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Douglas Rushkoff te dice cómo convertirte en un reality hacker y llevar a cabo tus sueños en este mundo capitalista

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No hay duda de que Douglas Rushkoff es uno de los grandes analistas de medios en la actualidad, a mi juicio, el legítimo heredero de McLuhan. Sin ser verbalmente tan deslumbrante como el bardo de Toronto, Rushkoff ha logrado una afilada serenidad que opera como un antídoto, ideal para contrarrestar el rampante tecno-optimismo que predomina en nuestra época. Habiendo sido una especie de pupilo de Tim Leary y del movimiento ciberdélico de los 90, Rushkoff se ha asentado como un importante pensador, publicando diversos libros de gran alcance, estableciéndose en la academia y siempre escribiendo lúcidos artículos en los medios digitales más importantes sin nunca comprometer su voz crítica. (Un buen ejemplo de esto fue su editorial en CNN con la que exhortó a que siguiéramos su ejemplo y abandonáramos Facebook, compañía sobre la cual señala: "realmente es una cosa maligna enmascarada como empoderamiento social"). ¿Cómo ha logrado Rushkoff ejercer influencia pese a que su discurso va en contra del establishment o del mainstream? En una entrevista con el sitio Reality Sandwich, Rushkoff explicó sus secretos para conseguir el éxito profesional manteniendo su integridad ética y espiritual. 

1. El hack principal es este: deja de preocuparte por lo que las demás personas piensan, abandona las etiquetas, no contraigas deudas y --como dijo Timothy leary-- encuentra a los otros. Eso puede ser lo más engañoso --encontrar tu equipo. Es como encontrar tu mesa en la cafetería de la escuela.

Comentario: En otra parte Rushkoff, profesor universitario, ahonda sobre la importancia de encontrar tu equipo, las personas con las que haces clic y con las que puedes conspirar (puesto que, como decía uno de sus maestros, Robert Anton Wilson: “Deberías ver al mundo como una conspiración manejada por un grupo intrincadamente unido de personas casi omnipotentes, y deberías pensar en esas personas como tú y tus amigos”. Dice Rushkoff: "La parte más peligrosa de la educación es tener a personas solo hablando y confabulándose. Ese es el significado original de la conspiración: respirar juntos. Es lo que Sócrates intentaba hacer, por eso lo eliminaron". Esto nos da una mayor perspectiva de esta idea de Rushkoff: es importante ir más allá de la genialidad individual e integrar lo que sabemos o lo que podemos hacer en la comunidad: no solo para servir(la), también para servir(nos), lo cual es lo mismo en un proceso de entrega y retroalimentación. Así hacemos que nuestras ideas sean más grandes y podemos efectuar cambio. Mención también a la autenticidad como camino ético (y de éxito). Decía Walter Benjamin: "Ser feliz significa poder percibirse a sí mismo sin temor". 

2. Otro secreto de mi éxito ha sido la insistencia en llevarme algo de regreso de cualquier cosa que hago. No importa qué tan extraño sea el viaje, me aseguro de ser un observador-participante. No iría ni siquiera a un conciero de [Grateful] Dead sin poder también jugar el rol de antropólogo cultural o de intérprete mitológico o algo así. Me siento privilegiado, así que siempre me pregunto cómo esta experiencia puede proveer de valor a los demás.

Comentario: Escribe Coleridge: “Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano… ¿entonces, qué?”. Esta es un poco la idea, no solo navegar dimensiones extrañas y desconocidas, sino mantener la conciencia y la entereza y ser capaces de asimilar nuestras experiencias sui generis para poder regresar a la comunidad, a nuestra dinámica cotidiana el satori que hemos encontrado ahí. Regresar de nuestras expediciones psiconáuticas y de nuestros sueños con una flor: hacer tangible la imaginación. Rushkoff es un buen ejemplo, sus trips psicodélicos han madurado y ahora son respetados libros que comandan la atención lo mismo de expertos que de personas en busca de sentido. 

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Rushkoff con Tim Leary

 3. La clave, creo, para mi éxito, ha sido estar dispuesto a desafiar las cosas que nuestra cultura actual da por sentado, sin tomar en cuenta demasiado si los demás estarán de acuerdo. Los editores solían reírse de mí en sus oficinas cuando les planteaba historias de tecnologías emergentes como Internet [...] Mi primer libro sobre el ciberespacio fue cancelado en 1992 porque el editor pensaba que Internet no superaría 1993. Mi libro Media Virus requirió ser mostrado a 20 editores antes de que uno tomara el riesgo. Escribí Life Inc. antes de la crisis económica... Así que en muchos sentidos se trata de atinarle, pero más importante que eso es estar en el lugar correcto en el momento correcto. No necesariamente suerte, sino ir a los lugares en la cultura donde las personas están haciendo las cosas más raras, pensando los pensamientos más frescos o simplemente divirtiéndose más. Mi experiencia en California acabó siendo Tim Leary, Terence McKenna y Robert Anton Wilson.

Comentario: Rushkoff se mantiene fiel a su espíritu psicodélico, el cual ha logrado separar para animar su propia obra; reconoce la importancia de la sincronicidad, de la resonancia mórfica del momento, de estar ahí y absorber lo que está sucediendo en el aire. Fluir, ir a donde la intuición llama. Y atreverse a ver más allá de lo aparente. Al final, la innovación siempre está ligada a dar pasos que los demás no dan o ver cosas que los demás no ven. Y no olvidar este espíritu, esta raíz: "Me motiva intentar ayudar a que la humanidad no sucumba ante el capitalismo industrial amplificado digitalmente".

 

Twitter del autor: @alepholo

Con motivo de la legalización en todo Estados Unidos de las uniones civiles entre personas del mismo género, Facebook permitió a sus usuarios apoyar la causa con una sencilla herramienta; ¿fue este otro experimento de la red social para examinar nuestro comportamiento en línea?

ZuckerbergPrideEn nuestra época, las redes sociales tienen ya una importancia que quizá sus creadores nunca hubieran esperado. Esto se explica, en parte, por la cantidad masiva de usuarios que todos los días y a todas horas interactúan en dichos espacios, consumiendo y generando contenido, vertiendo sus opiniones, dando like y retweet y, en suma, siguiendo las rutas de comportamiento que las propias redes permiten.

Sin embargo, como sucede con toda comunidad humana, existe también otra zona de conducta en donde puede surgir lo imprevisible o lo que no es sencillo de controlar. A pesar de todo, los seres humanos aún conservamos la capacidad de improvisar, de actuar a contracorriente de lo establecido, de realizar un movimiento inesperado. Eso, en cierta forma, es el fundamento de la creatividad, tan celebrada en nuestros días.

Solo que el mundo no es tan puro como a veces creemos, y aunque es cierto que ser creativo es posible, en el caso de las redes sociales las estructuras también están ahí para manejar dicha fuerza, para manipularla: basta un ajuste en las variables, la introducción de un pequeño cambio, para que el sistema también funcione de otra manera. La pregunta, ahí, es si dicho ajuste es circunstancial o planeado, si orgánico (generado por el propio sistema) o resultado de la intervención de un agente específico.

La idea, por supuesto, tiene un toque paranoico, pero hay por lo menos dos momentos recientes, de conocimiento público, en los que Facebook experimentó con sus usuarios para observar cómo cambiaba su conducta al interior de la red social con respecto a dos circunstancias: las emociones y la política. En general, en ambos casos se trató de ejercicios de observación y aprendizaje, con los que la empresa entendió mejor a sus usuarios o al menos obtuvo un conocimiento más preciso sobre dos escenarios específicos. Hasta ahora, como se sabe, Facebook emplea dicho conocimiento únicamente con fines comerciales, pero sin duda podría ser un motivo de preocupación el poder que la empresa está acumulando cada día y con cada nueva prueba que fácilmente puede poner en marcha.

Este fin de semana, con motivo de la legalización de las uniones civiles entre personas del mismo sexo en Estados Unidos, Facebook implementó la herramienta “Let's Celebrate Pride”, la cual sobrepone los colores del arcoíris a la imagen de perfil vigente del usuario. Como sabemos, dicha gama está asociada con los movimientos LGBTTTI desde hace ya varias décadas, por lo que realizar el pequeño cambio permitido por Facebook era, de alguna manera, apoyar no solo la decisión de la Suprema Corte de Estados Unidos sino, en general, la reivindicación de los derechos de dicha comunidad.

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De acuerdo con William Nevius, vocero de la compañía, bastaron un par de horas para que 1 millón de personas cambiaran su imagen de perfil con la herramienta, una tendencia que se mantuvo creciente conforme el fin de semana transcurría y el uso de dicha función se divulgaba. La viralización es un comportamiento natural de las redes sociales y, como vemos por este suceso, no solo de contenido, sino también de conductas.

Por los antecedentes mencionados, es lícito sospechar de Facebook. Quizá, en efecto, su empresa comulga con el progresismo de las instituciones públicas de Estados Unidos. Pero la otra posibilidad no puede descartarse, que esta haya sido otra oportunidad aprovechada por la empresa para observar a sus usuarios y obtener conocimiento de ello.

Este fin de semana, en The Atlantic, J. Nathan Matias escribió al respecto de esta que podría considerarse una especulación o una anticipación. Entre otros argumentos, Matias escribe sobre todo desde la noción del “slacktivism”, esa forma peculiar del activismo político que en español podría traducirse como “activismo de sofá”. En buena medida por causa de Internet, en esta época ciertas formas de la acción política se limitan al mundo virtual, y no son pocas las personas que se conforman o se sienten satisfechas con dar share a la nota sobre un suceso lamentable o firmar una petición en línea. Esto, por supuesto, genera cierto impacto social, pero en términos generales menor en comparación con el intercambio cara a cara, la organización presencial o la protesta en los espacios públicos. La Primavera Árabe, por ejemplo, no se explica sin el uso que parte de la población dio a las redes sociales, pero de cualquier modo el movimiento definitivo se dio en las movilizaciones, las acampadas y las protestas públicas.

¿Es posible pasar del activismo en línea al activismo en las calles? ¿En qué condiciones? ¿Qué impide dicho tránsito? Si ocurre, ¿hay elementos que pueden predecirlo y quizá incluso incentivarlo o propiciarlo?

En el artículo citado, Matias propone que ese podría ser uno de los motivos de Facebook para lanzar su campaña “Let's Celebrate Pride”. Al recurrir a una investigación de Doug McAdam, sociólogo de Stanford, sobre una serie de protestas en Mississippi a favor de los derechos civiles de la población afroamericana, Matias examina el hecho de que un movimiento social se fortalece casi espontáneamente conforme se tejen más redes de amistad entre los participantes; dicho de otro modo: una persona puede decidirse por participar en una protesta si ve que muchos de sus amigos están involucrados o se suman paulatinamente. 

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La hipótesis es interesante y también un tanto perturbadora. En su cariz interesante se manifiesta un enigma de la participación social común en situaciones como esta: ¿una persona se convence de cierta idea porque su círculo ya la comparte o, por otro lado, esa persona ya estaba potencialmente inclinada por la misma?

Del lado perturbador, no resulta tan difícil imaginar un escenario un tanto distópico en el que con un ligero cambio en su algoritmo, Facebook es capaz de suscitar un movimiento social de envergadura, acaso con un fin específico como derrocar un gobierno o impulsar determinada legislación.

Alguna vez, justo en tiempos de la Primavera Árabe, surgió la paráfrasis de un motto ya conocido que aseguraba que la revolución no sería tweeteada. Esto quizá sea impreciso. Quizá no la revolución, pero sí alguna protesta de nuestro futuro inmediato nacerá en las redes sociales, con la salvedad de que su verdadero origen se encontrará posiblemente en una oficina común y corriente en California.

 

Twitter del autor: @juanpablocahz