Los habitantes de Samoa se dormirán esta noche del 29 de diciembre y cuando se levanten será el 31 de diciembre, de esta forma saltándose el viernes 30 para siempre, en una extraña prestidigitación temporal que más allá de la ciencia ficción o la especulación sobre la naturaleza del tiempo obedece a la constricciones de la economía.
El ardid cronanáutico está orientado a favorecer sus relaciones comerciales con los países cercanos del Pacífico, Australia y Nueva Zelanda, los cuales actualmente están casi un día adelante en el reloj. Al desaparecer el viernes, Samoa se alineará con estos socios económicos claves. El primer ministro Tuilaepa Salile Malielegaoi explicó que su país se encontraba en una gran desventaja ya que "cuando estamos en la iglesia los domingos, en Sydney o en Brisbane ya están haciendo negocios".
Queda claro que el tiempo es relativo (si acaso existe sólo como medida reguladora del arbirtrio de la existencia), pero quizás algunos de los habitantes de Samoa (quienes sin embargo si recibirán un cheque pore se viernes espectral) sufirán del fenómeno conocido como tiempo faltante que horada la psique de la algunas personas. Una laguna de posibilidades que se desvanece, y ¿si ese viernes (que será sábado) habría sido el día en el que el destino te tenía una cita cósmica preparada con tu otro yo?