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El escritor Robert Anton Wilson, el hombre-avestruz que nos enseñó que la realidad es un juego permanentemente alterado por la mente, cumpliría 82 años hoy.

El escritor y filosófo Robert Anton Wilson cumpliría hoy 81 años, por lo cual celebramos su vida y obra con un pastel de lasagna y datos. Anton Wilson probó, siempre con encanto, varios géneros literarios, la novela de ciencia ficción (en una veta cómica y cósmica), la divulgación científica, la metaficción autosuperacional, la filosofía (una fusión de la psicología y la física cuántica que evoluciona la duda socrática),el periodismo (fue editor de Playboy) la teoría de la conspiración y el blogging al final de su vida (orientado a transmitir sus chistes, como "Sólía ser ateo, pero luego no tenía nada que gritar durante el sexo oral"). El humor y la crítica son constantes en su obra, llevados al punto de lo que llamó agnosticismo místico, una postura de guerrilla ontológica que cuestiona con una inusitada lucidez la forma en la que asumimos que las cosas son reales o verdaderas:

La certidumbre sólo es posible para las personas que tienen una sola enciclopedia.

Cada modelo que construimos nos dice más sobre nuestra mente que sobre el universo… el universo es más grande que cualquiera de nuestros modelos… cada descripción del universo es una descripción del instrumento que utilizamos para describir el universo.

Un maestro iluminado es ideal si tu meta es convertirte en un esclavo perfetcamente ignorante.

Todos los fenómenos son reales en algún sentido, irreales en algún sentido,  sin sentido y reales en algún sentido,  sin sentido e irreales en algún sentido y sin sentido reales e irreales en algún sentido… y si repites 666 veces esto alcanzarás la iluminación suprema… en algún sentido.

Anton Wilson tempranamente adapta los postulados de la física cuántica a un modelo de agnosticismo epistemológico --el episteme yace supeditado a un principio incierto: la mente humana como filtro --perenne instagram de la realidad. La psicología cuántica que desarrolla aplica el principio de indeterminación a las humanidades: nuestra percepción afecta el mundo que observamos, hasta el punto de que creer que existe una verdad absoluta o que esta verdad absoluta yace ahí en un campo eterno, accesible e intocada por nuestra percepción es un tipo de onanismo mental (todo es solo un trip) --los sistemas de creencias o belief systems (B.S.) son bullshit (B.S.) y forman angostos túneles de realidad.

Pocas personas son responsables de abir nuestra mente tanto y de manera tan poco pretenciosa como Anton Wilson, considerado uno de los Papas y supremos jerarcas de la Religión Discordiana, cuya diosa es el caos, y básicamente dedicada a subvertir todo orden social (a revolver las fichas del dealer), solamente porque así podremos mirar el mundo desde una óptica distinta --y eso es su bien supremo: ampliar nuestra capacidad de admitir diferentes modelos de realidad. En Pijama Surf pocas figuras de la cultura contemporánea nos son más queridas --pocas personas conjugan la ligereza, la simpatía y la genialidad en un cóctel psicodélico que pese a su potencia es de casi nula densidad, abierto a todos: la lúdica liviandad de ser antes de creer.

Así cada año nos rotamos para lisonjear al espíritu de Bob, lanzar la lasagna voladora por la ventana, y recordar la belleza empoderadora de vivir en un universo incierto, un perenne rito de iniciación, donde se trata de salirte con la tuya --"reality is what you can get away with"-- burlar a los demonios del final de nivel del videojuego con cócteles de camarón interdimensionales --carnadas metafísicas-- y descubrir que tienes el balón en tu cancha y nada definitivo ha sido dicho. Tu eres (nosotros) los verdaderos Illuminati --en algún sentido:

Deberías de ver al mundo como una conspiración manejada por un grupo intrincadamente unido de personas casi omnipotentes, y deberías de pensar en esas personas como tú y tus amigos.

Aquí un torrent de data goodies, archivos raros, memorabilia, e-books, videos y audios de RAW

Robert Anton Wilson en DEOXY

Robert Anton Wilson Fans (textos completos)

Robert Anton Wilson Oficial

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[Twitter del autor: @alepholo]

El Síndrome de Estocolmo, uno de los trastornos mentales más populares, puede entenderse como una expresión patológica de la empatía, un exceso que recuerda el aforismo de Nietzsche: “Si mucho miras a un abismo, el abismo concluirá por mirar dentro de ti.”

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Las películas de John Waters son perversamente entretenidas.  Tienden a llevar las cosas a sus últimas consecuencias; son escatológicas hasta lo absurdo. En tales cintas resulta fascinante ver lo lógico que es lo absurdo: lo consecuente que resulta. Pensemos, por ejemplo, en A Dirty Shame (2004), donde toda la población de un pueblo –que bien puede ser cualquiera— se va volviendo adicta al sexo. A tono con el torcido humor de Waters, la gota que derrama el vaso, haciendo del último habitante también un sexo-adicto, es ni más ni menos que una heces congelada de David Hasselhoff que cae desde un avión golpeando su cabeza.

John Waters tiene múltiples fetiches en sus cintas, con las cuales hace una crítica al surrealismo del sentido común. Una de sus tantas fijaciones pop, es Patty Hearst, quién ha aparecido en cinco de sus películas.  Hearst no protagoniza las cintas, sino que sale en papeles pequeños, como un ícono de los límites de la cultura americana. A Patty se le recuerda por los sucesos del 4 de febrero de 1974, cuando fue secuestrada por el SLA (Simbionese Liberation Army). El grupo pedía, a la acaudalada familia Hearst, donaciones millonarias para combatir el hambre y la pobreza en los EEUU, a cambio de la liberación de Patricia. Llegan grabaciones de Patty leyendo discursos del SLA, y meses más tarde llega un retrato de ella portando un rifle de asalto en un atraco bancario. No se veía a nadie sujetando o amenazando a la señorita Hearst, quien además ostentaba una gabardina y boina muy ad hoc para la ocasión. Por esta razón fue arrestada en septiembre de 1975, en un ataque policiaco que dejó muertos a la mayor parte del SLA.

Todo lo anterior fue un escándalo en su época. Pero dejó una estela aún mayor el juicio de Patty. Durante el juicio ella declaró haber sido abusada física y sexualmente por miembros del SLA, por lo cual no podía hacerse responsable por sus acciones. Su defensa luchó por la inocencia de Patricia Hearst, bajo el argumento de que ella actuaba como cautiva y por su supervivencia—sin malicia—. Comoquiera, Patty estuvo en la cárcel hasta febrero de 1979, y esto debido a una sentencia reducida por el entonces presidente Jimmy Carter. Años más tarde, el mero Bill Clinton ofreció un indulto a Patty, bajo la siguiente premisa: ella actuó bajo los efectos del Síndrome de Estocolmo (quizás él pudo haber argumentado lo mismo ante las acusaciones de Mónica Lewinski).

Este síndrome clasificado como un Síndrome de Estrés Post-Traumático, debe su nombre (conferido por el criminólogo sueco Nils Bejerot) a otro asalto bancario. En 1973, en Estocolmo, Suecia, un grupo tomó rehenes a cuatro empleados de un banco durante seis días. Lo peculiar fue lo siguiente: tras la captura de los asaltantes, los rehenes se portaron renuentes a declarar en su contra; declarando, incluso, que sentían más miedo de la policía que de sus captores. Los rehenes se habían terminado por identificar con sus captores. Una de las rehenes hasta se casó con uno de sus captores—eso sí es digno de un guión de John Waters—.

A primera vista tal síntoma (defender o hasta enamorarse de tus captores) parece mera demencia.  Y sí, lo es, pero también hace mucho sentido. Este síntoma se desarrolla sin querer, como un mecanismo de supervivencia. Si tu supervivencia depende de tu victimario, inadvertidamente cultivas un interés pos sus estados de ánimo o su percepción del mundo. Es para poder predecir sus reacciones y encontrar el modo de maniobrar las circunstancias a tu favor—para seguir con vida—. La víctima se ve obligada a leer los gestos, buscar evidencia en su postura, en la entonación de la voz, aprendería a reconocer la estabilidad o volatilidad de su captor. Pero bien lo sugería Nietzsche, en este aforismo que aquí saco de contexto: “Si mucho miras a un abismo, el abismo concluirá por mirar dentro de ti.”

Salvo que en el caso del Síndrome de Estocolmo quien lo padece no se convierte en abismo per se, sino que introyecta a su victimario por medio de una empatía obligada. Existe, claro está, un vínculo entre la empatía y la manipulación. Tanto por quien manipula la empatía ajena, como quien empatiza para poder así mejor manipular a alguien. La mayoría de nosotros (salvo quizás los autistas y los sociópatas) hemos desarrollado esto, en cierta medida, para sobrevivir. La infancia es evidencia de ello: de bebés, en estado pre-verbal, nuestra supervivencia dependía completamente de nuestro padres. Dependíamos del beneplácito y las muestras de afecto de unos gigantes extraños para continuar con vida. Y sin escoger quiénes son o importar sus defectos, hemos empatizado con ellos con nuestra vida de por medio.

De ahí, el salto a las esposas golpeadas o los miembros de sectas abusivas es un mero tiro de dados. Sobre-identificarse —o hasta perderse— en los estados de ánimo de otro pasa todo el tiempo, la patología, en este caso, es cuestión de grados. Lo fundamental parece ser no perder el sentir propio como punto de referencia —como ancla—. Con estas cuestiones, lo fundamental es dejar de creerse exento de sus posibles síntomas; solo así es posible desenredar, o acaso solo comprender, las tantas reacciones inconscientes que nos rigen. Pero mientras, pueden seguir por ahí creyendo que se gestaron ex-nihilo y que no tienen una líbido enmarañada con la infancia y la impotencia y los tantos grados de la empatía inadvertida. Claro, hasta que les caiga una caca congelada de David Hasselhoff en la cabeza.

Twitter y blog del autor: @FaustoAF y Al servicio del quizás