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Dulce miseria: los efectos tóxicos del Aspartame

Salud

Por: pijamasurf - 08/06/2010

El video Sweet Misery nos revela la naturaleza altamente tóxica de este endulzante artificial consumido masivamente alrededor del mundo

El Aspartame es una neurtotoxina consumida cotidianamente por millones de personas en cientos de productos. La autorización de su uso por parte de la industria alimenticia ha sido sujeta a múltiples debates y polémicas, ya que existen decenas de estudios que aparentemente confirman la alta toxicidad de este compuesto. Y a pesar de ello el Aspartame es un ingrediente muy popular entre las grandes productoras de golosinas y refrescos alrededor del mundo.

En 1996 se realizó una revisión de 165 estudios sobre las posibles repercusiones de este ingrediente químico para la salud humana. Del total de estudios analizados, 74 habían sido originalmente financiados por la industria alimenticia, y 91 eran trabajos independientes. Curiosamente el 100% de los primeros “confirmaron” que el Aspartame es un complejo seguro. En cambio el 92% de los independientes encontraron una alta toxicidad en el ingrediente y alertaron sobre los inminentes riesgos de mantener la autorización de su consumo.

En el video Sweet Misery, dedicado a denunciar las consecuencias del consumo de Aspartame para nuestra salud, el Dr. Russell Blaylock, autor del libro Excitotoxins: The Taste That Kills, afirma que esta substancia es “un veneno que afecta la síntesis de proteínas; afecta la operación de la sinópsis en el cerebro humano, y afecta el ADN así como numerosos órganos. Así que puede derivar en diversos síntomas que podrían parecer cono no conectados entre sí”.

¿Quién te posee? ¿Sabías que el 20% de tus genes están patentados?

Salud

Por: pijamasurf - 08/06/2010

En la era de las patentes, encabezada por Estados Unidos, existen miles que repercuten sobre el genoma humano y el documental Who Owns You? lo denuncia

En un dato que consagra el lado bizarro de nuestra actualidad, resulta que la libertad de tu genética no existe, al menos no para el gobierno de Estados Unidos, que ha permitido que sean patentados 40,000 rasgos genéticos incluidos en el genoma humano. Lo anterior equivale al 20% de nuestra constitución. Y lo peor es que aún existen tres millones de solicitudes similares todavía sin resolución.

Los genes son una especie de protocolos que definen nuestro programa genético y, por lo tanto, rigen nuestra fisiología y sus pautas conductuales frente a un entorno externo y frente a millones de estímulos. El cuerpo humano, según el conocimiento que se ha acuñado hasta ahora, cuenta con aproximadamente 25,000 genes, de ellos, aproximadamente sobre 5,000 ya pesa una patente. Otras 35,000 patentes genéticas imponen, ridículamente, propiedad sobre la constitución genómica de diversas plantas y animales, siendo uno de los casos más sonados el de Monsanto, corporación que no solo patenta especies de cultivo que han sido genéticamente modificadas en sus laboratorios, sino que también busca apropiarse de los derivados que de ellos resultan e incluso de lo que se alimenta de estos: cereales, aceites, cerdos, vacas.

¿Pero quiénes ejercen el acto de posesión sobre nuestra genéticas? ¿Quiénes son nuestros propietarios? En buena medida estas patentes han sido adquiridas por empresas de la siempre obscura Big Pharma. Sí, la industria farmacéutica adquiere estas patentes, a través de la inversión y el cabildeo de millones de dólares. Lo anterior les representa la monopolización de las investigación a profundidad de dichos genes, eliminando cualquier posibilidad de que grupos independientes se familiaricen con ellos y propongan tratamientos alternativos a los de las clásicas medicinas alópatas. De esta forma sus patentes genéticas se desdoblan en un control absoluto del mercado de la curación, ya que adquieren la exclusividad para investigar ciertas porciones de nuestra naturaleza genómica.

Actualmente está por concluir la producción del documental Who Owns You? (¿Quién te posee?), que denuncia el hecho de que Estados Unidos ha autorizado patentes sobre una buena porción de nuestro código genético. De seguir esta tendencia, pronto seremos propiedad fisiológica de las obscuras farmacéuticas. El documental, a su vez, está basado en el libro del mismo nombre del Dr. David Koepsell.

¿Será la era del copyright genético parte de nuestro futuro cercano?