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Científicos manipulan contenido de los sueños de las ratas: ¿se acerca la ingienería onírica humana?

Por: pijamasurf - 09/15/2012

Neurocientíficos de MIT manipulan los sueños de unas ratas usando señales de sonido asociadas con memorias; la investigación abre la posibilidad de alterar el contenido de los sueños de seres humanos así como de la memoria selectiva

  

Un interesante experimento, en el que se influyó en el sueño de ratas de laboratorio, nos hace reflexionar sobre nuestros propios sueños y su posible manipulación.

Investigadores de MIT pudieron manipular el contenido onírico de una rata al reproducir una pista de audio asociada previamemente con los eventos del día del roedor. El día de un roedor consiste, básicamente, en correr a través de un laberinto y realizar experimentos en los que comida está de por medio.

Los investigadores del Picower Institute for Learning and Memory lograron esta hazaña explotando la forma en la que el hipocampo codifica los eventos que experimenta en memorias. Cuando dormimos, el hipocampo funciona como una incesante sala de cine que reproduce los eventos del día --este proceso es crucial para la consolidación de la memoria y se cree que es una de las funciones fundamentales de los sueños, participando en el aprendizaje.

Los científicos de MIT entrenaron a un grupo de ratas a cruzar un laberinto usando dos distintas señales de sonido. Las ratas aprendieron que  un sonido indicaba  que la comida podia encontrarse virando a la izquierda, el otro sonido indicaba que la comida se encontraba virando a la derecha. Mientras las ratas hacían estos, los científicos registrabana su actividad neuronal. Cuando las ratas dormían, los científicos registraron otra vez la actividad de su cerebro y confirmaron que estaban soñando con el laberinto que habían navegado el día anterior.

El hallazgo vino cuando los científicos reprodujeron los sonidos del experimento y observaron que las ratas soñaban con la sección del laberinto asociada con esta señal de audio. Esto es, se registraba actividad neural distintiva, la misma que se había detonado cruzando esa parte del laberinto. El experimento muestra que el contenido del sueño de una rata puede ser sesgado reactivando ciertas memorias mientras éstas duermen.

Además de la igneriería onírica, el experimento abre la posibilidad de la manipulación del procesamiento de memorias --algo que podría acelerar un proceso de aprendizaje e incluso podría modificar, bloquear o aumentar memorias selectivas.

El caso de la manipulación onírica es especialmente interesante. Hace un par de meses publicamos una nota sobre una app que dice influir en el contenido de los sueños leyendo en voz alta, durante periodos de R.E.M., una serie de palabras claves --esto basado en un estudio que mostró que el contenido de un sueño puede manipularse a través de una "estimulación verbal significativa". Todos hemos escuchado historias sobre personas cuyos sueños se ven modificados por los ruidos a los que están expuestos. La diferencia, en este caso, es que se empieza a desarrollar una ciencia de la manipulación onírica que podría utilizar en un futuro ya no sólo palabras o sonidos asociados con ciertas memorias, sino frecuencias cerebrales y posiblemente estimular áreas del cerebro a una nanoescala. Si hace algunos años científicos, en su afan de mapear la enorme variabilidad neuronal, econtraron una neurona específica que llamaron "la neurona Jennifer Aniston", es posible que en algunos años se pueda incluso, a voluntad, hacernos soñar con Jennifer Aniston o cualquiera otra persona o situación.

El escritor F. Scott Fitzgerald, quien vio el surgimiento del glamour de Hollywood, sin quedar del todo deslumbrado, alguna vez dijo: "Las películas nos han robado nuestros sueños. De todas las traciones está es la peor". Los sueños como ese fuero íntimo, casi impenetrable (o solo penetrable por la divinidad), guardián de nuestra identidad. La frase revela una inferencia digna de McLuhan de parte de Fitzgerald, el cine es una extensión de los sueños, pero como otros medios, esa extensión no solo amplifica también amputa. Nuestros sueños de alguna manera llevan siendo manipulados, reingeniados y reemplazados por los estudios de cine, por la gran máquina de sueños algunas décadas.

Consideremos otra posibilidad. Las ratas del experimento difícilmente tienen conciencia de que sueñan y no podrían relatar estos sueños --pero su comportamiento despiertas sí podría ser influido por el contenido manipulado de los sueños. Estas ratas no tienen conocimiento alguno de que escuchan señales de audio cuando duermen o de que estás señales tienen un fin de manipulación. ¿Acaso no es posibe que señales más sutiles puedan reproducirse, ultrasonido o luz ultravioleta, por ejemplo, mientras dormimos? Estas mismas señales podrían vincularse con episodios dentro de nuestras vidas cotidianas. Así una persona podría manipular la memoria y los sueños de otra persona, sin que esta lo notara. Y sí somos aún más paranoicos, es posible que entidades más avanzadas, como el hombre hace con las ratas, pudieran en este momento estar jugando con nuestros sueños, guiándonos a través de un secreto laberinto, haciéndonos pensar que el mundo que experimentamos es de esta u otra forma. ¿Cómo saber que esa extraña frecuencia sonora que nos asalta en la noche no es parte de la obra del gobierno de tu ciudad sino de una manipulación onírica insondable?

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Tú influyes a todo el universo (¿estás listo para aceptar esa responsabilidad?)

Por: Javier Barros Del Villar - 09/15/2012

Estudios demuestran que los beneficios de una meditación colectiva repercuten en los índices de criminalidad de una ciudad; todo está unido, y el saberlo aumenta la responsabilidad individual.


 

Intención, meditación, y colectividad

Hace poco postulamos la intención como uno de los ingredientes primordiales de la magia. Cualquier acto de 'manipulación' de fuerzas intangibles para consumar un cierto efecto en un plano palpable, implica el canalizar con claridad una intención. Cuando un individuo fija su energía en lograr un algo específico parece que pueden ocurrir milagros –lo cual hemos visto acontecer en distintos contextos, desde hazañas deportivas hasta épicas historias de vida–. Sin embargo, y a pesar de que el poder de la intención es predicado con bastante popularidad, lo cierto es que este fascinante fenómeno ha sido pocas veces comprobado desde una perspectiva científica.

Por otro lado sabemos que la meditación es una de las tecnologías más eficaces que tenemos a nuestro alcance para destilar nuestra atención y, en caso de que así lo deseemos, fijar nuestra intención. Entre otras múltiples bondades, el meditar nos permite allanar los conductos de nuestra mente y en consecuencia proyectarnos hacia un punto con mucho mayor contundencia. En pocas palabras, la intención y la meditación son dos recursos que al aliarse mantienen una simbiótica dinámica que puede arrojar resultados asombrosos. 

También hemos constatado que la voluntad colectiva potencia la ya de por sí contundente naturaleza de este ‘fenómeno’ de la mente (¿o el espíritu?) humano, tal como mencionamos al hablar del proyecto MeditatioSonus el cual organiza meditaciones colectivas guiadas por sonido:

 "A lo largo de la historia humana se ha probado que la colectividad, dentro de casi cualquier contexto, potencializa la intención. Al momento en que voluntades diversas son sincronizadas con un fin específico sucede algo casi mágico que nos recuerda al recurrido adagio matemático “el todo es mayor que la suma de sus partes” o, en un plano poético, podríamos referirnos a este fenómeno como la tajante magia implícita en el acto de unificar."

La colectividad de algún modo alude a la naturaleza unitaria y a la hiperconectividad que rige la existencia compartida de todo ser (fenómeno que de acuerdo con Rupert Sheldrake, se intensifica entre miembros de una misma especie, y que nos permite compartir enormes cantidades de data relevante en un proceso que no depende de la cercanía geográfica y que trasciende generaciones). Creo que al emprender algo en forma colectiva no solo estamos reconociendo que este modelo potencia la individualidad (dos personas pueden lograr mas que una persona en el doble de tiempo), sino que incluso es una forma de rendirle tributo a la noción de que todo, todos, estamos unidos en un cierto plano (y por cierto ese plano pudiera ser el más relevante de nuestra existencia). 

De acuerdo a lo anterior, podemos hablar de un singular trinomio compuesto por intención, meditación y colectividad. Y precisamente estos son los ingredientes que involucra un ensayo realizado por John Hagelin, titulado ‘The Power of The Collective’. Doctor en física por la Universidad de Harvard, Hagelin ha participado como investigador en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), así como en el Stanford Linear Accelerator Center (SLAC). Actualmente preside la Fundación David Lynch y es una de las figuras más prominentes en torno a la meditación trascendental.

El Poder de la Colectividad

El ensayo parte de dos premisa especificas. Una se refiere a que los índices de criminalidad están directamente relacionados al volumen de estrés social que se registra al interior de una ciudad. La otra asume, de acuerdo a múltiples estudios relacionados, que la meditación es una óptima herramienta para reducir el nivel de estrés que experimenta un individuo, y que cuando este proceso se experimenta de manera colectiva, los beneficios terminan impactando no solo a cada uno de los involucrados en la práctica, sino que incluso se derraman, de forma medible, en una cierta área alrededor del grupo de practicantes.

Tomando en cuenta ambas premisas, Hagelin y su equipo decidieron implementar un experimento en Washington DC. La capital estadounidense es no solo famosa por ser una de las ciudades con mayor número de crímenes en el país, también es sede de un particular fenómeno que se repite periódicamente: durante la temporada de calor, es decir entre primavera y verano, los índices de criminalidad aumentan (patrón que se debe a múltiples causas aún no determinadas con exactitud). Y precisamente durante este periodo de decidió congregar a un grupo de 2,500 personas con experiencia en meditación profunda (número que por cierto terminó elevándose a 4,000 individuos ya que muchas personas decidieron sumarse al grupo y aprender a meditar). La hipótesis que originaba el estudio es que el número de crímenes registrados en la ciudad se reduciría significativamente como respuesta a estas masivas sesiones de meditación –ello a pesar de que en los seis meses anteriores la tendencia había marcado un aumento en el índice de delitos–.

Colaborando con autoridades locales, el FBI, así como con expertos criminalistas provenientes de reconocidas instituciones, entre ellas las universidades de Maryland, Texas, y Temple, se llevó a cabo el experimento. Para sorpresa de todos los involucrados y en contra de todo pronóstico ‘tradicional’, los índices de criminalidad se redujeron en un 25% (superando incluso las optimistas expectativas de Hagelin y su equipo, quienes habían contemplado un 20%). El éxito fue tal que el Departamento de Policía de Washington solicitó firmar el estudio como uno de los autores.[1]  

Ya digerida la sorpresa inicial ante el fenómeno constatado en dicho estudio, algo que resulta en un complemento fascinante es la relación entre el número de personas que participaron en dichas meditaciones y el número de habitantes que residían en Washington DC. Es decir, la atención/intención orquestadas de solo 4,500 personas repercutieron en la dinámica social de millones de personas. Lo anterior nos sugiere el enorme potencial de este recurso no solo para combatir índices de criminalidad, también conflictos de aún mayor escala, por ejemplo entornos bélicos. De hecho en su ensayo Hagelin cita una serie de estudios realizados en los 80’s, que confirmaron que durante los días en los que había mayor número de meditadores en el medio oriente, las consecuencias del penoso conflicto entre israelíes y palestinos disminuían notablemente. El primero de estos estudios fue publicado por la Universidad de Yale[2], y se convocó a realizar investigaciones en torno al mismo fenómeno, lo cual motivó que otros siete estudios similares se llevarán a cabo, todos arrojando resultados en la misma dirección.

Por si el fenómeno no fuese suficientemente estimulante y, por qué no, esperanzador, en estos estudios posteriores no solo se evidenció una disminución en los niveles de violencia, sino que se redujeron los niveles de cortisol en la población (hormona que liberamos en respuesta al estrés), aumentaron los niveles de producción de serotonina, y se registraron positivas variaciones bioquímicas y neurofisiológicas entre la población, como si de algún modo los beneficios concretos del meditar envolvieran a toda la población y no solo a aquellos que la estaban practicando.


La interferencia constructiva

Este principio fundamental de la física se refiere a lo que sucede cuando un grupo de emisores se unen mediante una misma frecuencia. Por ejemplo, si hay una bocina emitiendo una cierta onda de sonido y eventualmente se le unen un par de bocinas más, entonces la emisión de las tres se multiplicará de manera proporcional, al cuadrado, en una misma onda. Por lo tanto, en este hipotético caso donde tenemos tres bocinas emitiendo una misma onda, el resultado que obtendremos es la potencia equivalente a nueve altoparlantes individuales. Este mismo fenómeno, la interferencia constructiva, se replica en los demás ámbitos, ya sea que el rol de emisores esté representado por bocinas, antenas o personas meditando.    

La conciencia universal

Gracias a algunas de las más destacadas mentes de la humanidad, hoy tenemos multiples modelos que alimentan nuestra noción de que todo está unido mediante una especie de campo omnipresente, el cual es sede de un intercambio permanente de información entre todos los seres. Ya sea la noosfera de Teilhard de Chardin, la conciencia colectiva de Durkheim, los campos morfogenéticas de Sheldrake, o los planos akashikos que retoma Stanislav Groff, cada uno de estos modelos sugieren la presencia de este manto que nos mantiene esencialmente hiperconectados.

Curiosamente, aún estando familiarizados con este esquema de interconexión ineludible, no deja de resultar sorprendente confirmar que estamos permanentemente influyéndonos los unos a los otros sin necesidad de los vínculos que se establecerían, de acuerdo a la ciencia tradicional, como requisitos para que este intercambio sucediese. Ante este excitante enigma Hagelin nos comparte su postura:

¿Pero cómo podemos explicar tal influencia a distancia? Hasta ahora no hay respuestas claras, pero creo que la clave está en la noción de que más allá de los límites físicos de la existencia humana existe un campo unificado de conciencia pura, abstracta y universal. Y es en este nivel de realidad, de mente no local, donde descubres que las características del espacio son capaces, al menos en teoría, de consumar acomodos extraordinarios. Cuando penetras hasta ese nivel el espacio comienza a cambiar, comienza a contornearse en lo que conocemos como la espuma espacio-temporal. Y es aquí, en la continua y espumeante agitación de la geometría del tiempo-espacio, donde los agujeros de gusano se forman, y estos agujeros no obedecen la causalidad einsteniana. Somos capaces de influir las cosas tanto en el pasado como en el futuro.”

Consecuencias de la interconexión

Tras conocer los estudios anteriormente citados y una vez transcurrido el estado de estimulante perplejidad que pueden causar (al menos en mi caso), parece inevitable reflexionar en torno a las consecuencias de esta sublime hiperconectividad que nos lleva a afirmarnos como unidad indivisible. Y en medio de este ejercicio emerge una monumental sensación de responsabilidad: tus actos, pensamientos, y palabras tienen un impacto directo en el entorno (y por entorno quizá nos referimos al universo entero). ¿Así que, en realidad estás listo para aceptarla? –la respuesta, creo, es solo una. Si estamos listos, de hecho estamos diseñados para ello, sin embargo de ahí a que la asumamos existe aún un buen trecho que solo cada quien, en lo individual, podremos recorrer–.

Otra reflexión interesante que detona todo este fenómeno es una especie de doble paradoja. Por un lado, más allá de épicos intentos por movilizar masivamente a un grupo humano en torno a un objetivo ‘noble’, lo cierto es que buena parte de nuestra misión está en ‘hacer lo que nos toca’ en lo individual. Es decir, tal vez en lugar de utilizar tu energía enlistándote en ambiciosos proyectos de evolución colectiva lo mejor sea, por ahora, poner verdaderamente orden en tu propia vida, con medidas como afinar tu intención, disolver tus miedos y hacerte uno con tu lado oscuro, teniendo así la certeza de que, ineludiblemente, estarás contribuyendo con la colectividad (quizá incluso con mayor efectividad que por la vía explícitamente colectiva). Y al afirmar esto tampoco podemos dejar de considerar si el concepto de individualidad existe en realidad (pues todos estamos influyéndonos mutuamente todo el tiempo, pero esta es otra historia). 

Entonces por un lado parece que fortalecer tu unión contigo mismo y buscar la congruencia de acuerdo a tu propio código de principios es la vía más concreta para favorecer el famoso ‘despertar’ colectivo. Lo cual resulta en sí paradójico. Pero la segunda paradoja radica en que una vez establecido este camino, el de la evolución individual, entonces muy probablemente notarás que la fuerza que estás utilizando para lograrlo es provista, en buena medida, por la influencia que ejercen el resto de ‘otros yo’s sobre ti’, y en este sentido jamás será una labor personal sino siempre unificada. Y en este punto la dislexia envuelve mis proyecciones, lo cual me produce una leve confusión (por suerte insuficiente para desanimarme) y debo remitirme una vez más a que la mayor aportación que puedo entregar a ‘la nave tierra’ (en términos de Bucky Fuller) es simplemente enlazar mi propia narrativa de vida con el sendero de la evolución compartida –hacer lo que me corresponde con la conciencia que al llevarlo a cabo estoy facilitando esa misma labor a la gente que me rodea, y que en el momento en que generemos una orquesta suficiente para que su efecto multiplicador arropé al resto de los seres, entonces la fiesta de la conciencia habrá realmente comenzado–.

En fin, hoy más que nunca sé que el futuro no es lo que solía ser, y que su diseño depende de mí (que soy tú), de ellos (que somos nosotros), y de todos (que somos uno en la nada).

Twitter del autor: @paradoxeparadis
 



[1] Social Indicators Research 47:153–201, June 1999

[2] Journal of Conflict Resolution (32:776–812, December 1988)