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Ryoichi Kurokawa es uno de los más destacados exponentes de la vanguardia del arte digital: sonido, video, luz y objetos físicos se funden en una sola porción de materia prima (el arte, una vez más, nos remite a la unidad)

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El algún punto incierto de la historia humana la tecnología y la elegancia se encontraron en el camino. Tras etéreo coqueteo, se fundieron en un diálogo que terminaría por dar vida a una serie de sublimes piezas de lo que ahora llamamos arte digital, exquisitas manifestaciones multimedia que apelan a nuestra conciencia sensorial. 

Ryoichi Kurokawa  (Japón, 1978) es uno de los más finos exponentes de este reciente movimiento que se ha propuesto –o tal vez solo lo ha logrado sin proponérselo– diluir las fronteras interdisciplinarias heredadas por sus antecesores artísticos. Azules sonoros, espacios miméticos, vórtices interminables que escupen, sutilmente, texturas inéditas, todos estos confabulados para ir más allá del himen de la estética legada. Sobra decir que las aventuras psicosensoriales que el arte electro-experimental patrocina son, generalmente, memorables.  

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Kurokawa incursiona en instalaciones multimediáticas, piezas orquestales, música, y narrativas audiovisuales. Por momentos su obra viola el tiempo, tergiversa el espacio, se infiltra en nuestros procesos perceptivos (algo así como un audaz intermediario que hackea la interfase que organiza nuestra realidad). Y al hacerlo mantiene, casi invariablemente, una explícita elegancia, misma que caracteriza a una lúcida generación de artistas digitales que ha florecido en las últimas dos décadas: por ejemplo, Ryoji Ikeda, Takagi Masakatsu y Daito manabe, entre otros.

 A veces, disfrutando de la obra de Kurokawa, me surgen pensamientos quizá profanos: divago en la posibilidad que la geometría sagrada haya asistido a un rave futurista o que la tensegridad de Bucky Fuller decidió, por qué no, consumir drogas de diseño... Lo que quiero decir es que a través de su trabajo el arte, una vez más, nos remite a la unidad original. 

Twitter del autor: @paradoxeparadis

 

Raro arcoiris de fuego captado en París (FOTOS)

Por: pijamasurf - 03/29/2013

Arcos circumhorizontales, o arcoiris de fuego, fueron observados en París en un bello regalo para el pasado Día de San Patricio.

 

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Este pasado 17 de marzo una inusual combinación entre la elevación del sol y el tipo de nube hizo que se formara una banda iridiscente en el cielo de París y el fotógrafo amateur Bertrand Kulik logró captar estos poéticos instantes que evocan a una abstracta ave fénix diluida en color. 

Este fenómeno conocido como arcoiris de fuego --en realidad el término arcoiris es impreciso para el fenómeno, también llamado arcos circumhorizontales--  no es del todo raro, pero no suele ocurrir en países europeos donde el sol generalmente no tiene la elevación necesaria para  crear este efecto de halo. El fenómeno depende de la latitud, como las auroras, las cuales por momentos parecen evocar, pero en latitudes menos cercanas a los polos --y evidentemente sin ser causados por tormentas magnéticas.

Los arcoiris de fuego casi siempre se encuentran en las nubes cirrus (caracterizadas por componerse de bandas delgadas y finas): el sol pasa a través de los cristales de hielo de estas —que se forma por la altitud a la que se encuentran— e ilumina la tierra con un pedazo aislado de arcoiris. El sol tiene que que tener una altitud suficiente para permitir que se observen. 

La localización perfecta para verlos es cerca del meridiano central con el sol a un ángulo de sesenta y siete grados sobre el horizonte. 

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