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Es importante no identificar el estado de despertar de la conciencia que conocemos como "Buda" con una persona en específico y descubrir que, de hecho, este estado está disponible para todas las personas, siendo la verdadera naturaleza de la mente

Hoy en día nos referimos popularmente a Siddhartha Gautama --un hombre de la casta guerrera de los shakias: "Shakiamuni", que vivió hace aproximadamente 2 mil 500 años-- simplemente como "Buda". No es que esto sea del todo incorrecto --es un poco como referirnos a Jesús como "El Mesías"-- pero en ocasiones hace que olvidemos algunas cosas importantes de la enseñanza de Siddartha Gautama, el Buda Shakyamuni. Principalmente lo que enseñó en el llamado tercer giro de la rueda del Dharma: que todos los seres tienen una naturaleza búdica inherente.

El término "buda" (o "buddha") viene del verbo sánscrito budh (despertar), a  su vez relacionado con la palabra buddhi (un cierto tipo de inteligencia superior o discernimiento). Para los filósofos de los Vedas, buddhi era la inteligencia luminosa que refleja al atman, el espíritu inmortal (una de las reformas que hizo el Buda Shakyamuni fue distanciarse de esta idea de atman, postulando la inexistencia de un yo inmortal). Roberto Calasso en su libro Ardor, donde hace un formidable estudio de los Bráhmanas, los textos que dan las instrucciones sobre los sacrificios, explica el significado de buddhi: 

Lo propio de los hombres de los Vedas era la rigurosa y hasta obsesiva observación de los sacrificios; en ella se transparenta un cierto ardor, una lucidez vigilante [el tapas]. Esta es también la lucidez del "buddhi", el estado de conciencia que da nombre al Buda (aquel que está despierto):

La primacía de despertar sobre cualquier otra actividad mental no es una innovación del Buda, quien simplemente ofreció una versión de esto que era a la vez radical y mayormente destructiva de lo que le antecedía. La preocupación sobre el despertar y su importancia siempre había estado presente en los textos védicos. 

[...] Simplemente estar despierto. Eso es lo que permite que cualquiera se vuelva “más divino, más calmado, más ardiente”, en otras palabras más rico en tapas. ¿Y acaso no fue el tapas lo que permitió que los dioses se convirtieran en dioses en un principio?… Todo puede ser trazado de regreso a esto. Y todo puede ser eliminado, excepto esto.

Después de abandonar el palacio de su padre y peregrinar por la India por varios años recopilando los más diversos conocimientos, el Buda Shakyamuni decidió sentarse debajo de una higuera, que sería llamada el "árbol bodhi", y no levantarse hasta encontrar el origen y la cesación del sufrimiento. Fruto de su meditación y del buen karma acumulado por eones descubrió o descansó de una vez para siempre en este estado de conciencia iluminada que es igual a la liberación, es decir "Buda" o la budeidad. Además de alcanzar este estado, el Buda Shakyamuni, el también llamado Tathagata, "el que así ha ido" o "el que ha alcanzado la verdad", y en esto consiste tal vez su mayor innovación, encontró bajo el árbol del despertar un método, casi científico, para que las demás personas pudieran replicar este estado, esta budeidad.

rtr2dzvcEl estado de "Buda" es algo que no sólo no nace de una divinidad trascendente sino que está disponible a todas las personas como su realidad más íntima. En esto se diferencia el budismo de otras religiones (algunas personas con cierta fobia a la religión quieren desmarcar al budismo de la religión ya que no tiene una divinidad creadora como tal, si bien claramente tiene un aspecto de re-ligar al individuo con su naturaleza verdadera o espiritual que no puede entenderse entenderse solamente desde lo secular). Lo entendió así Octavio Paz: “Buda no expuso su enseñanza como proveniente de una revelación, como suele ocurrir en las religiones. Para él la verdad es búsqueda y, sobre todo, búsqueda de sí mismo. Buda sólo indica el sendero. Es cada uno quien tiene que realizar el camino de su propia liberación”. 

De este "despertar" Buda Shakyamuni introduce las cuatro nobles verdades y del último de estos principios básicos que lidian con el origen del sufrimiento el óctuple noble sendero que conduce a la iluminación o al estado de "Buda" y el cual se hace disponible y replicable para todo aquel que se conduzca en conformidad con el Dharma. En otras palabras, él mismo, ya no como un individuo histórico sino como una conciencia más allá del tiempo, se hace accesible a todos los seres sintientes. Es importante hacer énfasis aquí en la noción de que el estado del Buda no es un estado personal, una exaltación individual sino un estado justamente impersonal y transpersonal. Según Manly P. Hall: "Hay un punto sutil en el hecho de que quien logra la budeidad no es un buda sino el Buda". Explicado de otra forma: "el académico occidental considera a alguien que rompe la ley como un criminal, mientras que el oriental considera a la persona que rompe la ley como crimen". Es decir uno no se convierte en un buda, uno se vuelve Buda, la naturaleza inherente en la cual todos los budas participan. 

En una enseñanza posterior, según el budismo mahayana o Gran Vehículo, conocida como el tercer giro de la rueda del Dharma, el Buda Shakyamuni enseñó la doctrina del "tathagatagarbha", o la semilla o embrión de buda al interior de todos los seres. Este "tathagatagarbha" no es más que el ser verdadero, y por lo tanto no tiene que alcanzarse a través de una proeza intelectual o espiritual sino simplemente a través del autoconocimiento y de la eliminación de los constructos o impurezas de la personalidad que impiden que lo reconozcamos, que nos veamos tal como somos, según enseñan diferentes escuelas dentro del mahayana, como el zen o los diferentes linajes tibetanos. El budismo enseña que para reconocer este estado de la mente pura resulta oportuno dejarse de identificar con el yo como una entidad fija, estable y separada de las cosas; para esto se practica el bodhicitta, la conciencia de Buda o la mente original, un término que puede ser equivalente a "tathagatagarbha" pero que alude al deseo desinteresado y compasivo de alcanzar la iluminación para el beneficio de todos los seres. Y puesto que la iluminación es en realidad el estado natural del ser, es con la misma iluminación, con nuestra mente búdica que deseamos la iluminación. Cuando dejamos de identificarnos con la mente artificial o el constructo del yo de la personalidad emerge este bodhicitta que naturalmente se desdobla como compasión ya que ya no está obstruida por la coagulación del yo egóico y no tiene ya un motivo para la fijación individual.

La tradición budista mahayana toma esta enseñanza como la cumbre de las enseñanzas del Buda Shakyamuni y si bien debemos mencionar que esta enseñanza habría ocurrido ante una audiencia de bodhisattvas e incluso en un plano de conciencia sublime, debemos recordar que desde un principio el Buda Shakyamuni mencionó que las enseñanzas eran orientadas según el contexto y la capacidad particular de la audiencia. Y, también, que el budismo es una religión (o filosofía) en evolución dinámica, concebida siempre como proceso, donde el mismo estado de "Buda" no es el final sino la continuidad depurada de una infinita existencia. Por lo cual el surgimiento de posteriores Budas y posteriores transmisiones del Buda Shakyamuni y otros Budas y bodhisattvas son perfectamente consistentes con la doctrina.

3098678803Las implicaciones de la noción del tathagatagarbha son complejas, ya que una lectura somera podría hacernos pensar que esto es similar a la noción de los Upanishads de atman, el cual es llamado igual a Brahman, lo que podríamos traducir como diciendo que el ser o alma individual es igual al ser universal o Dios.  

E.  Obermiller, traductor del Ratnagotravibhaga, uno de los textos sánscritos donde se expone esta doctrina, concluye que el punto central de la enseñanza del tathagatagarbha, "la esencia de Buda en todos los seres vivos" representa "un elemento eterno e inmutable ('asamskrta') que es idéntico con el Absoluto monista y es único e indiferenciado en todas las cosas vivientes". Esta interpretación, sin embargo, tiene muchas disonancias con las enseñanzas iniciales del budismo. Otros académicos y sobre todo maestros budistas de diferentes tradiciones identifican el tathagatagarbha con la noción de sunyata o vacuidad, ligada a su vez a la originación dependiente (pratityasamutpada), lo cual implica que el tathagatagarbha, el ser verdadero, en realidad no tiene ninguna sustancia inherente. Todo lo anterior se vuelve un tanto confuso --al menos desde una perspectiva no iniciada o profana-- ya que el estado de tathagatagarbha, así como el estado del nirvana, no son solamente descritos de manera negativa sino que en repetidas ocasiones en distintos sutras y luego en tantras son referidos con ciertas cualidades como luminosidad, goce, felicidad y compasión eterna. No existe un ser tal como lo concebimos y sin embargo hay ciertas cualidades que asociamos con la experiencia; la vacuidad, ciertamente, no es igual a la nada. ¿Es consciente de sí misma esa vacuidad descrita como radiante, e igual que la mente? ¿Nos enfrentamos aquí con otro tipo de conciencia, una más sutil que no podemos describir con palabras y para la cual no tenemos referencias? Aquí yace un misterio, y nos enfrentamos con un impasse, el cual, creemos, no se puede sortear solamente con un tipo de intelecto cerebral sino que es necesario recurrir a la experiencia. Podemos hablar mucho del estado de conciencia del Buda, pero al final de cuentas todo esto no es más que especulación si no se lleva al plano de la experiencia. El gran maestro del dzogchen, Longchen Rabjam, nos exhorta a abandonar el conocimiento meramente intelectual y abrirnos a la experiencia pura e inefable: 

Ya que el conocimiento es como las incontables estrellas en el cielo,

El estudio de las ideas nunca puede agotarse.

Así, en esta vida, es mejor descubrir la naturaleza profunda,

el significado esencial del dharmakaya.

[dharmakaya es el primer cuerpo de los llamados tres cuerpos del Buda, identificado también con la vacuidad y el plano absoluto. Conoce más sobre el significado del Dharmakaya aquí].

 

Twitter del autor: @alepholo

El maestro zen Seung Sahn Soen-sa le explica a una niña de 7 años a dónde fue su gato al morir
[caption id="attachment_98011" align="aligncenter" width="496"]Screen shot 2015-07-29 at 12.01.06 AM Foto: http://www.brainpickings.org/2015/07/27/dropping-ashes-on-the-buddha-death/[/caption]

La paradoja esencial de nuestra existencia es que probablemente el sentido de la vida sea la muerte. Los filósofos de la tradición platónica, siguiendo el ejemplo de Sócrates, creían que la filosofía era fundamentalmente el arte de saber morir, de seguir la propia conciencia y separarla del cuerpo y de las ilusiones materiales. El amor a la vida es dejarla ir. Eros y Tánatos: el amor a la sabiduría es el deseo de conocer la muerte: una eutanatología. Tal vez porque, como señala el místico alemán Jacob Böhme, "Si renuncias al mundo, llegas a aquello a partir de lo cual se ha hecho el mundo". 

La mayoría de las tradiciones religiosas y filosóficas conciben a la muerte como la posibilidad inminente de regresar al conocimiento de la fuente de nuestra existencia, la única forma de solucionar --en una disolución-- el predicamento de las grandes preguntas "¿quiénes somos?", "¿de dónde venimos?", "¿a dónde vamos?". Las tradiciones difieren en algunos aspectos particulares de sus enseñanzas, pero generalmente coinciden en que en la muerte se nos presenta la posibilidad de revelar y realizar el propósito de nuestra existencia, de regresar de alguna manera a casa, ya sea a la nada o al todo, a Dios, al Espíritu Universal, al Ser Absoluto, según se le llame. Decía Sócrates que una vida no examinada no merece vivirse y, en sintonía con su filosofía, la examinación profunda de la vida nos remite necesariamente a la meditación sobre la muerte --no tanto porque sea el opuesto sino porque es su destino, a una irresistible atracción por su misterio, la posibilidad de que nuestro ser sea más que un breve, solitario e irreal parpadeo en un inmenso e inerte universo.

Todo esto puede convertirse en una reflexión bastante grave y sombría, pero meditar sobre la muerte puede también ser una fuente de enorme alegría y ligereza y liberación. Para esto pocas personas mejores que los monjes budistas --que en su desapego suelen encontrar un caudal de serena felicidad. Y, también, suelen simplificar las cosas, con una claridad diamantina que lo mismo dilucida un niño que un adulto (a quien, si acaso, le puede costar un poco más desaprender para ver lo esencial). El siempre oportuno blog Brain Pickings recoge algunos fragmentos del libro Dropping Ashes on the Buddha: The Teachings of Zen Master Seung Sahn, donde se relatan una serie de conversaciones sostenidas por el monje zen Seung Sahn Soen-sa. En una de ellas, Soen-sa le explica a una niña de 7 años llamada Gita la naturaleza de la muerte a propósito del fallecimiento de su querido gato.

"¿Qué le sucedió a Gati? ¿Dónde fue?".

Soen-sa dijo: “¿De dónde vienes?".

“De la panza de mi mamá".

¿"De dónde viene tu mamá?” Gita permaneció en silencio.

Soen-sa dijo: “Todo en el mundo viene de la misma sola cosa. Es como en una fábrica de galletas. Se fabrican diferentes tipos de galletas --leones, elefantes, casas, personas. Todos tiene diferentes nombres y formas, pero todos están hechos de la misma masa y saben igual. Así todas las cosas diferentes que ves --un gato, una persona, un árbol, el Sol, este piso-- son en realidad lo mismo".

El diálogo sigue y Soen-sa explica muy en el tenor del conde Korzybski ("el mapa no es el territorio"), que las cosas no son las palabras con las que se describen. Llega el momento del koan:

"Así que si alguien te dice ‘¿Qué es Buda', cuál sería una buena respuesta?". 

Gita se mantuvo en silencio.

Soen-sa dijo: “Ahora tú pregúntame".

“¿Qué es Buda?".

Soen-sa tocó el piso.

Gita rió.

Soen-sa dijo: “Ahora te pregunto a ti: "¿Qué es Buda?".

Gita tocó el piso.

“¿Qué es Dios?”.

Gita tocó el piso.

“¿Qué es tu mamá?”.

Gita tocó el piso.

“¿Qué eres tú?”.

Gita tocó el piso.

“¡Muy bien! Eso es de lo que todas las cosas están hechas. Tú y Buda y Dios y tu mamá y todo el mundo son lo mismo".

Gita rió.

Soen-sa dijo: “¿Tienes más preguntas?".

"Todavía no me has dicho a dónde fue Gati.”

Soen-sa se acercó, la miró y le dijo “Ya entendiste a dónde”.

Gita dijo: “¡Oh!”. 

Tal vez es una versión un poco lite de la escatología y la ontología (estilo Alan Watts), pero no por ello menos verdadera. Si queremos hacerlo un poco más intelectual y conceptual, podemos hablar del fondo universal del Ser, autohipostático, que engloba al ser de todos los seres; en las cenizas danzan innumerables budas... pero no es necesario, es más útil de hecho comprenderlo con una imagen,  en el silencio.

En otra parte Soen-sa habla sobre la mente vacía: "Deshazte de toda opinión, gusto o disgusto, y sólo mantén la mente que no sabe. Tu mente antes-del-pensamiento, mi mente-antes-del-pensamiento, todas las mentes-antes-del-pensamientos, de todas las personas, son iguales. Esta es tu sustancia, mi sustancia y la sustancia del universe se hace una".

Lo más importante de toda parece ser todo lo que ocurre en el entendimiento cuando uno medita sobre la unidad de todas las cosas: en este principio se resuelven todos los enigmas en una misma fuente. Como dice la Tabla Esmeralda, que es también una fórmula filosófica alquímica para purificar el alma y separarla del cuerpo:

En verdad, sin mentira y ciertamente:

Lo de abajo es como lo de arriba, y lo de arriba es como lo de abajo, para obrar los milagros de una sola cosa.

Así como todas las cosas han sido hechas, así proceden de uno, por la meditación de uno, también todas las cosas nacen de esta cosa única por adaptación.

Coinciden aquí dos principios que son uno: que dentro de nosotros se encuentra el Ser universal, pero que para tomar conciencia de él es necesario negar nuestro ser individual, negar la mente que surge después del pensamiento y separa entre sujeto y objeto, entre nosotros y el universo, la mente que cree conocer lo otro, las diferencias. Dice el filósofo Ananda K. Coomaraswamy, siguiendo la doctrina védica:

Eso que en "nosotros" es el Espíritu, y eso que en nosotros no es el Espíritu, se distinguen y se contrastan tajantemente; siendo el Espíritu eso que queda "cuando se han eliminado todos los demás factores de la personalidad compuesta de "identidad-y-apariencia", o de "alma-y-cuerpo".

Agrega: "Ésta es exactamente la doctrina de Dionisio [El Aeropagita]. 'Cada uno debe entrar dentro de sí mismo y descubrir así Algo que es su verdadero Sí mismo y que sin embargo no es su sí mismo particular… Algo que no es su individualidad, que está dentro de su alma y sin embargo fuera del él''. Esta es la oportunidad que supone la muerte: la negación de la individualidad para abrir brecha para el surgimiento de la universalidad, la realidad que es lo que queda cuando nos despojamos de todo lo que no es esencial e imperecedero. 

 

Twitter del autor: @alepholo