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¿Piensan más los hombres en sexo que las mujeres o en realidad es un cliché social?

Salud

Por: pijamasurf - 11/30/2011

Estudio psicológico sugiere que los hombres piensan menos que las mujeres en sexo, pero las cifras también podrían estar condicionadas por las expectativas de lo "socialmente deseable".

En un estudio que refuta uno de los prejuicios de género más extendidos, que el hombre solo piensa en sexo a todas horas y en todo lugar, el psicólogo Terri Fisher publicó un artículo en el Journal of Sex Research en donde expone que hombres en edad universitaria piensan en sexo apenas unas 18 veces al día, menos de la mitad de ocasiones que sus compañeras de la misma edad.

Para llegar a estos resultados Fisher reunió a 283 estudiantes universitarios y les pidió que llevaron un registro de sus pensamientos espontáneos ( o "need-based") sobre comida, descanso o sexo durante una semana. Los hombres de este grupo reportaron muchos más pensamientos de este tipo que las mujeres, pero no se manifestó una interacción significante entre el sexo del participante y el tipo de pensamientos registrado. Esto es, aunque los hombres pensaron más sobre sexo que las mujeres, también tuvieron más pensamientos sobre comida y descanso. Según el autor, esto sugiere que los hombre están un poco más en contacto con su estado físico durante todo el día en comparación con las jóvenes en condiciones similares.

Fisher ensayó una posible explicación de esta disparidad de contenido en los pensamientos de hombres y mujeres, en la que quizá también valdría la pena considerar los imperativos sociales que algunas mujeres siguen a veces sin estar conscientes de ello:

Las personas que siempre dan respuestas socialmente deseables a las preguntas están quizá cubriéndose la espalda e intentando manejar la impresión que provocan en otros. En este caso, estamos viendo que las mujeres que están más preocupadas por la impresión que dan tienden a reportar menos pensamientos sexuales y eso es porque pensar sobre la sexualidad no es consistente con las expectativas típicas para las mujeres.

Quizá la conclusión de todo esto sea que los hombres piensan (o dicen pensar) más en sexo, comida y descanso que las mujeres porque consideran que no están obligados a dar una impresión “socialmente deseable”.

Recordemos también que hace unos meses el profesor Sheridan Simove publicó un libro con el sugerente título de ¿En qué piensan los hombres además de sexo?, del que aseguró que era el fruto de 39 años de investigación sobre el tema. Lo sorprendente de este libro es que sus 200 páginas, lejos de contener sesudas disquisiciones sobre el comportamiento sexual masculino, estaban en blanco, con lo cual Simove decía, lacónica y elocuentemente, que los hombres, además del sexo, no piensan en nada (aunque quizá la conclusión del profesor podría corregirse con una sutileza: los hombres no solo piensa en sexo, también piensan en cómo conseguirlo).

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¿Tiene la medicina alternativa derecho a recibir fondos públicos para la investigación?

Salud

Por: pijamasurf - 11/30/2011

La entrega de cuantiosos fondos públicos en Estados Unidos a un centro de investigación en medicina alternativa, sin resultados visibles, nos plantea la pregunta de si este tipo de tratamientos debería ser apoyado con los mismos derechos y obligaciones que la medicina institucional.

Hace unos días el periódico Chicago Tribune publicó un reportaje en el que expone, con un ánimo casi denunciante, la entrega de cuantiosos fondos monetarios públicos a un centro de investigación en medicina alternativa sin resultados provechosos.

Gracias a una donación de 374,000 dólares financiados por los contribuyentes, ahora sabemos que la inhalación de esencia de limón y lavanda no hace mucho por nuestra capacidad de curar una herida. Con 666,000 dólares en dinero federal de investigación, los científicos examinaron si la oración a distancia podía curar el SIDA. Y no puede.

El Centro Nacional para la Medicina Complementaria y Alternativa también ayudó a pagar a los científicos que estudiaron si chorros de café en los intestinos de una persona pueden ayudar a tratar el cáncer de páncreas (una subvención de $406,000) y si el masaje hace que las personas con cáncer avanzado se sienten mejor ($ 1.25 millones). Los enemas de café no ayudan. El masaje sí.

El artículo expone otras investigaciones en que dicho Centro ha invertido desde su creación y hasta la fecha casi mil millones y medio de dólares, en varios casos para obtener un no como respuesta final: cierto tratamiento alternativo no cura determinado padecimiento. Acupuntura, sanación por energía, yoga, etc. Además, algunas de esas propuestas no son novedosas ni recientes y, por el contrario, su antigüedad, que puede rondar o exceder el siglo, hace pensar que ya otros estudios realizados habrán descartado su utilidad en la curación de un paciente.

El asunto es polémico porque la llamada “medicina alternativa” ha ido en sí misma objeto de controversia. Sin embargo, en este momento se añaden al menos otras dos circunstancias que complican el problema: la primera y más evidente, que recursos públicos se destinen, además en grandes sumas, a investigaciones que no fructifican y, en segundo lugar, la pelea cada vez más feroz que libran varias instituciones (universidades, centros de investigación, etc.) por dichos esos mismos recursos. Con la hegemonía de la medicina occidental, muchos de los científicos considerados serios se creen en una situación privilegiada para recibir ese dinero.

Al respecto Wallace Sampson, profesor clínico emérito de la Universidad de Stanford, comenta:

Algunos de estos tratamientos claramente habían salido de la imaginación de las personas. Nosotros no tomamos el dinero público y lo invertimos en proyecto que salen de la imaginación de las personas.

En lo inmediato, este hecho podría atañer únicamente a la sociedad estadounidense y sus mecanismos de control fiscal, sin embargo, visto desde una perspectiva más amplia, nos invita a reflexionar sobre esta oposición entre la medicina alternativa (o tradicional, como en el caso de las etnias autóctonas de América) y la que, a falta de un mejor término, podríamos llamar institucional y, en particular, si el acceso a los recursos públicos como apoyo a la investigación científica debe ser igualitario. Si oncólogos e investigadores del yoga tienen el mismo derecho a recibir dinero público para desarrollar un estudio del impacto médico en sus respectivas disciplinas. Si este es el caso, ¿las obligaciones también deberían ser por igual para ambos?

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