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No es tan improbable como se podría pensar: podríamos ser la simulación informática de una civilización con enorme poder computacional, la evolución lógica del interés de la mente por jugar y recrear la realidad

Elon Musk, el millonario filantrópico y CEO de Tesla, dio de que hablar en su participación en la Code Conference donde explicó un intrigante argumento, conocido como "la hipótesis de la simulación". Musk dijo:

El más fuerte argumento a favor de que nosotros seamos una simulación es el siguiente. Hace 40 años teníamos pong. Algo así como dos rectángulos y un punto. Eso era lo que los juegos eran. Ahora, 40 años después, tenemos simulaciones fotorrealísticas en 3D y esto está mejorando cada año. Pronto tendremos realidad virtual y realidad aumentada.

Si asumes cualquier tipo de proporción de incremento, entonces los juegos se volverán indistinguibles de la realidad, incluso si este ritmo de aumento cae a una proporción de mil veces menos de lo que avanza actualmente. Por ejemplo, imaginemos cómo sería en unos 10 mil años, que no son nada en términos evolutivos.

Así que dado el hecho de que estamos en una clara trayectoria hacia diseñar juegos indistinguibles de la realidad, y esos juegos pueden jugarse en cualquier consola o PC o lo que sea, y debería haber miles de millones de estos aparatos, de aquí podríamos deducir que las probabilidades de que existamos en una realidad base son 1 en miles de millones. ¿Díganme si encuentran algún error a este argumento?

¿Diseñar juegos de realidad virtual suficientemente reales nos convertirá en indistinguibles de los dioses? ¿Crear simulaciones del universo es la consecuencia lógica de la evolución de la exploración de la realidad en su aspecto arquetípicamente lúdico? Cuando le preguntaron a Musk cuál era realmente su opinión sobre esto, dijo lo mismo: "Hay una probabilidad de 1 en miles de millones de que existamos en una realidad base". Con "realidad base" quiere decir la realidad a partir de la cual se generan las demás simulaciones. Es decir, todo lo que no es copia y representación. Y agregó que:

de hecho deberíamos tener esperanzas de que esto sea verdad, ya que si una civilización deja de avanzar, esto debe ser el resultado de alguna calamidad que borra la civilización... o crearemos simulaciones indistinguibles de la realidad o las civilizaciones dejarán de existir. No es muy probable que simplemente entremos en una estasis de millones de años.

Musk toma su argumento de la hipótesis del filósofo de Oxford Nick Bostrom. La idea de Bostrom plantea básicamente que si en el futuro, según suponen muchos científicos y futuristas, es posible que existan grandes cantidades de poder computacional, quizá las generaciones futuras realicen simulaciones detalladas de sus ancestros en sus supercomputadoras. Simulaciones realizadas con dichos recursos permitirían personas simuladas conscientes, que serían suficientemente nítidas y contarían con conocimientos avanzados del funcionamiento de la mente como para simularla. El poder computacional de estas generaciones futuras les permitiría realizar miles y miles de simulaciones, por lo cual se podría suponer que la vasta mayoría de las mentes no pertenecen a la raza original sino a la raza “simulada”.

 

Puedes leer más sobre la fascinante hipótesis de que nuestra realidad es un programa informático aquí

Un like no es sólo un like: descubre por qué el Internet de nuestra época está sustentado notablemente en la idea de contenido

Es posible que la palabra “contenido” no te diga mucho. Es suficientemente ambigua y hasta un poco sosa como para no parecer particularmente expresiva. Sin embargo, en el mundo digital de nuestra época se trata de una de las nociones fundamentales. Esto mismo que lees es un contenido, también la fotografía de Facebook o de Instagram a la que le diste Me gusta, el tweet que compartiste, el capítulo de la serie que viste anoche en Netflix o los tracks que escuchas en Spotify mientras laboras.

En el mundo preInternet estábamos más o menos habituados a considerar esos materiales por separado: una película, un álbum, una novela; pero visto de manera más amplia –como hacen esas plataformas, todos tienen en común su condición de contenido.

¿Por qué es importante saber esto? En primer lugar porque para las marcas, los medios y otras entidades afines, quienes contamos con acceso habitual a Internet somos esencialmente consumidores de contenido. Existe toda una industria sustentada en los minutos que dedicamos a un video, en el Compartir que dimos a un meme, en el clic que hicimos para leer una nota. Y como muchas de las cosas de nuestro tiempo, eso implica un nivel casi despiadado de competencia en búsqueda de un único material precioso: nuestra atención.

Si lo piensas un poco, hay algo tuyo en la lectura de este artículo: tu atención. Por un momento –uno amplio como cuando ves una película, o uno instantáneo como cuando miras un GIF– todo tú estás volcado en eso, tu enfoque está de lleno ahí. Y si lo piensas más, dicha circunstancia supone una gran ventaja para quien supo capturar tu atención, cautivarte. ¿Por qué? Porque entonces una marca puede venderte algo, un medio puede sembrar en ti una idea (sí, como en Inception), un gobierno puede hacerte cambiar de opinión respecto de cierto tema, etcétera.

La operación, es cierto, no es tan sencilla ni tan simple, pero mal haríamos en subestimar la relevancia de que alguien más tenga nuestra atención, en especial cuando ese alguien tiene muy claro cómo podría utilizarla. Nuestro interés es llevado así mansamente a los intereses de otros.

¿Vas entendiendo la importancia de los contenidos en este esquema? Para plataformas como Facebook o Netflix es vital ofrecer contenidos significativos a sus usuarios, porque así continuamos sosteniendo su actividad y, por otro lado, en el “lado oscuro”, dichas entidades encuentran la forma de convertir esa misma actividad en mercancía qué vender a otros. Para Facebook, el like que hoy diste a la foto de un amigo o la nota que compartió una página que sigues no es únicamente un like: es una unidad de data que dice algo de ti, de tus preferencias, tus aversiones, tus hábitos, tu personalidad y más. Ahora imagina toda tu actividad en Facebook reunida. ¿No es suficiente para arrojar un perfil más o menos preciso de ti? ¿No crees que esa información es altamente suculenta para las marcas que quieren venderte algo?

Por eso Facebook o Netflix o alguno de tus sitios de preferencia se esfuerzan tanto por ofrecer contenidos “atractivos” (otro adjetivo que puede aludir a muchas cosas), porque si de pronto comenzáramos a perder interés en lo que ofrecen, su negocio termina. Atractivos sin consideraciones morales o educativas, pues incluso contenidos que desde cierto punto de vista podríamos considerar deleznables, pueden cautivar a miles o millones de personas.

Facebook modifica constantemente su algoritmo para que cada usuario reciba el contenido que de verdad le es significativo. Netflix crea series y películas propias y adquiere los derechos de otras. HBO ha apostado por contenidos con altos costos de producción. Los sitios informativos buscan ofrecer la primicia y, en otros casos, reportajes de fondo sobre algún tema de alto impacto social. Se publican infográficos, videos, cómics. Las fórmulas son múltiples, pero todas tienen el objetivo común de atraer nuestra atención para que dejemos algo nuestro ahí: un clic, un dato personal, una opinión. Recibimos algo significativo y a cambio cedimos algo también valioso.

Esa es, grosso modo, la transacción básica del mundo digital, sustentada ahora en buena medida por los contenidos que consumimos cotidianamente.