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Tener esta habilidad es signo de la inteligencia más alta

Arte

Por: pijamasurf - 09/17/2017

Esta probablemente sea la inteligencia más alta, superior a lo que reflejan los examenes de IQ: una inteligencia holística y emocional, capaz de percibir la realidad y fluir

El escritor F. Scott Fitzgerald, uno de los más grandes novelistas del siglo XX en lengua inglesa, dijo famosamente que: "la prueba de una inteligencia de primer orden es la habilidad de sostener ideas opuestas en la mente al mismo tiempo y aun así mantener la habilidad de funcionar". En otras palabras, ser capaces de residir en la paradoja, en la ambivalencia, en la ambiguedad. Ir más allá de la lógica aristotélica de que algo es una cosa y por lo tanto no puede ser otra, es esto y por lo tanto no puede ser otra. Una mente que está libre de la polarización, del maniqueísmo, del fundamentalismo, de ver el mundo como blanco y negro o bueno y malo sin toda la riqueza de tonos intermedios. Esta capacidad, por otro lado, tiene que ver con la percepción o el entendimiento de la realidad, la cual es más compleja y ambivalente y no tiene un único significado, sino que es una construcción interdependiente. Esto fue bien descrito por Robert Anton Wilson:

Todos los fenómenos son reales en algún sentido, irreales en algún sentido,  sin sentido y reales  en algún sentido, sin sentido e irreales en algún sentido y sin sentido reales e irreales en algún sentido…

O como dijera Nagarjuna, el padre de la teoría de que las cosas no tienen existencia independiente en el budismo o que están vacías, concepto central del budismo mahayana:

En la verdadera naturaleza no hay ni permanencia ni impermanencia.
Ni ser ni no-ser, ni limpio ni no-limpio.
Ni felicidad ni sufrimiento.
Así los cuatro puntos de vista equivocados no existen.

O el sublime sendero de la más alta inteligencia del tao, que es un camino y sin embargo es un camino que no puede caminarse:

El camino que puede ser recorrido no es el eterno camino. 
El nombre que puede ser nombrado no es el eterno nombre.

Llegamos a un sitio más allá de la lógica y de la dualidad. Y es que de hecho la realidad no tiene una definición única, ni las cosas existen por sí solas, y por lo tanto tienen múltiples valores y posibilidades. La física cuántica ha demostrado que la luz es onda y partícula (existe en superposición); las cosas existen y no existen a la vez. Ser y no ser, esa es la cuestión. Esto es muy difícil de entender y de contemplar (incluso de jugar con), ya que la mente busca seguridad, busca identificarse con algo (lo cual le da seguridad), busca definir las cosas para defenderse de la incertidumbre, pero, a la vez, entenderlo, o al menos darle el beneficio de la duda es altamente liberador, puesto que así no limitamos nuestro potencial y las posibilidades de la existencia. Así podemos acercarnos al misterio y desencadenar la creatividad. Sí, la ambigüedad nos puede producir una sensación de vértigo y de vacío, pero por otro lado es la verdadera sal de la existencia. Como dijo el filósofo budista Nagarjuna: "ya que todo está vacío, todo puede ser". Todo puede suceder, el mundo está abierto, fresco, vibrante; las cosas no están dadas, sino que tenemos que descubrirlas por nosotros mismos y aventurarnos a lo desconocido. Y de hecho es más interesante y estimulante que así lo sea, hay mucha más energía en existir de esta manera tan abierta e indefinida. Quien no se angustia por esto accede a la energía del caos, a la energía primordial que aún no toma forma.

Esto no sólo tiene una aplicación filosófica; también, en un sentido psicológico de utilidad mundana, poder sostener visiones contrastantes sin identificarse con una única visión es algo muy valioso. Por una parte, evita el fundamentalismo y nos permite el diálogo y la apertura a otras ideas. Una forma simplificada de los beneficios de esto puede atisbarse en el famoso experimento de los malvaviscos de la Universidad de Stanford en los años 70. Niños de 3 años fueron presentados con un malvavisco y una proposición. El investigador les presentaba la posibilidad de no comerse el malvavisco y en 15 minutos les daría dos o más, pero tenían que aguantar. Si el niño se comía el malvavisco, ya no habría más. Lo notable de esto es que, cuando los investigadores siguieron al grupo del experimento años después, notaron que aquellos que habían podido esperar en la habitación sin comerse el malvavisco mostraron tener mejores resultados en pruebas psicométricas, niveles de satisfacción, salud y demás.

Para un niño, este experimento básico representa sostener en la mente dos ideas en conflicto y una sensación de ambigüedad: el pensamiento "Quiero comerme el malvavisco" y "Si no me como el malvavisco, luego tendré más". Hay una cierta resiliencia, a la vez que una capacidad de ver más allá de lo inmediato. Contempla,, por ejemplo estas dos ideas: "Puedo morir en cualquier momento. La muerte es inevitable" y "La vida es maravillosa. Amo la vida". Aparentemente estas ideas se oponen, pero sostenerlas al mismo tiempo puede ser lo más provechoso.

En el adulto, generalmente este tipo de ocasiones se presentan en momentos en los que no tenemos certidumbre de lo que va suceder y en los cuales hay posibilidades que entran en conflicto sobre un desenlace. En estos momentos podemos ser presa de angustia, parálisis o falta de motivación y colapsar y bajar nuestra eficiencia, o podemos mantener la calma, seguir haciendo lo que nos compete o considerar un camino medio entre los posibles desenlaces. El signo de inteligencia --que es el poder estar a gusto con la ambigüedad y la ambivalencia-- es justamente no caer en los extremos, no apresurarse a definir y etiquetar, tener paciencia y contemplar las cosas sin proyectarles el deseo --que viene del miedo y la ansiedad-- de cierre, de que se revelen como algo definido y concluyente. Esta inteligencia es, a fin de cuentas, la capacidad de jugar con la naturaleza vacía de los fenómenos, esto es, con su potencial sin límites. 

Continuamos el recorrido por las 9 postales que el director británico ha legado a la historia del cine y a nosotros, su cautiva audiencia

Dunkerque generó desde su anuncio como proyecto una expectativa punzante que fue confirmada tras las reveladas escenas de sus avances, donde una tripulación aglomerada en un pequeño buque giraba la mirada hacia el cielo en angustia, el sonido de la amenaza se aproxima y el estupor de lo que vendrá dejaba su proclama en suspenso. Aunado a dicha secuencia, así como a un elenco en secrecía de complicidad creativa, rumores y ansias acrecentaron el interés por ver lo que el director resguardaba desde sus expresos deseos por filmar una película de guerra; el resultado: una obra impactante que celebra el décimo sello de su filmografía. Aunque la batalla acontecida durante los inicios de la segunda guerra mundial fue llevada al cine por Leslie Norman en 1958 con un cuadro de lujo encabezado por Richard Attenborough, Dunkerque no es propiamente un remake sino una nueva forma de contar la historia, una película que, desde ya, ocupa un lugar de privilegio en el cine bélico de nuestro tiempo. Pero antes de comentar esta nueva oferta en la exclusiva relación de los estudios Warner con Nolan, y que bien vale disfrutar en la mejor sala de cine posible, disponemos continuar el recorrido por las nueve postales que el director británico ha legado a la historia del cine y a nosotros, su cautiva audiencia.

 

Sin remitente

EL SEGUIDOR (Following) 1998

Hacer de la toma inicial una imagen memorable, provocar los sentidos del espectador desde la primera secuencia, y dejar que el público siga al personaje a tal grado que sienta su caminar como propio, es el anhelo de cualquier director en su ópera prima. Christopher Nolan logra mantener al espectador atento, al medio, afuera o al centro de un círculo continuo desde su primera cinta, la única que realizó en la década de los 90, la que anuncia el advenimiento de un realizador fundacional.

Con la misma óptica en blanco y negro de su experimental corto Doodlebug que nos recuerda al cine negro de los años 40 y acompasada por la ansiedad de su protagonista Jeremy Theobald, El seguidor da cuenta de un joven aspirante a escritor, que advierte un curioso interés por la vida de los demás; así comienza un ritual de seguimiento a diferentes personas con las que no interactúa, buscando de alguna forma descifrar su origen, su motivo, el porqué de su caminata y los hacia dónde de su destino. De pronto la trama lo tiene inserto en la deriva de una confrontación con Cobb, interpretado por Alex Haw, un seguidor profesional que allana los hogares y la intimidad de sus acosados, ganando la admiración del joven y atrayéndolo a su propia seguidilla de atracos y delinques. Cobb y una mujer rubia, denominada así en la delimitación característica de su nomenclatura o aspiracional oficio, tienen al joven en una encrucijada de audaz propuesta narrativa y visual, que marcará en parte el estilo de Nolan y que manifiesta, incluso, un detalle fantástico gráficamente referenciado en la puerta de la casa –objeto-afección– del joven, una efigie nítida en pleno claroscuro fotográfico: el logo de Batman, la cinta de Tim Burton. Una premonición, gusto expuesto, guiño casual o el aviso de un objetivo confeso del director por realizar su versión del hombre murciélago. El seguidor es la búsqueda de la identidad, la seducción de la otredad, la curiosidad de una historia escrita por otro; el amor furtivo y desleal, el engaño, la ilusión y la inocencia, la obsesión y el voyerismo, integran la postal sin remitente de un joven director que filmó, escribió, editó y dirigió su primera película.  

 

Memorabilia, la impronta

EL ORIGEN (Inception) 2010

Un robo a través de la mente, la creación de una realidad alterna donde la información es el botín y la estrategia del colectivo es habitar los sueños, se ve interrumpida por una  intromisión al subconsciente invasor que rebasa los planes de Cobb, interpretado por Leonardo DiCaprio, en alusión nominal a El seguidor, generando el contraataque directo de quien siendo víctima mientras duerme, despierta al medio del sueño para descubrir el delito. A partir de ahí, la necesidad de generar una impronta e implantarla en las víctimas es la misión del equipo comandado por Cobb, a riesgo de morir al ser despertados en somnolencia.

La única conexión entre realidad e imaginación que tendrán los asegunes reside en un tótem, que pudiera ser un objeto que une al viajero de los sueños con la realidad. Así, la pirinola de Cobb al ser girada se detiene en la realidad y sigue girando sin cesar en la travesía, dejando abiertas las aristas de la deducción de la audiencia, en esta producción conducida, como la mayoría de las obras de Nolan, por su esposa Emma Thomas, en un binomio que nos recuerda la mancuerna creativa de Peter Jackson y Fran Walsh. Pletórica de efectos visuales que revolucionaron las bases mismas del montaje, El origen se convirtió en una película que más allá de atraer una copiosa audiencia mediante sus espectaculares efectos visuales, generó debates y resoluciones propias de las innumerables referencias a la psicología, a la filosofía y a la literatura vestidas todas de símbolos, significados y mitos que bien registran laberintos de cuevas platónicas y borgianas. La relación entre realidad y sueño se bifurca en la individual abducción de los personajes y en su colectiva sensación de sueño compartido. Una cinta coral que junto a DiCaprio presenta las actuaciones de actores fetiches de Nolan como Cillian Murphy, Ken Watanabe y Michael Caine, junto a Ellen Page, Marion Cotillard, Joseph Gordon-Levitt y Tom Hardy, para hacer de la memorabilia de los objetos, la enhebrada guía que une los sueños profundos con las imágenes creadas desde la irrealidad.

El origen es la película más compleja de Nolan desde su variopinta construcción cinematográfica, una sinfonía compuesta por enfáticas secuencias a tiempo y a destiempo entre personajes y lugares de forma simultánea, ya sea entre sueño y realidad o entre imaginación y fantasía, ofreciendo en este sello una apuesta por la indefinición, donde la inserción de una impronta que no fenece o la implantación de una idea que sí genera, conforman una espiral que abre dimensiones y perspectivas. Hans Zimmer, compañero de Nolan, quien capta con total empatía la intencionalidad sonora del director británico, acompasa los sucesos con una música extraordinaria, cimentada en la cresta por la canción “Non, je ne regret rien” en voz de Edith Piaf, caracterizada en La vida en rosa por la misma Cotillard y cuya duración de 2 minutos 28 segundos coincide con la numeralia de la cinta: 2 horas, 28 minutos. El origen integra dos universos que gravitan la dual órbita de Christopher Nolan: la imaginación como alternativa de la realidad y la idea como alternativa de los sueños.

 

Sello oficial-El discernimiento de la identidad

EL CABALLERO DE LA NOCHE (The Dark Nigth) 2008

La muerte inesperada como antesala de una actuación memorable, el emotivo adiós a un actor entregado a la posteridad de su talento como legado, y una representación vívida, emocional y profundamente explorada del superhéroe, no desde sus causas y consecuencias sino desde sus circunstancias, llevaron a El caballero de la noche a dar verosimilitud, continuidad y enlace a la trilogía de Nolan sobre Batman, como un interludio único, desbordante y magistral. Estrenada tras el duelo sorpresivo en el público por el aparente suicidio de uno de los más prometedores y confirmados talentos de su generación, Heath Ledger, en la que sin duda es la mejor actuación que haya visto el celuloide de Nolan a lo largo de sus ya 10 cintas, El caballero de la noche es una perturbadora y reflexiva inquisición desde la confrontación ético-moral ante el discernimiento que conlleva la bifurcación de dos caminos y la dualidad de una moneda lanzada al aire. El Guasón de Ledger consumó a un histrión en el pico máximo del talento actoral que pudo mostrar en su corta edad, y que había dejado un previo testimonio de grandeza en su humana, sensible y conmovedora actuación en El secreto de la montaña de Ang Lee.

La tensión y el suspenso envuelven a los personajes que dubitan cada toma de decisión, donde la maldad obliga desde los contextos y la bondad se muestra como una debilidad más que como una fortaleza incólume, el ser humano es llevado al límite de las alternativas y sus escasas opciones, la exploración de los rincones de la maldad en lo bueno y de lo bueno en la maldad, son algunas de las caleidoscópicas temáticas que hacen de esta segunda entrega de la trilogía una cinta fundacional del género de superhéroes. Aquel que es amado puede ser odiado, aquel que persigue puede ser perseguido, es la irresoluble teoría de la dualidad existencial que Nolan muestra de forma perenne para generar el debate inmediato de la audiencia con sus personajes. El Bruce Wayne de Christian Bale se presenta vulnerable ante sus propios demonios, dubitativo ante sus sombras y desconcertado ante los fantasmas de su pasado, incierto al devenir más temerario para asumir lo que vendrá tras la oscuridad de la noche.

La muerte como un antecedente y consecuencia, la habilidad como una cualidad de la maldad, y la lealtad como una resultante del apego, convergen en la palestra que acompaña la villanía de Dos Caras derivada del incorrupto político y que hacen de la relación héroe y  villano una intrínseca diatriba entre las intenciones y el deber ser. La agudeza mental y la locura del Guasón retando los principios del héroe, el amor como un imposible del hidalgo, y la complicidad de la ley como alternativa a la violencia, hacen de este Batman una extraordinaria postal del discernimiento capitular de la condición humana.

 

Definitiva

AMNESIA (Memento) 2000

Obra maestra y sello definitivo en el canon cinematográfico de Christopher Nolan, Amnesia, su segunda película, es una innovadora propuesta narrativa, un atisbo a la recuperación del olvido ante los dejos de la memoria, y el reto de un guión que irrumpe con total autoridad entre la estructura convencional del guión, para aportar nuevos horizontes creativos ante los establecidos dogmas del cine. Amnesia, como si fuese una oda a la posmodernidad que especializa y fragmenta, que difumina y disecciona, que desordena y ordena el caos por la premura y por la urgencia, inicia el nuevo milenio como un desafío del montaje desde su edición y como una invitación hacia la audiencia para no perder ninguna escena, ningún plano, ningún segundo ni los 24 fotogramas que lo integran. Amnesia parte de un guión que adapta el primigenio relato “Memento Mori”, publicado a posteriori en el 2001 por su hermano Jonathan, y que utiliza diferentes recursos literarios para reflejar la atemporalidad y el desarrollo no lineal de su trama, como las analepsias, hipérbatos y anacronías que posibilitan la predisposición, el prejuicio y la argumentación ante el devenir dialéctico expuesto entre los hechos, los personajes y sus recuerdos. Guy Pearce personifica a Leonard, quien sufre la pérdida de la memoria de los sucesos recientes que vive en el largo plazo, frente a lo cual recurre a capturar los detalles que pudieran difuminarse al mediano plazo en su encomienda: develar el misterio del abuso y asesinato de su esposa, y atrapar por ende al asesino.

De esta forma y apoyado en la memoria sensitiva que conserva, tiene presente siempre tomar fotografías de las personas que conoce, de los lugares que visita, frecuenta o habita, y para asegurar no perder las aprendas de su encargo, procede a tatuarse las pistas que recaba su motivo. Joe Pantoliano interpreta a Teddy, personaje que manipula, confunde y distorsiona la realidad desde los sucesos que recrea en Leonard, como una suerte de conciencia que al revelarse desde los presupuestos psicológicos de la trama, pone en entredicho las versiones de los acontecimientos que configuran la historia. Mientras en El seguidor la identidad se hace presente como una temática perenne, en Amnesia Nolan suma a la búsqueda de la identidad la recuperación de la memoria, e inaugura otra premisa: el motivo, sea el recuerdo mismo, sea atrapar la imagen, recrear hechos, o su simple consecución de justicia, venganza o supervivencia en el memento como plegaria de vida o muerte, o como simple recuerdo. Amnesia es un sello de memorabilia pero ante todo, el sello definitivo de un maestro en total libertad creativa y existencial comunión con su obra.

 

Conmemorativa

El décimo sello-DUNKERQUE (Dunkirk) 2017

Dunkerque, el décimo sello en la filmografía postal de Christopher Nolan, conmemora un momento crucial de la segunda guerra mundial, un instante definitivo de resistencia, aplomo y solidaridad, en los más tensos intervalos de retroceso, invasión y derrota que sufrían los ejércitos aliados. Amén del suceso histórico que fuese llevado al celuloide en 1958 por Leslie Norman, Nolan presenta su propuesta narrativa desde una concatenación de sucesos heroicos, enmarcados en el acontecimiento histórico que detonó en parte una segunda etapa de la guerra.  Varios elementos del cine clásico de guerra que tuviera su auge justamente durante la segunda guerra mundial y en los años posteriores a ella, aparecen en la película: la causa manifiesta, el heroísmo de los protagonistas, el sacrificio y la inmolación del regimiento, el enemigo indolente, el sentido patriótico y propagandístico de los sucesos, los discursos políticos y la crueldad reflejadas con suma realidad en las batallas, destacando la valentía de soldados británicos y franceses, así como de los voluntarios inmersos en la batalla al unísono de bombardeos y metrallas.

Dunkerque es una proeza de la cinematografía desde su manejo de los tiempos narrativos y visuales, donde los recuerdos del pasado y presente se conjugan para resaltar la importancia del acto, y el reconocimiento en conmemoración de los caídos y sobrevivientes del hecho histórico. Desde que inicia hasta que termina, la película no da tregua, ni siquiera en los silencios de sus personajes encarnados por un coral elenco encabezado por el joven Fion Whitehead y los experimentados Kenneth Branagh, Cillian Murphy (el ya citado fetiche del director), Mark Rylance y Tom Hardy, entre otros. La banda sonora de Hans Zimmer alienta el sonido de las manecillas del reloj que avanzan como avanzan los aviones que surcan los cielos, los torpedos que hunden los buques y la tierra que ve sucumbir a regimientos ante los estallidos.

La duda y la suspicacia ante el propio aliado, el temor de volver a la guerra en quien la ha vivido y de quien avanza hacia ella sin uniforme pero con un ideal a cuestas, la gallardía de un comandante y su convicción por auxiliar al aliado a pesar de la muerte como amenaza, el honor de un piloto hasta aterrizar con dignidad su caza, y el instinto de supervivencia de los jóvenes soldados, hacen de esta película un artístico y solemne homenaje como vestigio. La derrota es mostrada como la unificación que inspiró continuar la guerra a pesar de las tendencias poco alentadoras en esa etapa del conflicto, y para asirse a ese objetivo, Nolan despliega su talento mediante la dirección de un portentoso equipo técnico que coreografía una poética obra maestra. Si sus cintas innovadoras son admiradas, sus películas de ciencia ficción éxitos de taquilla y sus versiones fantásticas aclamadas, Dunkerque, como su primera cinta histórica, no sólo se encamina hacia todas las cualitativas calificaciones anteriores sino quizá, finalmente, a la premiación del director como un merecido reconocimiento a quien ha logrado aportar al cine en cada una de sus epístolas, una propia visión estética, poética y emocional a lo largo de 10 sellos postales.

 

* Iván Uriel Atanacio Medellín. Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas El surco y El Ítamo, que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades a nivel internacional. Dirigió los documentales La voz humana y Día de descanso. Es Director Editorial de Filmakersmovie.com.