Audrey Hepburn antifascista: la otra cara de la estrella de Hollywood
Arte
Por: Yael Zárate Quezada - 05/04/2026
Por: Yael Zárate Quezada - 05/04/2026
Un día como hoy pero de 1929 nació en Bélgica la actriz y activista de la resistencia neerlandesa Audrey Hepburn, figura asociada al cine clásico, pero cuya infancia quedó marcada por la ocupación nazi en Europa. Su historia de vida incluye episodios de colaboración con redes antifascistas durante la Segunda Guerra Mundial, documentados en la biografía Dutch Girl: Audrey Hepburn and World War II, del escritor Robert Matzen.
Hepburn nació en una familia con vínculos políticos con el fascismo. Su padre, un banquero, y su madre, una baronesa, mantuvieron cercanía con círculos afines a esa ideología. De hecho, ambos llegaron a reunirse con Adolf Hitler en 1935. Su madre incluso publicó un texto en un boletín alineado con el nazismo, en el que expresaba su apoyo al líder alemán. A pesar de este entorno, –y como se esperaría de una chica acomodada– la trayectoria de Hepburn tomó un rumbo distinto durante la guerra.
En su infancia, Hepburn se trasladó entre el Reino Unido y los Países Bajos. En 1939 después de que su padre las abandonara regresó con su madre a la ciudad de Arnhem, donde vivió el inicio de la ocupación alemana. En 1940, la invasión nazi transformó la vida con cambios en la educación, presencia militar constante y restricciones severas que marcaron la rutina de la población civil.
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Durante esos años, la actriz presenció episodios de persecución. Entre ellos, recordó la deportación de población judía en trenes hacia campos de concentración. Esas experiencias, de acuerdo con testimonios recogidos por Matzen, influyeron en su acercamiento posterior a actividades de apoyo a la resistencia.
Todo esto la marcó profundamente y cuando cumplió 15 años, Hepburn comenzó a colaborar con el teólogo cristiano y antifascista Hendrik Visser’t Hooft, quien coordinaba acciones de enlace entre la resistencia neerlandesa y el gobierno en el exilio en Londres. Bajo su dirección, la joven participó en recitales clandestinos de danza que tenían como objetivo recaudar fondos para la resistencia.
Estas funciones se realizaban en secreto y recibían el nombre de “noches negras”. La seguridad dependía de vigilancia externa y del silencio absoluto del público. Hepburn describió más tarde estas presentaciones como eventos marcados por el miedo constante a la detección por parte de las autoridades alemanas.
Además de sus presentaciones, Hepburn actuó como mensajera. Transportaba y distribuía el periódico clandestino Oranjekrant, elaborado por la resistencia en condiciones de escasez extrema de papel.
«Los metía en mis calcetines de lana, dentro de mis zuecos, me subía a la bici y los repartía», explicó Hepburn.
Su entorno familiar también participó en acciones de apoyo a la resistencia. En su hogar se ocultó temporalmente a un piloto británico derribado durante la guerra.
Al final del conflicto, la situación humanitaria en los Países Bajos se deterioró. Hepburn y su madre vivieron periodos prolongados con escasez de alimentos y refugio limitado. La actriz llegó a un estado de desnutrición severa durante la adolescencia, según los testimonios recopilados en su biografía.
Ya para 1945, tras la liberación del país por fuerzas aliadas, Hepburn y su familia salieron del refugio en el que se encontraban. Su dominio del inglés facilitó el contacto inicial con soldados británicos y estadounidenses presentes en la zona liberada.
Después de la guerra, Hepburn retomó su formación artística y lo demás, es historia. Continuó con el ballet, trabajó como modelo y debutó en el cine en 1948. Más adelante, desarrolló una carrera internacional que la consolidó como una de las figuras más reconocidas de la industria cinematográfica del siglo XX.