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«Hueso de perro, revienta»: una semblanza de Antonin Artaud

Arte

Por: pijamasurf - 09/04/2011

El surrealista que abjuró del surrealismo, el hermano de los tarahumaras y del peyote, el artífice del Teatro de la Crueldad, el loco que terminó encerrado en su propio pensamiento: Antonin Artaud, el poeta que hoy cumple 115 años.

Ese flujo, esa náusea, esas correas, precisamente en esto comienza el Fuego.

A. A., El yunque de las fuerzas

El surrealismo fue sin duda uno de las vanguardias artísticas más importantes del siglo pasado. Ramificándose de la literatura a la pintura y el cine, los surrealistas consiguieron romper la estrecha burbuja del arte hasta comunicarse con la vida, echando una mirada entre evasiva y crítica al derruido mundo que los rodeaba. Su inclinación hacia lo inconsciente, lo invisible, lo oníricamente fantástico, las fuerzas que envuelven ese reverso de la realidad al que pocas veces y casi nunca por voluntad propia nos asomamos, fueron algunas de las actitudes y propuestas que ganaron para este movimiento cierta simpatía intelectual incluso entre personas comunes, lectores y espectadores sin pretensiones mayúsculas para quienes, sin embargo, una obra surrealista representó no solo una mirada nueva, sino una especie de puerta oculta y sorprendente a un mundo en apariencia tan lejano a su cotidianeidad pero que podía surgir al doblar la esquina. Aun hoy, al calificar algo como “surrealista”, apelamos a ese cariz absurdo de la realidad que de vez en cuando emerge con el único fin, pareciera, de perturbarnos y hacernos dudar sobre la verdadera realidad del mundo.

Aunque son muchos los nombres que recordamos al momento de hablar sobre el surrealismo (Dalí, Buñuel, Cocteau, etc.), sin duda de entre todos ellos destaca el de André Breton, a quien se considera el fundador del movimiento en especial porque tuvo el mérito de resumir un cúmulo de inquietudes —algunas heredadas, otras totalmente novedosas y por ello todavía inaprensibles para la mayoría— que se respiraban en las corrientes artísticas y de pensamiento desarrolladas en el llamado período de entreguerras. Breton, en 1924, dio unidad a estos vectores antes dispersos al redactar y publicar el Primer manifiesto surrealista, documento en el que repudiaba los cuestionables logros de «la actitud realista» y, apoyándose un tanto en las recientes ideas de Freud y otras de poetas franceses de generaciones anteriores como Apollinaire y Nerval, invocaba la pertinencia del inconsciente en la creación artística, la posibilidad de que la literatura, por ejemplo, se hiciera no por medio de la voluntad dirigida por la razón y el juicio, sino con el automatismo de quien se abandona al pensamiento en su estado más puro, más libre, más absoluto.

A este documento se sumaron otros no menos célebres que, a la postre, revelaron en Breton una estatura intelectual incuestionable que, no obstante, no basta para explicar su primacía entre los surrealistas. A la capacidad creadora de Breton, su intensa vitalidad literaria, es necesario añadir la férrea disposición política con que manejó el movimiento. Breton, cual patriarca del surrealismo, disponía lo mismo sobre el curso del movimiento como sobre el destino de sus adherentes. Son célebres sus rupturas con Louis Aragon, Paul Éluard y Salvador Dalí, su acercamiento con la dirección estalinista que tomó el comunismo en la década de los veinte. En una época en que el concepto de “revolución” lo contaminaba todo, la diferencia entre arte y política o, mejor dicho, la definición del arte verdaderamente revolucionario (transformador) resultaba un asunto no solo difícil de aclarar, sino que también se convertía en un motivo de disputa y depuraciones —como si las ideas no se pudieran distinguir de la persona que las profiere. «”Transformar el mundo”, dijo Marx; “cambiar la vida”, dijo Rimbaud: estos dos imperativos son para nosotros uno solo», escribió Breton en Posición política del surrealismo.

Uno de los conflictos más importantes en la historia del surrealismo se dio en 1927, cuando Breton y otros surrealistas prominentes (Aragon, Éluard, Benjamin Péret y Pierre Unik) decidieron ingresar al Partido Comunista, a pesar de que ya entonces comenzaban a sugerirse las prácticas totalitarias y represivas a las que Stalin, en la URSS, el polo irradiador del comunismo de Estado, daría libre curso apenas dos o tres años más tarde. Pero su decisión no la compartieron ni siguieron todos los surrealistas, entre cuyos disidentes se contó uno tan importante como Breton, con talento y genialidad semejantes pero, políticamente y quizá también en cuanto a personalidad, su inverso, la antítesis necesaria para desatar el nudo de la creación artística: Antonin Artaud.

Allí donde otros exponen su obra yo solo pretendo mostrar mi espíritu.

A. A., El ombligo de los limbos

Artaud nació en el mismo año que Breton, 1896, solo que en septiembre, el día 4. Provenía de una familia de griegos asentados en Marsella y desde muy joven sufrió una condición nerviosa que terminó por conducirlo a la reclusión clínica. Antes, sin embargo, vivió una vida ajetreada y de vaivenes, en especial luego de su llegada a París, a los 24 años, donde simultáneamente se reveló la fertilidad de su escritura y comenzó a entrar en contacto con distintos círculos artísticos y de las letras. A Breton, por ejemplo, lo conoció en octubre de 1924, poco antes de que este diera a conocer el Primer manifiesto y ya cuando Artaud había publicado varios poemas —de los que sobresale Tric trac del cielo— y dejado de trabajar en el Théâtre de l'Atelier, logros ambos que le auguraban un futuro sólido como poeta y dramaturgo. Simone Breton, esposa de André, dijo esto de Artaud en una carta a su prima Denise Lévy: «bello como una ola, simpático como una catástrofe».

Quizá por todo esto poco después de su encuentro Breton confió a Artaud el “Comité de investigaciones surrealistas”, oficina encargada de «recabar por todos los medios apropiados las comunicaciones relativas a las diversas formas susceptibles de propiciar la actividad inconsciente del espíritu». Desde esta posición Artaud se convirtió, un poco de facto, en la cabeza más visible del movimiento surrealista, en detrimento de Breton. Durante los siguientes años la inquieta vivacidad de Artaud se revelaría como rasgo inequívoco de su genio al dar a la imprenta otros poemas importantes como El ombligo de los limbos y El pesa nervios, dirigir la revista del surrealismo (La Révolution surréaliste) y fundar, junto con Roger Vitrac y Robert Aron, el Théâtre Alfred Jarry.

Por desgracia la cercanía entre Breton y Artaud no duró más allá de 1927. La ruptura se dio por la negativa de Artaud de seguir a sus compañeros en su afiliación al Partido Comunista. Estos no vacilaron entonces en denostar a Artaud, en señalar la banalidad de sus obras que eran la respuesta obvia a su nulo compromiso político. En una carta pública, suscrita por Aragon, Breton, Eluard, Péret y Unik, llamaron a Artaud «enemigo de la literatura y de las artes», para después respirar aliviados: «Hoy hemos vomitado a esa canalla».

Artaud por su parte contestó no menos visceralmente. Los suyos eran motivos más elevados que los del, aun en toda su grandeza, simple surrealismo. La vanguardia es un medio, no un fin, quiso decir en A la gran noche o el bluff surrealista:

«El surrealismo nunca fue para mí más que una nueva especie de magia. La imaginación, el sueño, toda esta intensa liberación del inconsciente que tiene por objetivo hacer aflorar a la superficie del alma lo que habitualmente tiene escondido, debe necesariamente introducir profundas transformaciones en la escala de las apariencias, en el valor de significación y en el simbolismo de lo creado. […] El más allá, lo invisible, rechazan la realidad. El mundo ya no se sostiene. Es entonces cuando uno puede comenzar a acribillar los fantasmas, a detener los falsos semblantes […].

»Que la espesa muralla de lo oculto se derrumbe de una vez por todas sobre todos estos charlatanes impotentes que consumen su vida en desaprobaciones y en vanas amenazas, sobre estos revolucionarios que no revolucionan nada».

La cultura no está en los libros ni en las pinturas ni en las estatuas ni en la danza, está en los nervios, en la fluidez de los órganos sensibles, en una especie de maná que duerme y que puede colocar al espíritu en una actitud de receptividad muy alta y de inmediata receptividad total que permite actuar en el sentido más digno, elevado y también más penetrable y fino.

A. A., en carta a Jean Paulhan (19 de julio de 1935)

A pesar del rompimiento con el grupo surrealista, Artaud no abandona su labor artística. Pero más allá de sucesos y publicaciones sin duda importantes en la historia de la literatura, el siguiente étage de verdadera trascendencia personal en el que recala es un viaje a México realizado en 1936, con la intención de descubrir una cultura que quiere virgen, ajena a las perversiones de la racionalidad europea y cartesiana, que desconozca la lógica occidental, la mecanización de la vida, la burocratización del arte, «una cultura mágica que aún es posible desentrañar del suelo indígena», pensaba

Su viaje, sin embargo, y quizá por su misma personalidad, su fragilidad nerviosa y mental, obedecía menos a impulsos materiales o circunstanciales que a un secreto deseo de renovación espiritual. Artaud viajaba, dice Luis Mario Schneider, «decidido a arreglarlo todo para cambiar de vida». Acaso como si en el país existiera una gigantesca pero invisible piedra imán que lo atrajera, una creada exclusivamente para sincronizarse con sus deseos y sus inquietudes, Artaud llegó a México y si bien dictó conferencias para la Universidad Nacional y escribió para dos o tres periódicos de renombre, terminó encaminándose, casi inevitablemente, al que llamó “el país de los tarahumaras”, el corazón de la Sierra chihuahuense.

Y aquí la historia se enturbia, no porque la información al respecto sea escasa o confusa, sino por las condiciones mismas de la travesía de Artaud, como si seguirle el paso en su traslación espiritual, por personalísima, se vuelva una empresa difícil y quizá imposible. ¿Cómo hablar de la experiencia de Artaud entre los tarahumaras si él mismo, en los escritos que dedicó al tema, trastabilla y duda, como si hubiera llegado a ese punto en el que, como quería Kafka, «ya no hay regreso posible» y en el que se revela además de la insuficiencia de las palabras, la banalidad de estas? Ese momento inefable de comunión espiritual en el que el ser se siente despojado de todas las ataduras y vicisitudes del mundo, ajeno y aislado e inesperadamente satisfecho, vuelto uno con ese hálito primero que recorre a todos los seres insuflándoles vida y sentido. «Yendo hacia Dios hallé a los tarahumaras», escribió Artaud.

Como sabemos, durante su estancia con los tarahumaras Artaud buscó y presenció diversos ritos, ansioso como estaba de atestiguar la esencia viva de una tradición distinta a la europea dominante. «No quiero colocarme en el punto de vista de lo pintoresco para relatar este viaje, sino en el de la eficacia», escribió a su amigo Jean Paulhan, con quien se carteaba a menudo. Además de una ceremonia que Artaud remonta a la Atlántida en la que se sacrifica un toro, el rito que marcó para siempre al poeta fue su contacto con el peyote, no como una ingesta cualquiera, sino enmarcado total y estrictamente en la cosmovisión de los indígenas, en la cual «el ciguri no es solo “una planta” sino un ser y que el peyote es “un principio magnético y alquímico maravilloso”».

«Tuve la impresión», dice Artaud rememorando su experiencia, «de despertar a algo con respecto a lo cual hasta entonces era yo un mal nacido y estaba mal orientado, y me sentí colmado por una luz que nunca había poseído».

Artaud mismo batalla para fijar en palabras dicho episodio. Recuerda sin embargo una temporada, aproximadamente veinte días, en la careció por completo de voluntad y casi de conciencia, como si se resistiera a abandonar ese estado de gracia que pudo conocer gracias al peyote. Recuerda, por ejemplo, que lo subían y bajaban del caballo sin que él interviniera en la acción. Hasta que un día llegó un brujo que, para pesar suyo, lo devolvió a este mundo y esta realidad. Aunque no completamente: desde entonces una parte de Artaud vivió siempre en ese otro lado, atenta u obsesionada por descifrar el suceso, por encontrar las palabras justas que expresaran y revelaran a sus semejantes el goce la comunidad, la completud, el radiante éxtasis después del cual nada vuelve a tener luz propia en este mundo de sombras y siluetas. Durante años —y las fechas mismas de sus escritos lo consignan— Artaud volvía sobre su experiencia con el peyote, sobre los pasos de este viaje que terminó, como él quería aunque quizá no de la forma que esperaba, por renovar su espíritu.

Hubo un tiempo en que el artista era un sabio, esto es, al mismo tiempo un hombre culto, un taumaturgo, mago, terapeuta y hasta gimnasiarca.

A. A. Lo que vine a hacer a México

Fue poco después de su viaje a México, ya de regreso en Francia, cuando Artaud acuñó una de las nociones dramatúrgicas más arriesgadas y la que terminaría por echar sobre su figura un velo de misterio y culto que pervive hasta nuestros días. Al idear el llamado “Teatro de la Crueldad”, Artaud intentó devolver al arte ese elemento catártico que este había perdido desde que se tornó coto exclusivo de los valores positivos de la burguesía: «Sin un elemento de crueldad en la base de todo espectáculo, el teatro no es posible. En el estado de degeneración en el que nos encontramos es por la piel por donde volverá a entrar la metafísica en nuestro espíritu».

Si bien Artaud fue un tanto ambiguo, acaso deliberadamente, al momento de establecer directrices para llevar a escena obras que persiguieran dicho fin, queda claro por lo menos que se proponía rescatar ese elemento del arte —sea bajo la forma del cine, la literatura o cualquier otra disciplina— que conmueve al espectador, que lo confunde y lo trastorna, que lo saca de su normalidad por un instante y le muestra posibilidades que antes no había contemplando, situaciones insólitas, realidades inimaginadas, de preferencia poniendo en juego algo más que la mente y los sentimientos, llevando a cuadro el cuerpo mismo, su fragilidad, sus reacciones, los humores que despide en momentos de crisis y peligro. Un poco a la manera de Kafka: «Si el libro que leemos no nos despierta como un puño que nos golpeara en el cráneo, ¿para qué lo leemos? ¿Para que nos haga felices? Dios mío, también seríamos felices si no tuviéramos libros, y podríamos, si fuera necesario, escribir nosotros mismos los libros que nos hagan felices. Pero lo que debemos temer son esos libros que se precipitan sobre nosotros como la mala suerte y que nos perturban profundamente, como la muerte de alguien a quien amamos más que a nosotros mismos, como el suicidio. Un libro debe ser como un pico de hielo que rompa el mar congelado que tenemos dentro».

Estabas muerto, y he aquí que, una vez más, te sientes vivo, —SOLO QUE, ESTA VEZ, ESTÁS SOLO.

A. A. El arte y la muerte

Artaud terminó sus días atormentado por el demonio de la locura y la enajenación. Después de pasar varios años entrando y saliendo de distintos manicomios, desde 1942 hasta 1946 estuvo recluido en el hospital psiquiátrico de Rodez, al sudoeste de Francia, donde, a pesar de todo, continuó escribiendo, cartas sobre todo y algún otro texto de intenciones mayores, como Van Gogh, el suicidado de la sociedad. También dibujaba y componía conjuros, además de elaborar cartas astrales (porque Artaud desde siempre creyó en la astrología, «no como un medio de baja adivinación analítica y objetiva, sino como una serie de indicaciones interiores, de los trayectos y de las modificaciones afectivas»).

Al final, como si Artaud supiera de antemano cómo transcurrirían sus últimos días y se hubiera apresurado a dejarlo por escrito mientras todavía tuviera lucidez, se cumplió lo que dejó consignado en El soñador defectuoso: «lo único que pido es una cosa, que me encierren definitivamente en mi pensamiento».

El sublime juego de reality hacking de Anonymous-Mayhem 2012 podría ser la más grande obra de arte de la historia: un proyecto P2P de iluminación a través de la información .

Cuesta mucho pronunciarse como parte de algo y defender un proyecto colectivo cuando buscamos alejarnos del fanatismo, individuarnos, encontrar el santo grial pero de nuestro propio código. Sin embargo, si tuviéramos que declarar nuestra afinidad, admiración y apoyo incondicional a un movimiento cultural colectivo, ese probablemente sería el Proyecto Mayhem 2012, una obra en construcción de reality hacking que conjuga la poesía del caos, la alquimia, la re-evolución de la conciencia, la psicomagia, el tecnochamanismo, el discordianismo, el Mindfuck y el  LULZ (el humor rebelde del hacker que se ríe para crear un glitch en la Matrix), y el cual reúne uno de los corpus meméticos más finos  en la historia de Internet (es justamente una obra maestra de Internet).

Fundamentalmente el Proyecto Mayhem sintetiza el trabajo de los grandes hackers culturales y lo remediatiza subversivamente para provocar un estado de conciencia alterada (el psicoactivo es el lenguaje) que estimule un cambio a escala masiva (hackeando la fecha del 21 de diciembre del 2012 y el sigilo numérico masónico del 11:11, usándola como un detonador, una gran broma cósmica, un pretexto para crear) y hacer de los individuos que trabajan para el enjambre programadores de su propia realidad (la cual retroalimenta el código del panal) y no entidades programadas por la mente grupal. 

La maravilla del Proyecto Mayhem es que se teje en la Red como acertijo cósmico/esfinge digital, donde cada individuo tiene que librar ciertas puertas para encontrar la información, pas(e)o críptico en que el internauta recorre un proceso iniciático, activando así su conciencia (que se activa a través de la cosecha de memes, la información que opera en su código fuente, bits que juegan con la serpiente del ADN: el código biocósmico) y resonando mórficamente con el Logos.

Hace algunos meses estaba en línea el sitio projectmayhem2012.org. Al entrar a este sitio uno se encontraba solamente con una página de aterrizaje con un logo y sin contenido visible (hacer click era inútil). Sin embargo, al buscar el código fuente del sitio, un racimo de citas, links y memes desfilaba en el script, oculto para los no iniciados. Progresivamente el código fuente iba cambiando, revelando una serie cada vez más estimulante de información  lúdica, lúcida, lisérgica.

Robert Anton Wilson, Terrence Mckenna, Gurdjieff, Eliphas Levi, Alejandro Jodorowsky, Aleister Crowley, Manuel Castells, Alan Moore, Austin Osman Spare, Douglas Rushkoff, Timothy Leary, Jean Cocteau, Joseph Beuys, Grant Morrison, Alan Parsons, Hakim Bey, Chuck Palahniuk, Kenneth Anger, Phil Hine, The MUPPETS, William Blake, entre otros mavericks, componían esta constelación de informantes subversivos, agentes de la conciencia que se rebela frente a la realidad convencional, jugando ahora para el bando del Mayhem, el caos kundalini que engendra en las llamas de la destrucción sistémica una abeja dorada fractal (flor anónima que representa el sueño materializado de la humanidad).

Mayhem 2012, como Anonymous (y como los Merovingios), erige a la abeja como su animal sagrado, una paradoja al final del camino amarillo: solo la verdadera individualidad puede trabajar para el colectivo y acceder a este telepatía de la mente planetaria, esta comunidad hipersincronizada, cuánticamente entrelazada, que (co)opera holísticamente como una legión rizomática, exponenciada, acéfala, no-local, ubicua e invencible: marea, idea: la reina es la colmena.

Esta es la más profunda naturaleza del fenómeno cultural que es Anonymous: una idea peligrosa, una obra de arte colectiva: alquimia, piedra filosofal digital. Anonymous no es un movimiento de hacktivistas, no es una operación de la CIA, no es un grupo de cibercriminales, no es una moda cooptada por hipsters, no es tampoco una revolución política.  Aunque Anonymous es todo esto, Anonymous es más que esto: una nueva corriente cultural —una de la más estimulantes en surgir en este  nuevo milenio— que busca fusionar, como en la antigüedad, el arte con la magia con la ciencia (unidos a través del cordón umbilical politicósmico del hacking, ese arte prometeico que ofrece al final del tiempo el conocimiento para todos: acesso total al axis mundi ) y entrar a la región de misticismo natural que significa abandonar el ego. Anonymous en su mejor expresión. Esa línea de alta alcurnia que proviene de Phrack y atraviesa 4Chan y encalla en Mayhem es la nueva manifestación del arquetipo del trickster: el mago rufián, prestidigitador de la realidad, provocador de catarsis, quebrantador del orden que domina la superficie, agitador de pisos, sacerdote del caos, cancerbero del siguiente mundo. El trickster que recientemente ha poseído arquetípicamente a Aleister Crowley, a Tim Leary, a Robert Anton Wilson, a Don Juan Matus y a Don Genaro (por momentos a Castaneda ), a Alan Moore y Malacylpse El Joven,  entre otros rascal gurus y que ha culminado en su teleología caracoleante de la historia en el LULZ.

"En la versión de los hackers de la filosofía, los koans se han connvertido en exactamente eso: una forma (algo sofisticada) de humor que  intenta perturbar tu mente  y coaccionar tu Iluminación", decía el source code.

"LULZ kills fear: that's the Spirit!"  ("LULZ mata el miedo: ese es el Espíritu"), decía el código fuente de Project Mayhem, que anuncia el fin del miedo el 21 de diciembre del 2012 a las 11:11 (la hora universal exacta del solsticio de invierno), haciendo una explosión noosférica de P2P hunab-ku vía TYLER:

1.]=-------------------=|

2.|=---------------=[ Massively Distributed Uncensorable ]=--------------=|

3.|=--------=[ Collaborative Wiki-P2P Cipherspace Structure

Esta es la clave del Proyecto Mayhem,  "un egregor mutante" y un "juego de hackear realidades alternativas" que revelan la multidimensionalidad de Anonymous. TYLER, más que filtrar información confidencial, es un generador y diseminador de ideas, cuya fase beta ya iniciado (y de la cual eres parte) y que se dirige al Punto Omega.

"El Proyecto Mayhem 2012 es un [metaheurístico/hiperheurístico] generador de ideas autoactualizable y autorreparable: TYLER, es su 'hijo problema', parafraseando a Albert Hofmann... El Proyecto Mayhem 2012 es un apasionado Egregor-Enjambre de Inteligencia, iMAGinaCKtivo, hormigas/langostas/colonias de abejas por igual, trabajando-duro-jugando, creativo, Groucho Marxista, algremente libre, casi fnord-libre, abierto a amigos y enemigos, transparente, independiente, sin fin de lucro, apolítico pero fnordenado caóticamente mientras que dinámicamente  Sampo-Adhocrático".

Como dijo Terence Mckenna, según sus palabras citadas en el código fuente: "La naturaleza sintáctica de la realidad, el secreto verdadero de la magia, es que el mundo está hecho de lenguaje. Y si conoces las palabras de las que el mundo está hecho, puedes hacer de él lo que quieras". Este es el nodo de inflexión en el que el hacker se convierte en brujo. Solo el hacker (el meta-programador) puede comprender de manera medular cómo la realidad que experimentamos es un constructo lingüístico y cómo alterar el lenguaje con el que se construye la realidad significa hacer otro mundo, porque experimenta permanentemente esto en su vida. De ahí que esté llamado al alba por las estrellas hechas de bits.

"El hongo me dijo una vez que la naturaleza ama la valentía".

Así modfican los hackers, que han existido desde mucho antes de que se inventara el Internet (al igual que Anonymous ha existido en el espíritu colectivo del arte por milenios), el "desierto de lo real" con el código:

"Contempla! El mago más grandioso del universo! Es ella quien hace que la memoria dé fruto, quien descubre de antemano lo Posible e inventa incluso lo Imposible. Para ella los milagros no cuestan nada. Transporta casas y montañas a través del aire, coloca ballenas en el cielo y estrellas en el mar, le otorga el paraíso a los comedores de opio y de hachís, le ofrece reinos a los ebrios, hace que Perette baile bajo la cubete de leche. Tal es la IMAGINACIÓN" (Eliphas Levi).

La imaginación, la chispa transdivina detectada por Blake: "Todos los actos imaginativos y creativos, siendo eternos, constuyen una estructura permanente que William Blake llama Golgonooza, más allá del tiempo,  y cuando esta estructura quede terminada, la naturaleza, su andamiaje, será descubierto y el hombre habitará en ella".

La imaginación ocupa el papel central en Proyecto Mayhem, página blanca de (hol)origami que se manifiesta en la invitación del código fuente a dibujar con los colores alquímicos: nigredo, citrinitas, rubedo y albedo, lo que quieres que suceda el 21 de diciembre del 2012. Crear multimedia transonírica del futuro con estos colores:

"Ok, anons, así que, si realmente quieres seguir jugando y convertirte en un mago, puedes empezar ¡AHORA MISMO! ¡Empecemos a hacer MAGIA! Abre la mente a lo que sea que el Universo te diga y sé honesto sobre lo que quieres que suceda... Esta es tu primera tarea:

|=------------------------------------------------------------=|
1st Assignment: REALITY CREATION 101: iMAGIne the Future. aCKt.
|=------------------------------------------------------------=| 

"Donde nuestro conocimiento de la belleza armoniza con el Ludus Naturae,

*** Empieza la Brujería*** "


"Yo creo que la Magia es Arte y que el Arte, sea música, escritura, pintura o cualquier otra forma, es literalmente Magia. El arte es, como la magia, la ciencia de manipular símbolos, palabras o imágenes y lograr cambios en la conciencia... De hecho pronunciar un hechizo es simplemente deleterar, manipular palabras  [to cast a spell is simply to spell], para cambiar la conciencia de las personas —y por esto pienso que un artista o un escritor es lo más cercano en el mundo contemporáneo a un chamán" (Alan Moore).

Dentro de su enigma expansivo, dentro de su impulso de compartir bits de conciencia, el Proyecto Mayhem (cuyo sitio web ha desaparecido, pero que sigue generando algo de contenido en YouTube) se desdobló en uno de los hilos de discusión más memorables del Internet sincromístico en el foro de Anonymous Whatis-theplan.org. Este thread requiere para leerse de una membresía especial (antes era de libre acceso), quizás como una medida de seguridad, para poder planear nuevos movimientos y orquestar el jaque al rey. "El secreto es que no hay secreto", dice paradójicamente el código fuente, jugando como un niño con el agua de tao que se derrama entre las manos y también "Haz lo que quieras, este mundo es ficción y está hecho de contradicción", citando a Blake. De cualquier forma este épico hilo —quizás uno de los más fascinantes de la historia de la (nueva) Red (de Indra)— en el que se intercambian memes de alquimia, ocultismo, tecnochamanismo y terrorismo poético, puede accederse vía caché (que vea quien tenga ojos para ver).

Por nuestra parte en Pijama Surf buscaremos transmitir los memes y lo bit-koans que comprenden este movimiento de activación de la conciencia a través de la información. Proyecto Mayhem 2012 ha dejado cientos de temas fascinantes flotando en el cifraespacio, mismos que estaremos posteando en fractales, suscribiendo  la teoría esbozada por Robert Anton Wilson (director anon ex cáthedra de la Operación Mindfuck), por los creadores de Disinfo.com y ahora por miembros del Proyecto Mayhem: que nosotros (todos: allisone) somos juntos los verdaderos Iluminati, en un proceso de alquimia planetaria en construcción. La información quiere ser libre; la información es luz. La información te hará libre, la información te iluminará(s). Hackasha.

La genialidad máxima del Proyecto Mayhem es que hackea —en un acto de semiosis sigilosa— el 21 de diciembre del 2012 y todo lo que rodea a esta fecha recargada de significados y manipulaciones y la transforma en una obra de alquimia onírica colectiva. Y es que quizás ese sea su verdadero significado, más que cualquier profecía o fenómeno cósmico externo, una posible alineación/alucinación de la intención humana para crear la realidad utilizando la magia del lenguaje. Una fecha programada para desprogramarse. Placebo cósmico, automágicamente pululando por la colmena fibonacci de abejas fractales-de-la-Reina. Y así, con LULZ, desnudemos en luz a la Diosa, y creemos el Apocalipsis.

Twitter del autor: @alepholo