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La academia sueca quiso estar a tono con los tiempos, pero quizás pudo haberse evitado problemas seleccionando a un autor que necesitara reconocimiento

El premio Nobel de literatura a Bob Dylan es, a mi juicio, redundante. No es que no se lo merezca: es a todas luces uno de los más grandes poetas que dio el siglo XX, y a quien lo dude le recomiendo la lectura de Dylan’s Visions Of Sin, el magnífico análisis del académico Christopher Ricks, una autoridad en materia de poesía. Decir que de esta forma la academia sueca se abre a los letristas de música popular es pecar de ingenuidad. El premio se lo otorgan en tanto a poeta, a una obra de una calidad que difícilmente tendría comparación con las letras de algún otro compositor.

La cuestión es que Dylan no necesita más publicidad. Los dos grandes atributos del premio son el reconocimiento mundial y una bolsa de casi un millón de euros. Dylan ya es mundialmente conocido como el complejo artista que es, incluida su vertiente poética, y el dinero nunca le ha hecho falta. El Nobel adquiere importancia sobre todo cuando descubre autores que antes de ganarse el premio eran conocidos localmente, enriqueciendo así el mundo de las letras de manera global. 

También está el otro lado de la moneda: es la academia sueca la que podría necesitar un Dylan —según palabras de Rafael Toriz— para vestirse de progresista, para estar a tono con los tiempos. Es una opinión interesante.

Yo lo que lamento es que hubo alguien a quien ya no tuvimos oportunidad de leer porque este año el reconocimiento más prestigioso del mundo llegó a las manos de un icono de nuestro tiempo. Hay muchos autores aún por descubrir a quienes el premio les cambiaría la vida.

Dicho esto, no queda más que aplaudir, pues el premio está dado: Dylan es un poeta inmenso y un prosista de primer orden: un Homero contemporáneo. Ahora auguro que el 10 de diciembre dará un discurso digno de semejante reconocimiento, como dicta la tradición.

 

Juan Patricio Riveroll

Twitter del autor: @jpriveroll

El Dalái Lama mostró a conductor británico su impresión de Donald Trump

El Dalái Lama fue entrevistado en el popular show de Piers Morgan en el canal ITV de la TV británica. Cuando se le preguntó por Donald Trump, su santidad respondió que no sabía qué decir. Por lo que mejor ilustró su percepción imitando al candidato republicano.  

Aparentemente el líder tibetano en el exilio imitó una impresión del elaborado peinado que utiliza Trump para ocultar su semicalvicie. 

Con esto el Dalái Lama mostró el sentido del humor que lo caracteriza y quizás también lo que en el budismo se conoce como la "visión correcta" y es que no hay forma más apropiada de ver a Trump que como una broma, sus opiniones racistas y sus propuestas políticas no pueden tomarse en serio.

Anteriormente el papa Francisco había criticado a Trump diciendo que "una persona que piensa sólo en construir muros y no en construir puentes no es cristiano".