mediados del siglo XIX bajo motes como "la Indescriptible”, “la mujer oso”, “la mujer simio” y otros; ahora, en un acto de dignificación, el gobierno de Noruega devolvió sus restos a México para que termine así su vagabundeo circense.

Juliana-Pastrana-mujer-simio

A mediados del siglo XIX, la lotería de lo insólito tenía en Julia (o Juliana) Pastrana una de sus mejores cartas. Una mujer que por aspecto fue exhibida en distintas ferias del mundo con el mote “La Indescriptible”, al que se añadían varios epítetos que iban de “la mujer oso” a “la mujer simio” y otros menos fáciles como “la maravillosa híbrido”.

Nacida en 1834 en Sinaloa, en la costa mexicana del Pacífico, y, según refiere María Emilia Chávez Lara, creció como parte del personal doméstico del entonces gobernador Pedro Sánchez. Sin embargo, en un tránsito del cual no existe documentación al respecto, a los 20 años fue llevada al Gothic Hall de Nueva York como atracción de los curiosos. Al parecer la hipótesis más probable es que, en algún punto, la mujer fue adquirida por un tal Theodore Lent, empresario de dudosa reputación que bajo este nombre podría esconder un pasado criminal.

Físicamente, Pastrana medía poco menos de metro y medio, y lo más singular era el tupido vello oscuro que cubría prácticamente todo su cuerpo, rostro incluido, lo cual, aunado a sus facciones toscas, le valieron la comparación con un primate no humano. Como parte de su promoción se aseguraba que era hija de un ser humano y un orangután. Curiosamente, a Julia también la distinguía una voz incomparable, de mezzo-soprano, y el talento musical suficiente para tocar la guitarra.

mujer

“Simplemente era horrible por la abundancia de pelo negro que crece en su frente y barba, pero su figura es muy bella y graciosa […] y su pequeño pie y tobillo tan bien torneados, la perfección en sí mismos”, escribió Frank Buckland, un conocido científico inglés, con una sospechosa inclinación por los monstruos y las quimeras, que conoció a Pastrana en Londres.

Con el tiempo, Pastrana se casó con su captor, el empresario Lent, con quien además intentó procrear un par de hijos; y si bien ambos fallecieron al nacer, ello no obstó para que Lent vendiera sus cadáveres.

Ahora, en un acto que se ha calificado de dignificación, la Facultad de Medicina de la Universidad de Oslo devolvió a México los restos de Julia Pastrana para que sean enterrados en su tierra natal y, en cierta forma, cerrar honorablemente sus viajes por el mundo. Cabe destacar que aun después de su muerte, ocurrida cuando tenía 36 años, justo al parir su segundo hijo, Lent vendió su cadáver a la Universidad de Moscú, donde fue embalsamado para así continuar exhibiéndolo. En 1921 el empresario noruego Haakon Lund los adquirió para este fin hasta que las críticas recibidas se lo impidieron. De ahí el cadáver fue robado y reapareció en 1976, cuando la policía noruega lo decomisó y trasladó al Instituto de Medicina Forense de Oslo.

La devolución fue solicitada por autoridades de México, quienes ofrecieron colaboración de tipo científica a cambio de los restos de Pastrana, en particular, una investigación en torno a la hipertricosis, la enfermedad que la mujer padecía.

Con información de Milenio y Yahoo