- Publicación: 08/08/2010 12:25 pm
- Autor: pijamasurf
5 tips para tu primera orgía sexual
Daniel O'Brien de cracked.com nos comparte sus consejos básicos para que primerizos tengan una experiencia grata al debutar en una orgía sexual.

Daniel O’Brien, quien mantiene uno de los blogs más populares del famoso sitio de humor Cracked.com, nos comparte cinco consejos prácticos o reglas de etiqueta a considerar para nuestra primera experiencia orgiástica:

Comida
Aunque una orgía no es como una boda con platillos pretenciosos, ni una fiesta donde tienes que llevar algo como aportación, las botanas saladas cono los Cheez-its (canapés de queso) son ideales por su alto contenido en sal, lo cual permitirá restablecer todos los minerales que perderás entre el sudor y los múltiples fluidos expulsados. Gatorade y chocolates tipo m&m’s también son una buena opción (claro, de los m&m’s al s&m solo hay un paso).

Vestimenta
Lo mejor y lo peor de una orgía es que básicamente todos están desnudos. El problema es que la referencia de quién es quién se pierde, ya que no puedes hablar de esa chica del vestido azul o el tipo con el chaleco café. De hecho es muy probable que una linda niña, al ver tus testículos, los confunda con los de alguien con el que ya estuvo esa noche, lo cual implicará que pierdas tu turno con ella. Por eso, una movida estratégica pudiera ser la de portar algún distintivo, como un snorkel, un sombrero de copa o incluso un parche de pirata. De esta forma garantizarás que todas las mujeres sepan que eres especial entre el maremágnum de piel sudorosa.



Posiciones preliminares
Cuando la orgía ha comenzado no puedes simplemente echarte un clavado y participar si el resto de los asistentes ya está trabajando. Es como entrar a un partido de fútbol súbitamente sin que ni el entrenador ni el árbitro te lo hayan solicitado. Lo más correcto será esperar al momento preciso para ingresar en la cancha y mientras tanto podrías adoptar una de las siguientes posturas: el espía, el fan, el bufón, el ayudante o el hombre araña.

Mesero! Hay un pene en mi pene..
En algún punto de la noche seguramente sucederá que el mágico engranaje colectivo te colocará frente a otro hombre. Quizá sea una lástima pero es la realidad: estadísticamente hablando, siempre hay más hombres que mujeres en una orgía. En este caso lo que puedes hacer es aprovechar el momento para tener una interacción no-sexual y así descansar tu cuerpo. Si el silencio es muy incómodo pueden realizar alguna actividad como compartir la información más reciente sobre la cultura de las orgías, hablar sobre el último escándalo deportivo o, si el silencio en verdad es incómodo, pues simplemente evitar el contacto de miradas y esperar a que la ruleta siga su paso. Aunque también, para disfrutar íntegramente de esta experiencia multisensorial, puede ayudarte ser bisexual.

Enamorarte en una orgía
De acuerdo con Daniel O’Brien, el 41% de los matrimonios en Estados Unidos terminan en divorcio. Del 59% que permanecen, un 98% se conocieron dentro de una orgía. Los números no mienten: el verdadero amor también se encuentra en estos escenarios. ¿Y adivina qué? También te podría pasar a ti. Así que si acudes por primera vez a una orgía no descartes que la madre de tus hijos o tu príncipe azul podrían estar detrás de ese antifaz.
Para el post viene a colación la pregunta non plus ultra de Jean Baudrillard, misma que puedes musitar al oído de tu pareja sexual preferida: “¿Y tú qué vas a hacer después de la orgía?”
via cracked.com







he tenido la oportunidad de hacer varias orgias y trios es lo màs maravilloso que ha pasado en mi, incluso en una oportunidad conocì a un militar y su esposa y disfrute de un buen trio, en 4 paredes se puede hacer de todo, tengo años en esto y es muy morboso, incluso he llegado a penetrar a los chicos delante de las esposas y es tan normal que me invitan a repetir
Con Aníval otra vez… y cada vez mejor que la anterior
Hola amigos de todas partes del mundo que me habéis escrito felicitándome por los relatos que he escrito, por considerarlos muy excitantes y muy apasionados, y según sus propios comentarios, diferentes a los que habían leído antes, tal vez porque me esmero en detallar lo acontecido de la manera más profunda y empleando nuestro hermoso idioma de la manera más apropiada, utilizando para ello de todos los recursos que el castellano tiene, no cayendo en la monotonía de repetir siempre lo mismo y no por ello dejar de ser ardiente y excitante.
De verdad agradezco infinitamente todo lo que me dicen y ello me obliga a volver a contarles nuestras experiencias sexuales del tipo swinger, para que no pierdan la pista de la forma en que hemos llevado a la realidad nuestras más ardientes fantasías sexuales. Me animé a escribir de nuevo para relatarles la continuación de la aventura que vivimos mi esposa Blanca y yo, con un hombre que se introdujo en nuestras vidas de la manera más deliciosa, cuando buscábamos con quien compartir una experiencia en trío y tuvimos la suerte de encontrar alguien totalmente compatible con nuestra forma de ver el sexo.
Lo cierto es que luego de mucho esperar por volver a repetir una rica sesión de sexo entre los tres, por fin se llegó el día en que nos volvimos a encontrar y nos dispusimos a entregarnos a la pasión sexual por tantos días reprimida, ya que nuestro amigo vive bastante lejos de la ciudad donde residimos y además es una persona bastante ocupada. Nos encontramos con él en el mismo café de la vez anterior y de nuevo se tardó más de una hora en aparecer, por lo que mi esposa estaba furiosa y ya se quería ir para la casa. No obstante, esperamos otro poco y apareció, disculpándose por haberse retrasado y explicándonos los motivos, que no vienen al caso en este momento.
Mi esposa y yo nos disponíamos a subir al auto de Aníval. Como mucha gente nos había visto esperando juntos, decidimos sentarnos ella y yo en el puesto de atrás, para no despertar sospechas entre quienes nos observaban. Él se sentó al volante y se dispuso a arrancar su auto, para dirigirse hacia el sitio que nosotros le indicáramos. Yo lo fui guiando a través de la ciudad, buscando una carretera despoblada y con poco tráfico vehicular, para hacer realidad nuestra fantasía de empezar los preliminares de aquel morboso trío dentro del carro, puesto que ya varias veces, en medio de una buena sesión de sexo con mi esposa, ella me había dicho que una de sus fantasías más ardientes era imaginarse que Aníval, antes de llegar al motel, la empezara a acariciar y a meterle mano en el carro y hasta a follársela allí mismo; y pensar en esto la excitaba mucho, al igual que a mí, por lo que habíamos decidido llevarlo a cabo la próxima vez que estuviéramos con él, y allí estábamos, nerviosos y ansiosos por empezar de una vez por todas con aquella lujuriosa y prohibida unión sexual en trío y por llevar a la realidad lo que ya tantas veces nos habíamos imaginado.
Era un poco tarde y la verdad es que sentíamos un poco de hambre, y por el apuro, no pudimos cenar bien, entonces acordamos buscar algo para llevar al motel, por si nos daba agonía luego de tanta actividad sexual. Decidimos comprar un pollo a la Broaster y buscamos el sitio más adecuado. Al llegar al lugar, yo me bajé del auto a comprarlo y mi esposa se quedó sola con Aníval; él en el puesto del chofer y ella en la parte de atrás. Me atendieron bastante rápido y regresé como a los cinco minutos y cuando subí al vehículo, pude observar la primera escena erótica del día, que me hizo dar un cosquilleo en el estómago y que me excitó mucho, ya que en aquellos precisos momentos Aníval le estaba introduciendo un dedo en la cuquita de mi bella esposa, y ella parecía disfrutarlo mucho, puesto que tenía los ojos entrecerrados, con la boca entreabierta y movía las caderas, tratando de acomodarse mejor, colocando sus preciosas nalgas un poco más a la orilla del asiento y abriendo bastante las piernas para que él pudiera acceder con facilidad a su rica y jugosa rajita, y así lograr una penetración más profunda de los inquietos dedos de Aníval. Yo me senté a su lado y no resistí la tentación de besarla y acariciarla, mientras él seguía tocando y masajeando su ardiente cuquita y ahora le metía no uno sino dos dedos y ella comenzaba a gemir y a disfrutar con las caricias de nuestro común amigo. Los vehículos pasaban muy frecuentemente y era un riesgo exponernos a ser descubiertos, por lo que Aníval arrancó el auto y nos dirigimos a un lugar más privado, con menos luz, en donde pudiéramos seguir con lo que ya habíamos empezado y que nos tenía a mil, empezando por mi ardiente esposa, cuya expresión en el rostro denotaba la gran excitación que la embargaba, y todavía sentada en la misma posición de antes, a la espera de volver a sentir los dedos de su morboso amante consentido, explorando su delicioso agujero del placer.
Al fin llegamos a una carretera más solitaria, por la que pasaban menos automóviles y yo le pregunté a mi linda esposa si quería pasarse para el puesto de adelante (como si fuera a decir que no) y ella accedió inmediatamente y se sentó al lado de Aníval, quien de inmediato continuó acariciándola con ardor, mientras ella no aguantó más el deseo y se lanzó a su cuello con desesperación, besándolo con pasión y entrega total, para desquitarse de tantas ganas reprimidas durante el tiempo que había durado su ausencia. Yo los observaba atento, excitado y complaciendo secretos y e íntimos deseos de voyerista, disfrutando con la visión de mi esposa ansiosa por otro hombre, que en un momento seguro la estaría ensartando con su gruesa verga, complaciéndole todas sus ansias de güevo, hasta que quedara totalmente satisfecha.
Por fin se soltaron y él se apresuró por sacar su gran pene del pantalón, que estaba que reventaba por la presión de aquel voluminoso miembro y que saltó como impulsado por un resorte de su ropa interior, ya libre y dispuesto a gozar, con el glande repleto de líquidos preseminales y duro como una roca, y cabeceando por el paso de la sangre, ante el enérgico paso de ésta por los cuerpos cavernosos, debido a la fuerte excitación experimentada, seguramente pensando en la deliciosa cuquita que acababa de explorar con sus dedos y que pronto haría suya hasta el cansancio, cuando le introdujera hasta el fondo aquel poderoso instrumento que se encontraba totalmente preparado para el acto sexual. Ante la vista de aquella verga tan gruesa y grande, mi esposa no pudo contener una exclamación de asombro, diciendo: ¡Oh, qué delicia, cuán grande es, y la veo como más gruesa… ummmm! y dicho esto se abalanzó sobre él, engullendo toda la cabeza de su pene en la boca, absorbiendo sus jugos y bebiéndolos con gusto, con una pasión desenfrenada y luego pasándole la lengua por todo el tronco y volviéndoselo a meter a la boca, mientras que con la mano lo masturbaba suavemente y con una sensualidad femenina indescriptible.
Pude ver en su cara que quería, que deseaba más que eso, y nerviosa y acelerada, temblando del deseo tanto tiempo reprimido, de pronto soltó su pene y se preparó para sentarse encima de la gran polla de Aníval, quien le ayudó a pasar ambas piernas a sus costados, le alzó la falda y le corrió hacia un lado su tanguita, dejándole el paso libre a su grueso instrumento y descubriendo su chochito, que destilaba gotas de lubricación, puesto que en aquel momento mi ardiente mujercita estaba como un volcán en erupción, totalmente mojada y dispuesta a que él la penetrara, que la llenara al máximo, como tanto lo había deseado desde la última vez que habíamos estado los tres juntos.
En fracciones de segundo ya estaba acomodada para ensartarse su pene en la vagina y entonces Blanquita fue descendiendo sus caderas lentamente y con ardor para colocar su cuca justo al frente del objeto de su deseo, y debo decir que en el momento preciso en que lo sintió desplazando sus labios vaginales para introducirse en su ardiente sexo y acariciarle las paredes internas de éste con una presión inusitada y poco experimentada por ella, la cara que puso mi esposa no se me olvidará jamás (cada vez que estoy haciendo el amor con ella, cierro los ojos, recuerdo su expresión en ese momento y me excito muchísimo y me viene más fácilmente el orgasmo) porque se le notaba que estaba sintiendo un placer descomunal, su rostro se contraía gesticulando de gusto, entrecerraba los ojos y suspiraba y gemía fuertemente, diciendo: ¡Ouhhhhhgggg, queeeeeé deliciaaaaa….! ¡Cuánto lo había deseadoooooo… aaaahhhh, me encanta, Aníval, qué grueeeeeeso está y cóoooomo me lleeeeeena de ricoooooooo! y diciendo esto lo agarró por el cuello y comenzó a besarlo de nuevo con pasión desaforada, con ímpetu sobrehumano, mientras él le acariciaba las nalgas y se las apretujaba con sus manos y la hacía subir y bajar sobre su polla dura, grande y gruesa, metida hasta el fondo de su sexo y ella también a su vez colaboraba con la penetración, moviendo las caderas en círculos y subiendo y bajando, acompasadamente, sobre aquella verga que tanto le gustaba y le complacía superlativamente.
El tenía sus manos metidas por debajo de la falda de ella y así tomada la movía como a una muñeca sobre su pene y ella se le veía gozando y disfrutando como loca, moviendo su cabeza hacia los lados, se quitaba el pelo de los ojos y volvía de nuevo a atrapar la boca de su amante con los labios y a introducir su lengua dentro de la de él, absorbiendo su saliva con afán y desplazando su inquieta lengua por todo el interior de su boca, al igual que él también lo hacía, explorando aquella cavidad bucal que tanto le había gustado desde el primer momento en que la conociera, pero que por respeto no se atreviera a tocar hasta que yo le di mi aprobación y de ahí en adelante cada vez que tenia oportunidad se jamoneaba como le daba la gana con ella, para disfrute de los dos. Yo no podía apartar los ojos de la escena, y aunque no podía tener una visión directa de sus sexos unidos, podía imaginar como sería el entrar y salir de la gruesa verga de Aníval del hirviente chochito de mi esposa, lo que me tenía excitadísimo y anhelante por yo también sentir las delicias de penetrar a mi rica y deliciosa mujer por esa cuca tan rica que tiene que ahora compartía con un gran amigo, para aumentar mi gusto y el de ella; deseaba también fuertemente cogerla por su apretado culo, mientras que Aníval la poseía por su adorable agujero, siempre dispuesto y hambriento de un buen güevo.
Aquello estaba muy rico pero el lugar también era peligroso e incómodo, por lo que acordamos irnos para el motel, apresuradamente, para allí dar rienda suelta a aquella pasión que nos quemaba por dentro. Ella se soltó de su pene, sin mucho ánimo, pues se veía que le estaba gustando demasiado y quería más y más y más; entonces se recostó a lo largo del asiento delantero del auto, con aquella expresión de gusto impresionante y libinidosa, deliciosa, que tanto me gusta a mí y entonces la tomé de la mano y la atraje hacia mí, para besarla con pasión, en aquellos labios que hacía poco habían sido besados por Aníbal, y comencé a meter mis dedos en su ardorosa cuca, repleta de fluidos sexuales de los dos, la cual estaba ansiosa por volver a sentir el placer de ser penetrada hasta el cansancio y aquello me excitaba tremendamente y me hacía desearla aún más, muchísimo más.
Luego de dar unas cuantas vueltas buscando una habitación disponible, llegamos a un lujoso hotel recién estrenado en la ciudad, que en verdad nos pareció maravilloso, cómodo, lujoso y hasta económico, para ser de tan buenas prestaciones. Yo me escondí en la cajuela del auto, para no despertar sospechas o ir a tener inconvenientes en la recepción, y mientras lo hacía, pude ver que mi esposa aprovechaba que yo no la veía, para abrazarse a Aníval otra vez y besarlo con una pasión muy grande, casi desconocida, como cuando éramos novios y hacía tiempo que no nos veíamos, moviendo su cabeza hacia un lado y hacia otro, con una energía casi impensable en ella, seguramente para demostrarle lo ansiosa que estaba y para hacer algo que mucho había deseado, que era besarlo con pasión cuando lo viera, puesto que eso me había dicho con gran confianza una de nuestras noches juntos. Yo desde donde me encontraba me quedé mirándola fijamente y ella volteó la mirada hacia mí y nuestros ojos se encontraron y en ese instante ella hizo un gesto de estupor y de asombro, como de alguien que se ve descubierto haciendo algo no adecuado, y vaya que se veía hermosa y divina, con su largo cabello alborotado, con las mejillas rosadas por la excitación, los ojos brillantes por la pasión y la lujuria; entonces, cómo no perdonarle aquellas cosas al ver su carita hermosa con aquel gesto de asombro con el que me dijo: ¡Papi! ¡Qué haces! y yo la miré y le dije suavemente: no me gusta que hagas esas cosas al escondido mío, todo lo que quieras hacer, hazlo pero frente a mí, para yo verte y disfrutar de la imagen que me brindas, tan excitante, ardiente y sensual, está bien? Ella asintió con la cabeza y yo volví de nuevo a mi escondite. Así pude escuchar como llegamos a la entrada, él pagó y nos dirigimos a la habitación asignada.
Allí salí de mi escondite y Aníval fue y cerró la puerta del garage y luego se acercó ante mi esposa y la abrazó apasionadamente, besándola de nuevo y pasando sus manos por detrás de su espalda, le agarró suavemente las pantaletas y se las quitó con ternura y dedicación, agachándose para terminar de sacárselas por las piernas, a lo que mi esposa, muy dispuesta y colaboradora, fue alzando los pies, uno por uno, para que él pudiera hacerlo fácilmente. Entonces Aníbal aprovechó que se encontraba ante aquella cuca que tanto le gustaba y tomó a mi esposa con delicadeza y la colocó en el asiento delantero de su auto y con muchas ansias le abrió las piernas y acercó su boca al ardiente y húmedo sexo de mi adorada Blanquita y con sus manos le empezó a acariciar los labios vaginales, desplazando sus dedos por toda la extensión de su rajita y poco a poco introduciéndolos uno a uno, mientras con su inquieta lengua masajeaba su clítoris y luego la metía en su cuquita hasta el fondo, haciendo que mi excitada y bella mujercita se retorciera de gusto y gimiera con pasión y lujuria, complacida sintiendo aquellas ricas caricias que le hacía el amante que yo le había conseguido para que disfrutara todo lo que quisiera de su sexualidad y fuera la mujer más dichosa del planeta, con dos machos a su disposición, dispuestos a complacerla en todos sus más mínimos requerimientos sexuales y pudiera satisfacer todas sus más íntimas fantasías. Luego Aníval se irguió ante mi esposa y le enseñó de nuevo su herramienta parada al máximo y goteando líquidos lubricantes, la cual se veía muy provocativa y yo sabía que Blanquita no se resistiría ante la visión del objeto de su deseo y entonces ella entendió el mensaje con facilidad y se paró a devorar, prácticamente, aquel macizo pene que se le ofrecía a sus ojos.
Luego de saborearlo un rato con su boca y de engullirlo y apretujarlo con sus labios, mientras yo le acariciaba sus senos, sus manos, sus caderas, Aníval la volvió a recostar, suavemente sobre el asiento delantero del auto. Allí ella quedó boca arriba y abrió las piernas ansiosa, complaciente, con la mirada clavada en aquella verga que tanto deseaba que la penetrara y con un brillo en la mirada casi desconcertante, de fiera salvaje en celo, desesperada por volver a sentir en su interior la enorme y voluminosa carne de aquel macho en lo más profundo de sus intimidades, en el paroxismo del deseo; mientras tanto, Aníval se bajaba los pantalones a mitad de las rodillas, al igual que sus acostumbrados boxer negros, y se abalanzaba sobre ella, dirigiendo su grueso pene a la entrada de la rica cuca de mi mujer, que esperaba anhelante su entrada triunfal y que en el momento que lo sintió adentro apretó los labios e hizo la cabeza hacia un lado, gimiendo y quejándose y diciendo: ¡Ahhhhhh, qué güevo más rico, cómo me llenaaaaaaa, ummmmmmm, cómo me hace gozaaaaaaar! Mientras yo había tomado mi cámara digital y hacía unas buenas tomas del momento, para no olvidar nunca aquellos instantes de pasión arrebatada y luego excitarnos los dos viéndolas y recordando e incrementando nuestro deseo mutuo durante las futuras noches de amor y placer que nos esperaban juntos, cuando Aníval tuviera que regresar a su lugar de procedencia.
Así estuvieron un rato los dos, abrazados, besándose con ardor y pasión y él penetrándola enérgicamente, moviendo sus caderas con un ritmo salvaje, frenético, mientras yo no perdía detalle de lo que acontecía, podía ver el trasero de Aníval a medio cubrir por su ropa interior y sus pantalones a medio bajar, y a los lados los pies de mi bella y ardiente mujercita, con uno de ellos apoyado en las nalgas de él y otro al costado izquierdo de su pierna, abrazándolo con ellas y atrayéndolo aún más hacia sí, con la esperanza de que le entrara aún más, detenido el avance sólo por los testículos de él, que se convertían en una barrera para seguir adelante, hasta lo más profundo de sus entrañas. Era lo único que podía observar de ella, sus pies, y veía como apretaba los dedos como para tensionar más los músculos de su vagina, con el objetivo de sentir y brindar más placer y acompañando sus movimientos a los de él, como toda una experta en el arte del amor, lo que siempre me había vuelto loco de ella y que ahora otro hombre disfrutaba a plenitud, con el consentimiento mío y con todo el gusto del mundo, para poder satisfacer mi morbosa curiosidad de ver a mi amada esposa disfrutando y gozando con otra verga dentro de ella, con otro hombre haciéndola suya y con un instrumento de un grosor considerable, como sabía yo muy bien que siempre había sido su deseo.
Entonces Aníval se levantó de encima de ella y ella a su vez se paró de la silla y fue él quien ahora se acostó y tomó a mi esposa de la cintura y la atrajo hacia sí, con el ánimo de que ella lo cabalgara ahora en aquella posición. Yo aproveché el momento para captar el instante preciso en que aquella gran verga de Aníval se disponía a entrar en la rica cuca de mi esposa, que chorreaba jugos vaginales y pude ver como aquella gruesa herramienta desplazaba hacia los lados los labios de la cuca de mi querida mujercita y se perdía poco a poco dentro de sus tibias y húmedas intimidades, viendo como el culo de ella se abría para darle paso a aquel güevo que tanto disfrutaba y como las caderas y las bolas de Aníval se despegaban del asiento del carro y quedaban prácticamente en el aire, buscando un lugar en donde entrar para saciar todos sus deseos de macho ardiente.
Entonces ella empezó a subir y a bajar, y él a bombearle con furia y deseo desbocado, rítmicamente, con desespero, con ardor, con pasión, los dos demostraban el inmenso deseo que los albergaba. Yo solté la cámara y decidí incorporarme a la acción, puesto que ya no aguantaba más la excitación que me consumía y además mi pene estaba que reventaba de lo duro que lo sentía, y hasta me dolía del deseo acumulado.
Me acomodé a la entrada de su rico culito, arrugadito y bello, rosadito y estrecho, mientras que más abajo la verga de Aníval entraba y salía, produciendo unos deliciosos ruidos característicos y todo embadurnado de jugos lubricantes, que lo hacían ver cubierto de un líquido blancuzco, producto de las emanaciones íntimas de mi adorada Blanquita. Entonces me agaché a darle lengua a su rico ano, que yo sentía que me llamaba, que me pedía a gritos que lo penetrara, y yo no estaba dispuesto a ignorar aquel llamado tácito, silencioso, pero que con aquel movimiento de caderas se podía deducir fácilmente.
Luego de lubricarlo apropiadamente con mi saliva y con los mismos jugos que de sus sexos se desprendían, ya que sin ningún reparo tomé aquella rica crema que se recogía en el pene de Aníval y con ella unté su rico ano, no sin antes saborearla con mi boca, llevándome los dedos a los labios y exhalando un suspiro de gusto al sentir aquel delicioso aroma de sus líquidos, aquella deliciosa textura que tanto me fascinaba, tan suave y deliciosa y pasándome la lengua por los labios, en señal de gusto, procedí a meterle mis dedos así untados por su hermoso ano, para prepararlo poco a poco para sentir mi pene y cuando pude ver que estaba dispuesta totalmente, coloqué mi verga a la entrada de aquella maravillosa cavidad y empecé a empujar. Ella en ese momento se quejó y me dijo: ¡Aaayyy, papi, duele un poco, hazme suavecito, pero sí, lo quiero adentro, quiero sentirlos a los dooooos! Yo no me hice de rogar y seguí empujando, con suavidad, hasta que sentí que mis bolas rozaban con sus nalgas y con el pene de Aníval, un poco más abajo. Cómo poder describir aquel momento tan sublime, tan ardiente, tan delicioso.
Qué placer tan extremadamente fuerte el que sentí! sólo por repetir aquel instante lo volvería a hacer todas las veces que fueran necesarias! Ummmm, de sólo recordarlo se me moja la punta del pene, es que se sentía muy pero muy rico, delicioso. Así estuvimos un buen rato, yo bombeando mi pene, mientras que él hacía lo mismo y ella quejándose y gimiendo, excitándonos aún más a él y a mí, al escuchar sus quejidos de gusto, por el placer que seguramente le estaban brindando sus dos machos, nosotros dos para ella solita. Excitada y ansiosa, mi ardiente esposa colaboraba con sus movimientos para que nuestros penes le entraran más fácilmente y para sentir al máximo la fricción de éstos en el interior de sus ricos y hambrientos agujeros, por lo que nos cabalgaba prácticamente a los dos, y ya casi sentíamos que nos sacaba la leche con aquellos movimientos tan divinos, y entonces decidimos de común acuerdo no apresurar las cosas y detenernos en ese momento, para continuar dentro de la habitación del motel, puesto que recuerden que estábamos dentro del carro y nos movíamos un poco incómodos, dado el estrecho espacio del lugar. Entonces nos separamos, yo tomé a mi esposa de la mano, la ayudé a levantarse de encima de él, la abracé y le di un apasionado beso, para demostrarle lo mucho que me gustaba y agradecerle el enorme gusto que me daba verla así, gozando con delirio, a sabiendas de que ella lo disfrutaba igual o más que yo, y qué decir del gusto que se estaba dando nuestro amigo Aníval con una hembra tan complaciente, hermosa, esbelta y ardiente como mi querida esposa Blanca.
Entonces entramos en la habitación, nos aseamos un poco y nos dirigimos los tres a la cama y antes de llegar allí Aníval y mi esposa se abrazaron y se dieron otro apasionado beso, mientras se acariciaban por todos lados, sus manos explorando sus cuerpos, él tomándola de las nalgas con fuerza, atrayéndola hacia sí y restregando su verga en el vientre de mi ardiente mujercita, quien lo tomaba con su mano y lo masturbaba con ahínco, deseándolo tanto que de inmediato se arrodilló a sus pies para acariciarlo con su boca con desespero y pasión, restregándolo en sus labios con suavidad, tomándolo con sus lindas manitas, de largas y bien cuidadas uñas, abrazando el tronco y desplazando la piel hacia arriba y abajo, mientras con la boca chupaba el glande con ansiedad y la abría al máximo para lograr que entrara siquiera una parte de aquel grueso miembro. Mientras yo le acariciaba su cuquita con mis dedos, y le apretujaba las nalgas, tirado al lado de ella, en el piso, brindándonos caricias los tres al unísono.
Entonces nos paramos de pie, ella soltó el pene de Aníval y nos besamos los dos, con ansias, con una pasión desbordada, excitados por el momento tan especial que vivíamos. Aníval se nos acercó y los tres nos abrazamos y, mientras ella y yo nos besábamos, él acercó su boca a las nuestras unidas e intentaba también participar, entonces Blanquita soltaba un momento mi boca y tomaba la de él, y luego lo soltaba y tomaba la mía, así nos dimos un delicioso beso entre los tres, que nos hizo aumentar más el deseo y entonces yo la tomé de los hombros y suavemente la deposité en la cama y ella se extendió a lo largo de ésta, abriendo las piernas en señal de excitación, como llamándonos a los dos para que la penetráramos hasta el cansancio, lo cual estábamos ansiosos por hacer los dos. Aníval quiso acomodarse dentro de sus piernas, con el fin de poseerla, puesto que ya no aguantaba más el deseo de estar dentro de ella, aún más excitado ante la espectacular visión de la cuquita de mi amorcito, hinchada de deseo y brillante de líquidos lubricantes, con el clítoris robustecido por la sangre que se agolpaba en él, pidiéndonos a gritos más caricias y que por fin la penetráramos.
Yo, ardiendo de deseos de probar su cuquita así tan mojada como estaba, babosita e hirviendo, le hice un gesto a Aníval de que esperara un momento y lo empujé suavemente hacia un lado y me acomodé yo a la entrada del coñito de mi amada esposa y coloqué mi duro pene sobre sus labios y los froté un momento por todos lados, haciendo que ella gimiera y me pidiera agritos que la ensartara de una buena vez, entonces empujé y se lo metí hasta el fondo de una sola vez, sintiendo un placer infinito al ser acariciado mi güevo por las ricas paredes vaginales de mi mujercita y entonces empecé a bombearla duro, con pasión, enérgicamente, embistiéndola tan fuerte que ella se bamboleaba hacia delante y hacia atrás y entrecerraba los párpados y abría su boca con ardor, con deseo, y gemía y gozaba como una posesa, y no resistí tampoco de nuevo el impulso de besarla con pasión y ella igual me correspondía con delirio, mordiéndome los labios suavemente e introduciendo su lengua en mi boca, al igual que yo lo hacía en la suya y así estuvimos dándonos placer mutuamente un buen rato, mientras Aníval nos observaba atentamente, masturbándose lentamente y con deseo, esperando su turno con paciencia.
Ardiendo de gusto por el espectáculo que le brindábamos, Aníval de repente se agachó por detrás de nosotros e intentó llegar a la unión de nuestros sexos, para tratar de devorarlos con su boca, pero no lograba llegar allí, entonces dirigió su lengua a mi culito, que se movía con rapidez, mientras me cogía con ardor a mi esposa y la introdujo en todo mi ano y se dispuso a lamerlo con ganas, cosa que en verdad nunca me habían hecho y que estaba disfrutando muchísimo, sintiendo un doble placer, por delante penetrando a mi Blanquita y por detrás la lengua de él acariciándome de una manera deliciosa. Entonces le pregunté a mi esposa que si no le provocaba cambiar y sentir el pene de Aníval en su ardiente cuca (yo no me canso de hacer preguntas estúpidas) a lo que ella con pasión me dijo: – sííiiiii, quiero sentirlo también a él, papito lindo, lo deseo! Sí mi amor, ahora vas a gozarlo, le dije y me levanté de allí, saqué mi miembro lleno de sus líquidos y Aníval se dispuso a reemplazarme, abriendo sus piernas y colocando su tolete a las puertas de la rica cuquita de Blanca, donde hacía poco había estado yo y pletórica de nuestros jugos, que ayudarían a que entrara la gruesa verga de nuestro común amigo.
No más sentir que era penetrada por él, mi esposa dio un gemido de gusto y le dijo: aahah, qué rico, Aníval, también me gusta mucho tu verga tan grande y gruesa, los dos me hacen gozar tanto, ouchhh… y empieza él a bombearla con pasión, diciendo: qué cuquita más rica, mi amor, divina, qué gusto se debe dar Nelson contigo todos los días, qué afortunado es! Tienes toda la razón, le respondí yo, y ya ves, yo como buen amigo, no lo pienso para compartirla contigo, para que entre los dos la hagamos sentir la mujer más feliz del planeta! Ahhhh, sí, qué rico, dijo ella y cerraba sus ojitos con gusto, por el placer que sentía siendo follada por su nuevo amante, con permiso de su esposo, mientras yo observaba con excitación el cuadro que me ofrecía sus cuerpos desnudos frotándose con salvaje pasión en busca del clímax sexual.
Entonces yo, para retribuirle a Aníval lo que había hecho hacía poco conmigo, para que experimentara lo mismo que yo había sentido, me dispuse también a pasar mi lengua por su ano, lo que hacía por primera vez en mi vida a un hombre, pero que, dada la pasión del momento, no me importaba en lo absoluto y sólo quería que gozáramos a plenitud. Así estuvimos largo rato, yo dándole lengua al culito de Aníval y él dándole verga a mi esposa, que gozaba como una loca sintiendo en su interior las embestidas de aquel hombre que tanto le gustaba y que había esperado con tantas ansias.
Decidimos cambiar de posición y entonces Aníval se acostó boca arriba sobre la cama y mi esposa se sentó sobre su verga enhiesta al máximo, gruesa y desafiante, la cual se desplazó con facilidad dentro de su rico chochito, debido a la cantidad de líquidos lubricantes de los tres que ahora se encontraban depositados allí. La vista que tenía yo en ese momento no podía ser mejor: el rico culo de mi esposa, abierto y apuntando al cielo, cabalgando sobre nuestro amigo y aquel grueso pene entrando y saliendo de la rica cuquita de mi esposa, me tenían súper excitado, y más tomando en cuenta que no había terminado aún y me había quedado empezado.
Me dispuse a chuparle su rico culito y empecé a darle lengua con pasión, con gusto, metiendo mi lengua en su ano, mordiéndole las nalgas, apretándolas con mis manos y gozándomelas con gusto, disfrutando de ver cómo gozaba saltando sobre aquel pene que tanto le gustaba y entonces se me ocurrió probar si también mi pene podría entrar en aquella cuca tan rica, que seguro estaba dilatada al máximo, debido a la excitación del momento tan sensual que vivíamos y me dispuse a probarla así, que seguro se sentiría más estrechita y ella gozaría aún más, con dos penes en su interior poniéndola a gozar como nunca.
Entonces coloqué mi pene, duro y parado como nunca, al lado del pene de Aníval, y al lado de la cuqita de mi esposa y empecé a empujar, sintiendo que se abría con dificultad, más que nunca en la vida, pero que poco a poco iba entrando, mientras ella gemía y decía: ooooh, qué haces, papi, qué rico, me duele un poco pero se siente divino, uffff, así, mételo todo! Al escucharla me animé y seguí empujando, hasta que estuve del todo adentro y pude sentir su cuquita estrechita, como jamás la había sentido, y también sentía el pene de Aníval por el otro lado de mi pene, es decir, por arriba estaba la piel de la cuca de mi esposa y por debajo la piel del pene de aquel hombre que habíamos escogido para compartir estos deliciosos momentos y con quien tanto estábamos disfrutando en aquellos precisos instantes; entonces Aníval y yo nos pusimos de acuerdo y empezamos a bombearla con ritmo, con pasión, con ganas, y ella a gemir y a gritar de gusto, y los tres gemíamos con pasión, excitados por lo que hacíamos, experimentando algo que jamás habíamos practicado, pero que resultaba la cúspide del disfrute sexual, que complacía todas nuestras fantasías a plenitud… Continuará
De nuevo se desata la pasión
Casi un año hace que mi esposa y yo participamos en nuestro primer trío HMH, el cual fue sencillamente delicioso y ella gozó como nunca antes la había visto gozar, al igual que mi amigo Aníval y yo.
Desde entonces nuestra vida se hizo prácticamente «normal» y no participamos en ninguna otra clase de relaciones de este tipo, siempre con la esperanza de volver a estar de nuevo con Aníval, la persona con quien experimentamos nuestra primera vez y con quien hicimos una gran confianza, aunque por supuesto que en la cama seguíamos igual o más apasionados, y en nuestras fantasías siempre estaba él presente, ella imaginaba que era él quien la cogía con su gruesa polla y yo me imaginaba que los veía cogiendo y besándose y me excitaba muchísimo, al igual que ella; pero la verdad es que queríamos hacerlo de nuevo en la realidad y los dos nos moríamos de ganas de que volviera Aníval para gozar de lo lindo del sexo en trío, pero sólo con él. El hecho es que múltiples ocupaciones le impedían volver a visitarnos y varias veces había quedado de venir, con lo que mi esposa se ilusionaba y contaba los días para volver a comerse la gran verga de Aníval, pero siempre surgía un inconveniente de última hora y se volvía a aplazar su regreso.
Pero después de tantas vicisitudes y esperas, al fin se llegó el gran día, ¡por fin iba a volver! Mi esposa Blanquita no lo podía creer, de solo pensar en lo que le esperaba se le humedecía toda la cuquita y yo le decía que si se imaginaba lo que íbamos a hacer, que se imaginara que de nuevo le hacíamos una doble penetración y agarraba una calentura de las que a mí tanto me gustan, que se le pone esa cuca toda babosita, sedosita, se le engordan los labios vaginales y cuando la penetro me acaricia de una manera deliciosa y se siente un calor húmedo definitivamente exquisito, que me hace tener unos orgasmos muy fuertes y ricos, e igual, mientras yo me la cojo bien duro, ella por lo general termina dos o tres veces seguidas, cuando nos excitamos imaginando lo que nos espera en el momento que de nuevo estemos con él. Lo cierto es que esta vez era cierto, él volvía. El día acordado nos llamó y lo confirmó, ya estaba en la ciudad y a las 8:00 de la noche nos pasaría recogiendo en su carro.
Ella se encontraba feliz y dichosa y radiante, se acicaló con una dedicación asombrosa, y el resultado fue magnífico: quedó realmente preciosa, con una minifalda a mitad de los muslos, con la cual se veía muy sexy y provocativa, una blusita con una manga destapada y la espalda también a medio descubrir, que le daba un toque de misterio, además era cortica y le dejaba ver su precioso ombliguito, de verdad estaba muy linda, además con unas sandalias altas, de las que tienen tiritas para amarrarse en los tobillos, y unas tanguitas diminutas y además no llevaba sostén. Parecía una chamita (jovencita) aún con sus 33 años encima, de verdad que no los aparentaba para nada. Como la noche estaba un poco fría, llevaba puesta una chaqueta negra, de pana que le daba un toque de elegancia, majestuoso.
En fin, estaba seguro que Aníval iba a estar encantado de cogerse semejante caramelito de mujer y si a eso le agregamos lo caliente, dispuesta y complaciente que es, cualquier hombre quedaría encantado con mi preciosa mujer, que por algo llevamos 15 años juntos y cada día la quiero y la adoro más y soy muy feliz al lado de ella; por eso me gusta complacerla en todos sus deseos y sus caprichos y este era uno de ellas, el poder disfrutar de dos vergas para ella solita, el placer de ser poseída por otro hombre frente a su marido, cuatro manos dispuestas a acariciarla y a hacerla la mujer más dichosa del planeta. Sus fantasías de nuevo serían cumplidas, la larga espera había terminado.
Como siempre, Aníval no llegó puntual, pasaron las ocho, nueve, y las diez y no llegaba, ya ella se estaba impacientando, hasta que nos llamó explicando su retraso y que en 15 minutos llegaba y así fue. Cuando salimos del apartamento la miré y llevaba una cara de gusto y de excitación que, como dice la frase publicitaria de las tarjetas, «hay cosas que el dinero no puede comprar» y esa era una de ellas, esa mirada de placer y de gusto, de satisfacción, como cuando uno le regala a un niño el juguete que tanto ha anhelado. En fin, el corazón también me saltaba de excitación y me daba un hormigueo en el estómago, sabiendo lo que venía, salimos a la calle y allí estaba él.
Como era muy tarde y no había posibilidad que nos vieran los vecinos, tuve la gentileza de subirla a ella en la parte delantera del auto, junto a él, para que pudieran saludarse como es debido y yo me subí en la parte de atrás, a disfrutar del espectáculo. Allí mismo él nos saludó, me dio cortésmente la mano y me la apretó con cariño y a mi esposa la besó en la boca, abrazándola con pasión, gesto totalmente correspondido por ella, que prácticamente se abalanzó sobre él y se lo quería comer con la boca, mientras él le decía lo mucho que la había extrañado, las ganas que tenía de cogérsela y todas las veces que se había masturbado pensando en ella, en nosotros.
Ella por su parte también le contó lo mucho que lo había pensado, como se imaginaba que él se la cogía con su grueso güevo y lo mucho que también había extrañado sus caricias, sus palabras y por supuesto, su herramienta, siempre dura y dispuesta. Yo desde atrás los veía complacido y excitado, me encantaba verlos así, ansiosos, deseosos. Mientras iba manejando, ya en camino al motel que siempre íbamos, un paradisíaco motel de montaña, en los andes, precioso, muy bien decorado y el lugar perfecto para la pasión prohibida, Aníval pasaba sus manos por las piernas de mi esposa, y ella se estremecía y sutilmente abría más las piernas, en claro gesto de complacencia, para facilitarle la labor y lograr que sus dedos llegaran a su rica cuquita, que a estas alturas seguramente estaría encharcada y palpitante, a sabiendas de la cogida tan deliciosa que le esperaba.
Él poco a poco logró llevar sus dedos a su vagina, por debajo de la falda, protegida por la pequeña tanguita que llevaba puesta, de color negro, como a él le gusta, y por eso ella se la había puesto, para complacerlo en todos los detalles. Él hizo a un lado la tela que le estorbaba para llegar a su objetivo y suavemente empezó a acariciarle la pepita y a tomar entre sus dedos los pliegues de sus labios vaginales, suaves, preciosos que los tiene ella, y luego a poner la punta de sus dedos al frente de su ardiente agujero, mientras ella levantaba complacida las caderas, esperando que le introdujera, al menos por el momento, sus dedos en su hambriento sexo.
Por fin logró hacerlo y ella exclamó un ¡ahhh! de gusto que me estremeció de placer a mí también, imaginando el gusto que le estaba dando Aníval con sus caricias, ya que de verdad os digo que disfruto muchísimo cuando ella siente placer y esa es una de las razones por las cuales me encantan estas aventuras sexuales tan prohibidas por la sociedad, para verla gozando y gritando de placer y que mejor que un trío para ello. Así estuvo un rato Aníval acariciando su cuquita, sus piernas, sus senos, de repente se acercaba y le daba un beso, en algún semáforo que nos detuviéramos y ella lo miraba con lujuria y ansiedad, de que de una vez por todas llegáramos al motel, para dar rienda suelta a la pasión desbocada que los tres sentíamos en ese instante.
Ella por supuesto no se quedó quieta y respondió a las caricias de su amante visitante buscando con sus manos el objeto de todos sus sueños, el pene de Aníval que tanto gusto le había dado y que tanto había imaginado volverse a comer y por fin lo iba a tener para ella solita, entre sus piernas. Ansiosa por volverlo a ver, mi esposa se agachó en la silla en las piernas de nuestro amigo y buscó ansiosamente entre sus piernas la verga de él, bajándole la cremallera al pantalón y haciendo a un lado sus interiores, logró encontrar el pene anhelado, que se encontraba como una roca, grande, grueso, duro, imponente, y que saltó como impulsado por un resorte, mostrando en la cabeza un brillo delatador de lo excitado que se encontraba de imaginar la mujerzota que se iba a comer y que tanto placer le iba a brindar.
Al verlo mi mujercita se relamió los labios y se dispuso a besarlo, diciendo lo mucho que le gustaba, lo grande que estaba y cuanto había esperado por ese momento. Al instante ya tenía entre sus labios toda la verga de Aníval, con una pasión y una furia salvaje, parecía que se lo quisiera comer de verdad, aunque, claro, yo desde atrás, asomado por un lado del asiento de Aníval, no tenía un campo visual muy grande, pero sí podía ver la preciosa cabellera negra de mi adorada mujercita, clavada entre las piernas de su amante, prácticamente devorándole el güevo, mientras yo, su esposo, me complacía viéndola en esos ajetreos. Para mí era una imagen supremamente sensual, qué mamada le estaba dando, en plena vía pública, con los vehículos pasando al lado de nosotros, pero la oscuridad y los vidrios semi-ahumados de su auto nos protegían un poco, sin embargo, no nos importaba, si alguien nos veía, mejor, que se excitara también con el espectáculo y que pusiera a volar la imaginación con la escena.
Desde allí podía ver como su cabellera se movía con el vaivén de su boca arriba y abajo, como lo chupaba, como un caramelo y Aníval se deleitaba y exclamaba lo mucho que le complacía sentir esos tiernos labios en su polla, esa caliente boca en su portentoso aparato, que casi no le cabía en la boca, pues se veía el esfuerzo que debían hacer sus labios para albergar semejante cosa tan gruesa, y eso era precisamente lo que a ella más le gustaba, sentirse llena por completo, tanto su boca como pronto su cuca.
Ya cuando íbamos llegando, él le hizo un gesto a ella de que se detuviera, que lo iba a hacer acabar y quería era echarle toda su leche pero en el coño, hasta dejárselo repleto de semen y eso sería cuando por fin llegáramos al hotel. Ella entonces se levantó y me miró con cara de lascivia, de lujuria, de excitación y me dijo: ummm qué rico está, me muero de ganas de que me coja con ese bichote tan grueso y grande! y me guiñó el ojo con un gesto de complicidad y yo llegué y me le acerqué y la besé con pasión, en su boca húmeda por los jugos lubricantes de Aníval, que se confundían con nuestra saliva y sabía a puro sexo, era muy excitante, sentirla así.
Entonces yo me escondí en la maleta del carro, a la cual se podía llegar por el respaldo de las sillas traseras, ya que en estas ciudades tan mojigatas, no permiten a más de dos personas en un motel. Entonces me escondí y cerré la compuerta y los perdí de vista pero podía escuchar sus jadeos y gemidos, especialmente los de ella, que me excitaban, imaginando qué le estaría haciendo, cómo la estaría acariciando, mientras esperaban su turno en la fila de carros que también se disponían a entrar al motel, muy concurrido a aquellas horas de un fin de semana. Me tenían como loco de la excitación las exclamaciones de ella de gusto, pues ya sin el temor de tener que manejar y acariciarla y seguro que un poco más cómodo por no estar ante mi presencia, se dedicaron a acariciarse y besarse con delirio, con ardor, tratando de compensar un poco el tiempo tan largo en que estuvieron separados y a sabiendas que después que todo pasara de nuevo iban a separarse por otro amplio tiempo, entonces había que sacarle el máximo provecho a aquellos preciosos minutos en que estaban juntos.
Al fin entramos al motel y yo pude salir de mi escondite. Aníval me entregó las llaves de la habitación, para ir abriendo mientras él cerraba el garage y yo me adelanté y atrás venía mi adorada esposa Blanquita, tomada de mi mano y con una cara de vicio que me encantaba.
La miré y le pregunté que como se sentía y me dijo que estaba que explotaba de la excitación y que ansiaba que él se la cogiera y que luego los dos la penetráramos por sus dos agujeros, tal y como tanto lo habíamos soñado, me apretó con ternura la mano y mirándome a los ojos simplemente me dijo: gracias, papi, me haces muy feliz y te quiero mucho, mucho, mucho, a lo que yo le respondí que igualmente la amaba muchísimo y que quería verla gozando como nunca, como una perra en celo, que se sintiera como toda una puta, como una hembra con ganas de macho, que se desinhibiera por completo y que no le diera pena conmigo, que además quería que cada vez que fuera a tener un orgasmo que lo gritara bien duro, que se quejara todo lo que quisiera y con ganas, con pasión, para gozar también escuchándola y disfrutar con su placer ya que eso me vuelve loco y de verdad que me encanta oírla quejarse mientras me la estoy cogiendo o en este caso, mientras se la coge Aníval. Nos ubicamos en la habitación descargamos nuestras pertenencias y yo me ubiqué en una silla al lado de la cama, mientras que Aníval llegó y abrazó a Blanquita con pasión y de nuevo empezó a besarla y a darle lengua con unas ganas terribles, que demostraban lo mucho que también él había ansiado ese momento, mientras mi esposa le correspondía con igual o mayor pasión y mientras yo los veía todo excitado, con el pene a punto de reventar de lo duro que estaba.
Entonces él la fue desnudando poco a poco, bajándole su falda mientras le besaba los senos y ella alzaba un pie y luego el otro, para ayudarle en su tarea, mientras le acariciaba la espalda, los brazos o cerraba los ojos para disfrutar de sus caricias. Entonces ella se agachó as sus pies y dirigió de nuevo su atención a su güevo, dispuesta a seguirlo mamando, ya con mejor luz para poder verlo mejor. Yo preparé la cámara fotográfica y me dediqué a buscar los mejores ángulos para captar aquellas excitantes escenas, entre mi esposa y su amante, con quien me era infiel, pero con mi consentimiento y de verdad que yo también lo estaba disfrutando. Así empezó ella a mamárselo con ganas, se lo metía en la boca, le pasaba la lengua por la cabeza de su pene, por el tronco, le acariciaba las bolas con la lengua mientras con la mano lo masturbaba lentamente, hasta que Aníval no aguantó más y la tomó de la cintura, la alzó, la besó con pasión y la atrajo hacia sí con gran ímpetu, mientras preparaba su colosal herramienta y se la colocaba entre las piernas cerradas de mi muñequita rica (creo que mejor debo decir «nuestra» muñequita, porque debo confesar que varias veces se lo he dicho, la tienes a tú disposición, para que hagas con ella lo que quieras, es toda tuya y por mí no te preocupes, has de cuenta como si yo no estuviera) y ella con desesperación de sentir su cosota adentro, también colaboraba pero claro, así parados no es fácil lograr una penetración, entonces él le alzó un poco una pierna y logró que su verga quedara al frente de los labiecitos vaginales de mi amor, brillantes por sus jugos de excitación y entonces él la agarró de las nalgas, las cuales apretaba con morbo y pasión, y la empujó sobre su polla, doblando un poco sus piernas y alzándola en vilo logró penetrarla así, parados y cuando ella tuvo la verga de él en su interior, pegó un grito de placer que me estremeción y puso una cara de satisfacción, como para el recuerdo y él empezó a decir, ¡ahh que cuca tan rica, como deseaba tenerla así y darle güevo hasta cansarme, qué delicia! y ella decía: ¡sí papi, así, ensártame con tu güevo tan rico, que me llenas toda y me haces muy dichosa, qué gusto ummmmmm! Mientras yo los observaba desde la silla, me desvestí yo también y quedé con mi pene al aire, totalmente enhiesto, sin habérmelo tocado siquiera, no quería adelantar nada, el placer había que regularlo y teníamos toda la noche por delante, sin embargo sin masturbarme, el pene lo tenía en total erección, palpitante y cabeceando de gusto y excitación, esperando con paciencia mi turno y tomando algunas fotos de las escenas que más eróticas me parecían.
Aníval mientras seguía clavándo su voluminoso aparato en la cuca de mi mujer y desde donde yo los observaba podía apreciar claramente como sus labios vaginales se dilataban al máximo, para poder albergar una verga del tamaño de la de Aníval, no sé muy bien de calcular medidas pero fácilmente le pongo unos 22 ó 24 cm y realmente muy grueso, casi como una lata de refresco, se veía deliciosa su cuca repleta de güevo, como a ella le gustaba y ella quejándose y gimiendo de gusto, qué escena, realmente por ver esas imágenes ya podía decir que «eso pagaba la entrada», haciendo alusión a un espectáculo teatral, pero la diferencia es que yo estaba en palco preferencial y estaba presenciando un estreno único e irrepetible: mi mujer poniéndome los cuernos en mi propias narices, con mi total complacencia y con un hombre con una herramienta mucho más grande que la mía, que es de tamaño medio, unos 16 cm y un poco delgada, nada que ver con ese güevo tan grueso de Aníval y precisamente eso era lo que quería, verla gozar con otro hombre, que le llenara la cuca bastante y que la pusiera a sentir placer ante mis ojos, que ella cuando goza es todo un espectáculo sexual de primera y estaba satisfaciendo mis fantasías y las de ella y Aníval gozaba sabiendo que se cogía a la mujer de otro, delante de su propio esposo y que la ponía a gozar como nunca y por supuesto que lo excitaba muchísimo la situación. Así esuvo un rato cogiéndosela, sostenida en los aires los dos frente a frente, pero por supuesto que nadie aguanta mucho rato así, sosteniendo a la mujer, así sea delgada como mi muñeca, que pesa como 48 k y mide 1,65 cm, y sus medidas son aproximadamente 88 de busto, 62 de cintura y 91 de cadera, de verdad que está muy buena, me parece que tiene una figura esbelta y preciosa y en la calle la molestan mucho cuando pasa, lo cual me hace sentir muy orgulloso. Entonces Aníval, con ella montada encima de él, totalmente unidos por sus sexos y sus bocas, abrazados, ella en una actitud de total entrega, penetrada en su vagina hasta lo más profundo y él como todo un macho cabrío, poseyendo a la hembra con furia y desesperación.
Entonces se dirigió a la cama, la depositó allí suavemente y siguió dándole güevo con pasión y ella alzó sus piernas sobre él y se las colocó en sus nalgas, haciendo presión como para que se lo metiera aún más adentro, si es que eso fuera posible.
Así siguió un rato, enterrándole su vergota en la cuca de mi esposa, alzándole una pierna como para que yo pudiera ver como le entraba y entonces se la sacaba por completo y su cuca se cerraba y quedaba un pequeño orificio, escurriendo jugos blancos, espesos, provenientes de los dos, allí mezclados, y su verga se veía desafiante, imponente, mirando hacia arriba, seguro molesta por haber sido sacada del lugar en donde estaba gozando tanto y ella le decía: no la saques papito, métemela bien duro mi amor, hasta el fondo que me encanta! y entonces él volvía a arremeter contra su coño, que tenía que abrirse más de la cuenta para poder albergar en su interior semejante cosota, y se veía que ella lo gozaba de una manera, que impresionaba y que me tenía alelado de placer.
Se podía escuchar cuando entraba y salía, sus jugos chapoteando por el movimiento de sus cuerpos y luego se besaban y él movía las nalgas con desespero, con fuerza, para luego hacerlo más lento y bajar su cabeza a sus senos y se metía un pezón en la boca y ella gemía entonces más duro y luego se metía el otro y ella: aaaay, qué rico, papi, como me haces gozar, me fascina que te me comas las tetas, qué gusto, por Dios! Así estuvo bombeándola un rato, hasta que pude ver como las facciones de mi preciosa compañera se desdibujaban de gusto, y gritó de una manera sensacional, que se venía, decía: aaayy, así, así, Aníval, que me voy a venir, me vengo, aaaaaggggghhhh y ese grito yo creoq ue lo escucharon en todo el motel, me dio un estremecimiento de gusto, todavía hoy escribiendo estas líneas me recuerdo y se me para el güevo y me excito y ya estoy pensando terminar aquí para darle una buena cogida a mi esposa, mientras le leo lo que escribí, para que se recuerde de lo que gozó aquel día y que esperamos se vuelva a repetir muy pronto, además le mostraré las fotos que tomé aquel día, que poco las vemos, por cuestiones de seguridad.
Bueno continuando, resulta que luego de que ella acabó, él se paró de encima de ella, sin aún terminar y la dejó así, con las piernas abiertas toda cogida y con una expresión de gusto y satisfacción que yo creo que ni chupándose un limón se le quitaría, entonces me hizo señas que quería que yo me la cogiera, porque claro que a él también le gusta mucho vernos cogiendo, entonces yo, con mi verga dura como una piedra me instalé entre las piernas de mi amada, ocupando el sitio que hace poco había ocupado el amante de mi esposa y lo coloqué en la entrada de su mojada vagina, le acaricié los labios con mi polla y lentamente se lo fui metiendo, poco a poco y pude comprobar como se sentía un poquito más amplia, claro, después de albergar allí semejante cosota, no era para menos, sin embargo el placer era muchísimo e igual sentía una buena fricción y empecé a moverme y ella me abrazó con desesperación y me atrapó entre sus brazos y me besó con pasión, diciéndome que había sido muy rico y que seguía excitada, que estaba muy rico también mi pene, que la cogiera así, bien duro, como a ella le gustaba y yo, obediene, empecé a darle duro por esa cuca, que chorreaba sus jugos de su anterior acabada y era tan fuerte la sensación, que en pocos minutos ya sentía que me venía, pero me aguanté y seguí dándole, mientras Aníval nos miraba con gusto y se masturbaba lentamente, y nos tomaba también fotos.
Entonces de repente sentí que Aníbal se me acercaba por detrás y que su boca acariciaba las piernas de mi esposa y llegaba a nuestros sexos unidos y lo sentía allí atrás y era una sensación extraña pero deliciosa, cuando de repente sentí que su cuerpo se acomodaba de manera de poner su verga al lado de la mía. Blanca y yo estábamos cerca a la orilla de la cama y ella estaba boca arriba y yo encima, ella con las piernas abiertas sobre mis hombros y yo clavándola por la cuca.
Entonces él empezó a hacer presión por un ladito y ella empezó a gemir con más ganas aahhhh, así, que rico y el de repente, con gran dificultad pero lo logró, se coló al lado mío dentro de la vagina de mi esposa y yo podía sentir la piel de su pene junto a la piel del mío y las paredes vaginales de la cuca de mi mujer ardiendo, aestiradas al máximo, mientras ella se quejaba y decía que le dolía pero que no se lo fueran a sacar, que estba gozando mucho y que le encantaba sentir nuestros dos penes en su interior, que era lo que más había ansiado todo este tiempo, tenernos alos dos dentro de ella, y así estuvimos un rato moviéndonos, gozándonos, hasta que Aníval me dijo que quería que acabáramos juntos, que le avisara en qué momento iba a acabar y yo le dije que estaba a punto y él entonces aceleró sus movimientos, mientras que Blanquita seguía quejándose (ya llevaba como cinco orgasmos seguidos) y no pude soportar más y me vine en una forma salvaje e impresionante que me da escalofríos de solo recordarme y le dije, ahhh me vengo, mi amor, te voy a dar mi leche y me dijo: sí, qué rico, queiro que me llenen de leche, mis dos machos tan ricos! y yo botando chorros de semen dentro de ella cuando siento que al lado mío salen otros chorros y Aníval empieza a gritar: ahhh así, que cuca más rica, que delicia, que orgasmo uuuufffff, ahhh, que rico se siente así entre tres, ummmm y yo también gozando, y entonces nos aflojamos y nos abrazamos los tres, y así estuvimos un rato, acariciándonos pero ya como con ternura, mientras descansábamos para seguir con la función y la verdad es que la pasamos de maravilla, qué noche! echamos cada uno seis polvos, es decir, ella se tragó 12 lechazos, en su boca, en su culo, en su cuca, que gustazo se dio, le dimos por todos lados, en el jacuzzi, en una silla, en el baño, en la cama y así amanecimos y en la mañana de repente siento que me despiertan unos jadeos y era ella que se lo estaba mamando y yo no me desperté del todo, me hice el dormido a ver que más hacían y entonces él llegó y la agarro de las piernas y la sentó encima de él y empezó a hacerla subir y bajar sobre su dura polla y ella también a cabalgarlo con ganas y, bueno, así quien duerme, no me quedó más remedio que levantarme, ya con el güevo como una piedra y ponerme detrás de ella, acariciarle el culito, meterle un dedo y sentir la polla de Aníval a través de la piel de su cuca y luego me acomodé y se lo hundí hasta el fondo y ella quejándose y gozando, como una loca pero de pasión, como una puta en celo, y nosotros dándonos gusto con semejante hembra tan deliciosa.
Bueno, esa fue la última vez que estuvimos con Aníval y de verdad que los tres la pasamos de maravilla y no vemos la hora de volverlo a repetir, nos dijo que en noviembre volvía y estamos esperando ansiosos que llegue el día (por supuesto que ella es la más ansiosa, que me dice que se muere de las ganas por volver a sentir ese bichote en su interior, que la volvamos a coger entre los dos) y bueno, la verdad es que nos arrepentimos para nada de lo que hicimos y somos muy felices y nuestra relación anda a las mil maravillas, gozamos más del sexo, nos la pasamos calientes los dos, a veces lo hacemos hasta dos y tres veces al día, casi todos los días hacemos el amor y definitivamente, esta relación nos llenó de deseos sexuales y nos ha dado muchas gratificaciones.
Me gustaría que me escribieran y me comentaran que opinan al respecto lasparejas que ya lo han hecho o que les gustaría hacerlo, con gusto compartiremos nuestras inquietudes con ustedes y responderemos a sus preguntas. nuestro correo: nelsonyblanca@hotmail.com; victorjoseucv1@hotmail.com, celular
Casi un año hace que mi esposa y yo participamos en nuestro primer trío HMH, el cual fue sencillamente delicioso y ella gozó como nunca antes la había visto gozar, al igual que mi amigo Aníval y yo.
Desde entonces nuestra vida se hizo prácticamente «normal» y no participamos en ninguna otra clase de relaciones de este tipo, siempre con la esperanza de volver a estar de nuevo con Aníval, la persona con quien experimentamos nuestra primera vez y con quien hicimos una gran confianza, aunque por supuesto que en la cama seguíamos igual o más apasionados, y en nuestras fantasías siempre estaba él presente, ella imaginaba que era él quien la cogía con su gruesa polla y yo me imaginaba que los veía cogiendo y besándose y me excitaba muchísimo, al igual que ella; pero la verdad es que queríamos hacerlo de nuevo en la realidad y los dos nos moríamos de ganas de que volviera Aníval para gozar de lo lindo del sexo en trío, pero sólo con él. El hecho es que múltiples ocupaciones le impedían volver a visitarnos y varias veces había quedado de venir, con lo que mi esposa se ilusionaba y contaba los días para volver a comerse la gran verga de Aníval, pero siempre surgía un inconveniente de última hora y se volvía a aplazar su regreso.
Pero después de tantas vicisitudes y esperas, al fin se llegó el gran día, ¡por fin iba a volver! Mi esposa Blanquita no lo podía creer, de solo pensar en lo que le esperaba se le humedecía toda la cuquita y yo le decía que si se imaginaba lo que íbamos a hacer, que se imaginara que de nuevo le hacíamos una doble penetración y agarraba una calentura de las que a mí tanto me gustan, que se le pone esa cuca toda babosita, sedosita, se le engordan los labios vaginales y cuando la penetro me acaricia de una manera deliciosa y se siente un calor húmedo definitivamente exquisito, que me hace tener unos orgasmos muy fuertes y ricos, e igual, mientras yo me la cojo bien duro, ella por lo general termina dos o tres veces seguidas, cuando nos excitamos imaginando lo que nos espera en el momento que de nuevo estemos con él. Lo cierto es que esta vez era cierto, él volvía. El día acordado nos llamó y lo confirmó, ya estaba en la ciudad y a las 8:00 de la noche nos pasaría recogiendo en su carro.
Ella se encontraba feliz y dichosa y radiante, se acicaló con una dedicación asombrosa, y el resultado fue magnífico: quedó realmente preciosa, con una minifalda a mitad de los muslos, con la cual se veía muy sexy y provocativa, una blusita con una manga destapada y la espalda también a medio descubrir, que le daba un toque de misterio, además era cortica y le dejaba ver su precioso ombliguito, de verdad estaba muy linda, además con unas sandalias altas, de las que tienen tiritas para amarrarse en los tobillos, y unas tanguitas diminutas y además no llevaba sostén. Parecía una chamita (jovencita) aún con sus 33 años encima, de verdad que no los aparentaba para nada. Como la noche estaba un poco fría, llevaba puesta una chaqueta negra, de pana que le daba un toque de elegancia, majestuoso.
En fin, estaba seguro que Aníval iba a estar encantado de cogerse semejante caramelito de mujer y si a eso le agregamos lo caliente, dispuesta y complaciente que es, cualquier hombre quedaría encantado con mi preciosa mujer, que por algo llevamos 15 años juntos y cada día la quiero y la adoro más y soy muy feliz al lado de ella; por eso me gusta complacerla en todos sus deseos y sus caprichos y este era uno de ellas, el poder disfrutar de dos vergas para ella solita, el placer de ser poseída por otro hombre frente a su marido, cuatro manos dispuestas a acariciarla y a hacerla la mujer más dichosa del planeta. Sus fantasías de nuevo serían cumplidas, la larga espera había terminado.
Como siempre, Aníval no llegó puntual, pasaron las ocho, nueve, y las diez y no llegaba, ya ella se estaba impacientando, hasta que nos llamó explicando su retraso y que en 15 minutos llegaba y así fue. Cuando salimos del apartamento la miré y llevaba una cara de gusto y de excitación que, como dice la frase publicitaria de las tarjetas, «hay cosas que el dinero no puede comprar» y esa era una de ellas, esa mirada de placer y de gusto, de satisfacción, como cuando uno le regala a un niño el juguete que tanto ha anhelado. En fin, el corazón también me saltaba de excitación y me daba un hormigueo en el estómago, sabiendo lo que venía, salimos a la calle y allí estaba él.
Como era muy tarde y no había posibilidad que nos vieran los vecinos, tuve la gentileza de subirla a ella en la parte delantera del auto, junto a él, para que pudieran saludarse como es debido y yo me subí en la parte de atrás, a disfrutar del espectáculo. Allí mismo él nos saludó, me dio cortésmente la mano y me la apretó con cariño y a mi esposa la besó en la boca, abrazándola con pasión, gesto totalmente correspondido por ella, que prácticamente se abalanzó sobre él y se lo quería comer con la boca, mientras él le decía lo mucho que la había extrañado, las ganas que tenía de cogérsela y todas las veces que se había masturbado pensando en ella, en nosotros.
Ella por su parte también le contó lo mucho que lo había pensado, como se imaginaba que él se la cogía con su grueso güevo y lo mucho que también había extrañado sus caricias, sus palabras y por supuesto, su herramienta, siempre dura y dispuesta. Yo desde atrás los veía complacido y excitado, me encantaba verlos así, ansiosos, deseosos. Mientras iba manejando, ya en camino al motel que siempre íbamos, un paradisíaco motel de montaña, en los andes, precioso, muy bien decorado y el lugar perfecto para la pasión prohibida, Aníval pasaba sus manos por las piernas de mi esposa, y ella se estremecía y sutilmente abría más las piernas, en claro gesto de complacencia, para facilitarle la labor y lograr que sus dedos llegaran a su rica cuquita, que a estas alturas seguramente estaría encharcada y palpitante, a sabiendas de la cogida tan deliciosa que le esperaba.
Él poco a poco logró llevar sus dedos a su vagina, por debajo de la falda, protegida por la pequeña tanguita que llevaba puesta, de color negro, como a él le gusta, y por eso ella se la había puesto, para complacerlo en todos los detalles. Él hizo a un lado la tela que le estorbaba para llegar a su objetivo y suavemente empezó a acariciarle la pepita y a tomar entre sus dedos los pliegues de sus labios vaginales, suaves, preciosos que los tiene ella, y luego a poner la punta de sus dedos al frente de su ardiente agujero, mientras ella levantaba complacida las caderas, esperando que le introdujera, al menos por el momento, sus dedos en su hambriento sexo.
Por fin logró hacerlo y ella exclamó un ¡ahhh! de gusto que me estremeció de placer a mí también, imaginando el gusto que le estaba dando Aníval con sus caricias, ya que de verdad os digo que disfruto muchísimo cuando ella siente placer y esa es una de las razones por las cuales me encantan estas aventuras sexuales tan prohibidas por la sociedad, para verla gozando y gritando de placer y que mejor que un trío para ello. Así estuvo un rato Aníval acariciando su cuquita, sus piernas, sus senos, de repente se acercaba y le daba un beso, en algún semáforo que nos detuviéramos y ella lo miraba con lujuria y ansiedad, de que de una vez por todas llegáramos al motel, para dar rienda suelta a la pasión desbocada que los tres sentíamos en ese instante.
Ella por supuesto no se quedó quieta y respondió a las caricias de su amante visitante buscando con sus manos el objeto de todos sus sueños, el pene de Aníval que tanto gusto le había dado y que tanto había imaginado volverse a comer y por fin lo iba a tener para ella solita, entre sus piernas. Ansiosa por volverlo a ver, mi esposa se agachó en la silla en las piernas de nuestro amigo y buscó ansiosamente entre sus piernas la verga de él, bajándole la cremallera al pantalón y haciendo a un lado sus interiores, logró encontrar el pene anhelado, que se encontraba como una roca, grande, grueso, duro, imponente, y que saltó como impulsado por un resorte, mostrando en la cabeza un brillo delatador de lo excitado que se encontraba de imaginar la mujerzota que se iba a comer y que tanto placer le iba a brindar.
Al verlo mi mujercita se relamió los labios y se dispuso a besarlo, diciendo lo mucho que le gustaba, lo grande que estaba y cuanto había esperado por ese momento. Al instante ya tenía entre sus labios toda la verga de Aníval, con una pasión y una furia salvaje, parecía que se lo quisiera comer de verdad, aunque, claro, yo desde atrás, asomado por un lado del asiento de Aníval, no tenía un campo visual muy grande, pero sí podía ver la preciosa cabellera negra de mi adorada mujercita, clavada entre las piernas de su amante, prácticamente devorándole el güevo, mientras yo, su esposo, me complacía viéndola en esos ajetreos. Para mí era una imagen supremamente sensual, qué mamada le estaba dando, en plena vía pública, con los vehículos pasando al lado de nosotros, pero la oscuridad y los vidrios semi-ahumados de su auto nos protegían un poco, sin embargo, no nos importaba, si alguien nos veía, mejor, que se excitara también con el espectáculo y que pusiera a volar la imaginación con la escena.
Desde allí podía ver como su cabellera se movía con el vaivén de su boca arriba y abajo, como lo chupaba, como un caramelo y Aníval se deleitaba y exclamaba lo mucho que le complacía sentir esos tiernos labios en su polla, esa caliente boca en su portentoso aparato, que casi no le cabía en la boca, pues se veía el esfuerzo que debían hacer sus labios para albergar semejante cosa tan gruesa, y eso era precisamente lo que a ella más le gustaba, sentirse llena por completo, tanto su boca como pronto su cuca.
Ya cuando íbamos llegando, él le hizo un gesto a ella de que se detuviera, que lo iba a hacer acabar y quería era echarle toda su leche pero en el coño, hasta dejárselo repleto de semen y eso sería cuando por fin llegáramos al hotel. Ella entonces se levantó y me miró con cara de lascivia, de lujuria, de excitación y me dijo: ummm qué rico está, me muero de ganas de que me coja con ese bichote tan grueso y grande! y me guiñó el ojo con un gesto de complicidad y yo llegué y me le acerqué y la besé con pasión, en su boca húmeda por los jugos lubricantes de Aníval, que se confundían con nuestra saliva y sabía a puro sexo, era muy excitante, sentirla así.
Entonces yo me escondí en la maleta del carro, a la cual se podía llegar por el respaldo de las sillas traseras, ya que en estas ciudades tan mojigatas, no permiten a más de dos personas en un motel. Entonces me escondí y cerré la compuerta y los perdí de vista pero podía escuchar sus jadeos y gemidos, especialmente los de ella, que me excitaban, imaginando qué le estaría haciendo, cómo la estaría acariciando, mientras esperaban su turno en la fila de carros que también se disponían a entrar al motel, muy concurrido a aquellas horas de un fin de semana. Me tenían como loco de la excitación las exclamaciones de ella de gusto, pues ya sin el temor de tener que manejar y acariciarla y seguro que un poco más cómodo por no estar ante mi presencia, se dedicaron a acariciarse y besarse con delirio, con ardor, tratando de compensar un poco el tiempo tan largo en que estuvieron separados y a sabiendas que después que todo pasara de nuevo iban a separarse por otro amplio tiempo, entonces había que sacarle el máximo provecho a aquellos preciosos minutos en que estaban juntos.
Al fin entramos al motel y yo pude salir de mi escondite. Aníval me entregó las llaves de la habitación, para ir abriendo mientras él cerraba el garage y yo me adelanté y atrás venía mi adorada esposa Blanquita, tomada de mi mano y con una cara de vicio que me encantaba.
La miré y le pregunté que como se sentía y me dijo que estaba que explotaba de la excitación y que ansiaba que él se la cogiera y que luego los dos la penetráramos por sus dos agujeros, tal y como tanto lo habíamos soñado, me apretó con ternura la mano y mirándome a los ojos simplemente me dijo: gracias, papi, me haces muy feliz y te quiero mucho, mucho, mucho, a lo que yo le respondí que igualmente la amaba muchísimo y que quería verla gozando como nunca, como una perra en celo, que se sintiera como toda una puta, como una hembra con ganas de macho, que se desinhibiera por completo y que no le diera pena conmigo, que además quería que cada vez que fuera a tener un orgasmo que lo gritara bien duro, que se quejara todo lo que quisiera y con ganas, con pasión, para gozar también escuchándola y disfrutar con su placer ya que eso me vuelve loco y de verdad que me encanta oírla quejarse mientras me la estoy cogiendo o en este caso, mientras se la coge Aníval. Nos ubicamos en la habitación descargamos nuestras pertenencias y yo me ubiqué en una silla al lado de la cama, mientras que Aníval llegó y abrazó a Blanquita con pasión y de nuevo empezó a besarla y a darle lengua con unas ganas terribles, que demostraban lo mucho que también él había ansiado ese momento, mientras mi esposa le correspondía con igual o mayor pasión y mientras yo los veía todo excitado, con el pene a punto de reventar de lo duro que estaba.
Entonces él la fue desnudando poco a poco, bajándole su falda mientras le besaba los senos y ella alzaba un pie y luego el otro, para ayudarle en su tarea, mientras le acariciaba la espalda, los brazos o cerraba los ojos para disfrutar de sus caricias. Entonces ella se agachó as sus pies y dirigió de nuevo su atención a su güevo, dispuesta a seguirlo mamando, ya con mejor luz para poder verlo mejor. Yo preparé la cámara fotográfica y me dediqué a buscar los mejores ángulos para captar aquellas excitantes escenas, entre mi esposa y su amante, con quien me era infiel, pero con mi consentimiento y de verdad que yo también lo estaba disfrutando. Así empezó ella a mamárselo con ganas, se lo metía en la boca, le pasaba la lengua por la cabeza de su pene, por el tronco, le acariciaba las bolas con la lengua mientras con la mano lo masturbaba lentamente, hasta que Aníval no aguantó más y la tomó de la cintura, la alzó, la besó con pasión y la atrajo hacia sí con gran ímpetu, mientras preparaba su colosal herramienta y se la colocaba entre las piernas cerradas de mi muñequita rica (creo que mejor debo decir «nuestra» muñequita, porque debo confesar que varias veces se lo he dicho, la tienes a tú disposición, para que hagas con ella lo que quieras, es toda tuya y por mí no te preocupes, has de cuenta como si yo no estuviera) y ella con desesperación de sentir su cosota adentro, también colaboraba pero claro, así parados no es fácil lograr una penetración, entonces él le alzó un poco una pierna y logró que su verga quedara al frente de los labiecitos vaginales de mi amor, brillantes por sus jugos de excitación y entonces él la agarró de las nalgas, las cuales apretaba con morbo y pasión, y la empujó sobre su polla, doblando un poco sus piernas y alzándola en vilo logró penetrarla así, parados y cuando ella tuvo la verga de él en su interior, pegó un grito de placer que me estremeción y puso una cara de satisfacción, como para el recuerdo y él empezó a decir, ¡ahh que cuca tan rica, como deseaba tenerla así y darle güevo hasta cansarme, qué delicia! y ella decía: ¡sí papi, así, ensártame con tu güevo tan rico, que me llenas toda y me haces muy dichosa, qué gusto ummmmmm! Mientras yo los observaba desde la silla, me desvestí yo también y quedé con mi pene al aire, totalmente enhiesto, sin habérmelo tocado siquiera, no quería adelantar nada, el placer había que regularlo y teníamos toda la noche por delante, sin embargo sin masturbarme, el pene lo tenía en total erección, palpitante y cabeceando de gusto y excitación, esperando con paciencia mi turno y tomando algunas fotos de las escenas que más eróticas me parecían.
Aníval mientras seguía clavándo su voluminoso aparato en la cuca de mi mujer y desde donde yo los observaba podía apreciar claramente como sus labios vaginales se dilataban al máximo, para poder albergar una verga del tamaño de la de Aníval, no sé muy bien de calcular medidas pero fácilmente le pongo unos 22 ó 24 cm y realmente muy grueso, casi como una lata de refresco, se veía deliciosa su cuca repleta de güevo, como a ella le gustaba y ella quejándose y gimiendo de gusto, qué escena, realmente por ver esas imágenes ya podía decir que «eso pagaba la entrada», haciendo alusión a un espectáculo teatral, pero la diferencia es que yo estaba en palco preferencial y estaba presenciando un estreno único e irrepetible: mi mujer poniéndome los cuernos en mi propias narices, con mi total complacencia y con un hombre con una herramienta mucho más grande que la mía, que es de tamaño medio, unos 16 cm y un poco delgada, nada que ver con ese güevo tan grueso de Aníval y precisamente eso era lo que quería, verla gozar con otro hombre, que le llenara la cuca bastante y que la pusiera a sentir placer ante mis ojos, que ella cuando goza es todo un espectáculo sexual de primera y estaba satisfaciendo mis fantasías y las de ella y Aníval gozaba sabiendo que se cogía a la mujer de otro, delante de su propio esposo y que la ponía a gozar como nunca y por supuesto que lo excitaba muchísimo la situación. Así esuvo un rato cogiéndosela, sostenida en los aires los dos frente a frente, pero por supuesto que nadie aguanta mucho rato así, sosteniendo a la mujer, así sea delgada como mi muñeca, que pesa como 48 k y mide 1,65 cm, y sus medidas son aproximadamente 88 de busto, 62 de cintura y 91 de cadera, de verdad que está muy buena, me parece que tiene una figura esbelta y preciosa y en la calle la molestan mucho cuando pasa, lo cual me hace sentir muy orgulloso. Entonces Aníval, con ella montada encima de él, totalmente unidos por sus sexos y sus bocas, abrazados, ella en una actitud de total entrega, penetrada en su vagina hasta lo más profundo y él como todo un macho cabrío, poseyendo a la hembra con furia y desesperación.
Entonces se dirigió a la cama, la depositó allí suavemente y siguió dándole güevo con pasión y ella alzó sus piernas sobre él y se las colocó en sus nalgas, haciendo presión como para que se lo metiera aún más adentro, si es que eso fuera posible.
Así siguió un rato, enterrándole su vergota en la cuca de mi esposa, alzándole una pierna como para que yo pudiera ver como le entraba y entonces se la sacaba por completo y su cuca se cerraba y quedaba un pequeño orificio, escurriendo jugos blancos, espesos, provenientes de los dos, allí mezclados, y su verga se veía desafiante, imponente, mirando hacia arriba, seguro molesta por haber sido sacada del lugar en donde estaba gozando tanto y ella le decía: no la saques papito, métemela bien duro mi amor, hasta el fondo que me encanta! y entonces él volvía a arremeter contra su coño, que tenía que abrirse más de la cuenta para poder albergar en su interior semejante cosota, y se veía que ella lo gozaba de una manera, que impresionaba y que me tenía alelado de placer.
Se podía escuchar cuando entraba y salía, sus jugos chapoteando por el movimiento de sus cuerpos y luego se besaban y él movía las nalgas con desespero, con fuerza, para luego hacerlo más lento y bajar su cabeza a sus senos y se metía un pezón en la boca y ella gemía entonces más duro y luego se metía el otro y ella: aaaay, qué rico, papi, como me haces gozar, me fascina que te me comas las tetas, qué gusto, por Dios! Así estuvo bombeándola un rato, hasta que pude ver como las facciones de mi preciosa compañera se desdibujaban de gusto, y gritó de una manera sensacional, que se venía, decía: aaayy, así, así, Aníval, que me voy a venir, me vengo, aaaaaggggghhhh y ese grito yo creoq ue lo escucharon en todo el motel, me dio un estremecimiento de gusto, todavía hoy escribiendo estas líneas me recuerdo y se me para el güevo y me excito y ya estoy pensando terminar aquí para darle una buena cogida a mi esposa, mientras le leo lo que escribí, para que se recuerde de lo que gozó aquel día y que esperamos se vuelva a repetir muy pronto, además le mostraré las fotos que tomé aquel día, que poco las vemos, por cuestiones de seguridad.
Bueno continuando, resulta que luego de que ella acabó, él se paró de encima de ella, sin aún terminar y la dejó así, con las piernas abiertas toda cogida y con una expresión de gusto y satisfacción que yo creo que ni chupándose un limón se le quitaría, entonces me hizo señas que quería que yo me la cogiera, porque claro que a él también le gusta mucho vernos cogiendo, entonces yo, con mi verga dura como una piedra me instalé entre las piernas de mi amada, ocupando el sitio que hace poco había ocupado el amante de mi esposa y lo coloqué en la entrada de su mojada vagina, le acaricié los labios con mi polla y lentamente se lo fui metiendo, poco a poco y pude comprobar como se sentía un poquito más amplia, claro, después de albergar allí semejante cosota, no era para menos, sin embargo el placer era muchísimo e igual sentía una buena fricción y empecé a moverme y ella me abrazó con desesperación y me atrapó entre sus brazos y me besó con pasión, diciéndome que había sido muy rico y que seguía excitada, que estaba muy rico también mi pene, que la cogiera así, bien duro, como a ella le gustaba y yo, obediene, empecé a darle duro por esa cuca, que chorreaba sus jugos de su anterior acabada y era tan fuerte la sensación, que en pocos minutos ya sentía que me venía, pero me aguanté y seguí dándole, mientras Aníval nos miraba con gusto y se masturbaba lentamente, y nos tomaba también fotos.
Entonces de repente sentí que Aníbal se me acercaba por detrás y que su boca acariciaba las piernas de mi esposa y llegaba a nuestros sexos unidos y lo sentía allí atrás y era una sensación extraña pero deliciosa, cuando de repente sentí que su cuerpo se acomodaba de manera de poner su verga al lado de la mía. Blanca y yo estábamos cerca a la orilla de la cama y ella estaba boca arriba y yo encima, ella con las piernas abiertas sobre mis hombros y yo clavándola por la cuca.
Entonces él empezó a hacer presión por un ladito y ella empezó a gemir con más ganas aahhhh, así, que rico y el de repente, con gran dificultad pero lo logró, se coló al lado mío dentro de la vagina de mi esposa y yo podía sentir la piel de su pene junto a la piel del mío y las paredes vaginales de la cuca de mi mujer ardiendo, aestiradas al máximo, mientras ella se quejaba y decía que le dolía pero que no se lo fueran a sacar, que estba gozando mucho y que le encantaba sentir nuestros dos penes en su interior, que era lo que más había ansiado todo este tiempo, tenernos alos dos dentro de ella, y así estuvimos un rato moviéndonos, gozándonos, hasta que Aníval me dijo que quería que acabáramos juntos, que le avisara en qué momento iba a acabar y yo le dije que estaba a punto y él entonces aceleró sus movimientos, mientras que Blanquita seguía quejándose (ya llevaba como cinco orgasmos seguidos) y no pude soportar más y me vine en una forma salvaje e impresionante que me da escalofríos de solo recordarme y le dije, ahhh me vengo, mi amor, te voy a dar mi leche y me dijo: sí, qué rico, queiro que me llenen de leche, mis dos machos tan ricos! y yo botando chorros de semen dentro de ella cuando siento que al lado mío salen otros chorros y Aníval empieza a gritar: ahhh así, que cuca más rica, que delicia, que orgasmo uuuufffff, ahhh, que rico se siente así entre tres, ummmm y yo también gozando, y entonces nos aflojamos y nos abrazamos los tres, y así estuvimos un rato, acariciándonos pero ya como con ternura, mientras descansábamos para seguir con la función y la verdad es que la pasamos de maravilla, qué noche! echamos cada uno seis polvos, es decir, ella se tragó 12 lechazos, en su boca, en su culo, en su cuca, que gustazo se dio, le dimos por todos lados, en el jacuzzi, en una silla, en el baño, en la cama y así amanecimos y en la mañana de repente siento que me despiertan unos jadeos y era ella que se lo estaba mamando y yo no me desperté del todo, me hice el dormido a ver que más hacían y entonces él llegó y la agarro de las piernas y la sentó encima de él y empezó a hacerla subir y bajar sobre su dura polla y ella también a cabalgarlo con ganas y, bueno, así quien duerme, no me quedó más remedio que levantarme, ya con el güevo como una piedra y ponerme detrás de ella, acariciarle el culito, meterle un dedo y sentir la polla de Aníval a través de la piel de su cuca y luego me acomodé y se lo hundí hasta el fondo y ella quejándose y gozando, como una loca pero de pasión, como una puta en celo, y nosotros dándonos gusto con semejante hembra tan deliciosa.
Bueno, esa fue la última vez que estuvimos con Aníval y de verdad que los tres la pasamos de maravilla y no vemos la hora de volverlo a repetir, nos dijo que en noviembre volvía y estamos esperando ansiosos que llegue el día (por supuesto que ella es la más ansiosa, que me dice que se muere de las ganas por volver a sentir ese bichote en su interior, que la volvamos a coger entre los dos) y bueno, la verdad es que nos arrepentimos para nada de lo que hicimos y somos muy felices y nuestra relación anda a las mil maravillas, gozamos más del sexo, nos la pasamos calientes los dos, a veces lo hacemos hasta dos y tres veces al día, casi todos los días hacemos el amor y definitivamente, esta relación nos llenó de deseos sexuales y nos ha dado muchas gratificaciones.
Me gustaría que me escribieran y me comentaran que opinan al respecto lasparejas que ya lo han hecho o que les gustaría hacerlo, con gusto compartiremos nuestras inquietudes con ustedes y responderemos a sus preguntas. nuestro correo: nelsonyblanca@hotmail.com; victorjoseucv1@hotmail.com, celular 04169265105
La primera vez que su esposa gozaba con dos hombres a la vez.
Hola, amigos de todas partes del mundo, soy yo, Nelson el autor de “Una Sorpresa para mi Esposa”, en donde describo el placer que sentimos mi esposa y yo cuando le compré un enorme consolador de un material casi real para satisfacer sus fantasías de sentir un pene más grueso que el mío en su vagina y las mías de ver su rica cuquita penetrada por una enorme verga.
Luego de esta fantástica experiencia empezamos a tener contactos por Internet con personas de varios lugares del mundo y esto dio motivo a otras excitantes experiencias, como cuando hicimos contacto telefónico con un hombre de otro país (vivimos en San Cristóbal, Venezuela) y tuvimos una deliciosa y satisfactoria sesión sexual en trío, pero mi esposa y yo y otro hombre a través del teléfono, lo cual nos puso a millón y en la que disfrutamos al máximo imaginando que aquel hombre estaba presente con nosotros y se cogía a mi linda mujercita mientras yo los miraba y luego participaba con pasión desbocada; esto lo narro en una segunda historia.
La tercera historia que escribí fue inspirada en nuestros deseos de participar realmente en un trío con otro hombre, mi esposa y yo, ya que mi ardiente pareja estaba loquita por sentir en su interior las delicias de ser penetrada doblemente, por delante y por detrás, pero dado el hecho que nunca habíamos practicado sexo anal, ella espontáneamente una noche me pidió que la cogiera por su estrecho y rico culito, el cual hasta el momento era totalmente virgen y en dicho relato cuento los pormenores de tan satisfactorio estreno anal.
Ya preparado su cuerpo para recibir dos vergas en sus calientes agujeros, nos dimos a la tarea de buscar la persona ideal con quien compartir nuestras apetencias en materia sexual, pusimos un anuncio en una página de contactos swinger de nuestro país y empezamos a seleccionar cuidadosamente los posibles candidatos con quien realizar la gran fantasía de mi esposa de experimentar una doble penetración y mi deseo de verla follando con otro hombre delante de mis ojos y de sentir su rico chochito invadido por otro pene mientras yo la penetraba por su apretado y maravilloso culo. Precisamente la razón de esta nueva historia es relatarles la forma en que se desarrollaron los acontecimientos que nos llevaron a vivir la mayor experiencia sexual que jamás hubiéramos imaginado, cuando realizamos, ¡por fin! un delicioso y gratificante trío.
Luego de recibir una gran cantidad de correos en nuestro mail de hombres interesados en compartir esta rica experiencia con nosotros, empezamos a conocerlos mejor y a estudiar el perfil de cada uno de ellos, para no irnos a llevar un chasco en nuestra primera vez y para que el momento fuera perfecto y no diera al traste con nuestras expectativas.
Después de mucho analizar las virtudes y defectos de quienes nos escribían, decidimos inclinarnos por un interesante caballero que nos escribió desde otro estado del país, que aunque bastante retirado del nuestro, él siempre manifestó su disposición a viajar a nuestra ciudad para llevar a cabo esta hermosa experiencia para él también muy deseada, ya que nos cuenta que era su mayor fantasía, cogerse a una mujer con el consentimiento de su esposo, mientras éste miraba y después participaba, que precisamente coincidía perfectamente con nuestras lujuriosas fantasías.
Así que como nos entendíamos muy bien en nuestros gustos y el caballero aparte de ser una persona muy culto, respetuoso y maduro, también era muy ardiente y morboso y nos hacía calentar bastante con las descripciones que hacía de lo que haríamos llegado el momento, ya fuera a través de los ardientes correos que nos escribía, como a través del teléfono, luego que le tuvimos la suficiente confianza como para darle nuestro número personal.
Hace precisamente una semana nos llamó diciéndonos que aprovecharía que tenía algunos asuntos pendientes que resolver en nuestra ciudad, para encontrarse con nosotros y planear un encuentro de pasión y sexo desbordado, entre los tres y así satisfacer mutuamente nuestras más alocadas fantasía sexuales.
Lo cierto del caso es que fijamos una fecha para el encuentro y éste se dio el lunes pasado, el 9 de septiembre, gran fecha para nosotros, como para recordarla toda la vida, y acordamos encontrarnos en un céntrico café a eso de las 9:00 de la noche. Todo el día estuvimos haciendo los preparativos para esta noche tan especial y yo decidí comprarle especialmente para la ocasión a mi esposa una lencería muy sexy que había visto otro día en un almacén de ropa íntima. Grande era mi expectativa y me satisfacía mucho el pensar en todo el placer que iba a sentir aquella noche mi linda mujercita al sentir dos pollas horadando sus húmedas intimidades y a su vez todo el placer que me iba ella a brindar, cuando la viera bien excitada cogiendo con un desconocido mientras yo los miraba en el paroxismo del furor sexual.
El día se nos hizo eterno esperando tan grandioso acontecimiento hasta que por fin se dio la hora en fuéramos a acudir a la extraña e inusual cita. Llegamos retardados al sitio del encuentro debido a imprevistos de última hora, más de 20 minutos de atraso tuvimos y desafortunadamente él no estaba allí; cuál no sería nuestro desencanto cuando no lo conseguimos, la desilusión se reflejaba en el rostro de mi esposa y yo pensaba para mí que era una lástima haber desperdiciado aquella ocasión tan propicia.
De todas maneras, buscamos una mesa, pedimos dos refrescos (casi nunca tomamos licor, y nuestro contacto nos había dicho que era totalmente abstemio, lo cual para nosotros era satisfactorio, puesto que no necesitamos que el alcohol ni ningún tipo de droga nos impulse a disfrutar del sexo, lo sentimos de la forma más natural del mundo, va llegando el deseo debido a los detalles del momento, las acciones, las frases, las miradas, las caricias, no hay mejor detonante sexual que el amor de pareja y el gusto por compartir nuestras fantasías y la confianza para aceptarlas y llevarlas a cabo, sin menosprecio del amor mutuamente profesado).
Bebí la mitad del refresco apresuradamente, para aplacar la sed que la desazón me había ocasionado y me dispuse a dejar a mi esposa en el café esperándome un momento, pues le dije que iba a dar una vuelta por los alrededores, a ver si él estaba por allí, ya que como no era de la ciudad y no había venido nunca antes, existía la posibilidad de que se hubiera perdido o no hubiera dado con el sitio, mi esposa aceptó y se quedó allí sola guardando en su interior la remota esperanza de que encontrara al hombre de la cita, para no perder aquella noche tan ansiada.
Di una vuelta a toda la manzana, tratando de encontrar a nuestro invitado y todo fue en vano, nadie coincidía con la descripción que nos había dado previamente de como venía vestido y además nosotros ya lo conocíamos por medio de una foto que antes nos había enviado. Decepcionado por la fallida búsqueda, retomé el camino al café en donde se encontraba mi bella mujercita, impaciente y con los nervios en tensión, echándose a sí misma la culpa por su tardanza a la hora de acicalarse tanto para tan ansiado encuentro y era natural, quería lucir lo más bella posible para que nuestro contacto no se fuera a defraudar de ella y se le veía como a una joven en su primera cita amorosa.
Ya me disponía a entrar al mencionado café cuando al frente de mí se estaciona un vehículo que coincidía con la descripción que aquel caballero me había hecho por teléfono y en el vehículo pude ver a un hombre desesperado tras del volante, quien empezó a hacer sonar la bocina del auto, como para llamar la atención de alguien que pudiera estar esperándole. Yo, curioso, me acerqué y lo vi allí, enfadado, con una cara de pocos amigos, como de alguien que acaba de pasar por una gran contrariedad.
Lo miré y lo saludé amablemente, preguntándole su nombre: – Eres tú, Aníbal?; a lo que él respondió, también de forma amable aunque algo desconfiado: – Nelson? sí, dije yo, mucho gusto y entonces él comenzó a decirme que lo disculpara, que lo habían detenido unos policías por que se dieron cuenta que no conocía la ciudad y lo vieron como sospechoso y bueno un sinnúmero de detalles que no vienen al caso, esa era la razón de su retraso; yo le dije que no se preocupara, que también nosotros habíamos llegado tarde y que debido a esa feliz coincidencia era que nos habíamos logrado encontrar. Así él empezó a contarme los pormenores del asunto, mientras entrábamos al café en donde mi esposa nos esperaba, y cual no sería su alegría cuando nos vio llegar juntos.
Hicimos las presentaciones de rigor y Aníbal, que así se llamaba, quedó encantado con mi esposa, diciéndole que así se la había imaginado, bella y sensual, ya que él en el fondo sabía que una mujer de tan hermosa voz por teléfono (siempre le había dicho que se le escuchaba una voz muy sensual y dulce a través del auricular, que cada vez que la oía se le paraba la verga) no podía sino ser también muy bella externamente, aunque sin embargo aclaró que no era lo más importante para poder compartir este hermoso momento. Estuvimos hablando un buen rato, contándonos anécdotas y haciendo uno que otro caliente comentario, que hacían sonrojar a Blanca, por ejemplo como cuando él le dijo que ansiaba chuparle hasta el cansancio esa rica cuquita que había visto por fotos que nosotros le habíamos enviado y ella se reía nerviosamente y asentía diciéndole que qué rico, pero con cierto grado de vergüenza en su cara, por escuchar frases tan morbosas de labios de un casi desconocido. Ya con el ambiente entre nosotros más distendido y en medio de una atmósfera de deseo sexual, decidimos irnos directamente a un motel, a realizar de una vez por todas y sin más preámbulos lo que tanto habíamos planeado.
En el transcurso del viaje al motel, él nos contaba algunas de sus experiencias y nos hacía reír con sus ocurrencias y comentarios, que poco a poco hacían poner más cachonda a mi esposa y me tenía el corazón latiendo apresuradamente; yo iba en la parte de atrás del auto y ella se sentó a su lado, para que cuando llegáramos al motel no vieran que íbamos tres personas en el auto, ya que como ya dije alguna vez, vivimos en una ciudad de provincia, donde todas estas cosas son tabú y no son aceptadas por las atrasadas mentalidades de mis coterráneos.
Cuando llegamos al motel, yo iba en la parte de atrás del auto, agachado, para no despertar comentarios en la recepción o algún inconveniente no deseado, sólo queríamos llegar de una vez por todas a un lugar íntimo en donde pudiéramos dar rienda suelta a toda aquella pasión tan intensa que a los tres en ese momento nos embargaba. Era bastante extraño para mí estar en aquella situación, oculto como un delincuente en la parte de atrás del auto de aquel hombre hasta el momento prácticamente desconocido para nosotros, mientras mi, hasta aquel día, recatada esposa, se encontraba sentada en la parte delantera junto a nuestro nuevo amigo, como viejos amantes, a punto de entrar a un motel, que si no fuera porque estaba yo allí presente, parecería que ella se había citado con él para tener una aventura extramarital, sólo que en este caso yo lo había consentido y dentro de poco los dos disfrutaríamos del momento, todo se consumaría y lograríamos realizar nuestras fantasías. Yo pensaba en aquel instante que ojalá se cumplieran todas nuestras expectativas y todo saliera como lo habíamos imaginado. Entonces Aníbal se estacionó al frente de la recepción y pagó la habitación, yo había pensado decirle que compartiéramos los gastos pero él ni siquiera lo insinuó y me pareció muy cortés de su parte.
Entretanto yo, oculto en el asiento de atrás, agachado y medio asustado, sentía mi corazón latir a prisa debido a la situación de doble riesgo, primero el no querer ser sorprendido haciendo algo de repente mal visto por los demás y segundo porque dentro de poco aquel hombre que estaba al volante estaría poseyendo a mi amada esposa, quien hasta ese momento había sido la mujer más fiel que nunca hubiera yo conocido, siempre entregada por completo a mí, causando la admiración de todos nuestros familiares, la envidia de mis hermanos, y los comentarios de todos nuestros conocidos, que qué bonita pareja, que cómo nos amábamos, que se veía que ella me admiraba mucho; que cuánto yo la quería, es más, un día mi hermano hizo un comentario que a mi esposa le causó mucha gracia, cuando alguien dijo: “hay que ver Blanca como quiere a Nelson” a lo que él dijo: “pero si es que eso no es amor, eso es otra cosa, eso es más bien como una adoración, una veneración” y en verdad, amigos, ella me ha querido tanto en la vida y yo a ella que realmente nos sentimos el uno al otro como una sola persona, una sola entidad, fusionados por el amor, la pasión, el deseo sexual, los sentimientos mutuamente compartidos, la cotidianidad, el dormir juntos, nuestros disgustos, nuestras alegrías, nuestros hijos, nuestras dificultades, nuestros éxitos, nuestros fracasos; todo lo compartimos con amor, con absoluta entrega, sin condiciones; cuando yo obtengo un logro importante ella lo disfruta como si lo hubiera obtenido ella y de igual forma cuando ella logra un éxito en la vida yo siento su satisfacción como si fuera mía, puesto que para mí ella lo es todo en la vida y yo sin ninguna duda afirmo que igual siente ella por mí, gracias a todas estas cosas hemos logrado vivir 12 años de feliz matrimonio, sumados a los tres lindos años de noviazgo y actualmente bien puedo asegurar que nos queremos más que al principio y somos ejemplo en nuestra familia, puesto que los matrimonios de todos mis hermanos han fracasado y nuestro hogar es el único estable.
Luego de recibir las llaves de la habitación, Aníbal condujo el auto hacia la que nos habían asignado, cerró el portón del garaje y por fin pude yo salir de mi escondite, expectante y nervioso por lo que se avecinaba e igual sensación podía adivinar en los ojos de mi esposa, que me miraba de una forma que delataba su ansiedad y su deseo, y por dentro agradeciéndome sin decirlo mi complicidad para que ella pudiera experimentar el placer del sexo con otro hombre; lo mejor del caso es que los dos lo disfrutaríamos y no como la mayoría de las mujeres lo hacen, a espaldas del marido y mintiéndoles y engañándoles en su buena fe, lo cual nunca puede ser la base de una relación duradera, al menos satisfactoria para ambos.
Subimos al cuarto los tres, ella y yo primero y luego él, trayendo consigo una PC portátil con web cam, especialmente traída por Aníbal para no perder detalle de lo que vendría dentro de poco. Nos había comentado ya previamente que la llevaría, a lo que nosotros dimos nuestra aprobación y además nos decía que llevaría el famoso video de la actriz venezolana Roxana Díaz, para que lo viéramos como preludio a nuestros juegos sexuales. Llegamos y nos instalamos en el cuarto del motel, amplio, cómodo y bonito, perfecto para nuestro encuentro, hasta con una máquina de ejercicios, que se prestaba adecuadamente para experimentar diversas posiciones en el fragor de un buen encuentro sexual.
Luego de instalar la PC, nos dispusimos a ver el mencionado video, en donde aparecía la bella actriz de impresionante belleza y cuerpo escultural, con su novio, acariciándole su verga y lamiéndole el ano, introduciéndole uno y dos dedos por detrás, mientras él se veía que lo gozaba al máximo; también ella se introducía un consolador plástico por su vagina mientras que él se la cogía por detrás por el culo y hasta la punta de una botella de champagne se metía la ardiente actriz por el coño, gozando a plenitud del placer del sexo, al igual que nosotros, el problema en este caso era el escándalo y dejar traslucir estas intimidades a la vida pública.
Lo cierto es que el video era muy excitante y produjo en nosotros el efecto deseado: servir de detonante para lo que vendría después. Luego de ver la película nos sentimos aún más excitados y nos dispusimos a pasar a la acción. Él se despojó de su ropa y quedó en unos boxer apretados, que le marcaban toda su gran erección, probablemente por estar pensando en lo que iba a hacer en unos breves instantes y por el bulto que se le hacía supuse que sería descomunal; sin embargo, miré a mi esposa a ver que decía y aún no se había dado cuenta, entonces esperé a ver qué haría ella cuando lo viera bien, pues estaba seguro que se iba a asustar pero que también le iba a encantar. Yo también me desnudé y quedé solo en ropa interior, esperando anhelante el curso de los acontecimientos. Mi esposa se dirigió al baño y allí se despojó de su vestimenta. Usaba una blusita negra pegada a su corpiño, que le apretaba sus ricos senos, los cuales se marcaban claramente sobre la tela, dejando adivinar sus pezones erectos por la fuerte excitación que esta situación le despertaba y unos pantalones de tela licrada, que le marcaban perfectamente su esbelta figura, sus lindas nalgas y sus bien torneadas piernas.
Llevaba en el bolso lencería muy sexy que especialmente para la ocasión yo le había comprado, con un liguero de encajes, con sus tiritas a los lados y con medias negras, que le quedaba espectacular y que se disponía a colocarse para estar aún más bella en aquel momento tan ardiente de pasión desbocada. Yo entré con ella al baño, sin cerrar la puerta para no despertar extrañas sospechas en nuestro amigo Aníbal, dispuesto a colaborarle al colocarse su nueva vestimenta, ya que ella sola no podía apretar bien los broches del liguero en una forma adecuada. Entonces él en ese momento entró y nos entregó una barra de jabón azul, sugiriéndonos que ella lo empleara para asearse más adecuadamente, aunque se encontraba impecable y hacía poco nos habíamos echado un buen baño, no estaba demás todas estas precauciones, para hacerlo de la manera más higiénica y saludable posible. Entonces ella se lavó sus partes íntimas, su cuquita calientita y deseosa y su culito apretadito y anhelante de sentir placer desbocado. Mientras tanto yo la observaba y disfrutaba de aquella erótica visión de mi esposa preparándose y acicalándose para ser poseída por sus dos machos que afuera esperaban el momento propicio para complacerla y me parecía extremadamente excitante saber que aquella rajita que con tanto esmero ella lavaba, sería pronto visitada en toda su extensión por el miembro de otro hombre y por el mío propio dentro de una situación nunca antes vivida por ambos pero muy esperada desde hacía mucho tiempo. Al finalizar su lavado, me acerqué y le ayudé a secarse y me dispuse a colaborarle en ponerle el sensual liguero que tenía yo en las manos.
Lentamente ella fue colocándose las medias, una tras otra, con sensuales movimientos, con expresión de ansiedad, y yo la abracé por detrás y le cerré el broche del liguero y me agaché a colocarle los sujetadores en las medias de encaje. En ese momento entró él a saber el por qué de nuestra demora y se acercó a nosotros dos y empezó a acariciarle los pezones a mi esposa, a pasarle la lengua por la piel mientras ella cerraba los ojos y se dejaba hacer, disfrutando del momento, mientras yo agachado a sus pies intentaba apretar los botones del liguero, pero el nerviosismo y el movimiento de ella y de Aníbal me hacían fallar al buscar el orificio del broche.
Así fui colocando uno a uno los pasadores, mientras dirigía la vista hacia arriba y veía como ella embelesada y con los ojos cerrados disfrutaba de las apasionadas caricias que Aníbal le propiciaba, mientras le decía que que lindas teticas y las chupaba, las amasaba y las engullía por completo con feroz pasión, que qué lindo cuerpo, que bellas piernas, brindándole a mi amada deliciosas caricias preliminares que contribuían a despertar su lascivia y deseo de ser penetrada y complacida en aquella apasionada noche. Yo, al terminar mi tarea, me les uní y comencé a besarle también sus caderas, sus piernas, a pasar mis manos con desesperación por todo su cuerpo, a veces encontrándome con las de Aníbal, quien también la acariciaba con pasión y deseo. Todo esto sucedía todavía en el baño, por lo que decidimos tácitamente dirigirnos a un sitio más cómodo, por supuesto, la cama. Entonces Aníbal llegó y se acostó en la cabecera de la cama, esperando con ansiedad el momento decisivo, y con la expresión del hombre que sabe que dentro de poco será complacido, y por una hermosa y deseable mujer como mi esposa.
Aníbal todavía tenía puesta su ropa interior, por lo que se le marcaba aún más ese enorme bulto sobre el boxer de tela licrada, probablemente había crecido más todavía, luego de las caricias preliminares en el baño y entonces lentamente se despojó de su única vestidura, saltando a la vista de nosotros una poderosa verga, dura, gruesa y larga, que provocó en ella una mirada de estupor y de admiración, ya que nunca había visto en su vida otro pene diferente al mío y aquel era en verdad uno digno de todo elogio; totalmente enhiesto, con un enorme glande desafiante y poderoso, brillante, lleno de líquidos preseminales debidos a la fuerte excitación del momento y deseoso de enterrarse dentro de la deliciosa gruta del amor de mi esposa. Yo por mi parte también me asombré, pues nunca había visto una polla tan grande como esa y pensé para mis adentros que iba a ser delicioso ver como semejante pedazo de tranca se desaparecería en lo profundo de la vagina de mi amada mujercita, que de seguro en aquellos mismos instantes estaría llena de sus fluidos lubricantes, como generación espontánea de su cuerpo ante la visión del objeto de su deseo e instintivamente producidos por sus glándulas sexuales para facilitar la pronta penetración de aquella poderosa mandarria de Aníbal.
Pensé entonces con agrado que por fin mi adorada esposa sería penetrada por una verga bien grande y gruesa, lo cual yo sabía que ella ansiaba con delirio. Extasiada con la visión de aquella enorme polla y llena de lujuria y pasión, Blanca no esperó un segundo más y se abalanzó sobre él y lo llevó desesperadamente a su boca, como para comprobar si tanta carne era de verdad, tal vez con temor a que desaparecería de repente y todo fuera un sueño, pero no, allí estaba, era real y ella lo podía tocar y sentir en sus manos. No era un sueño lo que acontecía, allí estábamos los tres excitadísimos, disfrutando de un alucinante momento de pasión y lujuria, dispuestos a no desperdiciar ni un sólo instante de tan anhelado encuentro. Las delicadas manitas de mi bella esposa entonces se apoderaron de aquel grueso tronco y suavemente se desplazaron por todo lo ancho y largo de aquella herramienta, acariciándola y descubriendo su rosada cabezota, repleta de líquidos preseminales, los cuales ella absorbió con su lengua, chupando e introduciendo poco a poco aquel tronco en su boquita, tratando de tragarlo más y más, no pudiendo abarcarlo bien con sus manos y esforzándose más de la cuenta para poder recibir dentro de su boca semejante miembro viril. Aníbal y yo contemplábamos extasiados como mi preciosa hembra prácticamente devoraba aquella enorme polla, él disfrutando de tan ricas caricias y yo complacido de ver a mi bella compañera convertida en una mujer total, fogosa, lujuriosa y ansiosa de gozar al máximo del sexo.
Mientras tanto él se fue desplazando poco a poco hasta la cuquita de Blanca, pasándole su lengua por toda la piel hasta llegar a aquel tesoro que tanto deseaba, el cual ya conocía por medio de varias fotos que yo le enviara, en donde se podía ver a plenitud su chochito rico, de labios pequeños y sensuales, con un clítoris rosadito y menudito, que se hinchaba en los momentos de mayor excitación y que pedía calladamente ser lamido y chupado hasta la saciedad.
Cuando Blanca sintió el aliento caliente de Aníbal dentro de su excitado sexo y su lengua luchando por entrar en aquellos rosados y húmedos labios, lanzó una exclamación de gusto que me estremeció de placer a mí también, viendo como gozaba toda aquella aventura a plenitud. Entonces él comenzó a darle lengua rápida y enérgicamente, lo que ella retribuía con pasión al chuparle y besarle y acariciarle su gran polla con la lengua, los labios, el interior de su boca, con su delicado cutis, con una pasión que estremecería hasta a un muerto y que me tenía al borde del delirio. Presa de la excitación y olvidando por completo que yo estaba allí, concentrada por completo en aquel enorme pene de Aníbal, mi esposa desesperada por sentirlo adentro de una vez por todas se soltó de las manos que le retenían sus caderas y de la boca que chupaba con ardor su deliciosa rajita y avanzó decidida a probar el placer de ser penetrada por tan grueso ejemplar masculino. Yo mientras tanto no perdía detalle de la escena y con una cámara fotográfica digital en la mano esperaba para ver como entraría toda aquella barra de carne dentro de su rico chochito y así captar aquellas imágenes tan eróticas por medios electrónicos que nos permitieran recordar siempre aquel momento y para estar seguros que no sería un simple y fugaz sueño. Por fin ella llegó a su objetivo, él estaba acostado boca arriba y ella se disponía cabalgarlo, loca de deseo por introducirse aquel maravilloso falo.
Entonces le tomó la gruesa verga a Aníbal con su mano y la orientó directamente a su anhelante agujerito y luego de frotar su clítoris con la abultada cabeza de aquel miembro, lo colocó al frente de su entrada vaginal y descargó todo el peso de su cuerpo sobre él, empujando de este modo a aquel grueso tronco a desaparecer, al menos el hinchado glande, dentro de las húmedas profundidades de mi amada consorte. Yo podía ver perfectamente como sus labios vaginales eran desplazados hacia los lados por la presión de aquel gran pene y como poco a poco se iba perdiendo entre la cuquita que tanto placer me había brindado durante toda mi existencia y que ahora era penetrada al máximo por un hombre casi desconocido para nosotros, produciéndole a ella sensaciones inenarrables de gusto, puesto que ella, con sólo sentirlo abriéndola y entrando poco a poco dentro de su encharcada raja, lanzó una exclamación de placer y de gusto que pocas veces le he visto, y diciendo: “oooohhhhh, qué delicia! que pene tan rico, que cosa más deliciosa, cuán grueso es, por Dios, me llena toda mi amor, ves como entra?”. Realmente se me acaban las palabras para poder describir y expresar lo que sentía yo en aquellos momentos viendo esa escena tan lujuriosa, cuánto gusto me daba saber que mi esposa era complacida y que sus deseos se veían cumplidos.
Mi amor por ella para nada egoísta se complacía con todo lo que le diera placer, pasando sobre las barreras que impone la sociedad en materia de pertenencia, de posesión, de restricciones, como si el marido de una mujer fuera su dueño absoluto, sin importarle sus deseos, sus anhelos, sus gustos. Para mí era totalmente placentero nada más saber que ella lo disfrutaba, con eso me complacía. Ella parecía estar en otro mundo, olvidada por completo de tabúes, prejuicios y taras religiosas o convencionalismos sociales, decidida a satisfacer todos sus deseos sexuales y encantada con aquel enorme instrumento que la poseía en aquellos instantes. Entonces comenzó a cabalgarlo con delirio, subiendo y bajando sobre su tronco y no logrando introducirlo por completo pero sí casi hasta la base; ella misma se agachaba para ver como entraba y salía aquella gran verga y cerraba los ojos y gemía con pasión y se pasaba la lengua por los labios, en señal de satisfacción, como cuando uno se come algo muy sabroso, que se disfruta y se goza, y entonces se concentraba más en buscar su placer y movía la cabeza y los hombros con ardor, se acariciaba los pechos, contorsionaba todo su cuerpo, disfrutaba por completo del momento, mientras que yo capturaba todas aquellas imágenes con mi cámara, esperando el momento propicio para participar de la acción.
En ese instante ella abrió sus ojos y me miró llena de lujuria, con una expresión de vicio en el rostro y dándome las gracias con la mirada por permitirle disfrutar de aquello que tanto había soñado y me hizo señas de que me acercara y hasta allí llegué, atrapando su rostro con mis manos y besándola con pasión desbordada, mientras Aníbal bombeaba su rajita con su poderoso instrumento y ella se bamboleaba ante los enérgicos embates de su ocasional amante. Ahora ella quería tener mi miembro en su boca y se dirigió a mi entrepierna y empezó a darme una mamada espectacular, de vez en cuando interrumpida por el placer que sentía al ser cogida plenamente por Aníbal.
Me masturbaba rápidamente con sus manitas, mientras sus labios rozaban mi glande y su lengua jugueteaba con la piel de mi prepucio, luego me lo engullía todo y lo chupaba, lo succionaba, lo mamaba, brindándome oleadas de placer y gozo y haciéndome sentir que tenía la leche en la punta de mi güevo. Entonces decidimos cambiar de posición y fui yo quien me acosté boca arriba sobre la cama y nos ubicamos en posición de 69, ella continuaba mamándomelo maravillosamente y yo me disponía a chuparle aquella cuquita que me tenía loco e hipnotizado y por la cual estaba dispuesto a hacer todas las locuras posibles con tal de tenerla siempre a mi lado.
Comencé a darle lengua a aquel sabroso coñito, totalmente mojado y pletórico de jugos sexuales, en donde hasta hacía poco había estado la enorme verga de Aníbal, y que ahora yo chupaba, masajeaba e introducía mi lengua por aquella ardiente gruta del placer. Aníbal mientras tanto se estaba ubicando por detrás de nosotros y se disponía a cogerse de nuevo a mi esposa, deseoso por volver a ocupar tan delicioso chochito. A mí no me importaba para nada la cercanía de su pene con mi boca, puesto que lo que yo quería era darle placer a mi amada Blanca, que siempre me decía que le encantaría que yo le chupara el clítoris mientras que otro se la cogía con una buena polla y bueno, qué mejor oportunidad! Pude ver como él apuntó aquel grueso tronco a su anhelante huequito y sentía prácticamente sus testículos en mi cara, pero no pensaba apartarme de aquella pepita tan rica y deseba chuparla y lamerla hasta la saciedad, sin importarme nada más.
Pude sentir como sus labios vaginales fueron nuevamente desplazados al máximo, para dejar paso a aquel miembro que en forma avasallante se introducía en aquel hirviente horno femenino y seguí dándole lengua a su botoncito, extasiándome de ver y sentir tan cerca aquella excitante penetración y escuchaba los gemidos y quejidos que Blanca exclamaba, y sus palabras llenas de pasión diciendo “oooouuuhhhh, qué rico, esa vergota taladrándome y esa boca tan deliciosa, aaayyy papito, qué gusto, te amo tanto, me encantaaaaa, aaaahhhh” y en ese mismo momento pude sentir que se venía en un orgasmo espectacular, extenso; sentía las contracciones de su vagina en mi boca y más la chupaba y besaba, mientras que Aníbal seguía su bombeo furioso, excitado también al escuchar las ardientes exclamaciones de mi esposa y sintiendo también los espasmos del orgasmo de ella, que se transmitían a través de su miembro y le hacía gemir y exclamar con placer, “ooohh, que cuca más rica, mamacita, qué gusto, cómo se siente de divina, te gusta mi verga, verdad?, era lo que querías, pues disfrútalo, mira como te lleno toda, gózalo que para eso estamos aquí, para que goces” entonces ella decía “Sí, me encanta tu pene, es delicioso, tan grueso, tan duro, tan grande, me fascina!, lléname toda, ábremela bien, destrózame que estoy gozando como nunca!; y tú boca, – dirigiéndose a mí – mi amor, me tiene loca y me tiene extasiada el sentirlos a los dos, oooouuuhhhhh, qué divinooo, más, más, maaaás”. Aníbal continuaba su incisivo taladrar con su verga, haciendo que mi esposa cada vez se humedeciera más y más, y sus jugos corrían por sus labios vaginales, saliendo al exterior por causa del bombeo continuado que Aníbal mantenía y lógicamente debido al inusual grosor de su polla, que llenaba por completo el sexo de mi amada Blanca y entonces sus fluidos escapaban de aquella ardiente prisión en la cual sólo quedaba espacio para la vergota de Aníbal y resbalaban por mis labios y yo ansioso los absorbía y me deleitaba sintiendo su textura, su rico olor, mezclado con los fluidos preseminales de aquel hombre que en forma tan ardiente se follaba a mi esposa y más me excitaba verme en aquella situación tan terriblemente erótica.
A momentos Aníbal sacaba todo su miembro de la encharcada cuca de mi querida esposa y debido a la excitación no acertaba a introducírselo en su rajita y entonces chocaba con los labios vaginales de ella y trataba accidentalmente de entrar en mi boca, por lo que pude varias veces sentir la cabezota de su verga en mis labios, experimentar el sabor de los líquidos de un hombre en mi boca y aunque no era lo que yo buscaba y siempre he sido totalmente heterosexual, me parecía muy excitante aquella situación y me causaba cierta risa interna que sucediera esto; entonces yo apretaba la boca para impedir que me fuera a entrar allí y con la mano con la cual le abría los pliegues de la rajita de mi esposa para dejar al descubierto su hinchada pepita, le tomaba la polla a Aníbal y corregía la dirección, para que mi esposa pudiera volver a sentir la presión de aquel grueso en su súper excitada vagina.
Entonces decidimos cambiar de posición y ahora fue él quien se acostó boca abajo, con su polla enhiesta de frente a mi esposa y la tomó por la cintura y le dirigió su caliente vagina hacia su anhelante polla, que saltaba y cabeceaba de excitación, ante el paso de la sangre que seguramente se agolpaba en su miembro, extremadamente excitado por el gusto que se estaba dando y seguro por estar satisfaciendo su fantasía de poseer la mujer de otro mientras este miraba, puesto que varias veces nos había dicho que era su mayor fantasía hacer eso y que le parecía muy excitante, lo comento para dejar claro que nuestros deseos eran mutuamente compartidos y todos tres estábamos gozando enormemente y haciendo realidad todo lo que habíamos soñado en el sexo.
Mi esposa agachaba su rostro para no perder detalle de la eminente penetración y pudo ver como Aníbal le fue introduciendo centímetro a centímetro su voluminoso aparato y ver como sus labios vaginales se desplazaban hacia los lados para permitir el avance de aquel enorme miembro. Su cara reflejaba un placer inusitado y sus exclamaciones evidenciaban el gusto que le propinaba el sentir aquella vergota invadiendo sus intimidades y ella ayudaba también a que entrara más y más, moviendo las caderas y haciendo presión hacia abajo como para no dejar que por alguna razón Aníbal se arrepintiera y lo sacara en aquel instante y le cortara el extraordinario placer que la embargaba al ser así penetrada.
Entonces comenzó el bombeo firme y continuado de aquella gruesa polla, y yo no perdía detalle de tan excitante escena y podía casi escuchar el chapotear de los fluidos de mi esposa cuando el le metía y le sacaba rítmicamente su instrumento sexual y también el sonido del deslizar interno de aquella gruesa barra de carne por las paredes vaginales de su encharcada raja. No aguantando más la excitación por semejante espectáculo tan morboso y con mi verga a punto de partirse en pedazos de lo dura que la tenía, me dirigí a su entrada posterior, para preparar el terreno a la tan ansiada doble penetración que quería mi esposa sentir.
El ojete de su ano abierto por las manos de Aníbal mientras la perforaba enérgicamente con su mandarria, se veía rojito y precioso, casi me llamaba a comérmelo, entonces me agaché sobre sus nalgas y empecé a darle lengua a aquella joya tan preciada por mí y a introducirle mi lengua en su ano tan rico, luego llené mis dedos de saliva y empecé a frotarla, a intentar penetrarla con ellos, poco a poco, suavemente, para que no le doliera, mientras que ella decía “Síí, qué rico, quiero los dos adentro!” Así logré meterle un dedo y le daba vueltas para distensionar los fuertes músculos de su esfínter, mientras le untaba más y más saliva y trataba luego de meterle otro más, para su huequito posterior estuviera listo a recibirme sin dolor su parte.
Seguí dándole lengua otro rato, mientras le metía mis dos dedos y ya no aguantando más y viéndolo casi listo apunté mi anhelante verga a su estrechito culito y ella para prepararse empinó un poco más las cadera y Aníbal detuvo su movimiento, para colaborar en tan difícil momento. Expectante, ella gemía y decía: “Ay, con cuidado, papi, que me duele, despacio, despacio,” El placer que experimentaba en ese momento era increíble, su culo abriéndose dispuesto y yo empujando más y más, hasta que logré entrar por completo y entonces ella pegó un grito diciendo: “Ayyyy, no, me duele, espera, ya va” Yo lo saqué y me puse a darle más lengua y a acariciarla suavemente primero y fuertemente después con mis dedos, hasta que me pareció que ya era el momento y volví a intentarlo.
Esta vez cuando entró ella lo pudo soportar y se quedó un momento quietecita, esperando a que su delicioso ano se acostumbrara a la presión de mi pene. Aníbal continuó su bombeo y ella comenzó a gemir y a gozar y entonces yo también comencé a moverme, poco a poco, hasta que me uní al ritmo de Aníbal y mientras él le metía su verga en el chocho yo le sacaba la mía de su culo y viceversa, luego nos unimos y los dos lo metíamos hasta el fondo al mismo instante y podía sentir aquella gruesa verga juntarse a la mía, separada sólo por una delgada membrana de piel, incrementando nuestro placer ese delicioso frotamiento extra y brindándole a nuestra ardiente mujer las sensaciones más exquisitas de placer que jamás hubiera vivido, según podíamos constatar por sus gemidos y exclamaciones y de acuerdo a lo que más tarde me contara con plena confianza.
Yo seguía mi bombeo y no aguantaba más, sentía que la tenía en la punta, que ya me venía y trataba de aguantar más y retardar mi eyaculación, aunque ya llevábamos como 45 minutos variando y probando otras posiciones, entonces de repente siento que ella grita y se queja desesperada, diciendo: “Aaaaahhh, qué me vengo, me vengo, qué rico, los dos, se sienten divinos, estoy gozando… ooooouchhhhh, qué es esto tan delicioso, aaaayyyy, siiiiii,” Todo mi ser se estremeció de placer al escuchar sus palabras y fue el detonante que faltaba para soltarle yo también mi descarga y empecé a eyacular como nunca recordara, chorro tras chorro, y a cada chorro que expulsaba disfrutaba de un orgasmo tras otro, placer nunca antes sentido por mí y así seguía bombeando y eyaculando, llenando su estrecho conducto con toda mi esperma, caliente, que ella sentía y atrapaba en el interior de sus intestinos, mientras que Aníbal también se contraía y se sumaba a nuestras sensaciones, acelerando sus bombeos y arqueando la cintura y tratando de introducirla más y más adentro de aquella raja que casi le arrancaba su polla y comenzó entonces a decir: “aaaaahhh, qué llegada tan ricccaaa… oouuuchhh, otra vez lo siento, qué cuca tan divina tienes, ooohhh…” y comenzó a llenarle de su semen la ardorosa cuca de mi esposa y ella a gemir y a explotar de nuevo en otro orgasmo intenso, que la hizo estremecer y contraerse de pasión y gusto, mientras yo experimentaba en mi polla, que aún permanecía tiesa y dura, las sensaciones propias a los orgasmos de ellos, las contracciones del pene de Aníbal cerca del mío en el interior de mi querida Blanca y los estertores musculares de las paredes vaginales de ella al llegar a la cúspide del placer y en el clímax de la pasión sexual.
Así estuvimos toda la noche experimentando todo lo que se nos ocurría y gozando y disfrutando de un momento glorioso que afortunadamente para nosotros fue extraordinariamente satisfactorio y mi mujer y yo disfrutamos al máximo y él nos dijo con toda sinceridad que también lo había disfrutado muchísimo y que deseaba repetirlo el fin de semana a lo que Blanca y yo le respondimos que estábamos totalmente de acuerdo. Fue hermoso, lindo, bello, excitante, caliente, satisfactorio, lo que ustedes quieran, ver el despertar de nuevos deseos en mi esposa, sentirla gozando como nunca con otro, penetrarla doblemente, amarla hasta el cansancio, hacerla sentir plenamente mujer entre los dos… realmente fue fenomenal y precisamente hoy que estoy escribiendo vamos a repetirlo pues ya concertamos una cita y nos encontraremos de nuevo para dar rienda suelta a nuestra pasión y para hacer lo que por falta de tiempo no hicimos la vez pasada.
Espero que les haya gustado nuestra experiencia y que compartan con nosotros sus inquietudes con respecto al tema, prometo volver a escribir para contarles los detalles de lo que haremos hoy. Si quieren comentarnos algo al respecto nos pueden escribir al correo nelsonyblanca@hotmail.com y con gusto les responderemos.
Fiuuu… alguien necesitaba desahogarse allá arriba xD. (Y no, no lo leí)
Es tan Caliente la escritura del amigo víctor, que es imposible no excitarse al máximo, la lectura tiene que hacer en dos o hasta entres partes y continuar, felicidades por la experiencia y por la buena forma de introducir a tus amigos libidinosos de toda la web en tu historia.
hola es la experiencia ms maravillosa que hemos leido y no aguantamos las ganas de hacerlo para sentir lo que sentiste gracias escribenos….