*

X

Estados Unidos pagó 500 mdd a compañía para que hiciera videos falsos de Al-Qaeda

Política

Por: Pijamasurf - 10/04/2016

El Pentágono pagó más de 500 millones de dólares a una compañía de relaciones públicas británica para que montara una campaña de propaganda en Iraq, que incluyó la generación de videos falsos atribuidos a Al-Qaeda

Información revelada por el Bureau of Investigative Journalism muestra que el Pentágono pagó más de 500 millones de dólares a una compañía de relaciones públicas británica para que estableciera un programa de propaganda en Iraq. La compañía Bell Pottinger recibió más de 100 millones de dólares al año en contratos de 2007 a 2011 para crear videos de propaganda dentro de uno de los llamados "black ops", programas secretos de las agencias militares estadounidenses. Bell Pottinger llegó a emplear hasta 300 personas para este programa de desinformación en Iraq.

El trabajo consistió de tres tipos de productos, los "blancos", atribuidos correctamente, los "grises" sin atribución y los "negros" falsamente atribuidos. El primero fueron comerciales que representaban a Al-Qaeda de forma negativa; el segundo fueron productos que simulaban ser creados por la "TV Árabe", como, por ejemplo, se filmaban bombardeos de Al-Qaeda y se editaba el material como si fueran piezas de noticias, con una voz en árabe y eran distribuidas por estaciones de noticias en la región. El tercer tipo fue la producción de videos falsos de propaganda de Al-Qaeda. Los videos además contaban con un código de tracking para acumular inteligencia.

Esta información se suma a una amplia colección de filtraciones que muestran cómo las agencias de inteligencia de Estados Unidos han manufacturado la percepción de los terroristas islámicos, tanto de al-Qaeda como de ISIS. Esto después de que incluso armaran y entrenaran a lo que sería Al-Qaeda originalmente en Afganistán. A finales de los 70, Estados Unidos "aprovechó" la oportunidad para canalizar un grupo de resistencia anticomunista fondeando rebeldes que se oponían al gobierno pro soviético en Afganistán. La CIA suministró armas, dinero y demás recursos para fortalecer a los muyahidines. El más famosos de estos rebeldes mercenarios (glorificados en algunas películas de Hollywood como Rambo) fue Osama Bin Laden. Esta decisión estratégica fue implementada por el Consejero de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski, con el conocimiento del presidente Carter. En una entrevista años después Brzezinski dijo no arrepentirse de la operación secreta ya que detuvo la expansión del comunismo y eso "es más importante que el talibán".

 

El estado nación fue una solución histórica a problemas concretos. Pero con el cambio del mundo, esta organización también debe transformarse

La historia de los grupos y sociedades humanas se remonta a los parentescos primigenios, a las familias, tribus, hordas y confederaciones, así como a la historia de lo que hacen ciertos grupos para diferenciarse de otros con el objetivo de mantener el poder. La creación de estados modernos fue una solución para unificar principados o feudos en pugna; para protegerse mejor de enemigos comunes, como un pacto de no agresión entre señores, quienes no necesariamente buscaban una mejor integración identitaria de sus súbditos (y probablemente no les importaba demasiado). 

A raíz del Brexit, muchos analistas pensaron que en lugar del camino hacia un estado plurinacional, el mundo daba un paso hacia atrás, hacia un neofeudalismo. Los mapas tienen la extraña particularidad de hacernos pensar que el mundo se divide en países, cuando las únicas divisiones y fronteras están en nuestras mentes. Las etnias, el multilingüismo, las identidades en pugna, todo eso ha estado presente siempre, mucho antes de la globalización. Se trata, según algunos investigadores del orden político, de cómo basamos la jerarquización.

Las últimas revoluciones industriales fueron posibles gracias al modelo de estado nación, a las economías nacionales y a las vías de apertura e intercambio entre bloques económicos, pero las actuales naciones en realidad son parodias de las tradiciones nacionales que las precedieron. Grupos de ricos aplastan a los pueblos pobres, se quedan con sus recursos y su cultura, la cual después reivindican como propia y defienden a ultranza.

Según Brian Slattery de la Universidad de York, en Toronto, Canadá, la existencia de los estados nación se basa en la creencia de que “el mundo está hecho naturalmente de grupos distintos, nacionalmente homogéneos o tribales, que ocupan porciones separadas del globo”. Pero la evidencia antropológica está en contra de este prejuicio: desde la Antigüedad, las culturas prosperan juntas y perecen más por defender sus particularidades que por nutrirse de sus diferencias. 

A decir del investigador, la existencia misma del Estado depende de una mentira básica: “La suposición de que la identidad y bienestar de una persona está atada de manera central al bienestar del grupo nacional es errónea simplemente como hecho histórico”. A pesar de que las naciones surgen para garantizar la paz al interior de un territorio, desde 1960 ha habido más de 180 guerras civiles a nivel mundial: esto es, guerras de una nación consigo misma, como la actual en México.

¿De qué más sirve la idea de lo nacional si no es para preservar la paz? En democracias débiles y con poco acceso a la educación, sirve para controlar mejor a la población. El sociólogo Siniša Maleševic del University College Dublin piensa que los remanentes de las lealtades antiguas que impulsaron la creación de mitologías nacionalistas sólo sobreviven como “nacionalismos banales”, como los deportes, los himnos, los programas de televisión e incluso los reality shows.

El modelo de socialización del futuro deberá tomar en cuenta las investigaciones no sobre las ventajas de la diversidad étnica, sino las de la inclusión oficial. Esto se traduce en que todos los grupos que forman parte de un país deben tener acceso al poder, no solamente a la representación electoral. Según Jennifer Neal de la Michigan State University, el algoritmo ganador para la paz y prosperidad de un país es permitir la formación de enclaves étnicos, pero no demasiado cerca unos de otros. Tomando como medida el ejemplo de países con gran diversidad étnica, racial y lingüística como Singapur, Suiza o la antigua Yugoslavia, la distancia entre enclaves debería ser de 56 km, así como garantizar una relativa autonomía de los estados y su participación en las decisiones del grupo. 

Con información de New Scientist.