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Madre Teresa de Calcuta: todo menos una santa, aseguran investigadores

Sociedad

Por: pijamasurf - 02/28/2013

¿Hasta qué punto la beatitud, entrega y altruismo de la Madre Teresa de Calcuta, uno de los íconos católicos más importantes de la segundad mitad del siglo XX, no es sino invención mediática de disimula y enmascara aspectos poco santos de su labor?

Hacia el final del siglo XX, uno de los últimos íconos de la caridad, la abnegación, la entrega desinteresada y el altruismo fue la Madre Teresa de Calcuta, religiosa que fundó la congregación de las Misioneras de la Caridad y cuya labor social de orientación católica se enfocó sobre todo en la construcción y cuidado de hospicios para personas con SIDA y otras enfermedades y también para niños huérfanos. En la década de los 90, su asociación mediática con Lady Di le reportó mucho mayor reconocimiento y popularidad, aunque es cierto que desde antes su trabajo le mereció numerosos premios y homenajes, entre ellos el Nobel de la Paz en 1979.

Pero como sabemos, la santidad no es, en modo alguno, una condición natural del ser humano. La pureza de las intenciones y los actos, la bondad, son posibles solo parcialmente, solo vistos desde una perspectiva particular que al cambiarse revelan esas máculas que los relatos hagiográficos prefieren pasar por alto.

En el caso de la Madre Teresa, los críticos se han enfocado sobre todo en dos aspectos: por un lado, el manejo financiero de las instituciones que presidía o con las cuales estaba asociada; en segundo lugar, la función política que desempeñó en ciertos procesos sociales al defender la idea de que el sufrimiento es una condición de beatitud en la medida en que acerca al sufriente a Cristo, plegándose así a ese carácter pasivo de la doctrina cristiana y católica que tácitamente llama a mantenerse en la condición de miseria y no hacer nada por revertirla porque todo ese sufrimiento será compensado en la vida ultraterrena.

Recientemente tres investigadores de la Universidad de Montreal —Serge Larivée, Carole Sénéchal y Geneviève Chénard—, han arremetido de nuevo contra el personaje en un artículo publicado en la revista académica Studies in Religion/Sciences religieuses, en el cual sostiene que la pretendida santidad de la Madre Teresa no es sino una construcción mediática que, fuera de este ámbito, el de los medios, se revela insostenible.

Larivée y sus colegas estudiaron casi 300 libros que se han escrito en torno a la Madre Teresa, según ellos el 96% de la literatura existente sobre el tema, con lo cual llegaron a la conclusión de que el proceso de beatificación de la albanesa dejó de lado circunstancias que, quizá en otras condiciones o con otra persona, sembrarían numerosas dudas sobre el concepto en el que se le tiene.

“Su manera de curar las enfermedades, sus contactos políticos dudosos, su curiosa gestión de las sumas de dinero astronómicas que recibía y un dogmatismo excesivo sobre todo al respecto del aborto, la anticoncepción y el divorcio”, escriben los investigadores, señalando los ámbitos de la vida y obra de la mujer que podrían pasar por el filtro de la revisión y la reflexión antes de aceptar sin objeciones su bondad ilimitada.

Como decíamos antes, la Madre Teresa se caracterizó ideológicamente por enaltecer el sufrimiento, por impedir que se impidiera, por predicar que los enfermos debían sufrir como Cristo sufrió en la cruz. Por este mandato muchísimas personas sufrieron y aun murieron sin recibir los paliativos mínimos que aliviaran su dolor. En contraste, cuando ella misma necesito de analgésicos y medicamentos afines, no tuvo reparos en aceptarlos cuando recibía atención en un hospital estadounidense.

En cuanto a las relaciones políticas, destaca la aceptación de la Legión de Honor por parte del régimen de los Duvalier en Haití, una de las dictaduras más crueles que ha sufrido este país o su cercanía con Ronald Reagan (uno de los presidentes más conservadores en la historia de Estados Unidos), detalles que revela la poca congruencia política —en sentido amplio— que la mujer tuvo en vida, la cual también quedó de manifiesto en la poca transparencia con que manejó las finanzas de sus organizaciones.

Por último, Larivée y compañía recalan en el ensalzamiento mediático de que gozó la Madre Teresa desde finales de los años 60, cuando se puso un marcha una promoción que algunos califican de excesiva en torno a la misionera, el cual encontraría su primer pico en la concesión del Premio Nobel de la Paz, su segundo en su alianza con la princesa Diana de Gales y el tercero, post mórtem, cuando El Vaticano se adelantó a los cinco años que usualmente se dejan pasar antes de comenzar el proceso de beatificación de una persona, el cual comenzó en su caso en 1997, el mismo de su muerte. En 2003 se le declaró beata a partir del supuesto milagro realizado por su mediación en una mujer que padecía cáncer (o un intenso dolor abdominal).

La conclusión de los investigadores es que el mito de la Madre Teresa ha generado el efecto claramente identificable, positivo en ciertos aspectos, que sin embargo disimula o francamente oculta facetas de la labor de la misionera que también deberían difundirse.

También en Pijama Surf: El documental de Chistopher Hitchens sobre la Madre Teresa: “Ángel del infierno”.

[UdeM Nouvelles]

Con esta primera colaboración Pablo Doberti, director de UNO Internacional, inaugura su columna en Pijama Surf: "El Inversor", con la cual buscará provocar la reflexión directa sobre uno de los temas más urgentes de nuestro tiempo: la educación.

educaciondosMe llaman “el inversor”, no porque invierta, sino porque invierto. Por esa empecinada vocación de darle la vuelta a las cosas y de pronto hacerlas decir lo que no decían y ponerlas a estar donde no estaban ni querían estar. El inversor… Y yo me dejo. Me dejo porque ese malendendido que trae, me gusta. Aporta. Predispone porque se interrumpe y genera un brinco. Y porque me gusta, pues. 

Quiero aprovechar esta primera salida de la columna de El Inversor para –por única vez- reflexionar sobre su voz, que es mi voz. 

Los beneficios son evidentes, pero los problemas de abrir una reflexión sobre un tema demandado es la saturación, el nivel de toxicidad que ya envuelve a ese tema. Enseguida que se abren los debates, se saturan. Y entonces las ideas comienzan a confundirse con las intenciones, los actos con las especulaciones y las propuestas con las denuncias. Ya nada es lo que es y todo es posible. Todos, a toda hora y por todos lados, resulta que tienen algo para decir. Ya nadie nota las insoportables repeticiones ni denuncia las intolerables faltas de calidad. El lugar común toma la escena; las cuatro máximas de Perogrullo se vuelven eje de las cien mil notas ponderadoras… 

¡Menudo escenario! 

Pues eso le ocurre ya hoy al necesario debate educativo. Está saturado. Denso de más. Apretado y monumental. Irrespirable. Si de cantidad de palabras se tratara, la educación ya ha sido resuelta… diez veces. Pero no. Pero claro que no. 

¿Cómo hablar en medio de esa selva amazónica de retóricas y contrarretóricas? ¿Cómo recortarse en esa densa oscuridad? ¿Cómo construir un lugar de enunciación legítimo y con identidad? ¿Cómo hacernos oir? 

Todo el que abre un espacio como el que estoy abriendo ahora yo debería preguntarse estas cosas antes de ponerse a hablar; nos ahorraríamos unas cuantas notas innecesarias. Más de lo mismo ya no; más densidad a lo denso y más oscuridad y humedad a la ya tanta… 

Algunas premisas básicas de la construcción de la voz pueden ayudarnos. No me referiré jamás al debate en marcha; haré como si no existiera. Hablaré como si estuviera solo. Tampoco me afiliaré a ninguna tradición ni me enmarcaré en ninguna obra o marco teórico. Andaré libre; liviano como si no hubiera otros ni otras. Enunciaré sin hacerme cargo de mis antecedentes ni mis referentes; como si fuera ubicuo e instantáneo. Ayudaré al lector a enfocar en la idea. Seré locuaz con la sintaxis; fluido y casi dialógico. No buscaré cerrar; buscaré abrir. Retomaré esporádicamente y haré sinapsis solo cuando crea que vale la pena. Usaré el legítimo recurso teórico de la insinuación y el tal vez. Seré breve y provocador. Efectista, si fuera necesario. Avanzaré. Compartiré mis dudas, pensaré en voz alta; trabajaré frente al lector y con el lector. Trabajaré. 

Es decir, deliberada y diría que hasta incisivamente abandonaré cualquier posición magistral para hablar de la escuela y sus ecos y reverberancias. Seré incierto como quiero ser y cuidaré de las ponderaciones. Haré abuso de la retórica estimulante y cada tanto contaré alguna historia. 

Sondearé, avizoraré, probaré, auscultaré, tantearé. Exageraré, por supuesto, como toda teoría. Tomaré posiciones extremas. Los estimularé. Los haré enojar. Los angustiaré. Seré bueno para interrumpirme. Seré bueno para no abusar. Seré mejor –¡dios me acompañe!- en entretenerlos. Seré leve, para no caer en los lugares comunes de la profundidad ramplona. Seré leve y etéreo y a ver a dónde nos lleva. 

En cuanto al repertorio, será educación, en su sentido más amplio. Y específicamente la escuela. La escuelas, ecos y reverberaciones de la escuela, podríamos decir. La cosa educativa. 

Pero no olvidemos lo del principio, que es ahora lo del final también: buscaremos una voz en medio de una multitud eufórica y a los gritos; trataremos de pasar un mensaje en una discoteca. Perseguiremos una voz que no ganará por quantum de decibeles, sino por oportunidad e identidad, si gana. Una voz que se trabajará en esta intimidad recogida esperando su momento. Alguna vez tanto grito y tanta histeria desatada se cansará y tal vez alguien, entonces, mire a los lados para buscar algo que valga la pena. 

En ese momento, trataremos de estar listos. 

También en Pijama Surf: Reformar o transformar la escuela y el papel de lo digital en México y América Latina: entrevista con Pablo Doberti.

Twitter del autor: @dobertipablo