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Otro hombre embarazado que da a luz

Por: pijamasurf - 02/13/2012

Siguiendo los pasos de Thomas Beatie, el primer hombre en mostrar orgulloso una prominente barriga producto de su embarazo, ahora un congénere suyo en Inglaterra da a luz a un niño.

Algunos años atrás la opinión pública se vio sorprendida por las imágenes de un hombre que, no sin orgullo, mostraba su prominente barriga de embarazado. Se dijo entonces que el sujeto, de nombre Thomas Beatie, era el primer hombre capaz de llevar en su vientre a un hijo suyo. Y aunque técnicamente esto era cierto solo a medias —pues Beatie era originalmente mujer que cambió su sexo pero que con un tratamiento hormonal pudo quedar preñado ante la infertilidad de su pareja— dichas sutilezas no menguaban el impacto de las imágenes, el hecho, hasta entonces contradictorio, de ver un hombre embarazado.

El de Beatie, sin embargo, no es el único caso, y desde que este se dio a conocer han surgido otros hombres, en condiciones similares, que también han concebido a sus vástagos.

En estos días, por ejemplo, un hombre en Inglaterra está a punto de dar a luz a un niño, y aunque se conocen pocos detalles de su identidad —se dice que ronda los 30 años de edad, pero no se sabe ni su nombre ni el género de su pareja—, es evidente que en la cirugía de cambio de sexo conservó su útero y sus ovarios, por lo cual pudo concebir.

Joanna Darrell, de la Sociedad Beaumont con sede en Inglaterra que se apoya a la comunidad transgénero, asegura que el hombre se acercó a la organización en busca de consejo y sobre las implicaciones que tendría en su salud retener su útero. Seis meses después de esta primera visita, el susodicho regresó a la Sociedad a agradecer la asistencia recibida y comunicarles que había tenido al niño.

Según Darrell, este sería el primer hombre inglés en embarazarse y parir y el tercero en el mundo —después de Beatie y un segundo caso en España.

[Telegraph]

Nuestro lenguaje nativo determina la manera en que consideramos el futuro, dice investigador

Ciencia

Por: pijamasurf - 02/13/2012

En un estudio en curso, investigador de Yale propone que la especificidad de los lenguajes en relación con el tiempo futuro determina la manera en que determinada cultura se enfrenta a este, propiciando problemas tan variados como la obesidad o las deudas.

Es hasta cierto punto obvio, incontrovertible quizá, que nuestra lengua materna moldea o incluso determina la manera en que pensamos. Las singularidades de cada idioma los convierten en obstáculos que la mente aprende a sortear, realizando maniobras que no parecen las mismas para alguien que nace en un medio lingüístico específico y no en otro.

Pero más allá de las implicaciones de este fenómeno en desarrollos muy señalados —en la filosofía, cierto género literario, las expresiones religiosas, la música, etc.— un investigador de Yale se preguntó recientemente si nuestra lengua nativa afecta directamente la manera en que percibimos el futuro.

Al advertir las distintas maneras en que cada idioma percibe el futuro, Keith Chen se preguntó por el efecto que el tiempo gramatical del futuro tiene en el comportamiento de cada cultura orientado justo hacia el futuro.

Chen parte de que algunos idiomas tienen reglas muy claras para la conjugación del futuro, en algunos distinguiendo incluso entre varios tipos de este (en francés, por ejemplo, existen el futuro simple, el anterior y el “próximo”) y en otros haciendo las cosas mucho más simples. Con esto en mente, el investigador propone que las personas nacidas en una lengua con fuertes referencias al tiempo futuro (RTF) son más proclives a tomar malas decisiones al planear el futuro, lo cual lleva a problemas tan variados como altos índices de obesidad, deudas, tabaquismo, alcoholismo y más.

La idea, por supuesto, es atractiva, aunque quizá imprecisa. Algunos la rebaten diciendo que no es tan fácil clasificar a los idiomas según sus “referencias al tiempo futuro” sean fuertes o débiles. Asimismo, se dice que las correlaciones hechas por Chen son un tanto arbitrarias y no necesariamente ciertas.

Sea como fuere, la intención de Chen no es para nada errada: el lenguaje nos forma y nos programa tanto individual como socialmente, aunque casi siempre lo pasemos por alto.

[io9]