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¿Por qué en la cotidianidad está la vida?
Siempre es posible sentir nuevas emociones, cada día, incluso con los mismos estímulos

De la manera en que pasamos nuestros días es, por supuesto, como pasamos nuestras vidas.

Annie Dillard

 

Como seres humanos siempre buscamos nuevas emociones como una manera de crecer. Buscamos nuevas experiencias, y conocimientos, intentamos saciarnos de incontables formas (aunque claramente existe una tendencia a paliar esa sed de novedad con el consumismo).

Es, así, natural; las personas buscamos estímulos, rehuimos el aburrimiento, pero personajes como Bertrand Russell nos hacen ahondar sobre el valor de una cierta tolerancia al aburrimiento, porque sólo así podremos sentir lo sencillo:

Para llevar una vida feliz es esencial una cierta capacidad de tolerancia al aburrimiento. La vida de los grandes hombres sólo ha sido emocionante durante unos pocos minutos trascendentales.

La vida está en la cotidianidad; por más que se persigan emociones y experiencias nuevas, siempre llegará un punto en el que los brazos de la cotidianidad nos envolverán...

 

¿Cómo encontrar la vida en la cotidianidad?

Se trata de reconocer lo lúdico en lo cotidiano. Sentir los pasos, descubrir siempre novedades en las personas con las que tienes contacto a diario, nuevos aromas en tu vecindario o inéditas figuras en tu techo. No se trata de quedar estancado y renunciar a las novedades, sino de hacer consciente que éstas serán efímeras.

Encontrar un equilibrio entre disfrutar lo cotidiano y tener sueños que perseguir podría ser una fórmula para aprender a disfrutar la vida (pues también se trata de un aprendizaje). Conforme a lo científico, numerosos estudios coinciden en que las claves para una vida mas feliz están en elementos que en realidad forman parte de lo cotidiano: relaciones humanas significativas, comunidad, un trabajo con un sentido más allá del éxito o el dinero, etcétera.

La vida está en el día a día; y también en esta sombra que siempre nos alcanzará, lo cotidiano, y que puede ser de lo más seductora si aprendemos a jugar con ella. Así, las experiencias extraordinarias tendrán mucho más profundidad y luego volveremos a la cotidianidad con agradecimiento, porque en realidad quizá es esta la musa de las almas más libres.

 

Twitter: @AnaPauladelaTD

El largo y difícil camino de un adolescente que ha decidido dejar de masturbarse por 1 año, y lo que encontró

¿Con qué frecuencia visitas páginas porno? ¿Cada cuánto te masturbas? Uno de los escritores de highexistence.com asegura que tomó la drástica decisión, a los 16 años de edad, de no masturbarse ni mirar porno durante todo 1 año: 365 días de abstinencia completa. ¿Suena imposible, verdad?

Siempre recibió las mismas reacciones de sus conocidos luego de contarles: ¿En qué estaba pensando? La pregunta realmente importante, luego de lograrlo, es: ¿valió la pena? La razón por la que hizo esto fue motivado principalmente por su religión: de grande soñaba con ser un cura y sí, se inclinaba un poco hacia el fanatismo.

Tenía la firme creencia de que muchos se irían al infierno por hacer todas esas cosas “prohibidas” y “malas”, los juzgaba con dureza. En cambio, él era un santo ante los ojos de Dios: no usaba drogas ni alcohol, no tenía sexo premarital ni blasfemaba, pero sólo una cosa lo separaba de la perfección: la diabólica masturbación.

La culpa no tardaba en aparecer cada vez que usaba sus manos para obras lejanas al señor. Su cuerpo adolescente estaba en éxtasis pero su mente giraba una y otra vez en torno a los terribles castigos que le esperaban para toda la eternidad. Así que decidió que, de una buena vez por todas, perseguiría su carrera como cura dejando de menearla para siempre. Esta búsqueda trajo, de manera incidental, varios efectos positivos en su vida.

El primero fue que toda la energía sexual que no utilizaba se transformó en algo más. Al igual que el principio físico de la materia –que no puede ser creada o destruida, solamente transformada– la energía sexual termina por emerger, tarde o temprano, ya sea en forma de berrinches iracundos sin sentido o en actividades positivas y constructivas.

En su caso, se trató de tocar la batería cada vez que se le subía la calentura. Redirigió este impulso primario hacia la creatividad y ello pagó con creces: pasó de la mediocridad a ser un excelente baterista. Si rediriges tu pasión sexual al desarrollo de una habilidad esta mejora mucho más.

El segundo beneficio que encontró fue mayor poder sobre sí y libertad. Un adolescente fanático dejó de sentir culpa cada vez que se masturbaba, no se trataba de una adicción sexual sino una adicción a sentir culpa. Juzgaba con tanta dureza al mundo que luego de dejar ese hábito comenzó a darse cuenta de que necesitaba sentir esa culpa, que estaba adorando a un Dios basado en lo peor de él mismo: miedos, juicios, culpa.

Dejó de juzgarse tan duramente y comenzó a hacer lo mismo con otros. Se sentía más libre al ser y dejar ser. Pese a que esto sucedió en apenas algunos meses, decidió continuar con el experimento por 1 año completo (para después otorgarse un merecido desahogo).