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Por qué el gobierno de Estados Unidos no malgasta su dinero investigando el enorme y extraño pene de los patos

Por: pijamasurf - 03/29/2013

El fascinante mundo de la reproducción de los patos: penes que pueden llegar a medir la mitad de su cuerpo y órganos sexuales femininos capaces de escupir el semen indeseado.

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Con los recientes recortes al presupuesto implementados por el gobierno de Barack Obama, en los Estados Unidos, algunos críticos han buscado puntos oscuros en el gasto público. Uno de ellos, según el sitio CNS News, son los 384 mil dólares que se gastan en estudiar la reproducción de los patos, especialmente el pene de estas aves acúaticas.

Los patos son parte del 3% del total de las especies de aves que tienen un pene --el 97% simplemente entrega el esperma a través de un hoyo, en lo que se conoce como "el beso de cloaca". La razón por la que los patos tienen un pene es que a diferencia de la mayoría de las aves, su reproducción se da en conflicto --el amor es una guerra, más que un pacto mutuo. Las hembras tendrán mayor cantidad de crías si pueden seleccionar  el esperma de los mejores machos. Los machos en cambio intentan copular con la mayor cantidad de hembras posibles. Esto evidentemente presenta un conflicto, pero es el conflicto mismo  lo que hace evolucionar a los seres vivos y en este caso crecer prodigiosos penes que llegan a medir más de la mitad del tamaño de un pato y desaparecen cuando no es temporada de apareamiento. El pene del pato de un lago en Argentina ha llegado a medir casi 50 centímetros de largo.

Una de las razones por las cuales es importante, según el escritor de temas científicos de National Geographic, Carl Zimmer, estudiar la reproducción de los patos tiene que ver con este conflicto sexual en la naturaleza. Éste conflicto desata conductas agresivas a las cuales es necesario adaptarse (en el caso de la mosca de la fruta son letales: el macho dosifica un químico tóxico para asegurarse de que su esperma sea el que fertilice el huevo y no el esperma de otros machos, sin importar que esto acorte el periodo de la vida de su pareja). La sexualidad humana es más compleja ya que intervienen en ella factores culturales que se tornan epigenéticos, pero en algunos aspectos también es una sexualidad de conflicto. Se sabe que el fluido seminal ha evolucionado en competencia con el semen de otros hombres y se cree que algunos trastornos del embarazo, como la preeclampsia, podrían ser provocados por el conflicto sexual.

La competencia entre los patos es especialmente notable. La Dra. Patricia Brennan, de la Universidad de Yale, encargada del equipo que mide los penes de los patos, descubrió que el falo de los patos decrece substancialmente cuando no es temporada de apareamiento y vuelve a crecer la temporada siguiente. En el caso del Oxyura jamaicensis (pato zambullidor grande o pato tepelcate) el re-crecimiento varía en longitud y tiempo dependiendo de si el pato tiene que competir con otros machos. No se sabe a ciencia cierta que sucede fuera de temporada con el pene de los patos, que tiene forma de sacacorcho, pero se cree que tal vez sea más económico volver a crecer un pene nuevo que mantenerlo. El tamaño del pene de los patos parece ser el resultado de una competencia evolutiva, ya que éste permite una mayor posibilidad de fecundar a las hembras. En el caso de las hembras, sus genitales también han evolucionado a un sistema complejo que les permite descartar el esperma no deseado, expulsándolo. Esto tiene sentido ya que aún cuando la tercera parte de todos los apareamientos son forzados, sólo el 3% de estos apareamientos son reproductivamente efectivos. Las hembras tienen un alto porcentaje de éxito en la selección que hacen del esperma, lo cual parece ser una enorme motivación para la evolución del pene de los patos.

Así las cosas con la sexualidad de los patos, que aunque un tanto extraña, presenta posibilidades de comprender mejor nuestra propia sexualidad y generar útiles aplicaciones médicas.

Cómo alteran los videojuegos tu percepción temporal (lo que experimentas como adicción)

Por: pijamasurf - 03/29/2013

El factor adictivo de los videojuegos se explica en gran parte por la percepción de tiempo distorsionado que los jugadores experimentan durante las sesiones frente a la pantalla.

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Todos jugamos: ya sea un pequeño juego en el teléfono para pasar el rato mientras haces fila en el banco o tengamos un personaje altamente personalizado en World of Warcraft The Old Republic, o incluso si utilizamos dinámicas de juego como Foursquare, la realidad cotidiana de mucha gente está inmersa en la realidad del juego.

Pero a pesar de que todos jugamos en alguna medida, la percepción del tiempo que pasamos frente a la pantalla no se experimenta de la misma manera (¿alguien quiere mencionar la relatividad general?) Un estudio dirigido por Richard Wood y sus colegas de la International Gaming Research Unit Division of Psychology, en la Universidad de Nottingham Trent, Inglaterra, concluyó que el 99% de los 280 participantes de la muestra notaron un cambio en su experiencia del tiempo a causa de los juegos de video.

24.3% consideró que esa otra dimensión temporal era algo bueno; 29.3% lo experimentó negativamente, y el 38.2% como una mezcla de ambas, con aspectos divertidos y otros indeseables (como el daño colateral después de beber demasiadas bebidas energéticas y papas fritas, tal vez.) Casi dos tercios de los participantes perdieron la noción del tiempo durante las horas de juego, especialmente en la noche, cuando el mundo está dormido y podemos entregarnos al hedonismo virtual.

Esta sensación de que el tiempo se ha detenido o que sus efectos son menos inmediatos en nuestra experiencia realidad puede explicarse por algunos de los ingredientes que están presentes en los juegos más adictivos. El estudio del doctor Wood menciona al menos cuatro ingredientes presentes en los juegos que provocaron entre los participantes la experiencia de alteración del tiempo:

Complejidad e inmersión

Sin importar el género, un juego que implica un reto será en general un juego más atractivo, y por lo tanto más proclive a distorsionar nuestra percepción del tiempo. La complejidad puede estar en las reglas (como en los RPG del tipo Final Fantasy) o en la sensación de involucramiento al sentir que tenemos la "misión" de terminar al menos el nivel o quest actual antes de apagar el juego. Pero esto es sólo una coartada: al terminar dicha misión nos sentiremos tan estimulados por nuestro éxito que jugaremos un nivel más. Y luego uno más. Ad infinitum.

Niveles

Un juego adictivo está altamente compartimentado para dar la sensación tanto de avance como para permitirnos la dudosa libertad de pensar que podemos detenernos en cualquier momento. Ya se trate de scores, de niveles con bosses o misiones, el saber que existe un checkpoint próximo (una división del continuo del juego) nos  deja acariciar la ilusión de que tenemos el control, y que podemos parar cuando lo decidamos --o bien, que decidamos no hacerlo.

Trama

Una buena historia es un gancho insuperable. Del mismo modo en que un niño pregunta "¿qué más?" cuando está escuchando un cuento, los gamers hallan difícil despegarse de una buena historia. Final Fantasy Metal Gear Solid, entre otros, son especialmente reconocidos por excelentes guiones más allá de sus notables cualidades técnicas. Esto asemeja los videojuegos a la lectura: el tiempo se experimenta en varios niveles, en el de la vida cotidiana con su día y noche y el otro en el tiempo interno de la narrativa.

Multijugadores

A pesar de que los videojuegos tienen un estigma social de alienación, lo cierto es que el ingrediente social es también un factor clave para quedarnos atornillados en el sofá. El género de los Massive Multiplayer Online (MMO) es especialmente representativo de esta tendencia: World of Warcraft es el juego que más apareció en el estudio de Wood; con sus más de 10 millones de jugadores hasta noviembre del año pasado, es altamente probable que en cualquier momento encuentres a alguien conectado para jugar.

A pesar de la ludopatía que algunos gamers pueden desarrollar o los casos extremos de hikikomori (jóvenes japoneses que viven recluidos en su habitación sin ningún contacto con el exterior), los videojuegos son parte de la cultura urbana de nuestras sociedades, y además de ser un gran entretenimiento pueden enseñarnos mucho sobre los hábitos y prácticas que desarrollamos personal y comunitariamente.

[Pop Sci]