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Equipado con instrumentos de elaboración casera y extravagantes fuentes sonoras, Diego Stocco te sumerge en las entrañas de una radical experimentación musical

Famoso por utilizar una de las más extravagantes paletas sónicas del mundo de la música, Diego Stocco se ha forjado una identidad que raya en la de un científico desquiciado en busca de obtener respuestas a través de una radical exploración sonora.

Llevando a un interesante límite el linaje de sononautas como el gran KH Stockhausen, Terry Riley, Alvin Lucier, y otros mavericks de los primeros brotes de la sofisticada corriente minimalista de los cincuentas, Stocco genera bizarras audio atmósferas a partir de una creatividad ciertamente obsesiva: el camino del caos a la armonía.

Su principal técnica consiste en grabar instrumentos rotos, y fusionar esos sonidos con los generados por instrumentos poco ortodoxos, de fabricación casera, así como recurriendo a fuentes sonoras de alta extravagancia. Este sendero técnico lo lleva a recurrir desde al simple movimiento de arena sobre una superficie sólida, hasta al sonido que despide un piano en llamas.

Pero más allá de su locura sónica, este italiano se ha convertido en uno de los más cotizados diseñadores de sonido en el mundo del cine, ya que su enorme acervo de loops multisampleados, un formato que le es característico, ha resultado ideal para la sonorización de largometrajes como Sherlock Holmes, de Guy Ritchie.

Sobre la construcción de uno de sus últimos instrumentos mutantes, el Bassoforte, Stocco relata:

“hace unos días comencé a pensar como reutilizar un viejo teclado de un piano desmantelado que aguardaba en mi jardín, así que pensé en construir un nuevo instrumento combinándolo con otras partes que tenía por ahí tiradas. Termine con un extraño híbrido mecánico que he llamado bassoforte. El cuello era de un bajo eléctrico que rompí hace tiempo, el puente es la manija de una puerta, las pisadas son de una vieja guitarra, y en la parte superior, en donde se sujetan las cuerdas, coloque la caja de una chimenea que funciona como un resonador a la vez que añade sonido de percusiones”.

Twitter del autor: @paradoxeparadis / Lucio Montlune

 

 

Mickey Mouse consumía y traficaba metanfetaminas en 1951

Por: pijamasurf - 06/18/2010

Una historieta muestra como Mickey, el ratón más famoso del mundo, consumió y traficó speed cuando esta substancia era legal y socialmente aceptada

La edición de una historieta de Disney, fechada en 1951, muestra como Mickey Mouse se convierte en un traficante de Peppo, en ese entonces el nombre comercial de lo que hoy conocemos como speed. En la aventura Mickey, después de probar las mieles de la metanfetamina, y de convidarle a su amigo Goofy, decide firmar un contrato con el proveedor de Peppo para traficar esta droga psicoactiva, por lo cual es enviado a África.

Este comic nos promueve interesantes reflexiones en materia de cultura y sociedad. Por un lado es curioso ver el manejo de los medios mainstream en torno a una substancia que hoy esta completamente satanizada, pero que en ese momento, como aún no era parte de la agenda de prohibición del gobierno, se trataba con “inocencia comercial” incluso promoviéndose a través de un producto destinado a un público infantil.

Y más allá, es interesante comprobar la capacidad que tienen los medios para asignar valores culturales a substancias esencialmente neutrales. Es decir, si partimos del hecho de que toda materia es intrínsecamente neutral y su carácter depende del uso que se le da o del peso simbólico que se le adjudica, los objetos y en este caso las substancias psicoactivas, son satanizadas o promovidas de acuerdo a agendas que poco tienen que ver con su esencia. Si no estas de acuerdo, pregúntale a Mickey Mouse, a JK Keneddy, o a Marylin Monroe, el inocente amor que profesaban al speed en aquellos tiempos que era una substancia socialmente aceptada.

Vía Erowid