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El sonido como una especie de piel o escama, un hálito dérmico de las energías que pululan el universo. Un fenómeno de tacto audible del mundo que nos devela eso que configura la realidad desde la escucha

El campo de lo sonoro se manifiesta en el cosmos de lo micro a lo macro. Tanto las bacterias como los astros se configuran y emiten diversas frecuencias y vibraciones. Así, mientras exista un campo contenedor (éter) donde se propague y un ente que las interprete, el fenómeno sonoro tendrá lugar en el universo. Una definición cercana es la propuesta en el principio básico establecido hace ya mas de 100 años por Georg Ohm sobre la percepción acústica: el sonido consiste en oscilaciones y rarefacciones condensatorias de aire (aumento y disminución de la presión).

Para la neurofisiología, la definición del oído (ese ente que percibe) es:

un sentido para percibir, compuesto por órganos sensibles al sonido los cuales están facultados para captar y transformar las variaciones de presión originadas por la propagación de las ondas sonoras en el aire, en impulsos eléctricos procesados neuronalmente y cuya información se corresponderá con patrones captados y almacenados previamente en la memoria.

De lo anterior podemos deducir que el sonido es una forma de energía transducible o posible de transformarse en otras tales como eléctrica, térmica, dinámica, mecánica, etcétera.

El sentido del oído nos da indicios de un misterioso fenómeno, un submundo/plano/dimensión donde convergen las frecuencias y los símbolos, las vibraciones y los signos. Consideremos entonces el sonido como una especie de  piel o escama, un hálito dérmico de las energías que pululan el universo. Un fenómeno de tacto audible del mundo que nos devela eso que configura la realidad desde la escucha. Asimismo, profundizar en esta dimensión abarca otras tantas manifestaciones de la energía y la materialidad que bien podrían desencadenar la experiencia de habitar una metacognición, proyectada y latente en el mundo mediante capas de vibraciones y el movimiento de las frecuencias.

En contraste con lo anterior el silencio nos resulta al final como un estado indefinido e incognoscible para los sentidos, perceptible sólo desde un nivel superior de conciencia o un estado expandido de la escucha. Podemos comprobarlo partiendo de las hipótesis sobre una escucha expandida planteadas por músicos contemporáneos como Pierre Schaeffer (quien propone tres escuchas: causal, semántica y reducida) en su Tratado de los objetos sonoros; Michel Chion (influenciado por Schaeffer, de quien fue asistente, en La audiovisión retomara este estudio nuevamente, o John Cage, de quien vale recordar sus experimentos en la cámara anecoica en 1979 en la Universidad de Harvard, donde le resultaría imposible lograr la experiencia del estado de silencio absoluto puesto que siempre lo acompañaban los sonidos internos de su cuerpo. Cage partiría de esta experiencia para demostrar la necesidad de silenciar la mente, el pensamiento y el lenguaje mediante técnicas de meditación y vías espirituales de tradiciones orientales y así poder entablar una relación con ese estado absoluto. Cada uno de ellos lo exploraría desde diferentes legados esotéricos; Schaeffer como discípulo directo de Gurdjieff y Cage como practicante del budismo zen.

Podemos establecer de lo anterior una relación implícita del lenguaje como catalizador del ruido, puesto que vivimos en una constante interpretación lingüística de esta realidad sonora que nos rodea y para poder soportarla evadimos sus efectos o la relegamos a un plano inconsciente pero aún cognoscible.

 

Ideofonía Ancestral

Se nos presenta la posibilidad de una utópica tabula rasa del lenguaje, la cual forma la base del contenido distópico que presenta Ideofonía Ancestral. En una serie de piezas de video y música experimental; síntesis de una experiencia sensorial cuya base parte de un estilo de vida y un sistema de pensamiento transgresor.

El concepto parte del término ideófono (ideófono) [Ideophon] postulado por el lingüista sudafricano Clement Martyn Doke, quien lo definió así: “Una representación viva de una idea en sonido. Una palabra, a menudo onomatopéyica, que describe un predicado, o adverbio calificativo con respecto a forma, color, sonido, olor, acción, estado o intensidad” (Terminología lingüística bantú, 1935, p. 118). De esta manera, representar la idea de una experiencia en un sonido es entonces la fuente hacia una percepción expandida de la escucha. La pregunta que surge sería: ¿existe algún núcleo en esta fuente?

Para responder a esto es necesario ahondar en el concepto de “ideophone” desde una antropología del lenguaje, donde se conoce como gesto-ideofónico (ideophone-gesture). Desde allí podemos asociar que el gesto es más una acción espontánea del cuerpo que transgrede los procesos simples comunicativos de la mente, así que al definir el ideophone desde un campo gestual (entendemos el gesto como movimiento corporal), siendo este una mediante en el movimiento del sonido, hacía una supremacía del lenguaje del cuerpo, de lo performativo como camino y medio para la manifestación ideofónica, a la vez que crea un discurso metalingüístico, metapoético y metacognitivo, dando respuesta, de esta forma, a la anterior pregunta: el ideophone sería ese núcleo de la fuente propicio para descubrir una ideofonía.

Así entonces, Ideofonía Ancestral parte de diferentes cuestionamientos sobre los distintos significados y trabajos relacionados con el término ideophone como elemento configurador en los lenguajes de tradiciones originarias y como eventualidad sonora de la psique, trayendo a colación el estudio realizado por Elena Mihas, del Cairns Institute and School of Arts & Social Sciences.

Esta tabula rasa del lenguaje donde nos situamos ahora nos conduce a repensar la experiencia de habitar el fenómeno sonoro, así como también nos lleva a potencializar los niveles de interpretación del cosmos mediante la agudización de la percepción sonora; lo cual deriva en expandir la percepción de la realidad hacia una nueva cosmogonía del universo.

 

DEVELAR EL MISTERIO DEL FENÓMENO SONORO DESDE LA IDEOFONÍA

Ideofonía Ancestral, como cadena de creación, explora lo esotérico y lo físico mediante la experimentación sonora como materia antes y mas allá del lenguaje, persiguiendo el desarrollo de una supremacía de la escucha que permita encontrar al ser interior (crístico) a partir del desprendimiento del signo en la percepción sonora y el adentramiento en la naturaleza esencial de las cosas y del fenómeno sonoro. Tener conciencia del sonido es tener conciencia del mundo. Es en este plano donde convergen las frecuencias y los símbolos, un territorio que al ser explorado adviene a la condición utópica de poder mejorar como especie, desde el imaginar formas sonoras que permitan entablar conexión entre diferentes entes. Por ejemplo, un contexto ficcional intermedia entre el video y la electroacústica en el cual el mito clásico de Orfeo y Eurídice invita a repensar la historia del arte contemporáneo desde una visión deconstructiva, heurística y patafísica (entendida esta ultima como la “ciencia de las soluciones imaginarias” y definida así por Alfred Jarry a finales del siglo XX). El mito, ya reversionado, aquí logra escapar del chauvinismo eurocentrista cuestionando la cultura griega como "principio" de la cultura europea, y nos adentra hacia un tercer tipo de escucha, la telepática como una forma de elevar los niveles de conciencia a través de un estado de atención profunda.

Por otra parte, el contenido de las piezas alude claramente a la materia orgánica. Vemos imágenes de un brotar constante de la tierra, una flor que nace desde arriba y una acción simbiótica visualizada microscópicamente. Todo lo anterior es propuesto en un escenario virtual, digital-orgánico. Sucesivo a estas imágenes nace la idea de entidad orgánica materializándose en una piedra, posteriormente esculpida, que se convierte en instrumento y escultura sonora [litófono]. Interfaz controladora y generadora de video y audio que se manifiesta como objeto de poder o icono totémico, pero a la vez como una interfaz, paradójicamente, al mismo tiempo digital y primitiva (este proyecto ha sido valorado  por Joel Ryan de STEIM para su continuidad y desarrollo).

De esta manera, el video como medio participativo en el desarrollo de esta búsqueda continúa esculpiendo la piedra; dándole poder, convirtiéndola en una herramienta no sólo técnica sino reflexiva; en una multiplicidad de contextos a la vez que mágica y este poder es ineludiblemente sobrenatural, impregnado desde los lenguajes tecnológicos, siendo el arte el camino para proponer una nueva visión de la tecnología y expandir las posibilidades del lenguaje y del pensamiento, y de alguna manera abrir nuevas brechas para una exploración tecnológica menos globalizada o más apropiada de las leyes naturales físicas y las que regulan las excepciones patafísicas.

 

Las bases para un sistema de pensamiento, basado en los siguientes PILARES DE LA CREACIÓN

Consecuentemente con lo dicho, la ideofonía se adentra desde la investigación-creación a un método de estudio que nos da indicios sobre un plano de la mente o de un plano metafísico, desarrollando una serie de pilares a manera de nodos conceptuales interdependientes:

1.El ser (cognitivo), el espíritu (metafísico), la psique (mental) y los diferentes estados de la psique; son ante todo vibraciones (corrientes de energía) medibles y aprehensibles en múltiples frecuencias que van modelando las propiedades de la materia (cimática) desde lo micro a lo macro (los sistemas físicos, los ciclos naturales). Lo anterior hace posible que desde la escucha como trance místico se pueden explorar y reconocer diferentes fenómenos del universo.

2. Comprendiendo la escucha atenta del sonido como manifestación extática y estética que opera desde elementos como la forma del sonido, la textura, el color, el movimiento, un volumen, un ritmo, develando una idea más profunda de la realidad mediante los instantes; siendo el sonido una sustancia pura de revelación del mundo.

3. La manera más natural que tenemos de producirnos a nosotros mismos (AUTOPOIESIS) es a través y mediante el sonido, puesto que el sonido es manifestación de la materia viva. Expresamos antes del signo desde el sonido, desde lo gutural, una expansión de las sensaciones, las emociones y posteriormente con el signo de los pensamientos.

4. Aun desde el signo y expresando el pensamiento, el sonido es el aspecto que subjetiviza el lenguaje y al sujeto o, más aún que lo delimita en el campo de lo fenomenológico, como sugirió Schaeffer basado en Husserl, y es desde el sonido que se mide la fuerza del pensamiento o de la acción. 

5. El sonido en el campo del lenguaje como herramienta social, entre las palabras y los diálogos, nos da más indicios casi de una forma intuitiva ligada a una forma de pensamiento primitivo, inconsciente o mágico. Nos revela las fuerzas invisibles que se manifiestan intangibles en las conversaciones; las cuales se hacen perceptibles desde una SUPREMACÍA DE LA ESCUCHA que expande la percepción del mundo tanto como del mismo concepto de realidad (entendida como maya), haciendo posible la transmutación personal y espiritual (un trasfondo también desde la alquimia y la alta magia).

Podemos hablar de que existe una sustancia sonora que condensa la materia (vacío/lleno) e inversamente proporcional configura el mundo (morfogénesis); en cierta medida, esto tendría que ver con el efecto mariposa que propone la teoría del orden del caos. Una prueba de ello podría ser el sonido del OM, que para el el hinduismo y el budismo representa la vibración divina latente en todas las cosas. Un interesante ejemplo de esto aparece en la novela Siddhartha de Herman Hesse. El personaje central de la novela, Siddhartha (no confundir con Siddhartha Gautama, el Buda), intenta ahogarse y estando a punto de morir es salvado por una experiencia interna del sonido OM en el río. Después de esto alcanza la claridad, empieza a reconocer el OM en todas las cosas y reconecta con su gran amigo Govinda, quien se ha convertido en un monje budista. 

 

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Lo mejor que se escuchó en los 60, según Hunter S. Thompson (PLAYLIST)

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Por: pijamasurf - 05/28/2017

Los años de formación de Hunter S. Thompson expresados a través de su música predilecta

Entre los personajes que conocieron a la perfección la década de 1960 se encuentra, fuera de toda duda, Hunter S. Thompson, el escritor que un día tuvo la genialidad de mirar hacia otro lado al cubrir el Derby de Kentucky desde otra perspectiva, y cambiar la emocionante pero previsible crónica de una carrera de caballos por un relato desenfrenado de decadencia y perversión.

Thompson consolidó su trayectoria en los años 70; de ahí que la década anterior haya sido la de su “educación sentimental”, como a veces se dice, los años en que deambulaba entre un periódico y otro, despedido de un empleo tras otro, copiando frenéticamente a máquina de escribir El gran Gatsby de Fitzgerald y Adiós a las armas de Hemingway, sólo por el gusto de hacerlo…

¿Qué escuchaba el futuro Dr. Gonzo en ese período de su vida? Muy posiblemente, los álbumes que casi 10 años después enlistó en una carta a John Lombardo, entonces editor de la revista Rolling Stone. “La música es la nueva literatura” –sostenía Thompson en la misiva– “y Dylan es la respuesta de los 60 a Hemingway”.

La declaración es atrevida, pero basta dar una ojeada –y sobre todo, una escucha– a la selección para entender por qué Thompson opinaba esto. Aquí su selección:

Herbie Mann, Memphis Underground (1969)

Bob Dylan, Bringing It All Back Home (1965)

Bob Dylan, Highway 61 Revisited (1965)

The Grateful Dead, Workingman’s Dead (1970)

The Rolling Stones, Let it Bleed (1969)

Buffalo Springfield, Buffalo Springfield (1967)

Jefferson Airplane, Surrealistic Pillow (1967)

Roland Kirk, “varios álbumes”

Miles Davis, Sketches of Spain (1959)

Sandy Bull, Inventions (1965)

En el perfil de Pijama Surf en Spotify hemos reunido la mayoría de estos discos en la playlist que compartimos a continuación.

 

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