El 7 de enero pasado, el Refugio Franciscano ubicado en Cuajimalpa, al poniente de la Ciudad de México, fue desalojado en un operativo de dimensiones dantescas. Cuatro camiones de granaderos y más de cien elementos se apersonaron en el kilómetro 17.5 de la carretera federal México Toluca, mientras que, a la par, daba inicio en redes sociales una campaña de influencers semejante a la vista hace poco en contra de las bebidas con electrolitos.
Todo perfectamente coordinado y puesto en marcha para desalojar a los "lomitos" del Refugio, conocidos como "los franciscanitos"…
La Fundación Haghenbeck
Don Antonio Haghenbeck y de la Lama era un acaudalado médico y hombre de negocios mexicano. De niño le gustaba escuchar las historias que su abuelo le contaba sobre su natal Alemania. De entre todas ella, una lo marcó de por vida: la del filósofo Friedrich Nietzsche quien, de paseo en Turín, vio cómo un cochero golpeaba salvajemente a su caballo. El mundo se detuvo a su alrededor y la escena lo transportó hasta aquel recuerdo de Dostoyevski, narrado un par de veces en su obra, en el que un grupo de rufianes muele a palos a una yegua por no poder jalar de un carruaje, golpiza que se mantiene hasta que los hombres rompen el espinazo del animal con una barra de acero, provocando su muerte. Algo se quebró también dentro de Nietzche, que corrió hasta el coche y protegió con su cuerpo al equino. Paradójicamente, de ahí en adelante la demencia lo arrastró, y jamás volvió a ser el mismo.
Antonio creció y con él su fortuna. Convencido de una firme devoción altruista, financió toda suerte de compromisos asistenciales, desde museos hasta conventos. Pero una causa en especial atrapaba su imaginación: usar su fortuna para ayudar a los animales maltratados y abandonados. Eventualmente, así lo dispuso en su testamento.
El Refugio Franciscano
Ita y Arturo volvieron a México tras una larga estadía por Europa. Las primeras semanas fueron de adaptación, pues aunque nunca olvidas tus raíces, tienes que volver a acostumbrarte al cambio de aire y de costumbres. Una noche salieron a cenar. Un puesto de tacos callejero les pareció idóneo. Pero en el trayecto algo les llamó la atención, una perrita yacía atropellada, tirada al lado del camino. Estaba desnutrida y con las tetitas guangas. Había muerto. Nada podían hacer.
Pasado el trago amargo, llegaron a los tacos. Esperaban su orden cuando otro perro mestizo atraído por el aroma dulzón de la carne arrebujó junto a los cajones de refresco, quizá buscando también consuelo. Arturo pudo ver cómo la miró el taquero y la mueca de desaprobación en su rostro; cómo tomó un pocillo que sumergió en la choricera donde se cocinaba el sudadero y, rabioso, se lo arrojó al animal, que disparado salió aullando con el lomo quemado por la grasa hirviente.
Arturo estuvo a punto de írsele a los puños al taquero. Se fueron sin pagar y de poco en poco, comenzar a asimilar la nueva realidad en la que se encontraban. Pero una cosa llamó poderosamente su atención: el camión de la basura, que siempre llegaba a su calle con dos lomitos juguetones que acompañaban a los trabajadores. Eran muy amigables y les pusieron nombre: Medea y Argos. Pero un día no vinieron más. Extrañados, preguntaron por ellos. «Se los llevo la perrera», les confirmaron los de limpia. Sus peores temores se confirmaron. Debían actuar rápido, tenían las horas contadas.
Consiguieron la dirección y de inmediato salieron para allá en el carro. Explicaron que buscaban a sus perros, que se los habían llevado en la mañana y los querían de vuelta. Al entrar en aquel lugar quedaron impactados. No creían que algo así fuera posible. Un angosto pasillo desembocaba al patio trasero de donde emergían filas de cubos de ladrillo con puertas de varilla soldada atiborrados de seres de triste mirada. Aquellas jaulas de cemento serían su última morada. En medio del patio una docena de perros permanecían de pie como encadenados unos a otros con cable, hasta llegar a una batería de auto de la que se sostenía con caimanes. El del mostrador explicó la situación a su colega. Ita señaló a Medea y Argos, a los que liberaron sacándoles a cada uno un electrodo de los anos. Estaban empapados, los habían rociado con manguera. No había papeleo ni que firmar nada, solo tomaron a los perros, se dieron vuelta y marcharon hacia el carro.
—¿Que era eso Arturo?
—Un multiplicador de voltaje improvisado. Van a sacrificarlos.
Aun no cruzaban el umbral de salida cuando escucharon el zumbido de la tensión eléctrica. La luz de los focos menguó en intensidad. Instintivamente, Ita se devolvió corriendo hasta el patio, solo para encontrar a los animales con las patas estiradas, tiesos. Se largaron de aquel infierno y se juraron hacer todo lo que estuviera en sus manos para combatir el sufrimiento que vieron en aquel maldito lugar.
El terreno en Cuajimalpa
La Fundación Antonio Haghenbeck llevaba ya varios años operando a favor de los animales, salvando miles de vidas con dedicación y esmero. Pero Antonio sabía que nadie tiene la vida comprada y sentía que su tiempo se acercaba. Para ayudar en la misión de poder hacer más rescates ofreció a tres albergues instalarse en un terreno propiedad de su fundación en Cuajimalpa, enclavado en las montañas del poniente de la Ciudad de México, entonces todavía poco habitadas. La Reserva, la Humanitaria y el Refugio Franciscano se instalaron, y en consecuencia, Antonio dispuso en su testamento que el terreno estaría en manos de dichas organizaciones siempre y cuando mantuvieran la promesa de usar el terreno para albergue de animales rescatados. Aunque Antonio Haghenbeck falleció en 1991, su legado continuaría…
Antes de fallecer, Antonio puso al frente de la Fundación con su nombre a Josefina Gonzalez Polo, amiga suya y de los animales, y como tesorera quedó Carmela Rivero, quien en los años dos mil ascendió a la presidencia de la Fundación, expulsó a Josefina y rompió lazos con el Refugio Franciscano.
En las sombras, un plan siniestro iba tomando forma. En 2020, la administración de la Fundación presidida por Carmela Rivero vendió, entregó y transmitió la propiedad del terreno de Cuajimalpa a Banco Ve por Más a través un fideicomiso. Las casi 16 hectáreas donde se encontraba el albergue, en una zona cuya plusvalía ha ido en ascenso al menos desde hace un par de décadas, se vendieron en un precio increíble, diríase de remate, de $650,000 pesos a Banco Ve por Más, la misma institución que en 2021 recibió 21 multas por deficiencias en la aplicación de sus políticas para la prevención de lavado de dinero.
El litigio
Posteriormente la Fundación, ahora presidida por Carmela Rivero, le comunicó a los refugios que debían de desalojar el terreno, ofreciéndoles supyestas facilidades para instalarlos en nuevas sedes con adecuaciones necesarias. Pero Refugio Franciscano resistió y se defendió bajo el argumento de que don Antonio Haghenbeck blindó en su testamento la operación del albergue en el terreno, y por lo mismo, modificar los estatutos era un ultraje a la voluntad testamentaria del filántropo. La Reserva y Humanitaria accedieron, pero a pesar de haber aceptado el traslado, sus instalaciones aún no están terminadas: hasta donde se sabe, no tienen presión suficiente en el agua corriente, el drenaje no está terminado y no tienen puertas de acceso.
En ese contecto, la Fundación demandó a Refugio Franciscano y el Juez 60 de lo Civil le dio la razón, a pesar del sospechosamente bajo monto de venta de $650 mil pesos del terreno en cuestión. El Refugio Franciscano recurrió la sentencia y pudo conservar la posesión del inmueble. Curiosamente, después de aquél revés para la Fundación, comenzó a correr el rumor de maltrato animal en las instalaciones del Refugio.
En 2022 ambas partes llegaron a un acuerdo en el que la Fundación se encargaría de habilitar un refugio en un terreno de condiciones similares pero en Texcoco. Lo entregarían con agua, electricidad y jaulas. Sin embargo, la Fundación no cumplió y en su lugar anuló el convenio. Buscando cómo sacar del terreno a los franciscanitos, la Fundación obtuvo un fallo favorable en otro juzgado amigo, y a pesar de que el Refugio Franciscano tenía hasta enero para apelar la decisión, hábilmente maniobraron para que el 10 de diciembre pusieran a la Fundación en posesión del codiciado inmueble. La subdirectora del Refugio Franciscano aseguró que en ese momento la Fundación aprovechó para fabricar pruebas y dirigir las acusaciones de maltrato animal en su contra ante la fiscalía. La Fundación lo anunció como un "rescate histórico".
Detonador del escándalo
De acuerdo con la columna de Alejandro Envila Fisher, director editorial de Eje Central, la intención de la Fundación y de Carmela Rivero en calidad de su presidenta es vender el terreno a la desarrolladora inmobiliaria Be Grand, conocida por sus monstruosos desarrollos de cientos de departamentos de lujo que cuenta ya con varios complejos en la ciudad de México y la cual recientemente comenzó a incursionar en Madrid, también con polémica, pues en particular la empresa se hizo de un edificio público en pleno centro de la capital española que será derruido para sus propios fines.
Dicha relación entre Rivero y Be Grand también fue difundida por el periodista y escritor Ricardo Raphael, quien la divulgó a través de ADN Noticias. En su intervención, Raphael calcula en por lo menos mil millones de pesos la inversión por las 16 hectáreas donde se asentaba el Refugio Franciscano.
Carmela Rivero creyó que sus relaciones con el alcalde actual de Cuajimalpa, Carlos Orvañanos, quien se encuentra por segunda vez al frente de la demarcación, serían suficientes para mitigar las consecuencias del desalojo del 10 de diciembre, toda vez que la diligencia fue ilegal por múltiples razones, entre otras, porque se ignoró una suspensión provisional en favor del Refugio Franciscano emitida por un juez de distrito y por no haberse agotado el término para interponer apelación. Además, al debate público se incorporó la pregunta por el fraude fiscal que supone un menor pago de impuestos por la venta del terreno en un precio a todas luces inferior de su valor real, cuando algunas valuaciones no dudan en tasarlo en millones de dólares. En ese sentido, cabe indagar también la simulación en la que incurrió un Notario Público al dar fe de la venta y asentarla en actas y registrarla en Registro Publico de la Propiedad y del Comercio. Y como la cereza de este amargo pastel de corrupción y codicia, la distorsión perversa en la voluntad testamentaria de don Antonio Haghenbeck, cuya intención fue que el terreno siempre funcionara en beneficio de los animales rescatados.
En un giro que no hizo más que sumar sospechas al caso, el Gobierno de la CDMX intervino con un gran despliegue de fuerza pública (detallado al inicio de este texto) y se llevó a los animales del Refugio Franciscano. Dijeron que los llevarían a albergues de la SEDEMA, pero en una publicación, la organización Mundo Patitas refiere que los refugios que antes se encontraban junto al Franciscano, fueron pintados con logotipos para hacerlos pasar como del gobierno y obligados a recibir a más de 200 animales producto del “rescate” en un acto de simulación.
Por su parte, el activista Arturo Islas Allende, acudió a las instalaciones a donde el gobierno de Clara Brugada se llevó a los perros sustraídos del Refugio Franciscano, dando cuenta de que por más de 4 días los han mantenido enjaulados en kennels (o cajas tipo transportadora) sin acceso a agua y por supuesto el espacio necesario para un nivel mínimo de comodidad. Estas condiciones fueron confirmadas por otros medios de comunicación.
Por si fuera poco, Carmen Aristegui publicó un reportaje en donde se muestra que Carmela Rivero es fundadora y accionista de dos empresas inmobiliarias, Fortini S.A de C.V. y Setembrini S.A. de C.V. lo cual levanta las sospechas de conflicto de interés para presidir la Fundación que vendió el susodicho terreno y le cambió el uso de suelo para poder edificar proyectos habitacionales.
En entrevista en vivo con la propia Aristegui, Rivero fue cuestionada sobre el proyecto inmobiliario del que se ha hablado en estos últimos días como la motivación detrás de todo este conflicto. A la pregunta, Rivero respondió que "no es de interés de nadie", y que "cuando la propiedad de alguien pertenece a esa persona, los propietarios pueden hacer lo que quieran con su propiedad".
A raíz de la presion mediatica, la Fundacion Haghenbeck aseguró "que sí van a usar el dinero [de la venta del terreno para bien de los animales", en un comunicado que sin embargo está lleno de contradicciones, desde el precio de venta del terreno hasta su versión respecto a la última voluntad de don Antonio y otros aspectos tanto o más importantes de esta situación.
El problema se ha salido de control, pasando de ser un pleito entre particulares, a una desagradable muestra de lo lejos que ha llegado la corrupción, donde el cartel inmobiliario ha cambiado de rostros y de agentes, afectando sin embargo esta vez a indefensos que creían haber encontrado un hogar.
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