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Esta habilidad es sumamente importante en el mundo moderno, donde todos estamos sujetos a la agitación y al estrés colectivo.

En todas las tradiciones, la meditación y la práctica espiritual están ligadas al cultivo del silencio. El silencio y la relajación tienen una relación de retroalimentación muy importante con la práctica. Para avanzar más rápido es muy útil poder acceder a un espacio propicio en el que predomine la tranquilidad y la mente no se vea agredida por constantes estímulos externos difíciles de controlar. El silencio es realmente una bendición. 

Dicho eso, todos sabemos que las condiciones de la vida moderna no proveen fácilmente un espacio silencioso y tranquilo para meditar. Ante la marcha frenética de la productividad y el progreso, el silencio se ha convertido en una rareza, en una especie de lujo que en realidad es una necesidad. Y es justamente por esto —por el enorme estrés al que estamos sometidos que más debemos meditar y buscar crear al menos un silencio interno. Como se dice popularmente: medita 20 minutos al día y si ni siquiera puedes encontrar 20 minutos al día entonces medita una hora, porque realmente lo necesitas.

Así las cosas, ya que no es fácil y ni siquiera deseable renunciar del todo al mundo, debemos de incorporar nuestra meditación al ruidoso tren de la existencia cotidiana. El monje theravada alemán Nyanaponika Thera, en su clásico The Heart of Buddhist Meditation, explica que uno debe no debe irritarse o molestarse por la ocurrencia de pensamientos indeseables”, sino que debe tomarlos en sí mismos como los objetos de la meditación o de la atención plena (mindfulness). Y si la irritación surge y persiste entonces uno debe darse la oportunidad de contemplar en estas reacciones los propios obstáculos o venenos de nuestra mente. Esto puede parecer una tortura: meditar sobre aquello de lo cual justamente queremos liberarnos —y por lo cual probablemente empezamos a meditar en primer lugar. Sin embargo, hay una gran diferencia entre el estado de autoobsevación de la meditación y el estado de verse sacudido por una emoción como el enojo, la lujuria o la aversión. Lo que la meditación budista instruye es a observar las aflicciones de nuestra mente cuando surgen, como un científico observaría desapegadamente el torrente sanguíneo en su laboratorio o algún otro objeto bajo el microscopio (en este caso el microscopio es la atención plena, el samadhi). El científico no se convierte en aquello que observa. Así uno va creando una sana distancia entre su atención y sus emociones y se permite notarlas sin frustración ni involucramiento.

Todo esto aplica de igual manera a los ruidos y fenómenos irritantes externos y es que para el budismo no existe una separación absoluta entre lo externo y lo interno, ambos son correlativos, expresiones de la naturaleza de la mente que todo lo engloba. Dice Nyanaponika Thera:

Si, por ejemplo, hay un ruido perturbador, uno puede notarlo brevemente como un “sonido”; si fue inmediatamente seguido por una molestia por la perturbación, uno debería de registrar esto también como “mente con enojo”. Después de eso uno debería de regresar a la meditación que fue interrumpida. Pero si uno no logra hacer esto en el primer intento, el mismo procedimiento debe ser repetido, Si el ruido es muy alto y persistente y evita que te mantengas atento al tema de tu meditación, uno puede, hasta que el ruido cese, continuar tomándolo como el objeto de la meditación, específicamente como una de las bases de los seis sentidos dentro de la Contemplación de Objetos Mentales: “El meditador nota el oído y el sonido y se da cuenta de la molestia que surge en dependencia de ambos…” En las fluctuaciones del sonido uno puede observar el surgimiento y la disolución; en su ocurrencia intermitente, su originación y desaparición, y su naturaleza condicionada se vuelve clara.

La clave está en la capacidad de no fusionarse cognitivamente con el ruido o con algún tipo de perturbación externa, sino solo notarla. Si podemos darnos cuenta de ella y volver a concentrarnos en nuestra meditación, esto es lo que debemos de hacer, ya que avanzaremos más rápido en ese tema o técnica que estamos empleando. Si no podemos hacer esto por cuestiones de la magnitud de la perturbación o por nuestra falta de absorción meditativa, al menos debemos de ser capaces de mantener cierta distancia con el objeto y no perder nuestra atención. No debemos de olvidar que estamos meditando, que estamos ejerciendo el control de nuestra atención; si tenemos este “mindfulness”, realmente no es muy importante hacia que objeto lo dirigimos, ya sea el ruido de una máquina en la calle o de nuestra respiración o de un símbolo sutil. Lo fundamental es no añadir de nuestra propia cosecha mental a los fenómenos, por ejemplo, no estar escuchando el ruido de un martillo y a la vez estar pensando que “miserable soy, quiero meditar pero hay un maldito ruido de un martillo que no me deja, es tan fuerte y molesto”. En este caso el fenómeno captura nuestra atención. En cambio, si uno es capaz de observar de manera desapegada, estos fenómenos aparentemente inconvenientes pueden ser muy instructivos. Por ejemplo se puede apreciar la impermanencia de todas las cosas o la ausencia de una existencia inherente en un sonido como el de una bomba de agua que aparentemente es constante pero que si se observa minuciosamente uno se dará cuenta que está compuesto de muchas oscilaciones, que lo que es constante es su surgir y su desaparecer y que de hecho el sonido no está en la bomba en sí misma, sino en toda una serie de condiciones que contribuyen a que nuestro cerebro así lo perciba, es interdependiente toda una serie de causas y condiciones y sin ellas no existiría. Asimismo, lograr establecer una meditación en un ambiente poco favorable sirve como base para hacer de la meditación un estado continuo, mantener el flujo de la atención plena en las actividades diarias, lo cual es uno de los objetivos esenciales, ya que de poco sirve si uno sólo puede alcanzar un estado de paz mental sentado meditando aislado e inmediatamente lo pierde al entrar en contacto con el mundanal ruido. 

Dice Nyanaponika Thera:

En la conciencia de las sensaciones perturbadoras uno se detiene en el mero acto de darse cuenta de su presencia sin nutrir estas sensaciones y así fortalecerlas con lo que uno añade a los puros hechos, esto es, las actitudes mentales de autorreferencia, excesiva sensibilidad, auto-conmiseración, rencor, etcétera. 

Aquí el venerable Nyanaponika Thera claramente distingue entre aquello que puede ser perturbador —el ruido de una sierra eléctrica, una migraña, el recuerdo de la muerte de alguien, etcétera y nuestra elaboración y ruminación sobre este evento dentro del espacio de nuestra conciencia. En realidad el sufrimiento no existe en los meros fenómenos, ya sean externos o internos, es siempre el resultado de nuestro merodeo sobre los mismos, de nuestra identificación con ellos y de nuestro aferramiento conceptual vinculatorio a los mismos. Según Nyanoponika Thera, tomando por supuesto del Canon Pali, el gran escollo que enfrentamos y que nos mantienen en la rueda del sufrimiento es nuestra falta de capacidad de ver la impersonalidad de las cosas —es sólo porque nos identificamos con un yo fijo y estable, el cual oponemos a todos los objetos del mundo, que abrimos toda una dimensión de sufrimiento, sin ese yo sólido y separado nada se puede adherir a nosotros: somos libres.

Para complementar esta práctica se recomienda estudiar el eslogan de entrenamiento de la mente lojong del budismo tibetano conocido como "tomar las adversidades como el sendero".  

Twitter:@alepholo

Realmente eres el centro del universo.

Según la versión manejada comúnmente por la ciencia, el Universo “comenzó” con una gran explosión, o Big Bang, hace unos 13.8 mil millones de años. Esta explosión, sin embargo, no es una explosión típica, ya que no ocurrió en el espacio, sino que fue la expansión misma del espacio.

Edwin Hubble observó que las galaxias se están expandiendo en la banda de la luz roja del espectro electromagnético. Esto significa que en todas partes el espacio se está alejando de todo lo demás a la misma velocidad. Esto puede observarse estudiando la radiación de fondo —que es lo que hace pensar a los científicos que el universo tuvo un momento de expansión inicial, ya que el Big Bang como tal no ha sido observado—la cual se expande uniformemente hacia todas las direcciones: la luz del Big Bang llena el cielo en todas las direcciones.

Si pensamos que el universo en un principio fue un sólo punto, y nos preguntamos ¿dónde fue eso? Debemos de contestar que ese punto fue y está en todas partes. El Big Bang ocurrió literalmente en todas partes y esta misma irradiación es el lugar donde estás. Esto hace que en realidad, cuando nos preguntamos por el centro del universo debamos de responder que el centro del universo es aquí.

La teoría de la relatividad de Einstein cambió la forma en la que concebimos el tiempo y el espacio, que solían ser considerados como absolutos dentro de la física clásica. Hoy sabemos que el tiempo y el espacio son relativo y forman un compuesto tiempo-espacio. El lugar de lo absoluto en la física de Einstein lo tiene la luz. 

Dennis Overbye, editor de ciencia del New York Times, explica:

Cuando en 1905, Albert Einstein unió espacio y tiempo en su teoría de la relatividad, nos enseñó que nuestros ojos son máquinas del tiempo. Nada puede ir más rápido que la velocidad de la luz, el límite de velocidad cósmico, así que toda la información llega a nosotros, al presente, desde el pasado.

De esta manera, la relatividad de Einstein nos enseña que el centro del universo está en todas partes y en ninguna. Es el presente, rodeado por capas concéntricas de pasado. Es la historia llegando a ti a 299.792.458 metros por segundo, a la velocidad de la luz, a la velocidad de toda la información. Tus ojos son la cabina de mando de una máquina del tiempo, esferas húmedas y veladas que ven en la única dirección en que podemos hacerlo: hacia atrás.

Por otra parte, es posible que el universo sea infinito (los físicos aún debaten esto), de serlo es evidente que cualquier punto podría considerarse como el centro del universo o, según como se vea, que en realidad el universo no tiene ningún centro. Sin embargo, la otra gran relatividad, que es la de la conciencia, sugiere que el cento del universo es el punto donde ocurre la percepción: el mundo se despliega en función a ese punto, al presente, en el cual se realiza una observación —esta es la relatividad entre el observador y el universo observado. Para que toda observación o experiencia ocurra es necesario que exista una conciencia que interpreta la luz y procesa información. El físico David Bohm explica el proceso de la percepción desde su visión de la realidad como un holograma: “Toda la luz en esta habitación entra de tal forma que la totalidad de la habitación está en efecto envuelta en cada parte. Si tu ojo ve, la luz entonces se desenvolverá en tus ojos y en tu cerebro. Al ver en un telescopio o en una cámara, la totalidad del universo y el espacio tiempo está envuelta en cada parte, y esto se desenvuelve al ojo”. De nuevo Overbye:

No es solo poesía. Matemáticamente, en términos de Einstein, toda la información y la historia disponibles en cualquier lugar del universo se conocen como un cono de luz. Todos tenemos uno y el de cada quien es un poco diferente, lo cual significa que el universo de cada uno es ligeramente distinto. 

Para concluir, puede ser interesante para el lector notar que esta idea de que el universo es infinito y que su centro es ubicuo (o está en todas partes) es en realidad una nueva versión de una intuición mística que reaparece cada tanto, basada en la noción de que la esfera es la forma perfecta, la expresión geométrica de la divinidad (en una esfera cada punto sería el centro). Según Borges, “quizás la historia universal es la historia de unas cuantas metáforas” (y esta es una de ellas, el punto de un eterno retorno). En su ensayo sobre La Esfera de Pascal, Borges data el origen de esta metáfora así:

En el Asclepio, que también se atribuyó Hermes Trismegisto, el teólogo francés Alain de Lille -Alanus de Insulis- descubrió a fines del siglo Xll esta fórmula, que las edades venideras no olvidarían: “Dios es una esfera inteligible, cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna”.

Ya más cerca de una mentalidad científica, Pascal la reformuló así: “La naturaleza es una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.” Borges recopila diversas versiones y alteraciones de esta metáfora nuclear en su ensayo y él mismo contribuyó a esta ilustre lista con su “Aleph” (una esfera tornasol en la cual estaba contenido el universo entero), pero no menciona la que quizás sea la más relevante a la luz de la relatividad cosmológica moderna. En el Talmud se cuenta la historia del intercambio entre los llamados sabios de Atenas y el rabino Joshua. David Chaim Smith nos da una versión cabalística de la historia en su libro The Kabbalistic Mirror of Genesis:

En el Talmud, los sabios de Atenas (que representan el pensamiento lineal) le preguntan a los rabinos: “¿Dónde está el centro del universo? Un rabino apunta el dedo al azar y dice: ”aquí”. Esto implica que el punto del centro-corazón es omnipresente, porque el punto de la inicialidad [del universo] reside en todas partes de igual manera; por lo cual debe ser “aquí”. Luego los atenienses le preguntaron a los rabinos: Como saben esto? A lo que respondieron. “Traigan una cuerda y lo mediremos”. 

Chaim Smith explica que la historia sugiere que la relatividad de todas las cosas está sustentada en que "La extensión infinita del espacio está repleta de la potencia de la gota primordial", este es el punto del absoluto que es representado a veces como una vocal (como el Aleph o el Om, la letra o sonido que anima a todas las demás) o como una gota o célula madre de potencialidad infinita (thigle o bindu). En términos más modernos diríamos que cada punto contiene una energía infinita o casi infinita (energía del punto cero) de la cual se pueden manifestar todos los fenómenos posibles.

El maestro de meditación budista y físico Alan Wallace ha dicho que hay un universo para cada uno de nosotros, pero sin que esto sea solipsismo --todos estamos en el centro de nuestro universo, el universo que experimentamos es relativo a nuestra perspectiva, pero nuestros universos están entrelazados.

Twitter del autor: @alepholo