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La reciente campaña "Más valores" de la Secretaría de Educación Pública de México pretende fomentar actitudes que no necesariamente fortalecen la función reflexiva, emancipadora y social de la educación y, por el contrario, tienden a hacer de la formación escolarizada una herramienta de control.

En la última década hemos sido testigos del gran empeño que han puesto las instituciones escolares de México por inculcar valores en jóvenes y niños. Según sea el caso de cada escuela, se habla de valores en la democracia, valores de solidaridad, valores de liderazgo, valores en la familia, valores cívicos… la lista es larga y en distintos momentos se han preponderado unos sobre otros según convenga —¿a quiénes?—. Por eso no nos extraña que la SEP anuncie que en coordinación con la organización Suma x la Educación lanza la campaña Más valores, empero, justo porque se trata de una iniciativa que forma parte de las tendencias que el sistema escolar de nuestro país ha adoptado, consideramos necesario detenernos un poco para pensar lo que puede implicar.

En principio, resulta absolutamente discutible la noción general de valores que ha adoptado la SEP como parte de sus planes de estudio para la educación en los últimos años, basada en conceptos tan vagos —y manipulados— como “democracia, tolerancia, igualdad, justicia, paz social, pluralidad, derechos humanos, de respeto a la dignidad de la persona”[1], etcétera. Luego,  parece absurdo que un programa que se supone debe tener un impacto real en la población infantil que asiste a las escuelas públicas, se proponga como su principal medio de difusión las redes sociales (y sólo de difusión pues no aparenta involucrar ningún elemento encaminado a la reflexión en torno a los valores y su real aplicación, más allá de los llamados tips [2]). Habría que considerar cuántos niños y niñas en este país tienen acceso a una red de Internet —ya no digamos en casa, al menos en la escuela—, más aún, cabría preguntarnos si es deseable que niñas y niños se inserten en la dinámica de las redes sociales desde edades tan tempranas. Por lo demás, ofende la pretensión de que una campaña, cuya base es una red social virtual que promueve valores sospechosos —desde nuestro punto de vista—, sirva para evitar que “los jóvenes caigan en las redes de la delincuencia”; en contraste, volteemos a ver cómo se elevan mes con mes los niveles de desempleo y pobreza en el país en un esfuerzo por ubicar los alcances de dicha campaña.

Pero vayamos un poco más atrás ¿De qué se trata esta organización llamada Suma x la Educación? Autodefinidos como una especie de organización de organizaciones de la sociedad civil, dicen encaminar sus esfuerzos por lograr la participación “… corresponsablemente con los diversos actores de la educación e influir ampliamente en la promoción y fomento de la calidad educativa y en la formación integral de las personas” [3]. Si se consulta su portal en internet podrán encontrarse, al más puro estilo empresarial, la misión, visión y los pilares sobre los que son elaborados el total de sus discursos en torno al ámbito educativo. En ellos es posible reconocer el énfasis que se hace en la calidad, la capacitación docente, la transparencia y la participación ciudadana. No es de sorprender que una organización como ésta (ligada a la Unión Nacional de Padres de Familia) haga suyos y promueva los elementos que el modelo socioeconómico neoliberal ha impuesto a los sistemas escolares, no sólo en México, sino a nivel internacional.

Los sistemas educativos han tendido, especialmente a partir la segunda mitad del siglo pasado, a sentar las bases que permitan el desarrollo del modelo socioeconómico, mediante la formación de ciudadanos con características específicas y cambiantes en cada momento histórico. Cuando nos enfrentamos al análisis de las políticas neoliberales lo que marca una diferencia con las formas de abordar la educación y la escolarización precedentes, es el grado de mercantilización que han alcanzado la educación y el conocimiento.  Ejemplo de esto es la incorporación de conceptos importados, sin ninguna precaución, del sector productivo, verbigracia eficiencia, calidad, certificación, productividad, evaluación, entre otros. Esto se conjuga con el proceso de empresarización que sufren las diferentes escuelas y universidades en todos y cada uno de sus niveles de escolarización. Siendo así resulta lógico que no importe si se habla de formación cívica y ética sino de competencias cívico éticas (este segundo completamente importado de la jerga de los recursos humanos en el ámbito empresarial).

Pero más allá de la crítica que pudiera hacerse a los fines de una organización como Suma x la educación, cosa que no es menor, como no lo es tampoco la creciente incorporación de conceptos empresariales en el terreno de lo educativo, preocupa la vinculación que la Secretaría de Educación Pública establece con ella, por las siguientes razones (a más de que un análisis más concienzudo pueda ubicar otras):

Primero, la campaña Más valores que, discursivamente pretende “difundir la práctica de los valores ciudadanos en la comunidad” [4], estando en coordinación con la SEP, habría de considerar como un objetivo prioritario llegar hasta la población infantil y joven; advertimos que este propósito no puede alcanzarse dado que la base de su propaganda y difusión se encuentra restringida a las redes sociales y a un portal de internet, el cual, hay que decirlo de paso, no estaba acabado al día de su presentación oficial ante los medios, además de contar con múltiples errores de escritura y puntuación. Segundo, es de suponer que esta coordinación implica el otorgamiento de recursos económicos a la organización por parte del erario público; si como podemos intuir, se trata de una campaña de difusión con alcances limitados previsibles desde ahora ¿por qué asignarle recursos siendo que montones de escuelas literalmente se caen a pedazos en todo el país? Tercero: aunado a que los discursos de esta organización lindan con las tendencias neoliberales que tanto han perjudicado alrededor del mundo a millones de estudiantes, la relación con la Unión Nacional de Padres de Familia, que también ha bogado por los valores -es decir, por este tipo de valores- confirma la idea de que se trata de una organización conservadora que busca introyectar una visión acrítica del mundo mediante la difusión de valores “cívicos y éticos” despojados de la reflexión sobre el contexto social. Esto nos recuerda mucho la conocida campaña de Televisa, a diferencia de que Más valores cuenta con el apoyo, respaldo y coordinación explícitos de la SEP.

En fin, sabemos que ésta no es más que una dentro del enjambre de iniciativas que, patrocinadas o no por el Estado, desde las diferentes organizaciones e instituciones educativas, se empeñan en despojar a la Educación de su función reflexiva, emancipadora y social, en medio de tiempos en los que se hace indispensable repensar los valores; pero pensarlos desde otro lugar, desde las necesidades de transformación de las relaciones sociales que se producen y reproducen dentro y fuera de las aulas. Es necesario poner el ojo crítico en esta campaña –y en tantas más-, hoy que miles de jóvenes, maestros, hombres y mujeres alrededor del mundo, se manifiestan en contra del modelo socioeconómico que ha hecho de los sistemas educativos una más de sus herramientas de control. Es imprescindible recuperar valores como la solidaridad, la esperanza y sí, también la justicia y la paz social, pero a la luz de la necesidad de un mundo mejor para todas y todos.




[2] Estos tips aparecen como recomendaciones de expertos y gente reconocida por su desempeño en diferentes áreas para aplicar los valores que enarbola la campaña y se pueden consultar en el portal en internet de la campaña.

Profesor renuncia porque sus alumnos no pueden escribir un párrafo sin errores

Sociedad

Por: pijamasurf - 12/01/2011

Camilo Jiménez, profesor de Comunicación Social en la Pontificia Universidad Javeriana, da a conocer la renuncia a su cátedra por medio de una carta pública en la que se pregunta por qué sus estudiantes no fueron capaces de escribir un párrafo sin faltas.

Camilo Jiménez era hasta hace poco profesor de Comunicación Social en la Pontificia Universidad Javeriana, en Colombia, pero decidió renunciar al ver que sus alumnos fueron incapaces de escribir un párrafo sin faltas de ortografía, sintaxis y todas esas reglas elementales que hacen legible un texto. Esto es lo que pedía Jiménez:

No se trataba de resolver un acertijo, de componer una pieza que pudiera pasar por literaria o de encontrar razones para defender un argumento resbaloso. No. Se trataba de condensar un texto de mayor extensión, es decir, un resumen, un resumen de un párrafo, en el que cada frase dijera algo significativo sobre el texto original, en el que se atendieran los más básicos mandatos del lenguaje escrito —ortografía, sintaxis— y se cuidaran las mínimas normas: claridad, economía, pertinencia. Si tenía ritmo y originalidad, mejor, pero no era una condición. Era solo componer un resumen de un párrafo sin errores vistosos. Y no pudieron.

Su alumnado, dice el profesor, no puede alegar en su defensa falta de oportunidades de acceso a la educación, pues en promedio todos esos jóvenes que rondan los 20 años provienen de familias más o menos acomodadas, de padres universitarios (algunos incluso posgraduados) y de hogares en los que los estímulos y los recursos potencialmente educativos estuvieron siempre presentes: libros, computadora con Internet de banda ancha, televisión de paga, etc; y, lo que es todavía más significativo, casi todos estudiaron en colegios privados antes de llegar a ese estadio superior.

Y si bien Jiménez, irónicamente, acepta que podría tener cierta responsabilidad en este fracaso académico («Mis clases no tienen presentaciones de Power Point ni películas», escribe el profesor), pone en contrapeso todas las otras aptitudes que intentó desarrollar en los estudiantes: «la escucha atenta, la elaboración de razones y argumentos, oír lo que uno mismo dice y lo que dice el otro en una conversación […] la importancia de honrar la prosa».

Sin embargo, nada de esto fructificó, nada de esto pudo contra, dice el profesor, los hábitos de lectura de esta nueva generación en que el “doctor Google” lo responde todo y, en última instancia, terminó por asesinar la curiosidad, el ánimo especulativo e indagatorio que se encuentra en la base de todo buen lector: «Mi sobrino le dice a su madre, mi hermana, que él sí lee mucho, en Internet. Lo que debe preguntarse es cómo se lee en Internet. Lo que he visto es que se lee en medio del parloteo de las ventanas abiertas del chat, mientras se va cargando un video en Youtube, siguiendo vínculos».

Lo que han perdido los nativos digitales es la capacidad de concentración, de introspección, de silencio. La capacidad de estar solos. Solo en soledad, en silencio, nacen las preguntas, las ideas. Los nativos digitales no conocen la soledad ni la introspección. Tienen 302 seguidores en Twitter. Tienen 643 amigos en Facebook.

«Dejo la cátedra porque no me pude comunicar con los nativos digitales», concluye el profesor, cuyas razones son sin duda controvertidas y dignas de tomarse en consideración.

[El Tiempo]