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Por qué urge replicar esta ley chilena que etiqueta productos procesados para combatir la obesidad

Salud

Por: pijamasurf - 07/06/2016

Chile ha mostrado el camino para combatir la obesidad y la malnutrición en el mundo con esta ley que etiqueta todos los alimentos procesados que exceden estrictas normas de salud

Chile ha tomado un paso ejemplar en el control de la obesidad al implementar una ley que etiqueta de manera agresiva los diferentes productos que exceden las normas de salud según su contenido en diferentes medidas nutricionales. Esta medida necesaria y valiente ha hecho que en apenas 1 semana más de 70% de los productos procesados se lleven un etiquetado como “altos en azúcares”, "alto en grasas saturadas", “alto en calorías” o “alto en sodio”. Notablemente, muchos de los productos que llevan mensajes como "lite", "bajo en azúcar" o "natural" tienen ahora encima las etiquetas del gobierno que afirman lo contrario, mostrando el enorme engaño que representa el marketing de los productos.

La llamada Ley de Etiquetado entró en vigor el 27 de junio y además prohíbe que productos no saludables utilicen juguetes dentro de su empaquetado o en promociones como estrategia de marketing para seducir a los niños --esto de entrada impide la venta los famosos chocolates Kinder Sorpresa y de la Cajita Feliz de McDonald's. El espíritu de esto es evidente: se debe evitar hacer "caer en la trampa" a los niños para que consuman alimentos poco saludables con las carnadas de juguetes. 

Según cifras oficiales en Chile, uno de cada dos niños de entre 4 y 6 años de edad es obseso o sufre riesgo de serlo. 

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La medida, que ciertamente se revela como pionera, inteligente y valiente ante las presiones de las grandes corporaciones que fabrican alimentos, podría ser una excelente forma de combatir la obesidad en países como México, donde los índices son aún más altos que en Chile (según con la mayoría de las estadísticas).

Los niveles de obesidad en México se han triplicado desde la década de los 80 y actualmente más de 70% de los adultos entra dentro del rango de sobrepeso u obesidad (en el norte del país esto es aún más pronunciado). Esto ha hecho que México encabece la infame lista de los países más obesos del mundo, de acuerdo con varios rankings. Se cree que la obesidad mexicana está vinculada a la inundación del mercado nacional de productos procesados de origen estadounidense.

La propuesta de replicar la ley no es obviamente nuestra; el senador oficialista Guido Girardi mencionó su intención de hacerlo con el fin de combatir globalmente la malnutrición y la obesidad, para que todos los consumidores sepan lo que están comiendo.

La ley, junto con una campaña de información de lo que estas etiquetas significan y las enfermedades que producen los alimentos con exceso de azúcar, grasas saturadas, sodio, etc., podría ser una excelente medida para mejorar la salud en cualquier país del mundo.

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La venganza no es dulce (ni te da la satisfacción que supones)

Salud

Por: pijamasurf - 07/06/2016

La sed de venganza puede ser dulce o amarga y servirse fría, pero nunca será capaz de saciar verdaderamente el deseo que le dio origen a través de la represalia

La venganza es algo difícil de definir: es una emoción compleja, que busca una satisfacción fantástica para reparar una falta del pasado, pero las raíces de esa intención nacen podridas y, según un nuevo estudio, acaban por volverse en nuestra contra.

Fade Eadeh es un doctorando en ciencias psicológicas y cerebrales en la Universidad Washington en San Louis, y su tema de estudio es la venganza. Su investigación podría abordarse lingüísticamente: ¿la venganza es dulce o amarga? "Ambas", dice Eadeh. "Amamos la venganza porque castigamos a la parte que nos ofende y la odiamos porque nos recuerda el acto original".

Ese acto original no es otro que el que nos hace sentir "sed" de venganza. Pero si la venganza fuera de agua, sería un agua que no sacia su propia sed, sino que la produce. Para su estudio, Eadeh y sus colegas pidieron a una serie de voluntarios que leyeran diferentes pasajes de dos textos, uno de los cuales habla sobre la captura y asesinato de Osama bin Laden (y que trata la información como una "represalia" por los eventos del 9/11), y otro texto inocuo sobre las Olimpiadas. Luego les pidieron medir sus reacciones a ambos textos en una escala de adjetivos ("molesto", "indignado", "triste", etcétera).

Después de varios ajustes y cambios en las herramientas lingüísticas en las que se mide la investigación (puesto que se trata de encontrar alguna medida verbal y finita para algo que cada persona puede experimentar con ligeras variantes no verbales e infinitas...), los investigadores llegaron a la conclusión de que la gente que se sentía más "vengativa" no se sentía mejor respecto al acto original a pesar de que, en muchos casos, esos estados de ánimo podían generar sentimientos positivos, como el de sentir que se había hecho justicia para las víctimas.

Para entender bien esto hay que hacer una breve distinción entre "emoción" y "estado de ánimo". A pesar de que a veces se utilizan como sinónimos, una emoción suele ser pasajera aunque potente, y un estado de ánimo se instala durante algún tiempo, aunque su intensidad es menor. En las conclusiones, Eadeh señala que:

Nuestro estudio muestra consistentemente que las consecuencias emocionales de la venganza vienen mezcladas, puesto que nos sentimos tanto bien como mal cuando nos vengamos de la contraparte. Esto contradice algunas investigaciones anteriores sobre el tema, de nuestro propio laboratorio y de otros, en que la venganza es una experiencia completamente negativa.

Los sentimientos "positivos" de la venganza pueden darnos la sensación de que se ha corregido una injusticia o de que hemos castigado a quienes se lo merecían; pero esta lógica de superhéroe no toma en cuenta que las "represalias" no pueden hacer nada para cambiar el pasado y sus consecuencias emocionales. "En nuestro estudio, hallamos que los estadounidenses a menudo expresan gran satisfacción por la muerte de bin Laden, presumiblemente porque terminamos con la vida de una persona que era la mente maestra detrás de una organización terrorista".

Sería interesante que la psicología pudiera complejizar la venganza con las posibilidades del arte. ¿Qué nos puede enseñar al respecto El mercader de Venecia de Shakespeare, El conde de Montecristo de Dumas hijo o la reciente Incendies de Wajdi Mouawad?, ¿o películas como Sympathy for Mr. Vengeance, OldboyV for Vendetta Kill Bill? Los ejercicios de venganza en realidad condenan al justiciero a vengar interminablemente ese "acto original" que inaugura el festín de violencia. Una verdadera sed de justicia debería partir de una motivación de reparación (aunque esto implique aceptar que al menos en parte las ofensas pasadas siempre son irreparables) y no de fantasiosas represalias.