*

X

Se identifican las herramientas que caracterizan a los líderes del mañana

Sociedad

Por: PijamaSurf - 06/30/2017

Algunas conclusiones luego de monitorear el desarrollo de niños con habilidades extraordinarias

En los salones suelen sobresalir dos tipos de estudiantes por sus excelentes calificaciones: los disciplinados y constantes, cuyo esfuerzo los lleva a superar al profesor, y aquellos alumnos que al nacer ya lo habían superado. El prodigio que representa un ser humano con capacidades intelectuales superiores es motivo de curiosidad y misterio. Sobre todo, surge la interrogante respecto a cuánto de su genialidad es producto del entorno en que ha sido educado y si acaso una persona promedio puede aspirar a sus conquistas con base en dirección y perseverancia.

El programa Estudio de la Precocidad Matemática Joven (SMPY, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Vanderbilt se ha dedicado desde 1972 a rastrear las habilidades y la carrera profesional de más de 5 mil genios. El propósito es mejorar la comprensión de sus necesidades y las causas que determinan los desarrollos profesionales tan disímiles que llegan a tener.

Los genios que monitorea este programa fueron elegidos por haber conseguido colocarse antes de los 13 años en el 3% más alto de los resultados del SAT, el examen diseñado para ingresar a la educación superior en Estados Unidos y el cual evalúa la habilidad matemática y lingüística. El SMPY encontró que las cualidades que distinguen a estos genios son la capacidad para resolver problemas matemáticos novedosos y una intensa memoria y percepción de los objetos en el espacio. Con estos atributos las nuevas generaciones pueden enfrentarse a los retos que representan ya un riesgo para la civilización: el cambio climático, los fundamentalismos, insospechadas enfermedades, etcétera.

Sin embargo, los atributos de la superinteligencia no bastan para forjar a los líderes del mañana. El SMPY también ha analizado la influencia del ambiente. Las instituciones y la sociedad que alberga al genio deben permitirle su desarrollo, como saltarse 1 año del curso. Los niños superinteligentes que han tenido esta oportunidad tienen 60% más de probabilidad de conseguir un doctorado que otros niños con la misma capacidad. 

¿Por qué Francia es el país más pesimista del mundo? (INFOGRAFÍA)

Sociedad

Por: pijamasurf - 06/30/2017

Francia aparece constantemente en el último lugar de los sondeos sobre actitudes hacia el futuro

Si les preguntáramos, ellos probablemente dirían que por realistas e incluso por su inteligencia. Los otros países son más naïve. En Francia el pesimismo es una especie de deporte nacional ligado a la crítica, al análisis más concienzudo y despiadado, a la racionalidad que destruye el optimismo (que a fin de cuentas es una forma de fe). Nadie como Voltaire para arrojar una mirada desangelada y llena de ingenio a la condición humana: "el optimismo es la locura de insistir en que todo está bien cuando somos miserables". El mundo es una tragedia, pronto moriremos y no hay solución, no hay dios, no hay trascendencia. Sólo tenemos esta existencia. Francia también produjo a Sartre, quien "hizo del ennui algo chic", y generó mayormente el posmodernismo, quizás la ideología dominante actualmente, una ideología en la que, en términos generales, se pone en duda la existencia de la verdad y la moral y se ve todo con ironía y escepticismo. El psicólogo canadiense Jordan B. Peterson no tiene clemencia con esta visión del mundo:

Los posmodernistas logran ser nihilistas y totalitarios al mismo tiempo, algo que ni siquiera Nietzsche había soñado pese a que tenía la más grande imaginación para la patología que jamás haya existido. Además combinan el nihilismo y el totalitarismo con los peores aspectos de la religión.

Evidentemente se puede diferir de lo que piensa Peterson del posmodernismo, pero el punto aquí es que Francia y sus intelectuales son el gran exponente del pesimismo, en gran parte por haber deconstruido las grandes narrativas y los grandes centros de significado. Algunos dirán que con razón. Nadie domina la razón como los franceses, pero, parafraseando a Pascal, la razón sin corazón no conduce a la felicidad y quizás eso sea un error del intelecto. Creer que tener razón es más importante que ser feliz o que encontrar significado y motivación para vivir bien es una trampa de la infatuación del propio intelecto. 

Todo esto a colación de una nota que publicada en The Economist en la que se sugiere que el éxito de la campaña de Macron en parte se debe a su entusiasmo y a su optimismo --remedios para combatir la morosidad francesa. Y los prospectos económicos lo celebran (aunque claro, esto parece ser también parte de la agenda neoliberal de The Economist, que se encarga de crear burbujas constantemente). Lo interesante de esto es, sin embargo, el contraste de la actitud positiva de Macron con el pesimismo francés, siendo que Francia invariablemente aparece en los últimos lugares y generalmente en el último en sondeos sobre los países que ven con menos optimismo el futuro (ver aquí o aquí).

Existen dos lecturas fundamentales de esto (los posmodernistas nos dirían que existen innumerables perspectivas, cada una remitiéndonos a otra, en una infinita cadena de referencias circulares). Por un lado, el pesimismo francés parece ser en parte reflejo de su inteligencia, de no ser engañados tan fácilmente por los políticos y demás, y también de su frío análisis de la condición humana (la vida como la vivimos es esencialmente trágica). Por otro lado, parecen ser esclavos de su propia inteligencia, ya que una cierta actitud positiva (no una mera actitud delusoria, sino una afirmación de lo "bueno") en términos pragmáticos es bastante útil para casi cualquier cosa que realizamos en la vida. ¿Puede un agnóstico tener fe?