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Juan José Arreola se embarca con Fausto de Milevo en Cartago

Arte

Por: Adán de Abajo - 07/26/2016

Frente a las puertas del Cielo Arreola solicitó regresar a la Tierra, pero en la Edad Media. Precisamente en los tiempos en que Agustín de Hipona se enfrentó en legendario combate de conocimientos al temido obispo Fausto

Sinesio de Rodas aceptó el Paraíso

tal y como fue concebido por los Padres de la Iglesia,

y se limitó a vaciarlo de ángeles...

 

Juan José Arreola, Confabulario

 

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Frente a las puertas del Cielo, San Pedro concedió un último deseo al escritor, antes de decidir si le abriría definitivamente la ansiada cerradura celestial, codiciada por tantas almas penantes, o si lo retrotraería en cambio de un palmo, hacia la frialdad y la desolación absolutas del Purgatorio por algunos cientos de años como penitencia.

Ante aquella oportunidad pocas veces concedida a los humanos, Arreola solicitó de inmediato regresar a la Tierra, pero en la Edad Media. Precisamente en los tiempos en que Agustín de Hipona se enfrentó en legendario combate de conocimientos al temido obispo Fausto, representante de la Iglesia Maniquea.

La solicitud le pareció extrañísima y sospechosa al santo. Sólo después de meditarlo durante largo rato mientras observaba las cejas pobladas y los ojillos vivaces del poeta, temiendo ser objeto de un engaño o una broma, resolvió que a Dios Padre para nada molestaría la presencia de un sencillo escritor mexicano en el norte de África en tiempos del Medievo con el fin de satisfacer su curiosidad. Al fin y al cabo resultaba una aspiración bastante loable la búsqueda de la verdad y el conocimiento en sí mismos, así como la consecución de objetivos científicos y culturales. Así es que accedió no sin antes lanzarle una advertencia que más bien parecía regaño:

-¡Ten mucho cuidado hijo...! Sobre todo con los trucos que puedan ofrecerte los detentadores de la fe maniquea. Pues aunque nos hemos esforzado por silenciarlos y mantenerlos en el exilio, los gérmenes de su dialéctica infecta aún resuenan en algunos rincones del Universo, causando un eco nada grato...

 

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San Agustín no encontró nada sencilla la tarea de vapulear y ridiculizar a Fausto, aunque la mayoría de los historiadores de la Iglesia digan lo contrario. Fausto era célebre por su discurso sencillo, directo como proyectil arrojado por honda númida, pero convincente y definitivo. Utilizaba las palabras de la gente del pueblo para comunicar ideas bastante complejas, logrando conectarse con la gente mediante su inmenso carisma. No era tan conceptual ni tan erudito como el otrora discípulo suyo: Agustín, a quien había entrenado él mismo, ahora convertido en enemigo de los maniqueos. Pero era honesto, sencillo y poseía mucha experiencia como orador y predicador a todo lo largo y ancho del Mediterráneo. Agustín por su parte tenía una mente filosísima, había leído casi todos los libros escritos en su tiempo y sabía expresarse en varias lenguas africanas y europeas.

Arreola recordó que algunos de los biógrafos del santo decían que era impotente sexual desde hace algunas décadas y que en lugar de entregarse al sexo desenfrenado como hizo en su juventud, se había vuelto una biblioteca parlante.

Fausto era bastante claro y convincente: su idea de armonizar el bien con el mal y darle un sitio a los demonios en el Firmamento y entre las huestes de Nuestro Señor resultaba sumamente tentadora. Con ella se resolvían  de manera práctica una serie de antiguos debates entre la Iglesia Católica y las sectas desviacionistas como la que él encabezaba, disolviéndose también de manera automática el milenario conflicto librado en el corazón del hombre entre el bien y el mal.

Diablos, íncubos y chamucos se situaban entusiastas del lado maniqueo, cifrando en el obispo todas sus esperanzas. El arcángel Gabriel lideraba a un séquito de seres de luz, quienes apoyaban desde luego a Agustín.

El escritor encontró difícil desde un inicio situarse de un lado u otro de la contienda argumentativa. Los ángeles le vigilaban, celosos e inquisitivos por órdenes de Pedro.

Al principio los luciferinos gritaban loas y hurras en apoyo al obispo, lanzando chiflidos e improperios a su oponente, pareciendo que el encuentro sería ganado por Fausto y que ellos obtendrían al fin el reconocimiento y la credibilidad absoluta de sus actos impíos. Pero de un momento a otro San Agustín calló la boca del obispo, paralizándolo con el libre albedrío y dando a los humanos la posibilidad de elección entre lo bueno y lo no tanto, independientemente de si existían o no ambos al mismo tiempo.

Las huestes de Luzbel se diseminaron decepcionadas y derrotadas, temerosas de un ataque por sorpresa por parte de los ejércitos de Gabriel, quienes no dudarían en aprovechar que se encontraban reunidas todas en ese momento. San Agustín había triunfado.

Fausto lució algo cansado, de pronto parecía haber envejecido décadas en tan sólo 3/4 de hora. Unos cuantos seguidores que no sumaban más de 10, se precipitaron a prestarle ayuda cuando parecía desvanecerse al descender por unas escaleras. Recogieron sus libros y sus pocas pertenencias, marchando hacia Cartago con los pies descalzos, empobrecidos y derrotados.

Un par de angelitos a quienes fue encomendada especialmente la custodia del alma de Arreola, parecían tan absortos con los resultados del debate que apenas se dieron cuenta cómo ocurrió aquello. Revolotearon como gorriones desesperados en medio de un incendio, temiendo la ira de su patrón Pedro, quien los castigaría sin dudas por no cumplir su cometido.

Todo ocurrió sin que aquellos seres de luz se apercibieran. Primero notaron la ausencia del escritor entre las filas de los angelicales. Buscaron por todo el norte de África: ¡Una importante alma de un literato se les había fugado...!

Más adelante, demasiado tarde ya, descubrieron los ojillos inteligentes y risueños, embarcándose entre los últimos ocho o 10 que junto con Fausto se perdían en la inmensidad del mar para siempre.

 

Twitter del autor: @adandeabajo

La peculiar historia de cómo el arquitecto Luis Barragán se convirtió en un diamante (literalmente)

Arte

Por: pijamasurf - 07/26/2016

La historia de cómo una artista convirtió los restos de Barragán en un diamante para seducir a una mujer italiana que guarda celosamente el archivo del arquitecto mexicano en Suiza

El arquitecto mexicano Luis Barragán, considerado el más importante en la historia de México, fue transformado en un diamante como parte de un complicado plan para seducir a la dueña de su archivo --que está en Suiza, lejos del público-- por parte de una artista.

La artista conceptual estadounidense Jill Magid convenció a la familia de Barragán de que donaran sus cenizas para transformarlas en un diamante, un servicio que ofrecen algunas compañías actualmente, jugando con la idea de hacer algo que sea "para siempre" con la muerte, un recuerdo brillante. En septiembre pasado, Magid abrió la tumba de Barragán y obtuvo su urna con sus cenizas; en abril la compañía que contrató, que también está ubicada en Suiza, le entregó un diamante de 2.02 quilates.

La idea de Magid era "pedir la mano" de la dueña del archivo de Barragán y "cambiar su cuerpo por el cuerpo de su obra" para regresar el archivo a México y hacerlo disponible. Antes Magid ya había llamado la atención del público haciendo arte conceptual con tintes políticos sobre este archivo, el cual fue comprado por el presidente de la compañía suiza de muebles Vitra y su esposa, Federica Zanco. Magid evocó esta relación como una historia de amor asfixiante entre Zanco y el archivo y  había cuestionado en una exposición: "¿Qué significa que el legado de un artista sea propiedad de una corporación?".

La historia de cómo el archivo salió de México es una historia más en la que la burocracia o la negligencia de las instituciones mexicanas pierden la oportunidad de cuidar la cultura de este país. Raul Ferrera, socio de negocios de Barragán, heredó el archivo, pero después de intentar hacer algunas operaciones un tanto vacilantes con él, aparentemente perturbado, se suicidó y su viuda heredó el archivo, el cual vendió a Max Protetch, un art dealer estadounidense. Zanco, una historiadora italiana y su pareja, el millonario suizo Rolf Fehlbaum, cabeza de la compañía de muebles Vitra, luego compraron la casa de Barragán y el gigantesco archivo (el cual está guardado en las bodegas de Vitra y se dice que tiene más de 13 mil dibujos) por unos 3 millones de dólares. 

En una excelente crónica en la revista New Yorker se narra cómo Magid fue a Suiza a hacer su propuesta, entregando el "anillo de compromiso" a Zanco. Es una excelente historia, pero es complicada y no necesariamente tiene un final feliz o un final muy claro (por el momento). Zanco ha trabajado por años en el archivo en una labor solitaria y describió el trabajo de Magid montando este acto com una "telenovela" en el país del "realismo mágico". Por el momento la idea sigue abierta y La Propuesta, ya como una exposición en la cual se mostrará al público el anillo de Barragán-diamante se inaugurará en una galería de arte de San Francisco en septiembre de 2016.