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¿Tiene sentido la reencarnación ahora que somos 7 mil millones de personas en el mundo?

Sociedad

Por: pijamasurf - 11/04/2011

La exorbitante y creciente cifra de 7 mil millones de seres humanos poblando el planeta parece poner en duda la idea budista de la reencarnación.

Hace unos días, los medios informativos anunciaron con estrépito que la población mundial de seres humanos había alcanzado y superado la abrumadora cifra de 7 mil millones de personas. Sin embargo, más allá de repetir dichos lamentos o celebraciones, el acontecimiento puede considerarse desde una óptica más original.

Así lo hace Ed Halliwell, escritor y maestro de meditación residente en Sussex, Inglaterra, quien se pregunta si esa drástica alteración en el número de personas vivas en el mundo invalidaría la idea budista de la reencarnación, sobre todo si se toma en cuenta que fue solo en estos últimos veinte años cuando la cifra se elevó exponencialmente.

Sin embargo, como dice Halliwell, la idea que usualmente se tiene de reencarnación poco tiene que ver con los dictados del budismo. Comúnmente se piensa que reencarnar es algo como “uno dentro, uno fuera”: quien muere renace inmediatamente en algún otro sitio, lo cual contradice totalmente uno de los principios básicos de las enseñanzas budistas, aquel en el que se asegura que no existe ninguna alma, ninguna identidad permanente que se conserva de vida en vida. De ahí, dice Halliwell, que los budistas prefieran otros términos (como “renacimiento” o “retorno”) en vez del trillado “reencarnación”.

«El Buda enseñó que todas las cosas son impermanentes, en un estado de continuo cambio y flujo —nosotros incluidos. Mutamos constantemente mientras crecemos, nos desarrollamos, ganamos edad y decaemos, y eso que tendemos a pensar como el “sí mismo” es, de hecho, un montón siempre cambiante de partes corporales, pensamientos y sentimientos, influido por un amplio catálogo de causas y condiciones presentes y pasadas (historia familiar y cultural, entorno, escolarización, biología, y así sucesivamente). Pregúntate esto: ¿eres la misma persona que cuando tenías cinco años? ¿La misma persona que hace cinco años? ¿Que hace cinco minutos? Si no, ¿entonces no nacemos y morimos en cada instante?», escribe Halliwell.

De esta manera, si en el budismo se considera a la conciencia desatada de su forma corpórea, esta reemergerá en otros agregados, incluso en otros mundos. De ahí que el número de habitantes de este planeta no perturbe la idea de reencarnación: la vida que se manifiesta antes en otros seres (animales, insectos, etc.) podría estar ahora tomando forma humana; podría haber un influjo  de energías provenientes de otros planetas, reinos, universos, una especie de migración cósmica; finalmente, eso que llamamos “conciencia” humana podría estar manifestándose con un número mucho mayor de personas de las que requería antes. “Es un poco”, dice Halliwell, "como las olas del mar: diferente número y diferentes tipos de olas se alzan y se disuelven dependiendo de las condiciones del clima y el flujo del agua”.

Por lo demás, este tipo de especulaciones, aunque apropiadas para la curiosidad y el divertimento, se distancian también del espíritu de la doctrina budista: «son como el hombre que se rehúsa a remover de su cuerpo la flecha envenenada sin antes saber quién la disparó, qué tipo de arco se utilizó para lanzarla y de qué están hechas las plumas del asta. “El hombre morirá y todas esas cosas todavía le serán desconocidas”». 

[Guardian]

“Estudia y desobedece”: ¿qué pasa con las protestas estudiantiles en Colombia?

Sociedad

Por: pijamasurf - 11/04/2011

Luego del primer triunfo de los estudiantes colombianos, al conseguir que el presidente Santos retirara su proyecto de reforma a la educación superior, la situación educativa de Colombia debe discutirse en un contexto democrático y no de imposición autoritaria.

El pasado 11 de noviembre Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, anunció el retiro de su proyecto de reforma a la Ley 30 que regula la educación superior en dicha nación sudamericana. Santos cedió ante el movimiento estudiantil que desde el anuncio de estas reformas, en marzo de este año, se levantó en contra de las medidas que pretendían imponerse en la educación universitaria, particularmente las que atañían al financiamiento de las universidades, el endeudamiento de los estudiantes y la autonomía de las instituciones educativas. Sin duda entre las protestas más impresionantes está el monumental paro que involucró a la mayoría de las 32 universidades públicas del país, iniciado el 12 de octubre y levantado este 16 de noviembre.

En este primer triunfo de los estudiantes sin duda tuvo algo que ver el movimiento chileno, cuya vehemente autenticidad ha puesto al presidente Sebastián Piñera en una situación verdaderamente incómoda e impopular, con un desprestigio que va en picada al mismo ritmo que el movimiento estudiantil gana simpatía. En el caso colombiano es probable que Santos no quisiera repetir la experiencia y prefiriera renunciar, acaso provisionalmente, a sus intenciones.

Pero seamos justos: nada de esto habría sucedido si los estudiantes colombianos y otros sectores de la educación superior hubieran aceptado sin rechistar el proyecto del gobierno, si no se hubieran organizado tan eficiente y rápidamente como lo hicieron y, sobre todo, si no hubieran dado a sus protestas un matiz novedoso, fresco, casi inédito (a no ser por el ejemplo chileno) que sorprendió a las autoridades colombianas, impidiéndoles reaccionar según las prácticas acostumbradas y otorgándoles a los estudiantes la pausa dubitativa necesaria para tomar la iniciativa en las negociaciones.Reinaldo Spitaletta, en el diario colombiano El espectador, describe así este atractivo fenómeno:

Ahora, los símbolos de las manifestaciones contra la reforma a la Ley 30 abundan y poco tienen que ver con actitudes violentas. Pero sí efectivas. Uno de ellos, una muchacha, quizá no tan bella como la chilena Camila Vallejo, con un cartelito en sus manos que, con una flecha y una leyenda, señala a un grupo de policías antimotines: “ellos también querían estudiar”.

Jóvenes que reparten flores a los policías. O los besan. Muchachas que van marchando con sus senos recientes al aire. Caras maquilladas. Pintores universitarios que  estampan corazoncitos de colores en los escudos de aquellos a los que antes se les recibía con coros como “policías y reclutas son los hijos de las putas”. La multitudinaria resistencia pacífica de los estudiantes colombianos a la intentona del gobierno de Santos de reformar la educación pública, ha dado resultados.

Sumada a esta frescura contestataria se encuentra la conciencia que tienen los estudiantes de que las cosas, al menos en la educación superior, tienen que cambiar por el bien del futuro colombiano. Pero saben también que estos cambios deben proponerse, discutirse y en su caso aprobarse en un contexto democrático y no de imposición autoritaria, en el que participen todos los sectores directamente afectados por las posibles reformas al estado que guarda actualmente la educación universitaria.

Por lo pronto, además del regreso a las aulas, la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (que agrupa a los disidentes y opositores al proyecto educativo del gobierno) convocó a una reunión para el próximo 3 de diciembre, en la cual se discutirá una nueva propuesta que será entregada al Ministerio de Educación.

Sin duda hay que estar atentos a los logros que consigan los estudiantes colombianos, quienes quizá prueben que ha llegado el momento de tomar por nosotros mismos las decisiones que afectan directamente nuestro desarrollo personal y social —y no delegar dicha libertad en representantes frecuentemente pervertidos por otros intereses.

Con información de El espectador