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Muchas personas están desconectándose de la Web para pasar tiempo conectando con el mundo real

El Internet, con todas sus maravillosas promesas de ilustración intelectual y conexión social, se ha convertido en una gran adicción. Pasamos más tiempo del que necesitamos en línea y no nos damos cuenta de lo que perdemos en términos de capacidad de poner atención, conexión con el entorno y tiempo para realizar otras actividades. 

El diario español El Mundo reporta sobre una interesante tendencia que se está manifestando en Francia en la que muchas personas están decidiendo abandonar redes sociales y desconectarse de Internet. En el 2012 ya el 3.4% de los franceses había decidido abandonar voluntariamente el Internet, una cifra que parece estar creciendo.

Una de las voces líderes en este inicipiente movimiento que también se gesta en España es Enric Puig Punyet, doctor en filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona, quien ha decidido desconectarse de Internet y, más aún, documentar la vida de las personas que han optado por esta estrategia de higiene mental en su libro La gran adicción. Cómo sobrevivir sin internet y no aislarse del mundo. Puig Punyet relata cómo fue inclinándose a la desconexión:

Sentía saturación tras horas y horas navegando a la deriva, saltando de una página a otra sin ton ni son, viajando de un hipervínculo a otro, en apariencia haciendo de todo pero en el fondo no haciendo absolutamente nada, porque con mucha frecuencia la información que obtenemos después de un día pegados a la pantalla es dispar, en ocasiones contradictoria y no tardamos en olvidarla.

Hace tan sólo 10 años, Internet era una herramienta de consulta. Uno se hacía una pregunta y sólo después buscaba la respuesta en la red. Pero hoy la dinámica ha cambiado por completo. El tiempo vacío se ha llenado de paja. Muy a menudo es Internet quien formula las preguntas, robándole al individuo nuevos marcos de referencia. Internet es omnipresente porque está activo siempre y en todas partes. Al ocupar gran parte de nuestra vida, hace que con frecuencia descuidemos a las personas a nuestro alrededor.

En su libro, Puig Punyet muestra cómo muchas personas que llevaban utilizando Internet por más de 1 década diario, y que creían que su trabajo dependía de las herramientas digitales, han descubierto que la vida sin Internet sigue y sus ingresos no se han visto afectados. "Al revés: la gran paradoja es que los desconectados sienten que reconectan con el mundo real".

El Mundo también reporta el caso de una bloguera australiana llamada Essena O'Neill, quien gozaba de cientos de miles de seguidores en YouTube e Instagram y decidió borrar todas sus imágenes, escribiendo:

Soy la chica que lo tuvo todo y quiero decirte que tenerlo todo en las redes sociales no significa nada en tu vida real. He dejado que se me definiera por los números y lo único realmente me hacía sentir bien era conseguir más seguidores, más Me gusta, más repercusión y visitas. Nunca era suficiente.

Y es que esa es la otra, la fama digital viene con el precio de estar llenando la demanda de los likers o fans y existir de manera fragmentada en línea y en el mundo real, administrando la personalidad que hemos creado para nuestros perfiles. Hacer eso nos puede dejar agotados para realizar luego nuestra labor fuera de Internet. A veces se tiene que escoger entre uno u otro.

Grandes ciudades, largos viajes: la inesperada oportunidad para meditar

Buena Vida

Por: Kin Navarro - 11/23/2016

El ritmo de vida de las metrópolis dificulta encontrar un espacio o un momento adecuados para detenerse a meditar. Los largos períodos de transportación quizá sean la alternativa a la mano

Estrés a tope, el vagón del metro va lleno. Un espacio reducido, saturado, personas hasta donde alcanza la vista: todos apretados, tratando de ignorarse, enojados, apresurados, nerviosos, hastiados. Este sería el último lugar en el que pensarías si te propones comenzar a ejercitar una vida espiritual y practicar la introspección.

Con todo, para muchos se trata de uno de los pocos momentos del día en que pueden detenerse a respirar, cerrar los ojos y reflexionar. El transporte público es como un segundo hogar, mientras más larga es la distancia entre nuestros destinos mayor es el tiempo que pasamos dentro de él ¿por qué no aprovecharlo?

Ya sea de ida al trabajo o de regreso a casa, meditar en el transporte público ayuda a mejorar nuestra experiencia durante el viaje volviéndola placentera y relajante. Son varios los beneficios de la meditación diaria: relaja la mente y el cuerpo, combate la depresión, la enfermedad y mejora la calidad del sueño.

Para comenzar tu meditación cierra los ojos, respira a profundidad y con calma. Se trata de prestar atención al momento presente de manera particular y dejando de lado cualquier juicio. ¿Es un lugar difícil para meditar?

Concéntrate en las sensaciones de tu cuerpo, tus pies, tus manos, tu cabeza. Siente cómo estás inmóvil y sin embargo el impulso del transporte te mueve a gran velocidad. ¿Demasiado ruido? Trata de escucharlo sin proyectar en él ninguna emoción o atributo.

Ya habrá tiempo para seguir desarrollando tus habilidades, lo importante es comenzar. Puedes visitar nuestra sencilla guía para principiantes. También se puede practicar un enfoque de meditación de amor y bondad, esto es, generar pensamientos de bienestar para todo y todos los que te rodean. Este enfoque puede cambiar rápidamente nuestro estado de ánimo de tormentoso a una pacífica brisa.

Dale una oportunidad y encuentra el camino a través de ti; todo lo que necesitas ya está contigo, sólo debes acercárte a buscarlo.