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Esta es la mejor bebida para tener buen sexo, según estudios

Buena Vida

Por: pijamsurf - 04/20/2017

El alcohol y el sexo tienen una relación muy estrecha en nuestra sociedad, pero esta es la bebida que realmente estimula la función sexual en hombres y mujeres

Para bien y para mal, en nuestra cultura el sexo y el alcohol tienen una muy íntima relación. El alcohol es una especie de lubricante social que relaja y desinhibe a las personas, algo que puede ser bueno, pero si se toma en exceso embota los sentidos, hace perder la coordinación (y la conciencia) y puede llevar a accidentes y sucesos violentos.

Algunas bebidas, particularmente el vino, si se beben con moderación incluso tienen propiedades que alargan la vida y mejoran en general la salud, tanto en los aspectos físicos como en los sociales. El vino, que está asociado desde tiempos inmemoriales con la vida (la vid) y recientemente con el romance, es la bebida que mejor se lleva con el sexo, según un par de estudios científicos que resaltan tanto los beneficios para los hombres como para las mujeres.

En el caso de las mujeres, los investigadores italianos descubrieron que el vino consumido con moderación mejora la salud sexual al aumentar la libido; esto ocurre porque se incrementa el flujo sanguíneo a las zonas erógenas. Otra razón por la que el vino puede ser afrodisíaco tiene que ver con su olor. Se ha encontrado que olores como el regaliz, la cereza, los vinos terrosos y los acentos de almizcle son especialmente atractivos para las mujeres.

En el caso de los hombres, el estímulo del vino se debe fundamentalmente a que un compuesto que se encuentra en el vino tinto, llamado quercetina, bloquea la enizma UGT2B17, la cual envía señales al hígado para que deseche la testosterona. En otras palabras, el vino permite que circule testosterona durante más tiempo. La testosterona está asociada al deseo y a la potencia sexual. Sin embargo, aumentar la producción de testosterona también tiene el efecto de disminuir la función del sistema inmune, particularmente en personas de edad avanzada, algo que parece ocurrir sobre todo con la ingestión de hormonas artificiales. 

Tanto en el caso de las mujeres como de los hombres, estos efectos se ven mayormente anulados cuando se consume mucho alcohol, esto es, generalmente, más de dos vasos.

De pronto, un día nos damos cuenta de que nuestra vida gira en torno al teléfono celular, al miedo y a la saturación de peleas, y sólo hasta ese momento comenzamos a ver la relación con otros ojos

No hay quizá nada más emocional y espiritualmente desgastante que un mal de amores, y uno que implique una relación de pareja inestable, conflictiva y caótica produce un estado de ánimo en el que predomina la angustia y se imposibilita el enfocar la atención en otros temas, como el trabajo, la escuela o la familia, entre otros; y también desencadena una serie de malestares y conflictos con nuestra cotidianidad, la salud y las personas más cercanas. 

De pronto un día nos damos cuenta de que nuestra vida gira en torno al teléfono celular, al miedo y a la saturación de peleas, y sólo hasta ese momento comenzamos a ver la relación con otros ojos: unos con mayor objetividad sobre la insalubridad de la relación. Incluso lo que antes nos llegaron a advertir comienza a tener lógica, sobre cómo el principio fue cómodo pero la convivencia con la pareja se tornó incómoda y en algunas ocasiones violenta. 

Al indagar sobre las posibles causas que deterioraron a tal grado la relación, se encuentran cuatro patrones que son los más comunes: 

 

– La dependencia

Si bien cada miembro de la pareja necesita el apoyo y compañía del otro, también se requiere de un espacio personal para desarrollarse independientemente. Es decir, hay que generar un equilibrio entre la individualidad y la pareja, en especial a la hora de continuar con proyectos personales en torno a lo profesional, la actividad física, las amistades, la forma de vestir y la personalidad, entre otros. Mediante el establecimiento de acuerdos, comunicación, comprensión (disfrutar del goce del otro pese a no estar junto a él o ella), autocuidado, la relación irá evolucionando a tener actividades en conjunto y actividades individuales. Incluso, así la compañía de la pareja se hace aún más satisfactoria. 

 

– Diferentes valores no negociables

Estar en una relación implica comprometerse con un vínculo entre dos seres tanto con un historial familiar y personal –aunque provengan del mismo grupo cultural– como con objetivos a largo plazo diferentes. Por ejemplo, puede llegar a suceder que uno de los miembros desee un hijo y el otro prefiere viajar por el mundo. Es verdad que hay valores que pueden ser más o menos flexibles, como modificar los horarios de sueño, pero hay otros, como los proyectos de vida personales o ideologías políticas, éticas y sociales, que no se pueden  ni se quieren cambiar. Al no haber un estado de conciencia ni acuerdo al respecto, muchas veces se termina en una relación de pareja cargada de rencor e indiferencia. 

– Ausencia de compromiso

Estar en una relación de pareja, tradicional o abierta, requiere de compromiso para cumplir con los acuerdos establecidos entre ambos miembros. El compromiso incluye ser capaz de comunicar aquello que duele (por ejemplo, la presencia de una tercera persona), escuchar empática y atentamente lo que le duele a la pareja –¿es la conducta de la tercera persona o de uno en relación con él y ella?– y tanto proponer como realizar cambios en función del bienestar de la pareja. En caso de que el compromiso no se exprese en la confianza, la comunicación, el respeto y los actos del día a día, es muy probable que esa relación se vuelva disfuncional y dolorosa, así como llena de rencor. 

 

– Fomentar explícita o implícitamente la desigualdad/inequidad

Conductas como revisar los mensajes del teléfono celular, correos o redes sociales, prohibir amistades o vínculos, menospreciar la manera de vestirse, pensar o actuar, humillar pública o íntimamente, forzar actos sexuales (o de lo contrario “puede irse con otra persona”), son algunos de los actos que fomentan la violencia tanto de la pareja como de género. La desigualdad e inequidad resulta cuando uno de los miembros ejerce control y poder, pero lo fomenta desde su subjetividad consciente.