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En el marco del Día del Amor y la Amistad, datos del INEGI muestran que cada vez menos mexicanos se casan; factores económicos, cambios culturales y una creciente crisis del compromiso están transformando las relaciones en el país

Cada año, el Día del Amor y la Amistad llena las calles de globos, flores y promesas románticas que parecen recordar una idea clásica del amor: encontrar pareja, construir una vida en conjunto y, eventualmente, casarse. Sin embargo, mientras la celebración insiste en ese imaginario, las cifras muestran que la realidad afectiva en México está cambiando de forma profunda.

Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revelan que, en las últimas dos décadas, la proporción de personas casadas en México se redujo de manera importante. Si en 2005 casi la mitad de la población mayor de 15 años estaba casada, para 2025 el porcentaje descendió notablemente. En contraste, crecieron las uniones libres y también aumentó el número de personas que permanecen solteras.

Más que un simple cambio numérico, estas cifras reflejan una transformación en la forma en que se conciben los vínculos afectivos y en lo que hoy significa comprometerse.

El matrimonio pierde fuerza, pero no necesariamente por elección romántica

Durante años se pensó que el descenso del matrimonio era señal de mayor libertad para amar de otras formas. Sin embargo, el panorama también puede leerse desde un ángulo más crítico: el compromiso a largo plazo parece volverse cada vez más difícil de sostener en un contexto social y emocional más complejo.

La disminución de bodas no siempre responde a una visión idealista de independencia, sino a la sensación de que construir proyectos duraderos implica riesgos económicos y emocionales que muchas personas prefieren evitar. Las relaciones siguen existiendo, pero se desarrollan bajo condiciones más frágiles, marcadas por incertidumbre y expectativas cambiantes.

La economía como obstáculo cotidiano

Hablar de pareja hoy también implica hablar de dinero. Formar un hogar en ciudades como la Ciudad de México, Estado de México, Nuevo León o Jalisco supone enfrentar rentas elevadas, salarios que no siempre alcanzan y una posibilidad cada vez más lejana de adquirir vivienda propia.

Este escenario vuelve menos atractivo el modelo tradicional de matrimonio, que históricamente implicaba estabilidad material y planes conjuntos a largo plazo. Para muchas personas jóvenes, casarse puede sentirse menos como un paso natural y más como una carga financiera difícil de sostener.

La precariedad no solo retrasa decisiones, también redefine prioridades: primero sobrevivir, después pensar en proyectos en común.

Una crisis de compromiso que también es cultural

A la presión económica se suma un cambio sociocultural profundo. El compromiso atraviesa una crisis que tiene que ver con cómo se entienden hoy las relaciones, los roles de género y las expectativas emocionales.

En los últimos años ha crecido la conversación sobre una crisis de masculinidad que atraviesa a muchos contextos sociales. Algunas mujeres heterosexuales expresan una creciente insatisfacción frente a dinámicas que perciben como desiguales, especialmente en temas de corresponsabilidad emocional y doméstica. Para muchas, mantenerse solteras se vuelve una decisión consciente ante la dificultad de encontrar vínculos equilibrados.

Este fenómeno no puede separarse de los cambios culturales recientes, donde las mujeres han ganado mayor autonomía económica y emocional, redefiniendo lo que están dispuestas a aceptar dentro de una relación.

Más solteros no significa necesariamente más satisfacción

El aumento de personas solteras no debe interpretarse automáticamente como una celebración de la independencia ni como un fracaso del amor. Más bien evidencia una etapa de transición donde muchas personas priorizan su estabilidad individual frente a la incertidumbre de compromisos prolongados.

El crecimiento de separaciones y divorcios también refleja una menor disposición a permanecer en relaciones que no funcionan, pero al mismo tiempo sugiere que sostener vínculos duraderos se vuelve más complejo en un contexto social cambiante.

El Día del Amor en tiempos de incertidumbre

En el marco del Día del Amor y la Amistad, las cifras invitan a mirar más allá de la narrativa romántica tradicional. El descenso del matrimonio no significa que el amor haya perdido valor, pero sí muestra que las condiciones para vivirlo han cambiado.

Hoy el vínculo afectivo convive con preocupaciones económicas, transformaciones culturales y nuevas discusiones sobre compromiso y género. Tal vez el verdadero cambio no sea que las personas ya no quieran amar, sino que cada vez resulta más difícil imaginar el amor bajo las mismas reglas de antes.


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Imagen de portada: GOB MX