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Analgésico lingüístico: decir malas palabras alivia el dolor físico

Por: pijamasurf - 05/09/2012

Las palabras malsonantes, groserías, insultos y maldiciones, reducen la sensación de dolor cuando se pronuncian en una situación de sufrimiento físico, esto según un estudio de la Universidad de Keele.

Las palabras malsonantes, esas que según el diccionario "ofenden los oídos de personas piadosas o de buen gusto", podría cumplir una función más allá de la catarsis de bolsillo que en ocasiones significan para quienes las profieren, un alivio que no toca únicamente el estado de ánimo sino también la sensación de sufrimiento, sobre todo en una situación de dolor físico.

Esto según una investigación realizada por psicólogos de la Universidad de Keele, en el Reino Unido, quienes experimentaron con el efecto que un insulto tiene sobre la percepción del dolor.

Los investigadores pidieron a 64 voluntarios que sumergieran sus manos en agua helada en dos situaciones distintas: la primera, al mismo tiempo que pronunciaban una palabra insultante de su elección; la segunda, con una palabra común.

Sorpresivamente, las llamadas groserías ayudaron a que las personas soportaran mucho más tiempo el contacto con el agua: 2 minutos mientras maldecían, 1 minuto y 15 segundos cuando no. Asimismo, los voluntarios afirmaron que tener permitido insultar les hizo sentir menos dolor.

Un analgésico lingüístico que, en tanto se utilice en beneficio personal y nunca para ofender a otro, parece un remedio más que aceptable.

[Life Hacker]

Postear en Facebook o en Twitter es tan placentero como el sexo, afirma investigadora

Por: pijamasurf - 05/09/2012

Investigación revela que hablar de nosotros mismos nos satisface tanto como el dinero, la comida o el sexo, lo cual explicaría por qué tantas personas encuentran tan placentero publicar en redes sociales como Facebook y Twitter detalles sobre sí mismos.

Socialmente puede no ser siempre agradable, e incluso hay quienes aborrecen este rasgo en una persona, pero hablar de uno mismo es una inclinación natural difícilmente eludible, en algunos casos llevándose al extremo del pavoneo y la fanfarronería a propósito de las hazañas personales.

La alta incidencia de este comportamiento no parece ser una casualidad, pues a decir de una investigación reciente, su ejercicio provoca la misma sensación de recompensa que otras actividades como comer, ganar dinero o tener relaciones sexuales.

Lo anterior fue descubierto por un grupo de investigadores de la Universidad de Harvard, quienes escanearon el cerebro de personas para identificar qué zonas se involucran cuando hablamos de nosotros mismos.

El experimento consistió en pedirle a los voluntarios que respondieran preguntas sobre sobre Barack Obama o sobre ellos mismos, si elegían al presidente, recibirían a cambio un pago monetario. Esto, sin embargo, poco importó a la mayoría, quienes prefirieron ser el objeto del cuestionario, cuyas preguntas iban de lo más trivial (los ingredientes que les gustaban en una pizza) a otras un poco más profundas sobre sus cualidades de personalidad.

Y si bien rechazar dinero por preferir hablar de uno mismo ya es suficientemente elocuente, las resonancias magnéticas practicadas durante la prueba confirmaron que cuando esto sucede, cuando la propia persona es el sujeto de su discurso, el sistema meso-límbico de dopamina se activa, el mismo que se asocia a la interacción placentera con la comida, el dinero o el sexo.

Diana Tamir, una de las investigadoras responsables del estudio, considera que esta evidencia puede ayudar a entender por qué tantas personas en todo el mundo adoran hablar de sí mismas en medios como Facebook y Twitter.

Pero si esto último es comparable con el sexo, quizá lo más apropiado sea reducirlo a un placer de corte onanista.

[Gawker]