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Estos relatos clásicos del subgénero rebelde de la ciencia ficción te mostrarán futuros posibles, emocionantes y aterradores

Desde que Julio Verne y otros precursores de la ciencia ficción comenzaran a aventurar hipótesis sobre la manera en que los avances tecnológicos cambiarían nuestras vidas, una sombra de duda asomaba de cuando en cuando y comenzó a crecer junto al género. Se proyectaban grandes utopías en las que el bienestar general, la armonía y la paz se alcanzaban.

Estas sociedades utópicas pronto encontraron a sus detractores en el terreno de la ficción. Novelas como 1984 de George Orwell o Un mundo feliz de Aldous Huxley, películas como Metrópolis de Fritz Lang o Alphaville de Jean-Luc Godard ponían en entredicho la neutralidad de las nuevas tecnologías y añadían a la ecuación la posibilidad de que éstas fueran utilizadas para perfeccionar la opresión mediante la fuerza, la confusión o el placer.

El ciberpunk nació desde ese lado de la moneda: ficciones protagonizadas por personajes marginados en mundos controlados por corporaciones globales, poblaciones alienadas mediante la tecnología que prometía liberarnos, mundos virtuales como espejos de la realidad. ¿Les suena?

Antes de que el destino nos alcance, les recomendamos estas ocho historias imperdibles de la tradición ciberpunk:

 

¿Sueñas los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick

Adaptada al cine por Ridley Scott en Blade Runner, esta es una de las novelas más famosas del paranóico más querido por todos. Situada en una tierra futura devastada por la radiación, un cazador de androides se enfrenta a la pregunta que titula el libro. La extinción de gran parte de la vida animal del planeta, la dificultad de distinguir entre humanos y androides, el exilio hacia el espacio, la nostalgia de vivir en un mundo condenado, esta novela lo tiene todo.

 

Terminator, de James Cameron

Esta película de acción de 1984 llevaría a la opinión pública algunas de las preocupaciones y temas principales del ciberpunk. El mundo es gobernado por las máquinas, a través de la corporación Skynet. Su plan para aplastar a la pequeña resistencia humana es enviar al pasado a un cíborg asesino con la misión de matar a la madre de John Connor, su líder, antes de que sea concebido. Este filme daría pie a una saga en la que la violencia y el terror ante un futuro dominado por la inteligencia artifical crece.

 

Neuromancer, de William Gibson

Otro de los clásicos literarios del ciberpunk: publicada en 1984, ganadora por triple partida del Nébula, Hugo y el Philip K. Dick Award; y la primera novela de Gibson. El universo en el que se desenvuelve fue presentado por primera vez en su cuento "Johnny Mnemonic" de 1981. En Neuromancer nos relata la historia de Case, un antiguo hacker al que le quitan mediante una droga su capacidad para navegar por el mundo virtual hasta que un hombre misterioso aparece ofreciéndole una cura a cambio de su ayuda para robar cierta información. El primer volumen de la trilogía Sprawl.

 

Liquid Sky, de Slava Tsukerman

Una película extremadamente peculiar. Lanzada en 1982 y con una buena recepción por parte de la crítica en varios festivales del mundo, nos cuenta la historia de un par de modelos rivales que se ven envueltos en una extraña incursión alienígena en busca de drogas. Los heroinómanos descubrirán que los visitantes prefieren las sustancias que despide el cerebro durante un orgasmo. Paranóica, extraña, e inspiradora. Protagonizada por doble partida por Anne Carlisle que también escribió el guión y quien, se rumora, también dirigió.

 

Schismatrix, de Bruce Sterling

Escrita en 1985, esta novela está ambientada en un mundo futuro en el que dos posturas se encuentran frente al dilema para resolver la colonización del resto del Sistema Solar y la explosión demográfica. ¿Cómo debería modificarse la humanidad para enfrentar los nuevos retos de esa nueva era? ¿A través de la modificación cibernética, como aseguran los Mecanistas? ¿Mediante los adelantos genéticos y el entrenamiento mental, como dicen los Formistas? No se trata de un diálogo sino de una brutal guerra fría en un mundo lleno de apasionantes y atemorizantes posibilidades.

 

Ghost in the Shell, de Masamune Shirow

Publicado por primera vez en 1989, este manga ha sido llevado al mundo de la televisión, los videojuegos, la plástica y el cine. Situado en un futuro cercano, seguimos de cerca los acontecimientos en uno de los frentes policíacos especializados en luchar contra el ciberterrorismo. En este universo las personas tienen cerebros electrónicos que les permiten conectarse directamente a una interfaz del mundo virtual. Las reglas y consecuencias dentro del universo virtual son tan contundentes y letales como en el mundo real.

 

Transmetropolitan, de Warren Ellis y Darick Robertson

Es el siglo XXIII un periodista gonzo llamado Spider Jerusalem destapa varios escándalos de corrupción exponiendo a políticos de la ciudad hedonista. Sus enemigos no esperarán sentados y este peculiar personaje se meterá en más de un problema. Ellis desarrolla con seguridad y fluidez su visión del mundo en temas diversos (filosofía, ciencia, poder, religión) mientras nos conduce por un mundo posible y transhumanista.

 

The girl who was plugged In, de James Tiptree, Jr.

Igual que algunas otras novelas en esta lista, esta novela de 1973 es ganadora del premio Hugo. En este mundo las computadoras también gobiernan pero permiten a los seres humanos controlar de manera artificial cuerpos cultivados. Cuando Philadelphia Burke, una joven de 17 años con deformidad, es escogida para ser una “remota”, controla el cuerpo de una chica perfecta de 15 años llamada Delphi y se vuelve una celebridad. Esta novela explora problemáticas de género y femenidad desde la visión del ciberpunk.

Y recuerden: si tiene alta tecnología y baja calidad de vida, seguro es ciberpunk.

Sensaciones de media tarde hacia el atardecer: sobre la cinta “El caballero de copas” (Terrence Malick, 2016)

Arte

Por: Psicanzuelo - 11/17/2016

Nuevamente, en su juego audaz de recursos fílmicos, Malick llega al fondo del espíritu humano contemporáneo, encontrándose a sí mismo en un mundo superficial

Es fácil quedar hipnotizado por el trabajo de cámara y de montaje que ha llevado a trabajar al genio de la imagen Terrence Malick con el director mexicano de fotografía Emmanuel “El chivo” Lubezki, y con el mismo grupo de editores una y otra vez. Pero si uno pudiera poner más atención, lejos de la yuxtaposición de planos, musical, se percataría rápidamente de que el trabajo de creación de personaje que realiza Christian Bale es excepcional, y viene de Malick. Despejar la mente de la persona para que se conduzca el espíritu en la pantalla, y por medio de la música ir encontrando el ritmo de los planos en su combinación posterior en montaje. Más que un cubista Malick es un compositor, los instrumentos saltan a la vista en una melodía visual que se combina con el score.   

 

Muchos tarotistas vinculan la carta del caballero de copas con el amor, con la fantasía, con las visiones hacia la inactividad, también sintiéndose el portador de la copa y del caballo más inclinado hacia su pensamiento que hacia la acción. Así encarna Bale a un exitoso guionista de Hollywood, que vive la vida contemporánea que el sistema económico puede brindar a un hombre triunfador en el mundo del entretenimiento banal. La voz en off se combina entre la suya y la de sus conquistas, que más que personas son arquetipos antiguos que se relacionan con él, son capítulos de su búsqueda personal para encontrar al arcano del mundo.

La carta sobre todo habla de ser fiel hacia los ideales. Esta carta en el tarot es un arcano menor, como ustedes han visto los artículos que se llaman Las 22 puertas del castillo-espejo tratan de los arcanos mayores cinematográficamente, encontrando una correlación entre cine y realidad. En este caso estamos hablando de un arcano menor, estos arcanos van siempre a magnificar lo que viene expresado o codificado en una tirada por parte de los arcanos mayores, que también aparecen en la cinta cuando Rick entra a una lectura de cartas mirando, más que su futuro, su presente cinematográfico representado por todos los que lo rodean.  

En El caballero de copas de Malick se hace deambular a Rick por un laberinto conformado de lugares naturales y artificiales, un purgatorio de las sensaciones que se van purificando para ascender al cielo. Luces de atardecer en la playa, luces de tarde en el desierto, en azoteas en la ciudad, luces de noche desde el fondo oscuro de las pasiones eléctricas. El héroe viste marcas sofisticadas, caras, pero nunca resaltan, es parte del entorno, recordando cintas como Gigoló americano (Schrader, 1980), que contaba con diseño de ropa de Armani, pero sobre todo las cintas italianas que inspiraban a Schrader: Antonioni y el joven Fellini en blanco y negro, Mastroianni, por decirlo de otra manera.

Los cortes de tomas en el montaje de un momento a otro de la escena, arriesgando la secuencia, hacen destacar el lugar del director sobre cualquier otra función al construir este artilugio, este trabajo que radica entre lo que es el arte y lo que es la magia. De eso está hecha la película El caballero de copas, de placer, carnal y espiritual; el caballero está despierto y la cinta se siente más sobre las sensaciones que sobre cualquier otra cosa. El buen crítico del New Yorker, Richard Brody, llega a mencionar que es la mejor película sobre la memoria, y además la nombra “un manifiesto virtual en imagen y sonido”, pero pocos críticos la han disfrutado con la profundidad necesaria, más se dedican a descalificar un ejercicio fílmico que intenta encontrar nuevas rutas que las trilladas maneras de hacer películas en Hollywood.

Bale (Batman, American Psycho)/Rick se recorre, Malick recorre las ventanas que puede abrir en Bale, ambientes familiares, disputas con su hermano y su padre que resuenan en su carácter, en el terremoto que vemos en una escena en Los Ángeles. Reuniones hollywoodenses carnavalescas que presentan personajes reales como Antonio Banderas y Bruce Wagner, en smokings y cocktails margaritas.

La rebeldía de Rick en sus búsquedas nocturnas viene a ser más una búsqueda por la esencia del ser humano, por su espíritu. Eso es lo que graba Malick en cada reacción, que luego mágicamente edita y nos presenta el espíritu anhelado. 

 

Fuentes

http://www.tarotygratis.com/caballero-de-copas/771/

http://www.newyorker.com/culture/richard-brody/terrence-malicks-knight-of-cups-challenges-hollywood-to-do-better

 

Twitter del autor: @psicanzuelo