¿Sabías que esas líneas que inhalabas en los primeros años del siglo XXI, antes de entrar en un proceso de despertar tu conciencia, o de darte cuenta que los psicodélicos eran personal y planetariamente mucho más rentables, aún podrían estar ejerciendo una influencia directa sobre tu comportamiento cerebral?
Un estudio del departamento de salud español, país en donde los niveles de consumo de cocaína entre la población juvenil son más un tanto deprimentes, reveló que se han detectado efectos nocivos en el cerebro de personas que han tomado cocaína más de siete años atrás. Entre la gama de poco deseables efectos a mediano plazo se incluyen la depresión, la ansiedad, los brotes psicóticos, y la euforia descontextualizada.
Pero además del nefasto legado bioquímico de esta substancia, podríamos también mencionar, quizá en un plano menos fáctico u ortodoxo, el hecho de que el consumo de cocaína emite bajas frecuencias de resonancia, debilitando el campo electromagnético de las personas, de una forma proporcional al detraimiento de la conciencia individual, e incluso algunos entendidos afirman que propicia huecos en el aura los cuales son bastante complicados de re configurar.
Sin embargo, y tratando de desmarcarnos tajantemente de un discursos moralista frente a este kármico polvo blanco, también sabemos que en sintonía con la vacuidad que reina en este universo, la cocaína, como cualquier otra substancia, es esencialmente neutral, y que somos nosotros, nuestra conciencia e interacción con ella, la que hace de este estimulante un epicentro de suciedad metafísica: glamourosa frivolidad, interacción socioartificial, ego frenético, y lasagnas de confusión.
via El Confidencial