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Este es el soundtrack de "Trainspotting 2" (PLAYLIST)

Arte

Por: pijamasurf - 01/11/2017

A raíz de una filtración se conoce la lista de canciones que podrían acompañar la esperada secuela de "Trainspotting"

Una de las películas más esperadas de este 2017 es T2: Trainspotting 2, secuela de la adaptación de la novela de Irvine Welsh dirigida en 1996 por Danny Boyle. Para muchos Trainspotting fue una especie de manifiesto generacional, una obra que condensó muchas de las inquietudes y preguntas de la juventud de mediados de los 90, de ahí la expectativa en torno a esta nueva entrega.

En este marco, hace unas horas se dio a conocer la filtración del soundtrack de la película. Varios medios toman esta lista con cierto escepticismo, pues ninguna instancia relacionada con el filme ha verificado o desmentido la autenticidad de la filtración.

Sea como fuere, si es o no el soundtrack original, sin duda es un buen pretexto para preparar esta recapitulación nostálgica de un par de décadas de cambio, el cual sin duda se verá reflejado en la película.

A continuación compartimos la lista de canciones filtrada y una playlist con los tracks disponibles en Spotify, en donde ya pueden seguir a Pijama Surf.

1. "Lust For Life" – Iggy Pop (The Prodigy Remix)

2. "Shotgun Mouthwash" – High Contrast

3. "Silk" – Wolf Alice

4. "Get Up" – Young Fathers

5. "Relax" – Frankie Goes To Hollywood

6. "Eventually But (Spud’s letter to Gail)" – Underworld, Ewen Bremner

7. "Only God Knows" – Young Fathers

8. "Dad’s Best Friend" – The Rubberbandits

9. "Dreaming" – Blondie

10. "Radio Ga Ga" – Queen

11. "It’s Like That" – RUN-DMC, Jason Nevins

12. "(White Man) In Hammersmith Palais" – The Clash

13. "Rain Or Shine" – Young Fathers

14. "Whitest Boy On The Beach" – Fat White Family

15. "Born Slippy" – Underworld

Lascaux: la apasionante historia detrás del santuario de arte prehistórico

Arte

Por: PijamaSurf - 01/11/2017

Nazis, perros y la afortunada casualidad que permitió a la humanidad conocer las increíbles pinturas rupestres resguardadas durante cientos de años

1940: durante la invasión nazi en Francia la huida del profesor Henri Breuil, de 60 años, acabaría con uno de los hallazgos de arte prehistórico más interesantes del siglo XX.

Breuil trabajaba en el Instituto de Paleontología Humana y en el Museo del Hombre de París, que había sido tomado desde mayo de aquel mismo año. El también clérigo se sumaba a una oleada masiva de personas tratando de escapar del control del Reich; luego de alquilar un coche viajó acompañado de una cuidadosa selección de documentos y piezas de interés científico para instalarse en un pequeño pueblo al sur, Brive-la-Gaillarde.

Instalado en casa de Jean Bouyssonie, un excompañero del seminario, recibió una extraña carta en septiembre. El remitente era León Laval, un maestro retirado de una población a 25km de ahí llamada Montignac. En ella le invitaba a visitar un descubrimiento reciente.

En los alrededores del antiguo castillo abandonado de la familia Lascaux, de la que toma su nombre, se encuentra la cueva. En aquel entonces, tapada por derrumbes y corrimientos de tierra, formaba parte del folclor local a través de leyendas en las que se aseguraba que el tesoro de los antiguos nobles era resguardado por el ánima de un sacerdote.

En 1920 un abeto derribado por un trueno permitió brevemente la entrada a las grutas, que emitían extraños sonidos. Luego de que un burro fuera devorado misteriosamente por la cueva, los lugareños decidieron tapar el boquete abierto para proteger su ganado. Sus secretos tendrían que esperar 20 años más para que el paso distraído del joven Marcel Ravidat y su perro los revelaran.

Tras una tarde tranquila paseando por el lugar el perro daría con un hoyo oculto entre los matorrales, que seguiría cavando con ahínco hasta encontrar un espacio amplio que tendrían que explorar más tarde, debido la llegada de la noche.

Días después, acompañado de amigos y ayudado por un cuchillo casero, el joven Ravidat terminaría rodando dentro de la cueva para descubrir maravillado las pinturas que cubrían el techo. En ellas aparecían caballos, osos, bisontes, uros (un bóvido ya extinto) y toros plasmados con esmero. Decidieron comunicar su hallazgo al maestro del pueblo, que a su vez se comunicaría vía postal con Breuil.

 

 

Durante los 3 meses siguientes Breuil estudiaría las pinturas hasta calcular su antigüedad y situarlas en el período auriñaciense (de 38 mil a 30 mil años de antigüedad), aunque luego se les situaría en el período magdaliense (de 17 mil a 18 mil años de antigüedad).

Las cuevas fueron abiertas al público en 1948, pero el calor humano y la luz artificial dañaron las pinturas y se cerró su paso en 1966.

 

 

Estudios posteriores muestran que los 80m de longitud encierran mil 963 dibujos o unidades gráficas, pinturas y grabados en su mayoría de animales. Para Breuil, la importancia del sitio era comparable a la cantábrica Altamira.