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Estos 9 trucos te harán parecer inteligente en cualquier reunión con otras personas (ILUSTRACIONES)

Buena Vida

Por: pijamasurf - 10/12/2016

Para muchos, la inteligencia no es más que un montaje

La vida, para algunos, está llena de reuniones. En la escuela, en el trabajo, con ciertos amigos, a veces incluso en una reunión formada espontáneamente. De pronto nos encontramos en la necesidad y quizá incluso en la obligación de exponer nuestras ideas, estar ahí, escuchar las de otros, etc.

Para algunos, esas reuniones conllevan otra obligación: la de parecer inteligentes. No necesariamente ser, sino parecer. Quizá con cierto sustento, con cierta inteligencia efectiva que sí está ahí, pero a veces también sólo como un montaje, una especie de espectáculo premeditado en donde dicha capacidad intelectual se ve, parece surgir de una combinación cuidadosa de factores, como la “magia” en los trucos de los ilusionistas.

Y es que, después de todo, la realidad en muchos casos es aquello que percibimos como tal, no siempre lo que es ni mucho menos lo que debería, sino lo que entendemos a partir de lo que somos, pensamos, esperamos y más. Hay personas que saben esto y juegan con la percepción, arriesgadamente, eso también es cierto, porque pese a todo, la realidad termina por imponerse.

Pero mientras eso sucede, divirtámonos.

 

1. Justo al principio de la reunión, sal a buscar agua y pregunta si alguien más quiere algo

Este truco tiene dos ventajas: te hará parecer amable con los demás y te permitirá ausentarte por unos pocos minutos de la reunión sin que nadie sospeche de nada. Si vuelves con agua y algunas golosinas, habrá incluso quien piense que eres una persona considerada, previsora, preocupada por el bienestar del equipo, etc.

 

2. Lleva contigo una libreta para tomar apuntes, pero úsala para dibujar

Pocas cosas que hagan parecer más inteligente a una persona que una libreta y un lápiz o un bolígrafo. Juntos son una combinación poderosa. Cuando la reunión empiece, comienza a simular que tomas apuntes, pero no convencionalmente, sino con complejos diagramas de flujo, conectores que van de un lado a otro de la página, ideas remarcadas en círculos vistosos y más.

 

3. Haz una analogía que suene tan compleja como obvia

Esto quizá requiera cierta práctica, ingenio y dominio del lenguaje (quizá incluso inteligencia), pero si llegas a dominar el arte de las analogías, las personas que estén contigo pueden llegar a sorprenderse de lo que dices. Cuando en la discusión lleguen a un callejón sin salida, suelta una analogía, preferentemente que no tenga nada que ver con el asunto. “Esto es como partir limones”, “Es como la migración de los ñus en África”, “Es como sacar a pasear a tu perro”, etc. Ríe después de ello para provocar que, por reflejo, los demás también rían y no te pidan desarrollar tu punto.

 

4. Pregunta si nos estamos haciendo la pregunta correcta

La tautología es otro de los triunfos de parecer inteligente. Hacer estas preguntas seminales, profundas y en última instancia inútiles es un buen recurso para simular inteligencia. Aquí algunas sugerencias:

¿Estamos haciendo la pregunta correcta?

¿Es esta la mejor forma de ver el problema?

Antes que nada, ¿qué estamos entiendo por…?

Entre otros efectos, estas preguntas a veces hacen parecer a quien las hace extremadamente abstracto, como si su pensamiento estuviera más allá de las mundanidades de este plano.

 

5. Para cuestionar una idea, utiliza frases idiomáticas o de moda

Esas frases que todo mundo está usando, llévalas a tus reuniones, pero de forma irónica, lo cual te hará como una persona creativa e ingeniosa.

 

6. Invéntate un hábito raro que haga “fluir” tu creatividad

Quitarte los zapatos, caminar en círculos, hablar a solas, acariciar un gato, acostarte en el piso, lo que sea. Entre más extravagante sea tu “hábito”, más incontrolable y potente parecerá tu inteligencia.

 

7. Menciona al jefe de todos como si fuera tu gran amigo

Hablar del jefe de todos –incluyéndote– como si fuera una persona cercana, te otorgará respeto y ascendencia sobre los demás (probablemente). Puedes decir cosas como que le plantearás esa idea este fin de semana que comas con él (o ella), o que eso que acabas de escuchar sin duda le encantará. Puedes llamarlo por su nombre, su hipocorístico o incluso un apodo que sabes que nadie más usará.

 

8. Pregunta si es el marco, plataforma o modelo correctos

Lo importante aquí son las palabras: marco, plataforma y modelo son tres que imponen y hacen parecer inteligente a quien las usa. Así que úsalas. 

 

9. Cuando haya consenso en torno a una idea, sé el primero en notarlo y "aprobarla"

Si sigues atentamente el desarrollo de una discusión notarás que los participantes se inclinarán poco a poco hacia una de las alternativas presentadas. Date cuenta de los signos que llevan a esto y cuando sea el momento adecuado, intervén para sancionar esa idea, para aprobarla aunque no te corresponda a ti agitar esa bandera. Para hacer esto último puedes utilizar frases como "Dale, con todo" al tiempo que das crédito al autor de la idea, o una entrada un poco más seria y dramática como "Si nadie tiene nada más que aportar, me parece que ya encontramos la solución". Si eres un tanto más descarado puedes hacer la recapitulación de lo expuesto y, sutilmente, apropiarte de la idea triunfante.

 

Estos 9 trucos son obra de Sarah Cooper, comediante que desde hace un tiempo sostiene el blog The Cooper Review; en este caso, además, forman parte de una publicación en puerta: 100 Tricks to Appear Smart in Meetings: How to Get by Without Even Trying.

Sugerencias ingeniosas para esta época tan preocupada por parecer.

 

También en Pijama Surf: Estos 13 rasgos revelan que tienes una inteligencia superior al promedio (según la ciencia)

Escribir 750 palabras todas las mañanas: el hábito que podría transformar tu vida

Buena Vida

Por: pijamasurf - 10/12/2016

Una práctica sencilla con muchos beneficios, algunos para tu psique, otros para tu desarrollo, e incluso otros más para tu salud

Ahora y desde hace algún tiempo (¿pero cómo decir cuánto?) la escritura se considera un ejercicio reservado a unos cuantos. Si bien es posible que esté más presente y extendida que nunca en la historia, su uso es más bien instrumental o utilitario. Escribimos un mensaje de texto, quizá una actualización en Facebook, un tweet, un recado, pero poco más que eso. Leemos lo que alguien más escribe (como ahora), ¿pero alguna vez nos detenemos a pensar que también cualquiera de nosotros podría escribir así? No con cierto estilo, sino escribir porque sí, escribir sin una utilidad manifiesta, escribir únicamente porque hace bien y es satisfactorio.

En los últimos meses han circulado reseñas sobre una práctica que al parecer es común entre personas de muy distintos ámbitos: actores, empresarios, periodistas y otros. Oliver Burkeman, por ejemplo, columnista en The Guardian y a quien hemos citado en Pijama Surf, también ha hablado al respecto.

El hábito es sencillo: poco después de despertar por la mañana, tomar lápiz y papel y escribir hasta completar cerca de tres páginas, lo cual equivale más o menos a 750 palabras, mismas que se completan en un promedio de media hora. Escribir lo primero que venga a la mente. Escribir sin censura. Escribir sin pensar que alguien más va a leer el resultado final. Escribir y ya.

¿Por qué algo tan simple puede tener tanta importancia? La respuesta puede ser variada. Podríamos decir que, cómo otros hábitos, este enseña también el valor de la disciplina y la constancia.

Sin embargo, si sólo fuera esto, no sería distinto de correr o de realizar una actividad de entretenimiento (hay quien teje o quien construye cosas en su tiempo libre).

La diferencia con la escritura, de acuerdo con quienes hacen esto que se ha dado en llamar “Páginas matutinas” ("Morning Pages") es que, de inicio, escribir conlleva la cualidad de la conexión. Como han descubierto muchos escritores en la historia de la literatura, paradójicamente escribir sin rumbo definido casi siempre conduce a algún lugar. Podemos comenzar con un recuerdo, con el sueño que tuvimos la noche que recién terminó, con una idea que quisiéramos desarrollar e incluso con algún pendiente del día. Si continuamos sin reservas, movidos únicamente por el impulso de escribir, con toda seguridad terminaremos en un punto que aunque no imaginábamos, de algún modo ya conocíamos.

Por otro lado, escribir de la nada, llenar una página en blanco con lo primero que se nos ocurra, también nos enseña al menos dos cosas: una, nuestros propios límites. ¿Qué podemos decir? ¿De qué manera lo hacemos? ¿Con cuánta dificultad? En segundo lugar, también nos hace escuchar a nuestro crítico interior. Todos tenemos esa voz que nos señala nuestros errores, a veces con severidad excesiva. Conocer a ese juez pequeño pero terrible también es importante para nuestro desarrollo personal, pues no pocas veces es el orquestador del autosabotaje en que incurrimos.

Finalmente, y aunque no es menor, la escritura también tiene efectos positivos en aspectos específicos de nuestra salud física y mental, pues puede contribuir a reducir las nocivas consecuencias del estrés y mejorar la memoria, por ejemplo.

Autoconocimiento, honestidad, claridad e incluso un poco de buena salud. Parece un buen intercambio, ¿no crees?