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Reseña: 'El Infierno' (o la corrupción total de un país)

Arte

Por: pijamasurf - 09/23/2010

Más allá de la fachada del humor, la película "El Infierno" es una profunda crítica que muestra cómo todo lo que toca el narco lo corrompe y cómo la realidad mexicana se encuentra en peligro de convertirse en una caricatura.

Almidonada por una capa de comedia -porque sólo así es soportable-, la película “El Infierno” muestra como el narco corrompe todo lo que toca. En realidad esta película debería de ser tan deprimente y absimalmente conmovedora como una de esas películas del holocuasto, pero suavizada por el folclor de la mexicaneidad, por su estoicismo, por la caricatura tan entrañable e inevitable de la sociedad mexicana, la película es divertida, es una carcajada más que un plomazo en la cien. Como dice nuestro coloaborador Psicanzuelo en su blog, el director, Luis Estrada, sabe que sólo en el Caballo de Troya del humor se puede hablar de estos temas y criticar tan profunda y merecidamente a la sociedad mexicana, como la hace en "El Infierno". Sólo así se puede cuestionar en México las ligas del narco con el ex presidente Salinas de Gortari (y con la clase política de este país), con la Iglesia, con la CIA (cuando el Beni dice en inglés que parecen entrenados por esta agencia: los zetas entrenados en la escuela de las Américas que aparecen como el comando de ultraviolencia de la familia Reyes, en su patricarca: un mash-up en caricatura de todos los capos, narcopolíticos y sacerdotes corruptos de los últimos tiempos).

Sólo le falta a Estrada hacer una puntada más explícita, estilo Alex de la Iglesia, de narcosatanismo, que envuelve a la violencia ritual que vivimos.

El narco corrompe todo lo que toca como si tuviera en su droga, en sus armas y en su dinero un oscuro karma, una intrínseca descomposición. Un rey Midas moderno cuyo oro es la perdida absoluta de la ética (y de la estética, la cual se vuelve la caricatura del glamour). En la película nadie tiene ningún asomo de ética; los personajes pueden ser agradables, bastante simpáticos pero cada uno de ellos antepone sus intereses personales en algún momento a los de 'sus seres queridos' –o al menos negocía sus emociones a cambio de dinero. Todas las relaciones, también las afectivas, postula el narco-capitalismo, son negociables. Quizás más profundo que el problema del narco es el problema de la pobreza y en general del sistema económico que se vuelve una especie de religión secular donde el dios inclemente, como se insinúa en el billete de un dólar, es el dinero.

“El amor al dinero es la raíz de todo mal”, se dice en una epístola de San Pablo, aunque quisieramos evitar el toque religioso, viene a colación. La película plantea que el infierno se vuelve inescapable porque el narco todo lo penetra y porque no hay de otra en un país sumido en la pobreza. Pero más que la pobreza económica, es la corrupción, es el amor al dinero lo que degenera a la sociedad. Puesto que los acaudalados empresarios y políticos que no quieren que secuestren a sus hijas, que aman, no dejan de amar el dinero y de esta forma siguen explotando a los pobres y perpetuando una situación que genera las condiciones para que secuestren a su hijas. ¿Culpa? No se trata de señalar a los cainitas o a los faríseos (el culpable se pierde entre la muchedumbre de apatía, entre los espejos humanos y de humo). Es un problema moral (el narco no es un antihéroe nietzchiano que crea su propia ética y se impone, es víctima del sistema que lo enajena, que impone sus propias reglas corruptas). En México, ese virus de mexicaneidad, que nos hace graciosos y ocurrentes (aguantar la carrilla, aguantar la vara), también nos hace tolerar la corrupción, aguantar la miseria y aplazar toda decisión transcendental. En un desierto surrealista esperando a Godot, a los gringos, a la Virgen o un implausible caudillo que tome una rienda colectiva y limpie (con su riata de acero) el palacio nacional de la mafia acomodada y acabe con la pasividad de las calles y los campos. Puede sonar brutal equiparar a la iniciativa privada y a los grandes monopolios de México con sus cárteles, pero en el fondo la diferencia es el tipo de armas que se usan (unos no se ensucian las manos y otros despachan desde sus oficinas).

La película "El Infierno" contiene diálogos y personajes que si se analizan a detalle son endebles, y a veces inverosímiles, pero esto no es la cuestión, al contrario. Es una caricatura, una híperbole, una ensalada de clichés y estereotipos del mexicano y del narcotráfico (una crítica así en tiempos tan críticos justifica la exageración). Lo que pasa es que esta caricatura se está volviendo bizarramente real. Un país cuya cultura se está convirtiendo en una caricatura de su cultura milenaria. Es uno de los porvenires que se fraguan, ser reducidos al carnaval ya no solo surrealista involuntariamente, ahora subrrealista, en la abyección... la tragicomedia mexicana –distopia de la historia-: siempre vivir en Abajo.

Grigori Perelman, el genial matemático que renunció a premio de 1 millón de dólares

Arte

Por: pijamasurf - 09/23/2010

El diario El País publica una interesante nota de perfil sobre este enigmático genio ruso que dio una lección al mundo al rechazar 1 millón de dólares y no ceder al delirio psicótico de la sociedad en su persecución del dinero.

El genio tímido, casi autista, de Grigori Perelman es doblemente asombroso, lo es por su capacidad de penetrar el código con el cual está diseñado nuestro universo, y por mantener una postura moral casi inconcebible en un mundo inmerso en una persecución psicótica del dinero, demostrada en el encomiable gesto de rechazar un millón de dólares que se le habían otorgado por el Instituto Clay de Matemáticas. Perelman manifestó que rechazo este premio porque no le parece justo como procede la comunidad matemática. El País ha hecho un notable perfil explorando la psicología de este héroe posmoderno:

Es uno de los grandes cerebros del siglo XXI. Ha revolucionado las matemáticas, abierto nuevos campos de investigación, resuelto la conjetura de Poincaré, recibido y rechazado los más altos galardones mundiales, incluido uno de un millón de dólares. Pero Grigori Perelman prefiere vivir aislado y pobre en un destartalado apartamento de San Petersburgo. ¿Por qué? ¿Qué se esconde detrás de este ser taciturno y egocéntrico, de este antiguo niño prodigio educado en los más avanzados laboratorios de la inteligencia soviéticos? Esta es la historia de Grisha, el genio.

Cabello despeinado, barba hirsuta, uñas largas, mirada reconcentrada, a veces perdida, ropa vieja. Quien se tope con este personaje en la calle -cosa difícil, porque casi no sale ya de su apartamento, salvo a comprar alimentos a la tienda más cercana- seguramente lo tomará por un simple vagabundo, un bombzh. A nadie se le pasaría por la mente que ese hombre desaliñado es un genio, el mayor matemático de los últimos tiempos, que encaja en el paradigma del científico chiflado. La gente considera que efectivamente ha perdido la razón, pero no por su dudosa higiene y aspecto, sino, ante todo, por haber rechazado el millón de dólares de recompensa que le otorgó el Instituto Clay de Matemáticas (Massachusetts, EE UU) por haber resuelto la conjetura de Poincaré -uno de los siete problemas del milenio-, y se negó a recibirlo a pesar de vivir con su madre en precarias condiciones.

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