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Cognición extendida: las arañas piensan a través de sus telarañas

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 04/08/2017

El fascinante mundo de las telarañas, los instrumentos de vibración cognitiva de las arañas

La emergente rama de la cognición extendida muestra cómo los procesos cognitivos, de memoria, aprendizaje y quizás autoconciencia, no están restringidos al cerebro o incluso al cuerpo en sentido estricto. Un fascinante estudio investigó la forma en la que las arañas utilizan sus telarañas como parte de una cognición extensa.

Según los investigadores, la telaraña como extensión cognitiva promueve ciertas conductas grupales y estimula la innovación a través de la conectividad cognitiva. Las estructuras de seda funcionan "como extensiones de los órganos perceptuales de las arañas, aumentando la sensibilidad a través de la amplificación o del atenuamiento de vibraciones particulares, lo cual les permite detectar movimientos del sustrato a cierta distancia". Las telarañas son instrumentos de cognición que transmiten vibraciones musicales, como ha mostrado otro estudio:

Las arañas que habitan en telarañas tienen una vista muy pobre y dependen casi exclusivamente de las vibraciones de sus redes para "ver" el mundo. Los patrones musicales que emergen de sus telarañas afinadas les proveen información crucial sobre el tipo de presa que han atrapado, los predadores que se acercan, así como las cualidades de sus posibles parejas. Las arañas cuidadosamente ingenian sus telarañas con un rango amplio de sedas para controlar su arquitectura, tensión y dureza, lo cual es análogo a construir y afinar un instrumento musical.

Las arañas saltarinas, por ejemplo, utilizan señales vibratorias alternativas en sus telas según el tamaño de su presa, en formas de agresión a través de mimesis. Otras arañas reciben estas vibraciones y atacan presas ficticias, lo cual hace que caigan enredadas en la telaraña. Los investigadores han notado que las arañas son capaces de llevar su atención selectivamente a ciertas áreas de las telarañas para modularlas. La tensión de las telas es regulada según qué tipo de presas se quiere atender. Algunas arañas incluso eligen su hábitat conforme a los ambientes que mejor transmitan sus vibraciones, como si fueran productores de audio eligiendo un estudio. De manera notable, cuando se les administran sustancias psicodélicas u otras drogas, las arañas alteran la arquitectura de sus telarañas, y se ha notado que algunos parásitos inyectan sustancias a las arañas para que construyan telarañas que ellos mismos pueden explotar, en un metacontrol mental.

La conclusión es que las telarañas procesan información de manera adaptativa y le imparten significado dentro de un sistema todoabarcante.

De alguna manera, explican los científicos, los animales tienen una mayor reactividad condicionada, lo cual lleva a cuestionarse sobre una inteligencia similar a la humana

Quizá una de las principales características de la inteligencia humana es la asombrosa herramienta del lenguaje. Sin él, no seríamos capaces de desarrollar ideas ni de transmitirlas mediante la diversidad de idiomas que hemos aprendido a compartir a lo largo de los siglos. Sin embargo, si el lenguaje trata de transmitir ideas, ¿no es cierto que los animales poseen también esta característica, lo cual los calificaría de inteligentes?

Conforme los científicos empezaron a cuestionarse sobre la inteligencia animal, decidieron enseñar a animales como los primates las bases del lenguaje humano. Los resultados han sido contundentes: los animales han aprendido a usar signos para obtener objetos que les interesan, pero no han desarrollado la capacidad lingüística de los niños de 3 años de edad. 

Entre las principales diferencias entre el infante humano y el cachorro animal está la curiosidad, como en la pregunta “¿por qué?”. De acuerdo con los científicos, dicha pregunta marca la toma de conciencia sobre aquellas cosas que se desconocen, así como el desarrollo de la habilidad que justifica acciones y pensamientos. Pone en evidencia la imaginación de un yo en el futuro (y por lo tanto de la presencia del “otro” en una posición similar), lo que resulta invariablemente en la habilidad de la empatía. Esto no se evidencia en la conducta de los animales.

Otra diferencia principal es la habilidad de decir “no”. Los niños comienzan a dar negativas antes de los 2 años de edad; los animales, en general, no poseen esta habilidad. Para los científicos, dar un “no” como respuesta señala una lógica básica de la que los animales carecen, pues reaccionan en la mayoría de las ocasiones por meros condicionamientos clásicos operantes. Los animales no entienden la negación ni la posibilidad, por lo que este fenómeno marca su incapacidad lingüística.

La ética es también otra diferencia entre cachorros e infantes. Esta habilidad normativa es lo que ayuda a distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, lo justo y lo abusivo. Los científicos afirman que los animales no comprenden este tipo de conceptos de la conducta moral ni de las emociones complejas. Por ejemplo, los monos capuchinos pueden llorar de frustración, mas no de indignación moral. 

De alguna manera, explican los científicos, los animales tienen una mayor reactividad condicionada, lo cual lleva a cuestionarse sobre una inteligencia similar a la humana. Los animales producen sonidos que expresan sus emociones, y algunos incluso usan signos bajo las características de un condicionamiento pavloviano, pero no son capaces de preguntarse por las causas ni de comprender una negación dentro de los paradigmas lingüísticos humanos. Esto niega las hipótesis sobre un posible desarrollo de lenguaje en los animales. Esto no reduce sus capacidades de sentir el sufrimiento, la alegría, el enojo, la sorpresa, el miedo o el amor, lo cual promueve un vínculo importante con los humanos gracias a la empatía.